Pyrgi y Gravisca, puertos etruscos

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Etruria fue una importante civilización del Mediterráneo. Situada en la zona norte de la península Itálica, su nacimiento se sitúa en el siglo VII a. C. y podemos hablar de su desaparición hacia el final del I milenio a. C. Tuvo además una participación muy activa en la creación de Roma, que luego asombraría al mundo con la instauración de un gran imperio que influyó en la historia posterior de Occidente de una manera determinante, pues aún hoy día, casi dos mil años después, nos consideramos descendientes de aquellos latinos que iniciaron la conquista de gran parte del mundo entonces conocido.

Etruria y su área de expansión (ilustrador: Sergio Ortiz Moreno).


Los etruscos vivieron un contexto histórico donde las relaciones entre pueblos, los contactos comerciales y los viajes geográficos comenzaron a ser cada vez más frecuentes e intensos. Durante ese I milenio a.C. en el que Etruria florece y alcanza su grandeza, se desarrolló un comercio y unas políticas exteriores muy activas entre los diferentes pueblos cuyos territorios se asomaban a las orillas mediterráneas. Las distancias, parecieron acortarse.

De entre todos los puertos etruscos, podemos destacar por su importancia en el comercio entre distintos pueblos dos: Pyrgi y Gravisca. El primero era el puerto de la ciudad de Caere y el segundo el de la ciudad de Tarquinia. La preeminencia de ambos radica en su naturaleza empórica, por lo que eran un punto de encuentro entre las diferentes naciones que utilizaban sus instalaciones para los intercambios. Pero esos contactos comerciales, económicos, pronto fueron de otra índole. Las diferentes sociedades comenzaron a relacionarse de manera continuada, lo que hace que cada pueblo conozca, y en algunos casos adopte, nuevas costumbres, pues las formas de entender el mundo a nivel social, religioso e ideológico se combinaron. Todos se enriquecieron mutuamente, sin que por ello perdieran desde luego, su propia identidad.

Pero, ¿qué queremos decir con que Pyrgi y Gravisca eran emporia? La definición más simple es la de que se trataban de asentamientos de tipo comercial, aunque un emporio era mucho más que eso. Existían emporia por todo el Mediterráneo. Se hicieron tan comunes porque su existencia permitía mantener unas redes comerciales organizadas y estructuradas.

 

El emporio

El establecimiento de diversos emporia en las orillas mediterráneas está relacionado con el comienzo de las colonizaciones griega y fenicia. La previa fundación de colonias en lugares alejados de las metrópolis favorece la creación de estos emporia, ya que la instauración de ciudades con población helena o semita hace posible un primer contacto con las poblaciones indígenas, fundamental para el funcionamiento de estas relaciones comerciales.

Las características de un emporio son prácticamente las mismas en todos los lugares. Como ya hemos señalado, este tipo de enclaves existieron a lo largo de todo el Mediterráneo. Uno de los más claros ejemplos quizás sea la ciudad de Ampurias, en la actual costa catalana, cuyo origen etimológico es precisamente la palabra griega emporion.

El emporio se creaba siempre a través de un pacto con los poderes locales, los cuales concedían autorización para instaurar una fundación de tipo mercantil. Sin esa autorización un estado extranjero no podría nunca constituir un establecimiento de esta clase. Por otra parte, si a raíz de esa fundación se creaba una ciudad, era sólo de carácter urbano, es decir no contaba con un territorio que se dedicara a actividades agropecuarias. Al ser por tanto su principal función la comercial, la ubicación en lugares geoestratégicos, con un buen puerto, es una seña más que los define.

A través de los emporia era posible ejecutar intercambios que traspasaran la esfera de lo local. En el siglo VI a.C., el comercio se realizaba básicamente mediante tratados entre estados, por acuerdos diplomáticos. Estos puertos resultaron fundamentales para normalizar e institucionalizar unos intercambios y unas relaciones que ya se llevaban a cabo hacía cientos de años. El comercio efectuado en los emporios estaba perfectamente estructurado y organizado.

Estos emplazamientos son lugares en los que asistimos a la coexistencia pacífica de diferentes pueblos, que en el caso de Pyrgi y Gravisca son principalmente el etrusco, el griego y el fenicio. La colaboración entre estas sociedades era estrecha. Por una parte, eran los locales quienes permitían a otros estados permanecer en estos enclaves. De hecho, los indígenas recibían unas tasas derivadas de los intercambios comerciales. Por otra parte, a pesar de que en cada uno de los emporios tenía una presencia preeminente uno de los pueblos que lo utilizaba, bien fuera el griego, o bien el fenicio, no significaba que lo monopolizara.

No obstante, el modo en que distintos estados, que a menudo podían entrar en guerra y tener frecuentes conflictos, se entendieran para poder llevar a cabo sus negocios, era el de utilizar la religión y a los dioses como garantes de los intercambios, de que cada transacción se realizaba de modo legal y correcto.

Por este motivo, un elemento fundamental que no podía faltar en todo emporio era la existencia de un santuario. Como decimos, el santuario en este ámbito no sólo tenía una función religiosa, sino que también se ocupaba de la validación de los intercambios. Todos los pueblos implicados en los tratos comerciales debían reconocer esa autoridad para el buen funcionamiento del lugar. Es por esto por lo que en los emporia el santuario resultaba indispensable. El mundo sobrenatural era el único al que toda sociedad hacía caso.

Los dioses actuaban además como forma de cohesión de la sociedad extranjera, que necesitaba una seña de identidad diferente a la de la sociedad local con la que establecía lazos y que les recordara su lugar de origen. En este sentido, la religión es el elemento que siempre, a lo largo de toda la historia, mejor ha funcionado. Por otro lado, era el miedo a la ira de los dioses y al mundo sobrenatural lo que podía contribuir a defender estos lugares de la piratería y los saqueos. De cualquier forma, resulta impreciso separar la esfera religiosa de la económica y la social, pues en estos pueblos, la religión estaba íntimamente relacionada con la suerte y el destino de toda la sociedad. Nadie de esta época sería capaz de separar y decir qué actuación era exclusivamente religiosa y cuál era económica o social. Para los protagonistas de aquellos tiempos todo era lo mismo, y estaban esas áreas tan imbricadas en su vida que serían incapaces de concebirlo como porciones separadas.

Por la naturaleza característica de los emporios, los santuarios que se construyeron en estos enclaves eran consagrados a las divinidades más representativas y con mayor relación con el comercio, la navegación, los viajes… Eran éstas las divinidades a las que los comerciantes mayor devoción mostraban, pues eran sus protectores directos, a quienes dirigían sus súplicas para lograr el éxito.

El establecimiento de lugares institucionalizados en los que las diferentes naciones se relacionaban tuvo consecuencias que quizás los diferentes pueblos no previnieron en un principio. El trato continuado hizo que las sociedades se influyeran mutuamente. Cuando dos sociedades entraban en contacto, normalmente a través de la esfera política y comercial, entraban en juego también otros tipos de relaciones: sociales, religiosas… Aparecían de esta forma los sincretismos religiosos, y la sociedad indígena comenzaba una transformación en contacto con otras tecnologías y pensamientos e ideas diferentes.

 

Etruria. Cuna y origen de la civilización romana

Etruria nunca fue un territorio unido, sino que cada ciudad mantenía su propia independencia. Aglutinaba de alguna manera, no obstante, una cultura y unas costumbres comunes que nos obliga a considerarla como un todo.

Si bien era por sí misma una civilización fascinante, ha sido más recordada sin duda por la importancia que tuvo como parte de la historia de Roma. Los etruscos son sumamente conocidos por su intervención en los primeros momentos de la formación de Roma, en el período monárquico. Ese fue el inicio de una sociedad que pasará por todos los regímenes políticos posibles: monarquía, república e imperio.

Pero su historia ya era digna de ser contada siglos antes. Contribuía a su esplendor su propia situación geoestratégica en el Mediterráneo central, y su ubicación cercana respecto a Cartago, con cuyos habitantes tendrán, sobre todo en el caso de Pyrgi, relaciones muy estrechas. Cuando en el I milenio a.C. las colonizaciones y los viajes náuticos empezaron a ser más activos, recibió la influencia de diferentes pueblos. Ciertamente, Etruria estaba fuertemente helenizada gracias al establecimiento de colonias y por sus relaciones con la cercana Magna Grecia. De entre todos los griegos, quienes predominaron en el comercio con los etruscos fueron los jonios de Asia Menor.

Las élites sociales etruscas favorecieron la fundación de emporios en la costa. Aún así, con el tiempo, la protección de esas élites ya no era suficiente para garantizar la seguridad de los intercambios. Se recurrió en esos momentos a la religión, a la divinidad y a la creación de santuarios.

En Etruria, las principales naciones implicadas en las transacciones comerciales eran los propios etruscos y los dos grandes colonizadores, fenicios (y posteriormente los púnicos) y griegos. A pesar de coexistencia pacífica necesaria para llevar a cabo los negocios de manera satisfactoria, a menudo existían roces y conflictos entre ellos: griegos, etruscos y fenicios y púnicos. Uno de estos desencuentros llevó a la batalla de Alalia en el año 535 a.C. Los focenses (griegos de Asia Menor) perdieron su flota a pesar de ganar dicha batalla contra una alianza etrusco-cartaginesa, con lo que su poder naval desaparecerá, y su presencia en los emporios, como consecuencia, también. La entente etrusco-cartaginesa duró desde esta batalla hasta la de Cumas, en el año 474 a.C. La victoria de los griegos en esta contienda puso fin a esta unión. Además, esto coincidió con el retroceso del poder etrusco en toda Italia.

Después de esos acontecimientos, el comercio etrusco decayó claramente, desapareciendo las importaciones en Cartago. De la misma manera puede observarse la disminución de la importancia de ciudades etruscas como Vulci o Caere.

 

Pyrgi y Gravisca. Puntos de encuentro comercial entre pueblos del Mediterráneo

Los intercambios comerciales se hicieron más frecuentes desde mediados del I milenio a.C. Para que fueran posibles, los viajes marítimos aumentaron, pues el transporte por mar era el medio de desplazamiento más rápido, fácil y barato.

Se desarrolló la navegación y las rutas marítimas fueron más transitadas. Por estos motivos, los emporia se situaban en el litoral, en lugares con buenos puertos a los que podía acceder fácilmente cualquier nave que llegara a sus costas. Y era en estos y otros puntos de escala de los largos viajes donde pueblos de todo el ámbito mediterráneo se encontraban y donde se relacionaban las diferentes potencias de comerciantes, griegos y fenicios, tanto entre ellos como con los diferentes poderes indígenas, en este caso, los etruscos.

Pyrgi y Gravisca eran dos puertos, asociados a las ciudades de Caere y Tarquinia respectivamente, ciudades etruscas significativas, aunque con mayor o menor peso dependiendo del momento cronológico al que nos refiramos. Incluso en la actualidad la importancia de las ciudades oscila, y su entidad aumenta o disminuye según acaecen distintas circunstancias.

La grandiosidad que alcanzaron los etruscos se observa en algunos de los restos arqueológicos que han sobrevivido al tiempo, como los frescos de diversas tumbas. En la foto vemos una pintura correspondiente a la Tumba de los Leopardos, en Tarquinia.

Tanto Pyrgi como Gravisca eran, como ya hemos señalado, emporia, aunque cada uno de ellos tenía un carácter diferente pues en el primero predominaba la presencia fenicia mientras que en el segundo prevalecía la griega.

Aunque en ellos los santuarios no eran lo único destacable, pues también eran importantes las instalaciones exclusivamente comerciales o con otras funciones, si bien las excavaciones han hecho tradicionalmente más caso a las construcciones sagradas.

Yacimiento excavado desde los años 50 del pasado siglo, Pyrgi es el puerto de la ciudad etrusca de Caere. Está situado muy cerca de Roma, a unos 50 km. Este lugar, con una posición geoestratégica favorable para ello, se convierte en un emporio en el que confluyen los intereses, principalmente fenicios, con los de los etruscos, pero era un lugar de comercio en el que también estaban presentes en grado importante los griegos, lo que podemos asegurar por el tipo de hallazgos encontrados en el sitio.

El enclave comercial, como en cualquier emporio, se articulaba en torno al santuario. Como dijimos con anterioridad, la protección de la jerarquía social ya no es suficiente para el establecimiento del comercio de modo organizado y seguro, es decir, hace falta el amparo de lo sagrado. Comienza a ser importante recurrir a las fuerzas divinas que garanticen la seguridad de las transacciones. La divinidad certifica una neutralidad.

El santuario tuvo diferentes fases de construcción. En Pyrgi quizá existiera un lugar de culto desde la primera mitad del siglo VI a.C., no obstante, los vestigios de construcción sagrada más antiguos que se conservan se datan en el año 510 a.C. aproximadamente.

Reconstrucción virtual del templo B del santuario de Pyrgi, a cargo de Sergio Ortiz Moreno.

Era el santuario de Ilitía, diosa de los nacimientos, y de Ino-Leucótea, diosa del mar y de la navegación. A partir de la fecha que acabamos de mencionar y en un plazo de unos 50 años, Pyrgi llegó a ser el mayor santuario de Etruria. En torno al 480-470 a.C. se erige un templo más grande y articulado que el anterior. La construcción de esta nueva edificación abre un periodo nuevo que coincide con un dominio etrusco de los mares gracias al apoyo de Cartago.

Sin embargo, aun sin denostar la importancia que Pyrgi tenía en la economía de Etruria y en las relaciones entre civilizaciones del Mediterráneo en ese momento, este yacimiento es conocido también por un hallazgo sensacional: tres láminas de oro, dos escritas en etrusco y otra en púnico, esta última con un texto asimilable a la más larga realizada en lengua etrusca, que se fechan hacia finales del siglo VI o principios del V a.C., época en la que el poder de Cartago comienza a ser muy relevante.

La morfología de las láminas y el hecho de que aparecieran clavos de bronce con cabeza de oro hacen suponer además que pudieran estar situadas en una pared o en una puerta, es decir, en un lugar visible. Las inscripciones de dichas láminas eran tres dedicatorias realizadas por un mismo personaje, Thefarie Velainas. Según la inscripción en alfabeto fenicio, se trataba del rey de Caere que donó un lugar sagrado, una cella, en el templo de Uni-Astarté.

En las láminas que son equivalentes, es decir, de texto asimilable aunque en idiomas diferentes, fenicio y etrusco, aparece un gran sincretismo religioso al hacer equivaler a la diosa etrusca Uni y a la diosa semita Astarté. Podemos pensar, como de hecho resulta evidente, que este sincretismo es un acto político, pero el hecho de que se realice con tanta naturalidad nos hace creer también que la simbiosis cultural entre etruscos y púnicos era muy elevada.

El texto más largo que está en dos lenguas diría aproximadamente que el rey de Caere, Thefarie Velianas, realizaba la donación de un espacio sacro a la diosa fenicia Astarté, identificada con la diosa etrusca Uni, como pago a la protección que le había proporcionado. Asimismo se menciona la estatua de dicha divinidad que debía encontrarse en el interior del sagrario. Por otra parte, el texto etrusco de longitud más corta hablaba sobre diferentes rituales establecidos por este dedicante, como un sacrificio anual.

Aseguramos que se trató de un acto principalmente político porque, a pesar de que Thefarie Velainas no fue el único que hizo ofrendas en el santuario de Pyrgi, sí que exponía en su dedicatoria el auxilio que le había sido prestado por la gran diosa Ishtar-Uni de Pyrgi para conquistar el poder, lo que quizás implicase un apoyo por parte del santuario a la acción política de este rey de Caere, lo que le llevó a este último a pagar con esas láminas de metal precioso ese favor recibido.

Algunos investigadores mantienen la hipótesis de que tal vez este rey fuera impuesto por Cartago para asegurarse así la alianza de los caeretanos. Cartago buscaba apoyos y en este sentido resulta reseñable el tratado entre Roma y Cartago del año 509 a.C., pues con este rey, favorable a Cartago, la ciudad púnica tal vez quisiera asegurar su posición respecto a Roma, mientras que esta última, que acababa de expulsar al último rey etrusco comenzando así la república, necesitaba mantener sus vías de aprovisionamiento y sabía que Cartago tenía cierto ascendente sobre Pyrgi.

Aún así, esas inscripciones han proporcionado un tema más de debate a la investigación histórica: existen ciertas dudas sobre si la relación que muestran las láminas entre etruscos y gentes de origen fenicio se realizaba con los fenicios de Chipre, como puede hacérnoslo ver la inscripción y sus características, que además nombra expresamente a Ishtar o Astarté, siendo por el contrario la diosa púnica predominante Tanit, que eso sí comparte características con Astarté y podrían ser asimilables; o si por el contrario son púnicos, de Cartago, teniendo en cuenta que la fecha y las circunstancias y hechos del momento estarían más de acuerdo con las diferentes actuaciones políticas de preponderancia en el Mediterráneo por parte de los cartagineses, además de que existía una entente etrusco-cartaginesa a la que ya nos hemos referido.

¿Qué fue finalmente de este importante santuario? Fue saqueado por el tirano Dionisio de Siracusa en el año 384 a.C., quien obtuvo de él grandes botines. Este dato resulta de interés ya que, como nos hacen llegar las fuentes, estos santuarios contaban con una riqueza muy importante, pues eran el depósito de las fortunas de la ciudad, además de que debían disponer como garantes del comercio de un patrimonio importante.

Pyrgi en el siglo IV a.C. era el único puerto del territorio que presentaba una población notable. Pese al saqueo, su historia continúa en el tiempo, gracias a las relaciones posteriores con Roma. Se realizó el Hospitium publicum Roma-Caere en el año 386 a.C., y fue confirmado en el año 353 a.C. Finalmente, en 273 a.C. es doblegada la ciudad de Caere. La última noticia importante con la que contamos es la fundación por parte de Roma de la colonia romana de Pyrgi hacia el año 264 a.C.

Gravisca

Situado más al norte que Pyrgi, Gravisca era por su parte el puerto de la ciudad etrusca de Tarquinia. El emporio de Gravisca comenzó a funcionar en los inicios del siglo VI a.C., alrededor del santuario de Afrodita-Turan. Este puerto abrió el comercio entre el mundo griego y Occidente.

Los sincretismos religiosos son también evidentes en este lugar. Poco después del año 600 a.C. se fundó una capilla en la que los arqueólogos han encontrado algunas dedicaciones en griego y etrusco consagradas a la diosa Afrodita, y la correspondiente etrusca, Turan. Hay también dedicaciones a otras diosas, Hera y Deméter, que están escritas en dialecto jonio, lo que claramente indica de dónde procedían algunas de las personas que llegaban a ese lugar.

Aunque un emporio no era sólo el santuario, sino que también tenía unas instalaciones y un área comercial, que de hecho en Gravisca alcanzaban una superficie de unos 80.000 m2; no obstante, era alrededor del santuario, quien vigilaba las transacciones comerciales, en torno del cual se organizaba el resto del establecimiento. Las divinidades veneradas eran femeninas y por supuesto garantes de la actividad comercial, como Afrodita, Hera o Deméter. Al igual que Pyrgi, también en Gravisca existen diferentes fases de construcción del santuario.

La fase arcaica se fecha entre los años 600 y 580 a.C., mientras que posteriormente, entre los años 480 y 470 se construyó un gran templo, dedicado a Hera, esposa de Zeus, lo que nos vuelve a demostrar una presencia griega. En el siglo IV a.C., el santuario griego fue sustituido por uno indígena dedicado a Hera y también a Turan. En este santuario existió un proceso de compleja adaptación y de transformación de los ritos y de los cultos en el ambiente local.

Posteriormente, en el año 280 a.C. se produjo la conquista definitiva por parte de Roma, y a partir del siglo II d.C., Gravisca declinó su importancia y poder y el santuario prácticamente dejó de utilizarse. Roma creó la colonia marítima de Gravisca más tarde, en el año 181 a.C., en el antiguo puerto, que en esos momentos se encontraba fuera de uso.

Por su naturaleza empórica, comerciantes de otros pueblos llegan a Gravisca para comerciar, aunque por los restos arqueológicos podemos deducir que la mayoría eran de origen heleno. Desde el siglo VI a.C. atracan en este lugar mercaderes jonios. Existe constancia de la presencia de focenses en este sitio. Esta situación cambiará sin embargo con la presión a la que los persas sometían la región de Asia Menor de donde venían aquellos griegos. Tras los primeros decenios del siglo V a.C. cesa la presencia griega, constituyéndose en lugar de culto de los propios etruscos.

 

Pyrgi y Gravisca, integrantes de la red comercial mediterránea

Los mercaderes ponían en contacto diferentes puntos de la geografía. Objetos e ideas viajaban con las personas y podían encontrarse artículos similares en lugares alejados.

De esta forma, se han encontrado dedicaciones en Gravisca realizadas por personajes de la aristocracia jonia, cuyos nombres se han encontrado también en la ciudad de Naucratis, un emporio ubicado en Egipto. Gracias al historiador griego Heródoto, tenemos información privilegiada sobre él, pues este autor nos habla del proceso por el cual, con el consentimiento del poder local, era establecido un emporio. Esta información podemos extrapolarla a otros emporios y pensar que el modo de proceder en otros lugares, como Pyrgi y Gravisca, era similar. El texto que este heleno nacido en Halicarnaso en el siglo V a.C. nos ha dejado es el que sigue:

“Como sincero amigo de los griegos, no se contentó Amasis, con hacer muchas mercedes a algunos de los individuos de esta nación, sino que concedió, a todos los que quisieran pasar a Egipto, la ciudad de Naucratis para que fijasen en ella su establecimiento, y a los que rehusaran a sentar allí su morada les señaló lugar donde levantar a sus dioses aras y templos, de los cuales el que llaman Helénico es sin disputa el más famoso, grande y frecuentado. Las ciudades que cada cual por su parte concurrieron a la fábrica de este monumento fueron: entre las jonias, la de Crío, la de Teo, la de Focea y la de Clazomene; entre las dóricas, la de Rodas, la de Cnido, Halicarnaso y Fasélida, y entre las eolias, únicamente la de Mitilene. Estas ciudades a las cuales pertenece el Helénico son las que nombran los presidentes de aquel emporio o directores de su comercio, pues las demás que pretenden tener parte en el templo solicitan un derecho que de ningún modo les compete. Otras ciudades erigieron allí mismo templos particulares, uno a Júpiter los eginetas, otro a Juno los samios y los milesios uno a Apolo.” (Historia, 2, 178)

Este texto no sólo nos indica que fue el faraón Amasis quien concedió la posibilidad de establecerse en una ciudad a los griegos, sino que además nos enumera una serie de ciudades diferentes que contribuyeron a crear y construir el enclave. Gravisca pudo tener un origen similar y sus instalaciones fueron utilizadas por personas de muy distinta procedencia.

La creciente intensidad de los viajes y los intercambios tuvo como consecuencia la instalación, no de un modo consciente, pero muy estructurada y organizada, de una red de intercambio por todo el Mediterráneo que lideraban griegos y fenicios y que con el tiempo les relevarían cartagineses y romanos, hasta que estos últimos consiguieron dominar este mar por completo hasta el punto de llamarlo ‘Mar Nuestro’ o Mare Nostrum.

Los tratados entre estados formaron parte del juego de poderes de las diferentes civilizaciones que controlaban la zona. La situación de Etruria tiene ciertas consecuencias de gran valor para entender la situación política entre Roma y Cartago, y la utilización de Caere y Pyrgi para los intereses cartagineses contra los romanos. Los actos políticos revestidos de religiosidad como el que vemos en la ofrenda inscrita en las láminas de Pyrgi eran una maniobra más de las muchas utilizadas para conseguir una supremacía sobre el resto de los pueblos con los que se competía.

Por otra parte, el establecimiento de un emporio no sólo favorecía los intereses de los colonizadores. Las consecuencias de dicha fundación son mucho más profundas, pues alteraban y transformaban también a las sociedades indígenas. Aquellas poblaciones locales que permitían el establecimiento de un emporio recibían además de beneficios económicos, una influencia ideológica.

Es evidente que para llegar a un acuerdo de estas características en las que se ofrece un lugar a los extranjeros para poder comerciar, la sociedad local de origen debe tener una estructura social bastante organizada. No obstante, al entrar en contacto tan directo con sociedades diferentes que contaban con otra mentalidad y tecnología es muy probable que se llegara por parte de la población autóctona a una mayor complejización social. Asimismo esta influencia actuaba también en el ámbito de las ideas, de la religión.

Dos divinidades que se asimilan no son exactamente iguales, pero sí parecidas, de otra forma no se podría llegar a esa interpretatio, según la cual se consideraba a Astarté y a Uni una divinidad con las mismas características. Ese proceso no sólo llevó a una asimilación entre las divinidades sino a auténticos sincretismos, mediante los cuales los diferentes dioses y diosas toman distintos caracteres y matices que antes no poseían, y se vuelven más parecidos.


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Soy de 1982, de una época en la que la democracia ya estaba establecida firmemente en este país. Nunca conocí una dictadura, pero pude ver en los recuerdos de mi familia el daño que puede hacer una guerra, sea al bando al que sea. Tal vez por eso me decidí a interesarme por la historia, y conocer no sólo nuestro pasado reciente sino aprender sobre los pueblos que vivieron hace miles de años. Nací en Barakaldo (Vizcaya), pero estudié la carrera en la Universidad de Salamanca. Me fui después a Andalucía para estudiar un doctorado en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, y formarme en otras materias: antropología, biblioteconomía, alemán, italiano, inglés, etc. Nunca se deja de aprender, y tenemos tan poco tiempo para descubrir tantas cosas… Por eso, aunque he participado con un par de ponencias en algunos congresos y he escrito un par de artículos, y el libro Breve historia de Tartessos, siempre me gusta ver lo que tienen que decir los demás. Y creo, sinceramente, que lo mejor que he hecho en mi vida, es lo que aún me queda por hacer.

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