El cine y la imagen de Cayo Julio César: realidad o ficción

17 ago, 2011 por



¿Cuáles son las posibilidades que ofrece el cine histórico para el conocimiento de la antigüedad clásica?

Veamos en un caso concreto si la imagen que aporta el cine sobre un personaje de la Antigüedad, Cayo Julio César, y sobre su época es totalmente verídica y objetiva en función de la documentación existente. En definitiva, volvamos una vez más a considerar la relación entre Historia, la disciplina, y el cine.

A lo largo de la historia han sido varias las culturas que han legado una enorme variedad de personalidades de gran relevancia y repercusión que sólo con citarlas pueden ser identificadas con una época, con un Estado o con un movimiento político, social, económico, religioso o cultural. Tal es así, que si hubiera que identificar a la Antigua Roma con uno de sus hombres más célebres, sin duda éste sería Cayo Julio César, hombre cuyo carácter estuvo siempre marcado por sus logros, pero también por la codicia y la presunción.

Como hombre de armas, César fue en todo momento un general victorioso que empleó su arrogancia y su capacidad de manipulación en beneficio propio, y que concibió la guerra como una continuación de la política. Como político, si bien desde antiguo se ha cuestionado su capacidad como hombre de Estado, ha pasado a la Historia como el paradigma del buen estadista y hábil diplomático que supo acordar alianzas para lograr sus propósitos. Desde su muerte en los idus de marzo del 44 a.C., ha sido considerado como el gran líder popular y el político revolucionario que sentó las bases del futuro sistema imperial y de la cultura occidental.

Igualmente, ha sido identificado como el paradigma del estadista y del correcto militar, como uno de los intelectuales más brillantes en lengua latina, como el jurista que promulgó las leyes sobre las que se sentó el posterior Derecho romano, como un gran reformista jurídico-administrativo, y como un hombre que supo sacar buen provecho de la propaganda a través de su producción literaria.

 

César, icono político y militar del período tardorrepublicano, con el que muchos hombres de épocas posteriores, como Napoleón Bonaparte, Napoleón III, Mussolini, Stalin o Hitler han pretendido identificarse con objeto de justificar sus actuaciones, no sólo ha sido paradigma de historiadores y biógrafos clásicos y modernos, sino que su obra y su personalidad han sido también objeto de estudio por parte de filósofos, filólogos, arqueólogos, sociólogos, dramaturgos e incluso cineastas, que han dedicado sus investigaciones y obras a tratar de transmitir de una forma clara, concisa y, en la medida de lo posible, objetiva su significado, existiendo, por consiguiente, infinitos Césares arbitrarios y discordantes entre sí a lo largo de los siglos.

A lo largo del tiempo, los historiadores han contado con múltiples recursos –literatura, arqueología, epigrafía o numismática– para tratar de despejar los innumerables interrogantes que plantea la Historia. Desde mediados del siglo XX se ha venido incrementando considerablemente el empleo de la imagen ofrecida por el cine como fuente auxiliar de la Historia. Cualquiera que revise el panorama cinematográfico existente sobre César y su época, comprenderá que el general romano ha sido representado de múltiples maneras en función de unos patrones no plenamente fieles a la producción historiográfica clásica y moderna.

En realidad, la imagen aportada por el cine ha quedado ajustada a una serie de patrones e influencias de carácter sociopolítico e ideológico más acordes con los momentos en que las películas fueron rodadas. Todo ello no ha provocado sino que en varias ocasiones se reproduzcan continuamente tópicos erróneos, anacronismos, tergiversaciones y errores de diversa índole.

Asimismo, son múltiples los casos en los que los guiones cinematográficos eluden las fuentes de autores grecolatinos y la información aportada por los restos materiales, a priori más acordes a los hechos. En su lugar han optando por emplear otro tipo de documentación menos fiel a los estudios historiográficos, como novelas y dramas históricos de gran impacto popular como son las obras de W. Shakespeare, G. Bernard Shaw o Th. Wilder.

En este sentido, la obra de W. Shakespeare, Julio César, quien, no obstante, se inspiró a su vez en la biografía realizada siglos antes por Plutarco, ha sido la versión que ha servido de guión y base a un gran volumen de producciones hollywoodienses, siendo esta imagen la que más fácilmente ha quedado grabada en el gran público independientemente de la fidelidad o tergiversación de los hechos. Es por esta razón por la que si preguntamos por la imagen de César, la mayoría de la gente reconstruirá su imagen y época en función de la obra shakesperiana o en función de una determinada película y no en función de la información que aporta la historiografía, la arqueología o ciencias afines al respecto. De este modo, con el paso del tiempo, César ha estado tan asociado a la realidad histórica como a la ficción.

Pero ahora bien, teniendo en consideración la relación existente entre todos los filmes que versan sobre César y la producción historiográfica clásica y moderna relativa a su vida y obra ¿de qué realidad es el cine auténtica imagen? La pregunta del director Jean-Luc Godard permite confirmar que la realidad ofrecida por el cine aporta una primera imagen del pasado, a modo de imitación y no de reflejo, cuya fidelidad con la auténtica realidad, que nunca llegaremos a conocer de forma plena, varía en función de la veracidad de la documentación empleada, de la subjetividad de los autores y del contexto político, social, económico y cultural que lo rodea.

El cine histórico, en tanto que espectáculo popular, refleja las preocupaciones propias de la época en que se gestó cada película. Así, hay una serie de tópicos en este género que reproducen situaciones presentes que se contextualizan en el pasado. Sin embargo, de forma mayoritaria, el cine no entra en ninguna medida en el mapa mental del historiador, ya que para el historiador más crítico el cine tiene por efecto la desarticulación de todo lo que varias generaciones de estadistas, pensadores, juristas, dirigentes o intelectuales habían logrado equilibrar.

Es decir, independientemente de lo honesto o profesional que pueda ser el director y del grado de profundidad de su estudio, el historiador nunca llegará a estar satisfecho con la realidad proyectada en el film. Por ende, aunque la película histórica de época clásica, esto es, el peplum, sea una herramienta de estudio con un indiscutible valor didáctico y divulgativo, así como de gran repercusión al ofrecer nuevas posibilidades de representar la Historia, ha de ser empleada con la suficiente cautela debido a que ninguno de los largometrajes de ese género es absolutamente objetiva y fiel con lo sucedido, tendiendo más bien a desdibujar la auténtica realidad.

Las películas italianas de romanos fueron bautizadas por la crítica francesa como peplum. Desde la década de 1950, peplum sería el término utilizado para identificar las ‘películas de romanos’. Se asignó éste porque todos sus protagonistas, tanto griegos como romanos, vestían de un modo peculiar utilizando el peplo o manto que cubría a los actores. Sobre este género cinematográfico: M. Chaubet, “La nascita del peplum“, en S. Casa y C. Piazza,BC=Before Conan. Essai d’Étude sur le péplum, Cooperativa Grafica Nuova, Turín, 1983, pp. 6-9; D. Elley, The epic film, Routledge & Kegan Paul, London, 1984; M.D. Cammarota, Il cinema peplum, Futuro Saggi, Roma, 1987; A. Duplá y A. Iriarte, El cine y el mundo antiguo, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, Bilbao, 1990; C. Aziza, Le péplum: l’Antiquité au cinéma, en CinémAction, nº 89, 1998; R. España, El peplum. La Antigüedad en el cine, Glénat, Barcelona, 1998; J. Solomon, Peplum: el mundo antiguo en el cine, Alianza, Madrid, 2002.

Los filmes históricos, tendentes a interpretar el pasado desde el presente, terminaron dotando al peplum de un carácter más ideológico que político en las producciones cinematográficas de mediados del siglo XX que convirtieron las persecuciones cristianas, las luchas de gladiadores y la corrupción del poder imperial en vehículos para reivindicar la igualdad racial o social traduciendo en iconos del pasado las controversias del presente. Sobre esta cuestión: Ch. Lacalle, “Gladiador: Memoria del peplum y reescritura genérica”, Número Actual, nº 31 (revista digital); A. Wyke,Projecting the Past. Ancient Roma, Cinema and History, Routledge, London, 1997; J. Montero, “Fotogramas y libros de celuloide: El cine y los historiadores. Algunas consideraciones”, en Historia Contemporánea, nº 22, pp. 22-66; J. Montero y A. Rodríguez, El cine cambia la Historia, Rialp, Madrid, 2005; B. Antela y A. Prieto, “Alejandro Magno en el cine”, en P. Castillo – S. Knippschil – M. García Morcillo – C. Herreros, Imagines: la Antigüedad en las artes escénica y visuales, Universidad de la Rioja, Logroño, 2008, pp. 263-279, cit. p. 272.

Desde un principio hemos de ser conscientes de que existen varios modos de ver una película de género histórico. El más corriente, derivado de las corrientes positivistas, consiste en verificar si la reconstrucción que ofrece es verídica, si los diálogos se derivan de la fuente original, o si los decorados e indumentaria guardan relación con los datos que nos aporta la arqueología. Paralelamente, existen otros muchos modos de ver e interpretar los filmes históricos ya que éstos no han de ser siempre vistos desde la óptica de un historiador que busca reconocer una sucesión continua de errores de diversa índole. Es decir, el historiador ha de ir más allá y ver e interpretar la película desde diversas perspectivas, tratando con ello de sacar el mayor provecho posible de ella.

Llegados a este punto, debemos plantearnos el modo en que ha sido interpretada la figura y obra de César en las producciones cinematográficas de mayor relevancia, sin tener, por el contrario, intención de llevar a cabo una exposición minuciosa del argumento y un listado pormenorizado de los errores históricos y anacronismos que cometen las mismas. Todo lo contrario, es necesario evaluar las posibilidades que plantean estas películas para el conocimiento de la antigüedad clásica y conocer qué relación guardan con la documentación escrita o material. Igualmente, debemos tener presente la relación existente entre la Historia y el cine comprobando si las producciones cinematográficas cumplen o no con su función de aportar una primera imagen de César y del contexto histórico que lo rodea.

Por consiguiente, a la hora de analizar el peplum hemos de plantearnos una serie de interrogantes: ¿cuál es el tema principal y cuáles son los temas secundarios?; ¿cuáles son los valores morales que priman?; ¿cuál es el propósito del director y los guionistas?; ¿cuáles son las fuentes de información en las que se documenta?; ¿cuáles pueden ser los factores externos que condicionan la película?; ¿cuál y cómo es el valor didáctico y ocioso añadido?; ¿es válida esta imagen fílmica del mundo antiguo?; en síntesis, ¿puede un largometraje sobre César y su época asimilar la totalidad de la información existente sobre su figura y obra?

Las primeras producciones, rodadas en difíciles contextos políticos y sociales, primaban los valores morales sobre la acción y la aventura. Un repaso por las imágenes que el cine ha presentado del dictador romano permite entender con mayor profundidad las consideraciones inherentes al personaje más allá de su aspecto histórico.

Revisando las películas que tienen a César por protagonista podemos cerciorarnos de que el cine histórico de tema clásico mira a la Antigüedad con ojos del presente. Es decir, el cine reconstruye siempre el pasado en función del presente.

La reconstrucción histórica lograda suele reflejar ideas y problemas contemporáneos a la redacción del guión y a la condición del director frente a los problemas y situaciones que lo rodean. De esta manera, el cine histórico, y en particular el peplum, hace una recreación histórica a través de ropajes antiguos buscando paralelos de la propia época en que viven con la Antigüedad. Sin embargo, los responsables de estas producciones no deberían seguir de forma plena esta conducta ya que no parece totalmente lícito juzgar al film exclusivamente desde el presente.

De este modo, se hace necesario tener presente que las películas de género histórico, como tantas otras, tienen un valor didáctico añadido, pues en realidad son un medio muy popular con el que muchos tienen su primer, y muchas veces único, contacto con el mundo clásico. Muestra de ello es que cada vez se hace más frecuente que el individuo reconstruya su imagen de César y su época por medio del cine y la televisión. Además, el cine histórico permite la reconstrucción de determinados acontecimientos y procesos que de otra forma no seríamos capaces de comprender. Por tanto, el peplum constituye una utilísima herramienta capaz de captar la atención de todo tipo de público y difundir el legado cultural romano con el que cualquier persona pueda reconstruir una imagen más o menos fiel de un personaje y del contexto histórico que lo rodea.

 

Filmografía en torno a la figura de Julio César

Aunque superan la cuarentena de producciones cinematográficas y televisivas, se expone a continuación una breve relación de las producciones sobre la vida y obra de César que han tenido mayor repercusión.

- Enrico Guazzoni. Cayo Julio César, Estados Unidos-Italia, 1914.

La película sigue a modo de semidocumental no sólo a W. Shakespeare sino también los textos clásicos de Suetonio y Plutarco. Se trata de una meticulosa enumeración de los hechos más destacados de la vida del general romano, presentados en ocasiones de forma algo fantasiosa y atropellada. Destacan algunos detalles de tipo familiar o de los primeros años de su carrera política que la gran mayoría del resto de películas pasan por alto (enamoramiento de Servilia, la rivalidad con Sila, el exilio, etc.). En esta producción se aprecia el contraste entre las fuerzas de Pompeyo y de César, pues los soldados del primero discuten entre sí, mientras que los cesarianos son disciplinados y ordenados. La escena del triunfo de César en Roma sirvió de patrón a todas las lujosas y costosas escenas de triunfos en películas posteriores. Se puede afirmar que, aunque jugase con la fantasía y la recreación, se trata de una de las producciones más biográficas y fieles a la documentación clásica.

- David Bradley. El asesinato de Julio César, Estados Unidos, 1950. H. Tasker: Julio César; Ch. Heston: Marco Antonio; D. Bradley: Bruto; T. Cloak: Lépido; H. Dietmeier: Artemidoro; G. Glenn: Cassio; B. Holt: Octavio; G. Fletcher: Cinna; M. S. Darr: Portia; H. Ross: Calpurnia.

En sus orígenes fue concebida como una película de género independiente. Influenciada por la producción realizada en 1914, siguió como guión base la obra de W. Shakespeare. Como consecuencia de un presupuesto muy escaso, la imagen y los escenarios, con localizaciones en Chicago e Illinois, son un tanto sobrios y rudimentarios. Asimismo, se trata de una producción que elude varios episodios de la vida de César, en la que el director presenta una imagen un tanto idealizada del general romano sin tener en consideración la gran variedad de fuentes clásicas y modernas existentes al respecto. Sin embargo, la interpretación de los actores, fundamentalmente la de un joven y desconocido Ch. Heston en el papel de Marco Antonio, el gran contraste del blanco y negro, así como la música de G. Fletcher hicieron que fuera una película de gran éxito comercial con escenas, como la del soliloquio de Cassio o el discurso de Marco Antonio, que sirvieron de modelo a posteriores producciones.

- Joseph L. Mankiewicz. Julius Caesar, Estados Unidos, 1953. L. Calhern: Julio César; M. Brando: Marco Antonio; J. Mason: Bruto; J. Gielgud: Cassio; G. Garson: Calpurnia; D. Kerr: Portia; M. Farley: Artemidoro; D. Watson: Octavio.

Bajo la producción de la MGM y rodada en blanco y negro con logradas localizaciones, Mankiewicz dotó de prioridad histórica los capítulos relativos a los Idus de Marzo haciendo más breves los actos posteriores. Se trata por consiguiente de una película donde se da repaso a las causas y consecuencias de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de Roma, el cesaricidio. Aun tratándose de una película muy bien documentada en las fuentes clásicas y que refleja correctamente el ideario político y moral de Roma, el director logró una de las representaciones más fieles a la obra de W. Shakespeare dando la impresión de que se trataba de una verdadera obra de teatro llevada al cine tanto por la escenificación como por los diálogos de los personajes. La actuación de los protagonistas es espléndida en los monólogos, principalmente la de un joven M. Brando en el papel de Marco Antonio y la de L. Calhern representando a César con gran fidelidad en las fuentes. A pesar de ello, la película no puede considerarse una reconstrucción realista del mundo romano pero sí de su retórica. Se trata, por ende, de una película en la que se dan todos los rasgos definitorios de una tragedia antigua.

- Amerigo Anton. Julio César: el conquistador de la Galia, Italia, 1963. C. Mitchell: Julio César; R. Battaglia: Vercingetorix; C. Tamberlain: Pompeyo; B. Tocci: Marco Antonio; C. Caló: Calpurnia.

Primando la lucha contra Vercingetorix en la batalla de Alessia, Anton centra la acción en los capítulos relativos a la conquista de la Galia y de Bretaña en detrimento del resto de episodios. Se trata de una película carente de rigor histórico y fundamentada en lo tópico y en lo anecdótico. Además, la representación del general romano y de los galos escapa de toda realidad por lo que es obvio que no se han tenido en consideración la información aportada por la tradición historiográfica y la arqueología.

- Stuart Burge. Julius Caesar. Reino Unido, 1970. J. Gielgud: Julio César; Ch. Heston: Marco Antonio; J. Robards: Bruto; R. Johnson: Cassio; Chr. Lee: Artemidoro; R. Chamberlain: Octavio; D. Rigg: Portia; J. Bennett: Calpurnia.

Presenta una adaptación menos fiel a la obra de W. Shakespeare, tratándose de la producción más cinematográfica de todas: si bien tergiversa hechos históricos y muestra varias lagunas históricas. La interpretación de los actores no fue tan lograda como en la producción de 1953, a la que toma como modelo, aunque, empero, la película es recordada por las interpretaciones de J. Gielgud en el papel de César y de Ch. Heston de nuevo en el de Marco Antonio.

- Uli Edel. Julius Caesar, Estados Unidos, 2002. J. Sisto: Julio César; Chr. Noth: Pompeyo; R. Harris: Sila; Chr. Walken: Catón; H. Ferch: Vercingetorix; I. Duncan: Bruto; J. Rodan: Marco Antonio; V. Golino: Calpurnia.

La película comprende un amplio marco cronológico que abarca desde la niñez de César hasta su fatídica muerte en los Idus de Marzo. Rodada en los estudios de CineCittà, con logradas localizaciones en Malta y Bulgaria, y adoptando siempre como guión la documentación historiográfica y arqueológica, Edel recrea fielmente los hechos y los escenarios, si bien existen pequeñas lagunas históricas. Se trata, por consiguiente, de la producción que ofrece la imagen más completa y fidedigna del general romano repasando los textos clásicos más emblemáticos.

Otras producciones:

-J. Stuart Blackton y W. V. Ranous. Julio César, Estados Unidos, 1908.

-G. Pastrone. Julio César, Italia, 1909.

-F. R. Benson. Julio César, Reino Unido-Portugal, 1911.

-A. Ramsey. Julio César, Estados Unidos, 1913.

-G. A. Cooper. Julio César, Reino Unido, 1926.

-S. Grieco. Julio César contra los piratas, Italia, 1962.

-R. Araiza. El asesinato de Julio César, México, 1972.

 

 

A modo de conclusión

En producciones cinematográficas de género histórico seremos nosotros mismos los responsables de determinar qué es realidad y qué es ficción, siendo también los directos responsables de crear nuestra propia imagen de Cayo Julio César y de la Roma del siglo I a. C. Asimismo, seremos responsables de confirmar si el cine da a conocer la Historia o si la trivializa y la deforma.

El valor y las cualidades del cine para el conocimiento de la Historia dependerá de la capacidad del espectador para entender e interpretar la película distinguiendo los elementos de valor histórico de aquellos que son dramáticos, y del uso crítico que el historiador haga del cine histórico como recurso didáctico y divulgativo.

Como hemos venido defendiendo, debemos tener en consideración el papel didáctico y divulgativo que tiene el cine histórico, pues la película, independientemente de su fidelidad con la veracidad histórica y las fuentes, nos ofrece una imagen si no totalmente verídica, al menos de cómo debería haber sido el pasado, y por lo tanto al hacerlo se convierte en una nueva forma de hacer Historia. Por ende, la película nos permitirá reflexionar sobre nuestra relación con el pasado.

En síntesis, no se ha de criticar en cantidad la veracidad histórica y documental del cine histórico pues las normas para evaluar si la imagen ofrecida de César es totalmente cierta no pueden derivarse únicamente de la producción escrita. De este modo, lo que debemos valorar es su posibilidad y alternativa de reconstruir, al igual que la historiografía o la arqueología, una realidad pasada, pues la película no es más que una reconstrucción y no un reflejo directo del pasado.

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3 Comentarios

  1. Juan Luis Posadas

    Excelente artículo del siempre recomendable autor Miguel Ángel Novillo, conocedor de primera mano, además, del tema gracias a su libro Breve Historia de Julio César (Madrid, Nowtilus, 2011). Me gustaría añadir, no obstante, la imagen de Julio César en la serie Roma, de la BBC, magnífica reconstrucción de la ciudad y la sociedad romana, aunque los hechos han sido modificados para hacerlos similares a una telenovela. Como aproximación, no al genio militar y estadista brillante que para muchos fue César, sino al ambicioso genocida de galos, golpista de Estado, dictador férreo, y general victorioso sobre sus conciudadanos que para mi y para otros es César, es muy correcta y recomendable. Como algo simpático añadiría las apariciones de César en los tebeos de Astérix y Obélix, donde se muestra a un César benévolo con los galos, muy en la tradición napoleónica (y Degaullista) de admiración del romano.

  2. Tomamos nota para nuestra sección dedicada a los Comics que hacen Historia de lo último que apuntas. Como siempre, es muy de agradecer tu aportación en estos comentarios a AH. Un abrazo, Juan Luis.

  3. Miguel Ángel Novillo López

    Ante todo, gracias por vuestros comentarios. Con respecto a lo último que comentáis, me gustaría remitir a un artículo mío disponible en Dialnet titulado “Astérix en Hispania: realidad histórica o realidad caricaturizada”. Un saludo muy cordial

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