Elizabeth: la Edad de Oro, cine histórico, pero menos

3 ago, 2011 por



Sinopsis:

La reina Isabel I de Inglaterra (Cate Blanchett) debe enfrentarse a la traición en el seno de su familia y a sangrientas tentativas de apoderarse de su trono. Isabel es consciente del cambio religioso iniciado en el siglo XVI en Europa, y el poderoso rey español Felipe II (Jordi Mollà) está decidido a restaurar el catolicismo en Inglaterra con la ayuda de su ejército y su invicta armada. Mientras la reina estudia cuál es su mejor opción en el extranjero, su consejero de confianza, sir Francis Walsingham (Geoffrey Rush), sigue manipulando a la Corte con maestría y trabajando para consolidar la monarquía absoluta. Gracias a su complicada red de espías, Walsingham descubre un complot de asesinato para hacerse con el trono. Al desenmascarar a los traidores, entre los que parece estar la prima de Isabel, María Estuardo (Samantha Morton), el fiel consejero no sabe que acaba de dar comienzo al declive de Inglaterra.

Crítica:

La época de Isabel I de Inglaterra (Elizabeth en su nombre en inglés, el suyo, no el que usamos los historiadores), y la de los Tudor en general, siempre se ha mostrado muy cinematográfica, exponiendo al mundo las glorias de la primera expansión naval inglesa. Esta vez, me parece que la nueva versión de los tiempos de la Reina Virgen que nos propone Elizabeth: the Golden Age (su título original) tiene mucho más de panegírico del personaje de lo necesario. Sobro todo si esto se arbitra por contraste con un Felipe II —interpretado por el español Jordi Mollá— transido por un determinismo religioso ignorante y enfermizo, que, al parecer, le había convertido en un tipo temblón, irritable y miedoso, situado bien cerca de la debilidad mental.

Es posible que el Rey Prudente fuese un megalómano, pero desde luego su personalidad se situaba muy lejos del bobo obsesivo que se quiere retratar:I hear. I obey. My Lord and my God” (“Yo escucho, yo obedezco, mi Señor y mi Dios”) son sus primeras palabras en el guión. En realidad, la historiografía más seria suele concluir que Felipe de España era más un fatalista que cualquier otra cosa. Así describía la personalidad del Rey un embajador veneciano hacia 1557:

«Así como la naturaleza ha hecho á S. M. débil de cuerpo, así también lo ha hecho de ánimo algo tímido, de lo cual se vieron señales, cuando se movió la guerra con el Pontífice y el Rey de Francia; no es templado en la calidad de los alimentos especialmente en los pasteles y es incontinente en los placeres sexuales, divirtiéndose en andar de máscara por las noches aun en medio de graves negocios, y le placen mucho diversos juegos. Muestra de ordinario ser más propenso á la mansedumbre que á la ira, y así á los embajadores, como á cualesquiera que con él negocien, da señales de ánimo humanísimo, sufriendo pacientemente las calidades de las personas y las extrañas peticiones que se le hacen, satisfaciendo á todos con las palabras y con los actos. A las veces usa expresiones ingeniosas y agudas y oye con gusto gracias y donaires; pero si al comer le rodean los bufones, reprime su contento, mientras que en su cámara deja que se explaye la risa».

Aún consciente de su misión como defensor del catolicismo, Felipe sabía muy bien que el destino no estaba asegurado por eso. Se dice que apenas se inmutó en público cuando fue informado del fracaso de la Armada Invencible, era algo que bien podría pasar, no le cogió de sorpresa. Tampoco sentía miedo ante la muchedumbre, al contrario, si alguna vez se hubiese congregado algún tipo de multitud en El Escorial, circunstancia absolutamente imposible, no se hubiese acobardado como se refleja en la película, de hecho tenía por costumbre departir con quien se le acercaba con alguna petición tras la misa en el Alcázar madrileño. Tampoco creía en nigromantes y agoreros y, en caso de que alguna vez entonase en público alguna palabra malsonante, no lo haría repitiendo “bastarda”, “bastarda” a cada paso, eso seguro.

Por lo demás, la película se deja ver, aunque sólo sea por disfrutar de las ambientaciones de la época y de la recreación del combate naval frente a los blancos acantilados de Dover. Aunque los planos picados que muestran a cada paso el gótico espectacular de la catedral de Wells resultan algo cansinos y el guión, que camina permanentemente de lord Howard a Isabel y de ésta a Bess y sir Walter Raleigh, resulta más propio de un telefilme que de la gran pantalla.

Ficha técnica:

Elizabeth: la Edad de Oro

Dirección: Shekhar Kapur.
Países: Reino Unido y Francia.
Año: 2007.
Duración: 114 min.
Género: Drama.
Interpretación: Cate Blanchett (Isabel I de Inglaterra), Geoffrey Rush (sir Francis Walsingham), Clive Owen (sir Walter Raleigh), Abbie Cornish (Bess Throckmorton), Samantha Morton (María Estuardo), Jordi Mollà (Felipe II), Rhys Ifans (Robert Reston).
Guión: William Nicholson y Michael Hirst.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Jonathan Cavendish.
Música: Craig Armstrong y A. R. Rahman.
Fotografía: Remi Adefarasin.
Montaje: Jill Bilcock.
Diseño de producción: Guy Hendrix Dyas.
Vestuario: Alexandra Byrne.

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1 Comentario

  1. Buenas a todos:
    Coincido en lo del panegirico por la “Reina Virgen”. Lo esperable en el cine anglosajon, con los mismos topicos y arquetipos que nos podemos encontrar casi desde Los halcones de los mares de Errol Flynn. Sn embargo, discrepo en la apreciacion sobre que a raiz de la ejecucion de Maria Estuardo, comience en declive de Inglaterra. Eso, sin embargo, no lo veo tan claro. Se dio un declive, pero mas bien cuando llega al trono el hijo de su enemiga, Jaime o Jacobo I Estuardo, personaje cercano a la locura, paranoico y que se sentia en contacto directo con Dios. No sera hasta la epoca de Cromwell, desde mi punto de vista, cuando se comience a salir de esa decadencia y falta de politica clara, gracias entre otros, a Jorge de Villiers.

    Un saludo y enhorabuena por el articulo hermano.

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