El fondo de reptiles: la prensa amaestrada. De Bismarck a Fraga

Por . 28 septiembre, 2011 en Siglos XIX y XX
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Se conoce como fondo de los reptiles (a menudo, fondo de reptiles) a las subvenciones secretas que un gobierno concede a la prensa para que esta muestre una posición más favorable hacía sus políticas. Fue ya una práctica muy extendida en la Europa del siglo XIX.

La expresión proviene de una afirmación de Otto von Bismarck realizada tras ganar la Guerra Austro-prusiana en 1866, en la que el reino de Hannover, aliado austriaco, fue uno de los más castigado por la derrota. Su rey Jorge V debió exiliarse dejando atrás toda su fortuna, que a partir de ese momento sería gestionada, a través de un real decreto, por Prusia para “la vigilancia y la defensa contra las maquinaciones de la casa de Hannover y sus agentes contra Prusia”.

Los intereses generados por esa fortuna fueron utilizados por el canciller prusiano para la creación de un fondo secreto, al que únicamente tuvieron acceso el rey Guillermo I y el propio Bismarck y que se usó para fomentar las actividades propagandísticas y para la creación de un sistema informativo dentro y fuera de las fronteras alemanas.

Otto von Bismarck

Otto von Bismarck

Bismarck, cansado de las intrigas de los partidarios de los Hannover, no en vano los reyes de Inglaterra eran Hannover, pronunció la célebre frase: “Utilizaré su dinero para perseguir a estos reptiles malignos hasta sus propias cuevas”. Nació así el fondo de reptiles.

El modelo hizo furor en la convulsa Europa del XIX y todos los gobiernos copiaron la idea. En España, en plena Restauración borbónica se introdujo por vía del embajador en Berlín, Francisco Merry Colom, que fascinado escribía en 1875 al gobierno español:

“La prensa aquí está toda en manos de gente desacreditada. Los fondos copiosos que Bismarck tiene destinados para subvencionar periodistas en Alemania y a favor de Alemania (los hay subvencionados en todas partes), se llaman públicamente “Fondos de reptiles”: de ellos está encargado un jefe de administración que todo el mundo conoce”.

El embajador, empero, aconsejaba al gobierno seguir el ejemplo alemán a través de los fondos reservados del Ministerio de Gobernación.

La suma total destinada a los “gastos reservados” mensualmente oscilaba entre las 31.000 y las 36.000 pesetas, que incluían esos pagos a la prensa, según varios conceptos, desde una gratificación en metálico, un pago mensual o, lo que solía ser más común, a través de suscripciones.

Otra forma de control de la prensa, ésta ya plenamente española, era interferir en la creación de cabeceras. Un periódico era imprescindible para hacer carrera política y su cierre era potestad gubernamental, por lo que un medio demasiado duro con el gobierno sabía que tenía los días contados y su director las aspiraciones políticas truncadas.

Medidas poco ortodoxas, pero todavía en cierta medida dentro de la legalidad democrática.

En la España del dictador (¿o solo autoritario?) Francisco Franco no era necesario sobornar a la prensa, porque la censura previa y el secuestro de publicaciones ya amordazaban de manera eficaz los escasos medios algo discordantes con el Movimiento.

Este marco cambia de manera casi brusca con la llegada de Manuel Fraga al Ministerio de Información y Turismo en 1962 y la promulgación de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, que por primera vez durante el franquismo suprime la consigna y la censura previa, restringida solamente a casos de emergencia nacional o guerra.

Pero el principal cambio es que esta ley determina que la empresa periodística pasa del dominio del interés nacional al dominio de la iniciativa privada.

Ya es necesario domar a la prensa y, sobre todo, comprarla para no crear frentes internos. La pretensión de dar una falsa imagen de aperturismo del régimen debe ser compensada con abundantes sobornos que hagan que una supuesta prensa libre hable bien de Franco y el franquismo, o al menos no demasiado mal.

Y la forma de ejercer ese control fue crear en 1964 la OJD (Oficina de Justificación de la Difusión) y las subvenciones en papel determinadas por esa difusión medida por la OJD, y tan fácil de manipular.

El soborno funcionaba por la obligatoriedad de todas las cabeceras de prensa españolas de comprar el papel a Papelera Española, empresa estatal que se lo vendía de mala calidad y a un precio muy superior al del mercado libre.

La trampa estaba en que no se pagaba, es decir no se pagaba si eras dócil y no te metías con el gobierno, y se explicaba por la difusión. Si tu periódico tenía una determinada tirada y difusión tenías derecho como fomento de esa difusión a una subvención en papel, malo y caro, pero gratis en el fondo.

Ese era el peculiar fondo de reptiles español que estuvo en vigor hasta muy adentrada ya la democracia y que fue el trágala con el que convivieron todos los rotativos tuvieran la ideología que tuvieran.

Esos aires de renovación y aperturismo con la prensa y las costumbres, que se instrumentalizan con la Ley de Prensa del 66 y la Ley de Libertad Religiosa del año siguiente, que da cierto respiro a los “acatólicos”, coinciden con el auge de los llamados tecnócratas del Opus Dei en el gobierno franquista presidido por Luis Carrero Blanco.

Manuel Fraga

Manuel Fraga



 

Entre Fraga y sus deseos de aperturismo y los ministros opusinos hay un claro enfrentamiento, que tiene su momento álgido en 1969 con el escándalo financiero Matesa, en el que aparece implicada la Obra y varios de sus ministros. Fraga no dejó pasar la oportunidad de airear el escándalo y sus protagonistas son sacados sin recato en todos los periódicos por deseo expreso del ministro de Información.

Franco tomó la decisión salomónica de destituir a los  ministros del Opus implicados en el escándalo, pero también a Fraga, al que nombró, empero, embajador en Reino Unido.

La destitución de Fraga significó el fin de ese supuesto aperturismo de la prensa y entrar de nuevo en la censura previa y el secuestro de tirada.

La llamada prensa independiente española estaba por aquellos años del tardofranquismo formada por los diarios Madrid, Alcázar y Nuevo Diario. Las tres cabeceras dirigidas por miembros del sector más liberal (como si existiera) del Opus Dei.

Con la caída de Fraga, hasta esa prensa tan poco hostil al régimen sufrió represiones en su línea editorial y sus directores resultaron relevados. Incluso el diario Madrid fue cerrado y su sede, el pequeño Escorial, demolida.

A pesar de todas las cautelas, todos los artificios, todos los medios, parecía imposible amaestrar a la prensa. Esa fue al menos la conclusión que sacarán todos los gobiernos de la democracia traída por la Transición tras la muerte de Franco, pero también que merecía la pena intentarlo.

Porque el poder de la prensa para derribar gobiernos y para alzar líderes de nulo carisma es inmenso, es un poder tan grande, el cuarto, que cualquier esfuerzo, cualquier medio para dar de comer a los reptiles merece el gasto, ya sea en subvenciones en papel, en publicidad institucional, en concesiones administrativas, en permitir fusiones poco claras, en crear leyes ad hoc para beneficiar a ese o aquel grupo. Mientras exista la prensa, existirán los fondos de reptiles…


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Estudié Historia, porque ya que me refugiaba en el pasado me parecía lo más honesto conmigo mismo. Me licencié en 1985 en Historia Antigua, con trabajo final sobre Alejandro Magno, quién si no, y en 1988 acabé la carrera de Periodismo, para combinar mi amor por la Historia en general y por Alejandro en particular, con mi vena gacetillera. Y en 1992 me doctoré en Historia del Periodismo, todo en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, mi alma máter, salvo un escarceo de dos años en la mormona universidad de Bringham Young, donde hice un máster en Comunicación. Cosas de la poca edad. He ejercido poco como historiador, fui profesor suplente, también en la Facultad de Ciencias de la Información, y más como periodista, casi doce años en diferentes medios, como la Agencia EFE y France Press, hasta que la vida me ha llevado a otros sectores profesionales tecnológicos, eso sí en la editorial Santillana, que el mejor gadget es un libro, pero cada vez más alejados de mi añorado siglo IV a.C. Por cierto, mis sitios en la Red son: Alejandro es dios y La frase del día.

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  1. gravatar Resalao Responder
    octubre 24th, 2015

    He entrado a ver de donde viene la expresión Fondo de Reptiles, y me lo has aclarado, solo que tu historia termina con Franco, de la Junta de Andalucia ni los mencionas, cuando llevan usando fondos de reptiles desde tiempos históricos ya. Se os ve el plumero.

    • gravatar José Luis Ibáñez Salas Responder
      octubre 26th, 2015

      Un poco de educación y respeto no suele estar de más, máxime cuando quien opina así se escuda en un antifaz. Pero gracias por leernos y por aprender aunque sea de esa manera.

  2. gravatar José Luis Ibáñez Responder
    enero 10th, 2012

    Gracias por tus palabras, nos alegra que te haya gustado nuestra revista, que no blog. Un abrazo. Te esperamos.

  3. gravatar DonaldDraper Responder
    enero 10th, 2012

    buscando en el oráculo he llegado hasta aquí y, además de explicación del nombrecito, me he encontrado un peaso de blog … me da que no lo podré leer todo de una sola tacada así que volveré por aquí.

    Saludos