La Edad de Bronce. Una mirada sobre el mito troyano

Por . 7 septiembre, 2011 en Reseñas
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La Edad de Bronce 1. Mil naves

Eric Shanower

Lugar y fecha de edición: Barcelona 2011

Azake Ediciones

Páginas: 244

La Guerra de Troya existió. La cuestión no es si esa confrontación bélica más o menos legendaria, de la cual Homero contó un episodio en La Iliada, fue exactamente como se transmitió en la tradición oral y escrita de la primera obra literaria de nuestra civilización. El problema no radica en saber, en todo caso, a cual de las muchas confrontaciones que han tenido lugar en ese espacio físico que separa y une por igual a Europa y Oriente Próximo se refiere la narración épica escrita hace 2.000 años, basada en narraciones orales con, como mínimo, 1.000 años más. No. La cuestión es que la Guerra de Troya lleva mucho tiempo alumbrando la imaginación colectiva, a través de la literatura y el arte, que forma parte del subconsciente y de la herencia cultural de todo el planeta.

Hecho histórico o no, o suceso ocurrido en parte, que es lo más probable, la Guerra de Troya existe como expresión cultural, y eso hace que forme parte de la Historia.

La literatura en todas sus manifestaciones y las artes visuales en todas sus expresiones han buscado su “versión” de la Guerra de Troya. El cómic, una forma literaria que se basa en el arte pictórico, pero que es algo más que la suma de ambos, no podía ser menos.

Eric Shanower (nacido en Florida, Estados Unidos, el 23 de octubre de 1963) es el responsable de la última mirada a una leyenda que nos transporta una vez más al lugar donde está el foco del miedo del mundo de hoy, que es esa raya imaginaria que separa Occidente de Oriente.

Shanower, un dibujante y guionista que se resiste a pasarse la vida dibujando tebeos de superhéroes, empieza a publicar en 1998 ―en la editorial Image― una colección de cómics con vocación mensual, que acabarán siendo trimestrales, titulada “Age of Bronce”. Obsesionado con Troya, traza un proyecto de 65 cómic-books recopilables en siete volúmenes. Aquí, en España, acabamos de ver publicado, tras la serialización de varios de los cuadernillos, el primer volumen, titulado La Edad de Bronce. Mil naves. Así que los lectores españoles estamos de enhorabuena, porque un auténtico festín gráfico, literario e historiográfico acaba de comenzar.

El libro arranca con un joven e impulsivo Paris, pastor de vacas, que no tarda en saber que es hijo no reconocido de Príamo, rey de Troya. Su necesidad de congraciarse con su nuevo linaje le lleva a secuestrar, en compañía de Eneas, a la esposa de Menelao, la bellísima Helena de Troya. El rapto en realidad es seducción, pero la venganza es un plato que se toma frío, porque Menelao le pide ayuda a su hermano Agamenón y juntos reclutan a Odiseo y, sobre todo, a Aquiles, personaje que adquiere un gran protagonismo en la historia.

Junto a muchos episodios colaterales magníficamente insertados, el cómic nos cuenta la organización de lo que podría haber sido la primera gran coalición occidental. El tomo concluye con la salida de los 1.000 barcos, dirección Troya, a una guerra que los oráculos ya han informado que durará 10 años. El fin del volumen es un auténtico cliffhanger (expresión americana que significa literalmente ‘colgando del acantilado’ y que alude al final de los episodios de míticos seriales cinematográficos) que deja al lector con ganas de más.

El resultado del trabajo de Shanower, merecedor de dos Premios Eisner (2001 y 2003), es un bellísimo cómic, con hermosos y minuciosos dibujos en blanco y negro, con un guión brillantemente trazado y una caracterización de personajes sencillamente admirable.

Pero por encima de ello destaca, y eso aquí es lo que más nos importa, la precisión histórica en detalles como los uniformes de los soldados, los vestidos civiles de hombres y mujeres, los barcos, la arquitectura de la época, los peinados y paisajes y la ambientación general, lo que es resultado de la pasión de un autor que, como se puede leer en los maravillosos prólogos del libro, ha leído todo lo que se ha escrito, visualizado todo lo que se ha pintado, viajado a los lugares de referencia e interrogado a los expertos sobre un asunto legendario que da mucho juego.

Por ello, en Mil naves, fruto de esa extraordinaria investigación, no tenemos esa iconografía a la que el cine y gran parte de la pintura antigua y moderna nos habían acostumbrado. Aunque el hecho narrado pudiese no ser real, Shanower es coherente y sitúa la acción en el siglo XIII antes de Cristo, que es la época de la que procede la leyenda narrada.

El arte del cómic, obviamente, retrocede hasta la época que da título a la obra. Y es coherente, porque en ella no veremos templos clásicos con capiteles jónicos ni columnas dóricas. Y los soldados de Micenas no son los soldados corintios de la película de Brad Pitt. Y los troyanos se inspiran en los hititas, a los que debieron parecerse más que a ninguno de otro lugar o época, según las fuentes consultadas por Shanower, que incluyen a prestigiosos historiadores a los que, según él mismo cuenta en uno de los prólogos, asaltó tras alguna conferencia, para asaetarles con cuestiones aparentemente nimias, eso sí, sin confesarles que les robaba su importante tiempo para poder hacer con esa información un tebeo, en una actitud modesta sencillamente admirable.

A la hora de trazar su guión, el autor confronta los diferentes mitos que se entrecruzan y busca coherencia entre versiones clásicas que pudiesen ser contradictorias, simplificando la complejidad de la empresa en una historia lineal, en la que las decisiones están bien tomadas, y en la que los escasos flashbacks o episodios fantásticos se ilustran con caricaturas al estilo manga.

La sensualidad y la violencia, la lujuria y la traición, las risas y las lágrimas, se acomodan perfectamente en una narración gráfica en la que los dioses pierden la importancia de la obra de Homero, quedando su papel reducido a las premoniciones y sueños, lo que da realismo a la obra. Aquí, los protagonistas son los hombres y las mujeres, y la historia se desencadena por la ambición y la lujuria. Como en la vida misma.

Por eso, en este libro, por primera vez, la Guerra de Troya, es una guerra, y eso encierra siempre algo sucio. La visión de Shanower es épica, sí, porque la empresa de Agamenón y perfiles como los de Odiseo y Aquiles influyen mucho en que así sea, pero es una visión moderna y la guerra es algo indeseable, incluso ridículo, sobre todo a la luz de los motivos de la misma. Una frase del autor, recogida de una entrevista, creo que ilustra muy bien su posición al respecto: “Hay toda esa vieja historia de agravios percibidos, con o sin base, y quién sabe dónde empezó y quién sabe dónde va a terminar, Oriente contra Occidente, y es terrible, por no hablar del asunto de Irak, que es como ‘vamos a mentir para poder ir a la guerra, así que todo vale’. Es lo mismo, parece que nada cambie”.

La guerra, tal y como la pinta Shanower, huye de la idea romántica de que es la fragua del valor masculino y se vislumbra en todo momento como un motor del dolor y la pérdida.

Resulta de gran valor que la reflexión del historietista estadounidense nos llegue a través de un cómic, lo que pone en valor este formato narrativo. El resultado de todo ello es una obra extraordinaria que se puede disfrutar con igual agrado tanto si ponemos sobre ella los ojos del lector de tebeos que busca evadirse, como si ponemos los de ese otro lector que busca explicaciones a las grandes cuestiones de la vida o de la Historia.


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Nací en Madrid en 1967 y desde niño quise ser periodista, lo que por desgracia logré, ya que no era difícil. Desde que recuerdo, escribo y escribo sin parar. Sobre todas las cosas. Mucho sobre política, que es mi campo profesional. También sobre Historia. Mi nombre figura –al menos las iniciales- al pie de cerca de 70 voces de los dos diccionarios correspondientes a la imprescindible Enciclopedia de Historia de España dirigida por Miguel Artola. Tuve como profesor a Carlos Seco Serrano en la Facultad de Ciencias de la Información y en su asignatura obtuve una de las dos matrículas de honor que conseguí en la carrera. No le den vueltas, es un profesor que me gustó mucho.

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  • (no será publicado)

  1. gravatar Aitor Pérez Blázquez Responder
    diciembre 15th, 2013

    Bueno días:
    No nos olvidemos de su posición estratégica junto a los estrechos y el control de las rutas comerciales, en especial trigo, desde el Mar Negro.

    Un saludo.

    Aitor.

  2. gravatar Ignacio Merino Responder
    septiembre 8th, 2011

    Qué gran noticia este libro, ideal para regalar a hijos, niños lectores y adolescentes por otra parte. Magnífica reseña, José Luis. Es admirable que Shanower cuide tanto la verosimilitud y el rigor histórico. Los troyanos como hititas, ya era hora. A los motivos de la guerra -pues negar su existencia como algo meramente legendario sería a estas alturas de verdaderos cazurros- (ambición, lujuria) yo añadiría otro más prosaico y capaz de movilizar a “los pueblos del mar” en una gran coalición: el pillaje de una ciudad rica y el sometimiento de un pueblo orgulloso. Poder y dinero, otro tandem que a lo largo de la Historia ha generado infinidad de guerras.