De conversos y furores

17 oct, 2011 por



¿Qué hay de cierto en la tradición que supone a los conversos un mayor rigor en la aplicación de su nueva fe? ¿Se sostiene historiográficamente aquello del “furor del converso”?

Es lugar común en nuestra historiografía la creencia en el “furor del converso”, esa especie de ansia malsana que aqueja al recién llegado, quien, a fin de hacerse perdonar el pasado y hasta la propia existencia, defiende con más vehemencia que nadie el credo dominante. Parece que la cosa tomó cuerpo intelectual desde que Américo Castro, hablando del Santo Oficio, pregonara aquello de: “Los más duros golpes contra Israel vinieron de sus mismos rabinos luego de bautizarse”, concluyendo que al ser notorio el origen judaico del teólogo dominico Juan de Torquemada, también habría de ser esa la procedencia de fray Tomás de Torquemada, el primer, y terrible, inquisidor general.

Ni siquiera Sánchez Albornoz, como se sabe el enemigo intelectual más visible de Castro, se molestó en revisar la hipótesis: en su opinión, los cristianos nuevos se producían a menudo con mucha mayor virulencia frente a los judaizantes que los “limpios de sangre”. Tampoco sus legatarios como Domínguez Ortiz hicieron nada para revisar el mito, para todos ellos el neófito tiende al fanatismo y tal vez no les falte razón.

No obstante, hace poco topé por casualidad con la obra del historiador hebreo Benzion Netanyahu (De la anarquía a la Inquisición. La Esfera de los Libros, 2005), a la sazón nonagenario padre del varias veces primer ministro de Israel, dedicado, por lo que parece, en cuerpo y alma a aclarar desde un punto de vista privilegiado, ni Castro, ni Albornoz dominaban, obviamente, el hebreo como él lo domina, este asunto de la represión de los conversos sobre sus hermanos israelitas.

Y resulta que Netanyahu no está en absoluto de acuerdo con el diagnóstico tradicional, más bien al contrario, el furor del converso, como confirma en una reciente entrevista, no sería más que una patraña difundida por historiadores desinformados y más bien indolentes:

“Castro creía que el factor que alentó todo el movimiento contra el judaísmo no fue religioso, sino racial. Pero nadie revisó nunca esa teoría y yo decidí hacerlo. Sánchez Albornoz fue más lejos al considerar la Inquisición una “institución satánica”, pero dijo que fue creada por los judíos, no por los españoles. Para él, fue un complot judío. El caso de Domínguez Ortiz es otro, nunca recurría a una cita original y sencillamente aceptaba lo que otros decían”

Y más abajo:

“Castro apoyó sus ideas en sus conocimientos del hebreo a pesar de que realmente no podía leer ni una sola frase. En realidad no entendió las fuentes bíblicas, y de esa ignorancia se originaba su idea más elemental de que los cristianos odiaban a los judíos porque éstos sentían un odio racial hacia ellos y hacia los otros pueblos”.

Así que, en opinión de Netanyahu se debe concluir que vincular el ansia de pureza, el integrismo ideológico, con los convertidos a la fe, ya no se sostiene:

“Mis investigaciones demuestran que en el plazo de dos generaciones la inmensa mayoría de los conversos se habían asimilado porque era imposible seguir una doble vida, bien porque necesitaban trabajar con cristianos o bien porque sus hijos eran educados como cristianos. Los falsos conversos debieron ser casos aislados.”

Tal vez el anciano historiador hebreo tenga razón y la expresión que tanta fortuna ha tenido resulte excesiva y hasta infundamentada. Pero el idioma se nutre en ocasiones de falacias afortunadas que alcanzan el éxito.

Además, no me digan que no hay algo de eso, en la deliciosa tabla de aire flamenco que se conoce como La Virgen de los Reyes Católicos, fechada hacia 1490, aparece en un discreto segundo plano, con hábito dominico, el inquisidor general, y converso, Tomás de Torquemada.

Fue mandado representar como un bonancible místico, en atenta contemplación de la madre del Salvador.

Pocos podrían deducir que tras aquella imagen de beatitud se retrataba al terrible martillo de infieles, verdadero símbolo de dominio, terror y sujeción para muchos conversos a la fuerza, la analogía con el viejo aforismo aparece enseguida, casi inevitablemente, los recién llegados se muestran a menudo más ortodoxos que la pura ortodoxia.

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2 Comentarios

  1. Excelente articulo y analisis amigo mio. Por cierto, era el padre de Yonni, comandante de comandos que murio en el rescate de Entebbi (Etiopia).
    Un fuerte abrazo.

  2. Deliciosa píldora de sabiduría. Es fácil comprobar que la Inquisión nos libró de la carnicería religiosa que asoló Gran Bretaña, Francia y Alemania. Pregúntenle a Fisher, Moro, y las decenas de miles de católicos ingleses que fueron detrás en el siglo XVI, o a los hugotones franceses, o a las “brujas” alemanas, caso espectacular de inquina genocida en el XVII. Que los conversos destacaran en el celo inquisitorial es también comprensible por su propia procedencia religiosa: Yahvé no es, desde luego, ningún blando, y las tradiciones hay que mantenerlas.

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