El final de ETA

21 oct, 2011 por



Euskadi Ta Askatasuna significa ‘Euskadi y Libertad’. Es el nombre que se dio la organización terrorista independentista vasca que durante cincuenta y dos años pretendió que el País Vasco (ellos, su entorno y algunos otros usan la expresión Euskal Herria) –al que en su imaginario sanguinario otorgaron límites irrisorios, que incluyen por supuesto suelo francés– se independizara de España y de Francia.

Sus truculentas siglas han acompañado a muchos, vascos y no vascos, durante su existencia: ETA. Cuarenta y tres años asesinando, con un balance de víctimas mortales, ocasionadas por su peculiar manera de arrogarse la representación de lo que quisieron entender como los vascos, que llega a unos fatídicos dígitos: 829 asesinados.

ETA se creó en 1959 como resultado de la unión de un grupo nacionalista universitario (EKIN) con algunos miembros de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco, organizaciones ambas prohibidas en aquellas fechas. Y es que su desgraciado alumbramiento se produjo durante la dictadura del general Francisco Franco.

De tal manera que sin pretenderlo, el franquismo dejó una herencia envenenada a la joven democracia que le sustituiría. Una más.

Lamentablemente, la actividad delictiva de los etarras –amparada en muchas ocasiones por el discurso buenista de algunos, presos o no de un síndrome de Estocolmo no siempre disculpable– se prolongó durante la transición a la democracia ya bajo el inicio del reinado de Juan Carlos I, y aun más, hasta nuestros días. Hasta, confiemos, el 20 de octubre de 2011.

 

ETA contra Franco

Hasta 1965, ETA decía de sí misma que era “una organización revolucionaria, nacionalista y anticapitalista, que utiliza la lucha armada para conseguir la independencia de Euskadi”. Pero es a partir de 1967, cuando se calificó sin ambages de marxista.

Comenzaron a abundar los atracos a bancos y los atentados contra edificios policiales, y también las detenciones de sus miembros. En 1970 tuvo lugar el conocido como proceso de Burgos, en el que se sometió a un juicio a varios dirigentes de ETA, seguido en buena parte del mundo. El franquismo vio deteriorada su imagen internacional (más aun) a raíz de ello. Todavía las señales que emitían los etarras eran tomadas dentro y fuera del país por muchos como si las emitieran libertadores o luchadores justos por una causa justa. Mientras seguían matando, extorsionando y haciéndose cada vez más profesionales en el ejercicio del terror y del uso fraudulento de las palabras, los militantes de ETA se dividían una y otra vez.

En 1974, en medio de los estertores del tardofranquismo, ETA se partió en dos. Por un lado surgió ETA militar, partidaria de colocar a la lucha armada en el vértice de la pirámide; y de otra parte hizo lo propio ETA político-militar (conocidos popularmente, la palabra no es muy afortunada, como poli-milis), la mayoría de cuyos militantes vivían en el País Vasco español y propugnarían lo que llamaron acción de masas pero sin olvidar lo que mejor sabían y sabrán hacer: secuestros y atentados.

 

ETA contra todos

Si los poli-milis promovieron desde 1976 una organización política, marxista-leninista y “vanguardia de la lucha nacional a la que se subordinaban las acciones violentas” que daría como resultado una coalición, Euskadiko Ezkerra; los otros, los milis, se sacarían de la manga la denominada alternativa KAS, madre en 1978 de Herri Batasuna (HB), las siglas tras las cuales durante décadas se escudaría la demencia nacionalista de ETA.

Las escisiones internas seguían casi al ritmo que lo hacía la violencia de ETA. Los poli-milis, ya en 1982, vieron que Euskadiko Ezquerra era un lugar más correcto desde el que combatir en el escenario político y abandonaron la organización terrorista.

Mientras, los gobiernos democráticos españoles de aquellos años (los de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González) avanzaban policialmente en la lucha contra los criminales. Si bien no es hasta 1986 cuando se produce el salto de calidad en el combate del Estado de Derecho contra los etarras: el gobierno francés del presidente François Mitterrand acrecentó en aquel año (para algunos comenzó) su colaboración antiterrorista.

La mayoría de las víctimas mortales de los terroristas vascos (788 de las más de 800) sucumbieron ante sus balas o sus explosivos entre los años 1968 y 1995, nuestros propios años de plomo. Desde un presidente del gobierno, el militar franquista Luis Carrero Blanco, hasta una niña de tres meses, con actos de una violencia extrema indiscriminados, el terror ha alcanzado a los concejales que defendían las libertades en Euskadi, a los policías que luchaban contra el terror y, en no pocas ocasiones, a alguien que simplemente pasaba por allí.

Por eso se puede afirmar sin ningún género de dudas que ETA ha sido sin duda el peor problema político de España del reinado constitucional del rey Juan Carlos I.

Desde 1998, ETA alternaría anuncios más o menos esperpénticos de treguas indefinidas y totales con la aceptación de negociaciones con el gobierno español, como las que mantuvo desde finales de ese año con el presidio por José María Aznar.

El asesinato a plazos, tras un secuestro que puso en julio de 1997 al concejal vasco Miguel Ángel Blanco en el corazón de todos los españoles, despierta el llamado Espíritu de Ermua, que ejemplifica, con las manos blancas de quien no quiere la violencia, la determinación de la sociedad española de acabar con ETA.

El entendimiento en la legislatura 2000-2004 entre quien era entonces presidente, Aznar, y quien habría de sustituirlo, José Luis Rodríguez Zapatero, puso en marcha el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, que prefijaba el compromiso de que la democracia no volviera a negociar con los terroristas. De él nació el fortalecimiento de las leyes de Enjuiciamiento Criminal y de Responsabilidad Penal del Menor, que ponía punto final a los actos de violencia urbana, y la Ley de Partidos, que acababa con la representación política del terrorismo, en tanto en cuanto ésta coadyuvara a los fines operativos de ETA.

Fruto de este entendimiento y de la presión policial, junto a la determinante cooperación francesa, ETA se va debilitando y su capacidad operativa se reduce a la mínima expresión. En ese ambiente, ya con Rodríguez Zapatero en el gobierno, se produce una nueva tregua de la banda y el Gobierno decide negociar, abriendo un proceso que termina traumáticamente en diciembre de 2006 entre los escombros de un parking del aeropuerto de Barajas.

En 2011, con ETA más reducida que nunca, sin actividad terrorista sangrienta, la izquierda abertzale, hasta entonces un instrumento más del terror, parece tomar el protagonismo, a la manera del Sinn Féin irlandés. En ese contexto, y tras contar con la participación de prestigiosos líderes internacionales que respaldan la transformación de ETA en un sujeto político, llega el comunicado del 20 de octubre.

Puede que estemos ante el fin de ETA. Como mínimo, eso es seguro, lo estamos ante el principio del fin de la pesadilla terrorista. Los españoles, no solo vascos, hemos pasado muchos años agachando la cabeza para maldecir la bestialidad de una banda de asesinos que se escondían tras sus invenciones historiográficas y se inventaban ideologías que respaldaran su maldad con el objeto de reivindicar unos derechos que a nadie defendían de su vileza… Tantos años de dolor y sin libertad completa en una parte de España, tal vez en toda España en definitiva.

 

A modo de conclusión

Tienen que pasar muchas cosas y sobre todo dejar de suceder otras, pero el 20 de octubre de 2011 es ya una fecha que forma parte de la historia del combate que la democracia vienen entablando con el terrorismo.

El anuncio del  fin de la actividad armada de la banda terrorista ETA puede que no sea el final de este drama, pero, a la vista de los análisis realizados por el gobierno y por la oposición, sobre todo en un momento clave, a un mes de unas elecciones generales que se anuncian como las del cambio político y el relevo entre fuerzas políticas en España, da la impresión de que la sociedad española ve más cerca que nunca el fin del terrorismo independentista vasco.

De ser así, habrán terminado 50 años de terror infamante y eso se habrá producido a través del triunfo del Estado de Derecho, la labor de policías, jueces y fiscales, la eficaz colaboración internacional, sobre todo de Francia, y el referente permanente de quienes nunca se tomaron la justicia por su mano pero siempre estarán en nuestra memoria, las víctimas del terrorismo, que son, en el relato que debe prevalecer, las personas inocentes que murieron o vieron destrozadas sus vidas a manos de los terroristas.

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8 Comentarios

  1. Felipe

    Me ha encantado el análisis. Gracias !!

  2. Muchas gracias a ti. Por leernos.
    Un abrazo, Felipe.

  3. Impecable, chicos, realmente impecable, enhorabuena

  4. Gracias, Juan. Un trabajo a cuatro manos, en familia, hecho con cariño y con profesionalidad, y con algo (poco) de nuestras vísceras, inevitablemente, pero espero que no se note demasiado.

  5. David Menaza

    Un abrazo, Jose, por ponerte manos a la obra y recapitular sobre esta sombra que a los de nuestra generación nos ha perseguido toda la vida (cuarenta tacos recién cumplidos y no he oido hablar de otra cosa). Sólo un pero que algún malintencionado te restregará por el morro: los GAL. No todo en esta lucha ha sido limpio y se volvió a cumplir la setencia de Nietzsche para algunos: si te atreves a mirar al abismo, el abismo te devolverá la mirada.

  6. De momento no ha habido ningún malintencionado, si lo hay tendré que responderle. Descuida. Tu no necesitas que te diga por qué no están ahí los GAL, ¿verdad?

  7. Ramiro Acero suarez

    Me ha gustado vuestro analisis.Desde que estoy avanzando con las nuevas tecnologias, os he localizado en este mundo que es internet, dale recuerdos a tu hermano del compañero de colegio Asturiano, un saludo.

  8. Gracias, Ramiro. Es muy satisfactorio para cuantos hacemos Anatomía de la Historia que los lectores disfruten de sus contenidos.

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