La batalla de Muret (I)

Por . 26 octubre, 2011 en Edad Media
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¿El revés militar de Muret, en 1213, orientó la expansión de la Corona de Aragón hacia el levante mediterráneo y peninsular? Veamos si fue o no así.

Marco histórico

9 de marzo de 1208. El papa Inocencio III hace un llamamiento desesperado para organizar una cruzada contra los herejes albigenses, a su entender, única forma en para acabar de una vez por todas con la plaga de disidentes religiosos cátaros que infecta las tierras de Occitania.

Pedro II de Aragón.

El Midi o Mediodía, una región que limitaba al norte con Francia y al sur con la Corona de Aragón. Languedoc, un vasto territorio compuesto por una serie de señoríos en los que se cumplía alguna de estas circunstancias: pertenecían a Pedro II de Aragón, eran tierras de algún miembro de su linaje o estaban vinculados a Cataluña por lazos de vasallaje. Debido a esto, principalmente tras la Paz de Perpiñán firmada en 1198 por Raimundo VI de Tolosa y Pedro II, la autoridad del rey Aragón sobre Languedoc era reconocida en toda la región, incluso por la poderosa casa condal tolosana de Saint-Gilles, motivo por el cual podemos considerar que el soberano principal del Mediodía era el rey Católico, el monarca de la Corona de Aragón.

No obstante, los condados y vizcondados de estas tierras occitanas compartían también algo mucho más peligroso que su estrecha relación con la Corona de Aragón. Francia ansiaba su conquista, al igual que trataba de arrebatar a los ingleses sus posesiones en Aquitania y Normandía. La poderosa monarquía Capeta, cuyos dominios regios estaban protegidos por la Santa Sede, anhelaba ampliar las fronteras de Francia hacia el rico sur, por lo que la autonomía de los territorios languedocianos podía tener sus días contados.

Y que mejor ejemplo de ello que un dato revelador: la mayoría de los caballeros cruzados que acudirán a la convocatoria de 1208 realizada por Inocencio III serán nobles vasallos del rey francés Felipe II Augusto.

Como podemos observar en nuestra obra titulada La Cruzada albigense y el Imperio aragonés (Nowtilus, 2007), las primeras fases de la campaña militar emprendida en 1209 pronto dejarían entrever que el objetivo espiritual por el cual había sido organizada la cruzada servía principalmente para ocultar el ansia expansionista francesa. Y, al parecer, esto lo tenía también muy claro el Santo Padre.

Las ciudades languedocianas fueron arrasadas por los cruzados, hubiera o no en ellas herejes, con el único propósito de sustituir a las dinastías locales e implantar por derecho de conquista el modelo feudal francés. De esta forma, poco a poco la Cruzada albigense iría pasando de ser una guerra de religión a transformarse en un conflicto político, disputa que permitirá a la larga la anexión francesa de todo Languedoc. Con ello acudimos al nacimiento de la Francia moderna, un estado que pasará de estar constituido por poco más que París y sus alrededores a tener aproximadamente la extensión actual.

En consecuencia, el panorama no se presentaba demasiado halagüeño para los señores occitanos tras el llamamiento a la cruzada efectuado por Inocencio III. Por el norte, una horda de sesenta mil hombres se agrupaba bajo la bandera pontificia para combatir a partir de 1209 en beneficio de los grandes señores de Francia. Mientras que, por el sur, Pedro II ambicionaba hacerse también con el control total de Languedoc, hegemonía a la que en 1204 se había aproximado aun más gracias a su matrimonio con María, heredera de la rica ciudad autónoma de Montpellier.

Ante esta, en apariencia, asfixiante doble presión norte-sur que experimentaba el Mediodía, sus líderes no lo dudaron y eligieron entregarse por completo a Pedro II, reconociéndole unánimemente como su señor. Sin duda pesó mucho a la hora de tomar esta decisión el carácter confederado que poseían los territorios bajo dominio del rey de Aragón y las esperanzas que los condes y vizcondes occitanos tenían depositadas en el Católico para que aplicara también esta fórmula de gobierno en los señoríos de Languedoc.

Alcanzado el año 1212, la Cruzada albigense llevaba tres años sembrando de muerte y destrucción las tierras occitanas por las que pasaron las hordas que combatían en nombre del papa. No obstante, Pedro II no haría uso de las armas en la disputa por Languedoc hasta alcanzarse el mes de septiembre de 1213. Mientras tanto, el rey aragonés había echado mano de la vía diplomática para ganar tiempo hasta que tuviera listos a sus ejércitos.

Pedro II debía antes resolver una importante cuestión que tenía pendiente al otro lado de los Pirineos. Por esas fechas había llegado el momento para que las fuerzas cristianas peninsulares asestaran un duro golpe a los almohades y pudieran recuperarse de esta forma de la estrepitosa derrota castellana sufrida en 1195 en Alarcos. Sólo de esta forma los reyes de Castilla y Aragón conseguirían acabar de una vez por todas con el peligro musulmán y podrían iniciar la última fase de la conquista cristiana de al-Andalus.

En este contexto los monarcas cristianos derrotarían a los almohades el 16 de julio de 1212 en la batalla de las Navas de Tolosa. ¿Para qué dirigir la expansión de la Corona de Aragón hacia otro lugar si tras la victoria de Pedro II el Católico y sus aliados el camino hacia el sur quedaba despejado? ¿Por qué correr el riesgo de entrar en conflicto con la poderosa Francia y con el líder supremo de Occidente, el mismísimo papa Inocencio III, participando militarmente en la pugna occitana?

La batalla de las Navas de Tolosa.

No obstante, aniquiladas las fuerzas almohades peninsulares y aparentemente vista para sentencia la reconquista cristiana, el affair hispánico podía esperar por el momento, sobre todo si tenemos presente que poco después de la épica victoria conseguida en las Navas de Tolosa el fracaso de la diplomacia en el Mediodía y el llamamiento de auxilio realizado por los señores occitanos provocaron, al final del verano de 1213, el enfrentamiento entre Aragón y las huestes del cruzado Simón de Montfort, vasallo de Felipe II y por esas fechas principal señor francés en Languedoc.

Puedes leer la segunda parte del artículo en La batalla de Muret (y II)


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David Barreras Nací en París tres meses después de fallecer el dictador Francisco Franco. De padres y abuela emigrantes. Mi abuelo, un exiliado republicano. Nos trasladamos a España en plena transición, a un lugar maravilloso en medio de la huerta valenciana, donde tuve una infancia feliz rodeado de buenos amigos, exactamente los mismos que ahora. Y libros, muchos libros. Sobre todo de Historia. Tocó ir al instituto y luego a la universidad y, ante todo, fui práctico. La Historia era mi pasión pero las ciencias no se me daban nada mal. Finalmente me licencié en Tecnología de Alimentos, empecé a trabajar como investigador científico, siempre en biotecnología y, más tarde, me hice escritor. Lo cierto es que nunca me lo propuse. Cristina Durán De la mezcla de la herencia familiar y de lo que una recolecta en su vida universitaria nace lo que soy hoy, preocupada por el sustento de todos estos saberes un tanto olvidados en nuestro actual mundo. Fue aquí, terminados mis estudios cuando conocí al que es hoy mi marido y coautor de mis libros, con el que comparto mi interés e inquietud por la Historia, David Barreras, por él me trasladé a Valencia. Hoy en día es un lugar en el que no quisiera dejar de vivir, una tierra con un pasado histórico glorioso, con reyes ilustres y vestigios muy palpables de un pasado musulmán, algo que ha pesado sobremanera en nuestros libros, todos ellos relacionados con la Edad Media. Aquí, además, se me ha brindado la oportunidad de colaborar y revisar obras de otros autores valencianos y seguir desarrollando mi faceta como historiadora.

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  1. gravatar David Menaza Responder
    octubre 29th, 2011

    Hola, David. Antes de nada, quisiera disculparme dado que al parecer te han escocido mucho mis críticas a vuestro artículo. En ningún momento he querido ofenderte, como tampoco a Cristina, y he procurado mantenerme dentro de los términos de la corrección académica. Como ya veo que no lo he conseguido, te ofrezco mis sinceras excusas. Efectivamente, es más fácil criticar que aportar algo, y considerando lo que me está costando arrancar con mi tesis (en realidad, trata sobre la Hystoria Albigensis de Pierre des Vaux-de-Cernay, un partidario acérrimo de Montfort, pero muy pegado a los hechos que narra), no dejo de admirar a gente que como vosotros ya ha logrado publicar algo. Dicho esto, me reitero en mi opinión acerca de varios de los puntos que subrayas más arriba. Tal y como planteais vuestro artículo, parece que hay una confabulación entre el papa y Felipe Augusto para apartar a Pedro II del Languedoc y quedárselo ellos. Vistas las consecuencias (es lo que pasó, aunque mucho después), podría parecer que hay algo de esto. Pero el análisis de la documentación existente no nos permite afirmarlo. Más bien al contrario.

    La auténtica innovación de Inocencio III consistió en dirigir el mecanismo de la cruzada, que no era una expedición de bárbaros sino una institución jurídica con una elaborada casuística, hacia un enemigo en el interior de la Cristiandad, los cátaros. Si estos eran disidentes, herejes o simplemente una iglesia cristiana diferente (la tesis de Anne Brenon, sin ir más lejos) es algo demasiado complejo como para dirimirlo aquí en dos párrafos. A Felipe Augusto le escandalizaba especialmente una proposición del papa que los historiadores franceses llaman “exposition en proie” y que nunca soy capaz de traducir adecuadamente: venía a significar algo así como que las tierras de un hereje o fautor de herejes quedaban a disposición de cualquier católico que lograra apoderarse de ellas (vamos, lo que hizo Montfort). La oposición del rey radicaba en que esto contravenía directamente el derecho feudal, al obviar el papel del señor principal o ligio sobre sus vasallos (en último término del rey, ahí le dolía). Si te fijas, el único momento en que Montfort vuelve al norte de Francia durante toda la cruzada es después de derrotar a la coalición occitana-aragonesa y apoderarse de casi todas las tierras de Raimundo VI al oeste del Ródano, y lo hace específicamente para reconocerse como vasallo de Felipe Augusto como duque de Narbonne, conde de Toulouse, vizconde de Albi, Carcassonne y Béziers, etc. Él ya era vasallo de Felipe Augusto como señor de Montfort. Lo que busca es la legalización, la firma, justo después de que el papa le haya dado el visto bueno en el IV Concilio de Letrán (noviembre de 1215).

    Conozco las publicaciones del CEC que fundó René Nelli (una interesante figura que pasó del sentimentalismo occitanista al rigor científico, camino inverso al de la mayoría) y de hecho tenía contacto con ellos (vía don Emilio Mitre y mi mentor, Martín Alvira, que pertenecían al consejo editor consultivo de Heresis) hasta que una disputa más política que académica provocó un cambio de orientación en esa excelente revista, tornándola más hacia lo turístico que hacia lo científico. El libro de Labal no creo que esté muy considerado a día de hoy, y menos cuando la obra de referencia sobre la cruzada es, desde hace muchos años, la magna opus de Michel Roquebert “L’Épopée Cathare”, que hasta donde yo sé y para mi estupefacción, sigue sin traducirse al castellano, cuando tanta otra subliteratura encuentra espacio en nuestras librerías. Roquebert sigue escribiendo excelentes estudios, como sus biografías de Montfort y Santo Domingo.

    Yo entiendo de forma completamente diferente a la tuya la sucesión de los acontecimientos que llevaron al desastre (para Aragón) de Muret. Pedro II, como todos los reyes y nobles medievales seguía una política de linaje más que de estado. Fue ganando preminencia sobre el Languedoc a base de diplomacia y un uso muy medido de la fuerza. Consiguió casarse con María de Montpellier, la heredera más rica de la zona, para acto seguido repudiarla y pretender quedarse con la dote. María murió en Roma en mayo de 1213, suplicando al papa que hiciera entrar en razón a su marido. En cambio, el matrimonio de Raimundo VI con la hermana de Pedro fue el quinto de este conde y en un momento en el que estaba desesperado por conseguir un aliado contra los cruzados. El período crucial va de enero de 1213 en que Pedro consigue ser reconocido como señor principal por Raimundo, que le transfiere su homenaje ligio, debido antes al rey de Francia, Felipe Augusto, hasta septiembre, en que la coalición Aragón-Cataluña, Toulouse y Foix es derrotada en Muret. El juego diplomático es muy complicado de seguir, pero atribuir a Inocencio y Felipe una presciencia tal que les permitiera quedarse con el Languedoc se sale, a mi juicio, de lo históricamente plausible. Cada cual tenía sus intereses, los acontecimientos se sucedieron y el resultado fue el que fue. En fin, no quiero detenerme en discutir detalladamente cada punto que me rebates, y que a la vez yo te rebatí previamente, porque no acabaríamos nunca (ejemplo, el catalán se parece al occitano; claro, y el catalán al castellano, y el occitano al francés, y no hablemos de las variantes: aranés, lemosín, provenzal, gascón, auvernés: son todas lenguas románicas y ni los filológos se ponen de acuerdo). A lo mejor, unas cañas por delante darían para una buena discusión. Yo pago la primera ronda.

    Estoy deseando leer el resto de vuestro artículo, porque la cuestión es muy controvertida. De nuevo, quisiera no haberte ofendido con mis apostillas. Cuando comencé a investigar este tema, me di cuenta de que, junto con una bibliografía seria muy abundante, existe una gran cantidad de pseudoliteratura histórica que oscila entre lo esotérico y lo ridículo. Te ruego que me disculpes si os he tomado por lo que no sois.

  2. gravatar David Menaza Responder
    octubre 27th, 2011

    Hola, quisiera hacer unos cuantos comentarios acerca de vuestra entrada y me temo que no van a ser muy halagadores. Creo que el aire que desprende vuestro artículo es poco científico y bastante sensacionalista. Entiendo que una página web no tiene porqué publicar textos de estricta corrección académica y que por ahí cunde la especie de que hablar o escribir sobre Historia y hacerlo de una manera seria es aburrido, pero vuestro artículo me parece una versión digital de un programa de Iker Jiménez. Y vamos a las puntualizaciones:

    * Uso sesgado de términos geográficos: El batiburrillo Midi-Languedoc-Occitania es difícil de evitar puesto que el escenario de la Cruzada (o cruzadas) Albigense no fue posesión directa de la corona de Francia hasta bastante después de ésta (1271) y nunca constituyó un territorio unificado bajo ningún criterio utilizable (ni jurídico, ni mucho menos lingüístico o étnico). Midi es un término muy laxo, aceptable en otros contextos (una guía de viajes, por ejemplo), pero rechazado en la actualidad por la mayoría de los medievalistas para referirse al teatro de operaciones precisamente por la falta de precisión en sus contornos. “Occitania” se ha puesto de moda desde los años setenta, pero tiene claras connotaciones nacionalistas y no resuelve el dilema de las fronteras, antes bien lo encona. Lo mismo le sucede a Languedoc, que quizá sea el término menos contaminado y opone claramente a los hablantes de las lenguas románicas del sur de Francia con los del norte, los hablantes de la “langue d’oil”, es decir, los francófonos. Pero es un término que proviene en primer lugar de la filología, cuando ni siquiera se puede hablar de una sola lengua occitana. Hay que aclarar que la actual región francesa de Languedoc-Rousillon no cubre ni una tercera parte del escenario de la Cruzada.

    * Es absolutamente imaginario el atribuir a todos estos territorios una dependencia vasallática de Pedro II o de la Corona de Aragón en general. De hecho, el siglo XII ve una guerra de más de medio siglo entre los condes de Toulouse y los reyes de Aragón, que algunos historiadores franceses han denominado “la Guerra de los Cien Años meridional”, a partir precisamente del matrimonio entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila de Aragón, que comporta la creación de esta llamémosla así “monarquía dual” que comprenden la confederación catalano-aragonesa. Los territorios del sur de Francia debían vasallaje nominalmente al rey de Francia, aunque hubieran llegado a una auténtica independencia de facto. Sin embargo, el conde de Toulouse, principal señor de la zona, seguía siendo uno de los más importantes barones de Francia, como lo muestra su lugar en el protocolo de la coronación de los reyes de Francia en la catedral de Reims (portador de la espada). Raimundo VI de Toulouse era primo hermano de Felipe II (su madre Constance era hermana de Luis VII de Francia).

    * Los límites del poder de Pedro II eran los siguientes: era señor directo de la Cerdaña, es decir, de los condados catalanes al norte de los Pirineos, que conformaban el Rosellón (perdido mucho más tarde a consecuencia de la Paz de 1659). Además, como marido de María de Montpellier, era dueño de esta importante villa y del territorio circundante. Ni la mayoría de los barones del muy fragmentado territorio que nos ocupa le consideraban su señor natural, ni él pudo arrogarse tal título hasta que el avance de los cruzados les arrojó en los brazos de Aragón, única potencia que podía defenderles a partir de 1213. Otra cosa es que algunos señores importantes como los condes de Foix o la familia Trencavel (la de los vizcondes de Carcassonne, Albi y Béziers) hubieron basculado su homenaje de los condes de Toulouse a los reyes de Aragón, pero en la época feudal era una estrategia habitual la de “venderse al mejor postor”, y algunos jugaban a ese juego mejor que otros (Raimundo VI, bastante mal).

    * La postura de la corona francesa fue durante la mayor parte de la Cruzada de inhibición. Felipe II Augusto no fomentó la participación de sus vasallos en la expedición ni la vió con buenos ojos, en tanto que debilitaba su capacidad de convocarlos para las guerras que sí tenía en mente y le apremiaban. La respuesta de Felipe Augusto a Inocencio III (cortes de Villeneuve-sur-Yonne en mayo de 1208) fue que no podía enviar al ejército real al sur porque “estaba flanqueado por dos fieros leones”, a saber, el rey de Inglaterra, Juan sin Tierra y el emperador alemán Otón de Brunswick. Felipe II no se llevaba especialmente bien con Inocencio III, que le había negado el divorcio de su esposa Ingeborg, interfería continuamente en los asuntos del reino mediante prelados como los obispos de Auxerre y Orléans, y había estado a punto de excomulgarlo y de declarar el interdicto sobre el reino (como hizo dicho sea de paso con varios otros países).

    * Aunque la expedición la lideraran nobles franceses (los más importantes fueron el duque de Borgoña, Eudes III, el conde de Nevers, Hervé IV, y el conde de Saint-Pol, Gautier de Chatillon, además de varios señores eclesiásticos), la Cruzada fue predicada en muchos lugares de Europa durante varios años. Los reinos cristianos hispánicos quedaron fuera por la política papal de dirigir sus esfuerzos contra los musulmanes de Al-Andalus. Inglaterra estaba bajo interdicto y su rey excomulgado, lo que impidió la predicación en las tierras de los Plantagenet. En Italia el papa tenía problemas con varias ciudades importantes y no le sobraban aliados. Pero hubo contingentes de varias regiones francesas no dependientes del rey de Francia como Bretaña e incluso varias zonas del “Midi” como Saintonge, Quercy o el Lemosín, además de belgas (brabanzones), holandeses (bátavos) y alemanes, sobre todo de la zona renana. Las ventajas para el cruzado común de cumplir su voto en Europa (bastaba con cuarenta días de servicio de armas, como dictaba el derecho feudal) y no tener que desplazarse hasta Palestina son tan evidentes que no necesitan comentarse.

    * En Simón V de Montfort, los cruzados encontraron un líder a la vez aguerrido y persistente. Siendo un señor de rango medio en Île-de-France y vasallo directo del rey de Francia, se ha exagerado mucho el fanatismo religioso, el afán de lucro y su relativa mediocridad social como motores de su ambición. Era indudablemente un gran caudillo militar, que no vacilaba a la hora de tomar represalias que a día de hoy le hubieran convertido en un criminal de guerra, y con una piedad belicosa y sin matices. Es decir, lo esperable en un hombre de su tiempo. Participó en la frustrante IV Cruzada y quiso labrarse un gran señorío en el sur de Francia, pero tanto en sus experiencias como en sus esperanzas, no reconoceríamos más que las políticas de linaje típicas de los nobles de la época, a la postre frustradas por su muerte en el segundo asedio de Toulouse.

    * Lo más cuestionable de vuestro artículo, a mi juicio es su perspectiva teleológica. No cabe dudar que los agentes de la Historia tienen planes y objetivos y toman las medidas que creen necesarias para alcanzarlos, pero los sucesos históricos no ocurren “para” algo. Ya es bastante difícil investigar y presentar una secuencia ordenada de los hechos. Mucho más indagar en las causas. Elucubrar sobre los acontecimientos como consecuencias de un plan previo exige una penetración y una intuición que están al alcance de muy pocos. En los países anglosajones son muy aficionados a un divertimento al que le llaman “what-if history”. ¿Qué habría pasado si Pedro II no muere en Muret? ¿Y si Felipe Augusto hubiera muerto en la III Cruzada? ¿Y si el conde de Toulouse hubiera creado un estado occitano unificado con el catarismo como religión oficial, capital en Toulouse y un escudo antimisiles donde ahora tienen la réplica del cohete Arianne? El fallo principal que tienen los escenarios what-if incluso como entretenimiento es que implican que un cambio en una condición sólo trae como consecuencia un cambio en el resultado, pero no en el proceso por el que se llega a ese resultado. Es un juego para diletantes, no para historiadores.

    En fín, os recomiendo la lectura de un auténtico especialista en la materia, Martín Alvira Cabrer, y especialmente su “Muret 1213. La batalla decisiva de la cruzada contra los cátaros” (Ariel, Madrid, 2008). Con esta obra dirigida al gran público, los españoles hemos dejado de tener excusas a la hora de presentar estos dramáticos acontecimientos bajo los manidos prismas de “hordas de cruzados”, “disidentes cátaros”, “papas intolerantes” y “astutos reyes de Francia” en los que, lamentablemente, creo que cae vuestro artículo.

    Espero que me perdonéis si he sido excesivamente severo en mi reseña, pero llevo cinco años preparando mi tesis doctoral sobre una de las fuentes principales de la Cruzada y me habeis tocado la fibra. Un saludo cordial.

    • gravatar David Barreras Responder
      octubre 28th, 2011

      EN LETRA MAYÚSCULA VAN MIS COMENTARIOS ESCRITOS SOBRE LOS TUYOS.

      Hola, quisiera hacer unos cuantos comentarios (ESTO NO ES UN COMENTARIO, POR LA EXTENSIÓN CASI TE ANIMO A ESCRIBIR UN ARTÍCULO, O INCLUSO A QUE UTILICES TODO TU ÍMPETU EN DARLE EL EMPUJE FINAL A TU, SEGURAMENTE, EXTRAORDINARIA TESIS, QUE APUESTO QUE TIENE BASTANTE QUE VER CON LA CRÓNICA DE GUILLERMO DE TUDELA) acerca de vuestra entrada y me temo que no van a ser muy halagadores. Creo que el aire que desprende vuestro artículo es poco científico y bastante sensacionalista. Entiendo que una página web no tiene porqué publicar textos de estricta corrección académica y que por ahí cunde la especie de que hablar o escribir sobre Historia y hacerlo de una manera seria es aburrido, pero vuestro artículo me parece una versión digital de un programa de Iker Jiménez. Y vamos a las puntualizaciones:
      * Uso sesgado de términos geográficos: El batiburrillo Midi-Languedoc-Occitania es difícil de evitar puesto que el escenario de la Cruzada (o cruzadas) Albigense no fue posesión directa de la corona de Francia hasta bastante después de ésta (1271) y nunca constituyó un territorio unificado bajo ningún criterio utilizable (ni jurídico, ni mucho menos lingüístico o étnico (DISCREPO, JURÍDICO SEGURO QUE NO, AHORA BIEN, NO DIRÍA LO MISMO EN CUANTO A LINGÜÍSTICO O ÉTNICO, EN EL PRIMER CASO BASTA CON QUE TE PARES A ESCUCHAR UN POCO DE ALGÚN DIALECTO OCCITANO Y VEAS QUE NO SUENA TAN DIFERENTE DEL CATALÁN; EN EL SEGUNDO CASO DECIR QUE TODA LA REGIÓN DEL SUDESTE DE LA ACTUAL FRANCIA Y EL NORDESTE DE LA ACTUAL ESPAÑA TUVO UN LARGO PASADO COMÚN QUE SE REMONTA A LOS TIEMPOS ROMANOS, PASANDO POR EL PERIODO VISIGODO, ASÍ COMO POR LA ÉPOCA CAROLINGIA). Midi es un término muy laxo, aceptable en otros contextos (una guía de viajes, por ejemplo), pero rechazado en la actualidad por la mayoría de los medievalistas para referirse al teatro de operaciones precisamente por la falta de precisión en sus contornos. “Occitania” se ha puesto de moda desde los años setenta, pero tiene claras connotaciones nacionalistas y no resuelve el dilema de las fronteras, antes bien lo encona. Lo mismo le sucede a Languedoc, que quizá sea el término menos contaminado y opone claramente a los hablantes de las lenguas románicas del sur de Francia con los del norte, los hablantes de la “langue d’oil”, es decir, los francófonos. Pero es un término que proviene en primer lugar de la filología, cuando ni siquiera se puede hablar de una sola lengua occitana. Hay que aclarar que la actual región francesa de Languedoc-Rousillon no cubre ni una tercera parte del escenario de la Cruzada.
      * Es absolutamente imaginario el atribuir a todos estos territorios una dependencia vasallática de Pedro II o de la Corona de Aragón en general. De hecho, el siglo XII ve una guerra de más de medio siglo entre los condes de Toulouse y los reyes de Aragón (CIERTO, PUEDES OBTENER MUY BUENA INFORMACIÓN SOBRE DICHO CONFLICTO EN LA OBRA DE PAUL LABAL O EN MIS TRABAJOS PUBLICADOS POR EDICIONES NOWTILUS “LA CRUZADA ALBIGENSE Y EL IMPERIO ARAGONÉS” O “BREVE HISTORIA DE LOS CÁTAROS, QUE SALDRÁ PUBLICADO A PRINCIPIOS DE 2012), que algunos historiadores franceses han denominado “la Guerra de los Cien Años meridional”, a partir precisamente del matrimonio entre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila de Aragón, que comporta la creación de esta llamémosla así “monarquía dual” que comprenden la confederación catalano-aragonesa. Los territorios del sur de Francia debían vasallaje nominalmente al rey de Francia, aunque hubieran llegado a una auténtica independencia de facto. Sin embargo, el conde de Toulouse, principal señor de la zona, seguía siendo uno de los más importantes barones de Francia, como lo muestra su lugar en el protocolo de la coronación de los reyes de Francia en la catedral de Reims (portador de la espada) (CIERTO, TOULOUSE ERA INDEPENDIENTE DE FACTO, PERO NO ES MENOS CIERTO QUE TRAS LA FIRMA DE LA PAZ DE PERPIGNAN EN 1198 LOS SAINT-GILLES ACEPTARON LA HEGEMONÍA DE ARAGÓN SOBRE LANGUEDOC. ES MÁS, EN FECHAS PRÓXIMAS A LA BATALLA DE MURET RAIMUNDO VI SE RECONOCIÓ VASALLO DE PEDRO II, ASÍ COMO LA MAYOR PARTE DE LA ALTA NOBLEZA OCCITANA QUE HASTA LA FECHA NO RENDÍA HOMENAJE AL REY DE ARAGÓN). Raimundo VI de Toulouse era primo hermano de Felipe II (su madre Constance era hermana de Luis VII de Francia) (CIERTO, AL IGUAL QUE ERA CUÑADO DE PEDRO II, POR SU MATRIMONIO CON LEONOR DE ARAGÓN).
      * Los límites del poder de Pedro II eran los siguientes: era señor directo de la Cerdaña, es decir, de los condados catalanes al norte de los Pirineos, que conformaban el Rosellón (perdido mucho más tarde a consecuencia de la Paz de 1659) (ESTÁS EQUIVOCADO LA CERDAÑA ERA UN CONDADO Y EL ROSELLÓN OTRO). Además, como marido de María de Montpellier, era dueño de esta importante villa y del territorio circundante (NUEVAMENTE ESTÁS EQUIVOCADO: AL REPUDIAR A SU ESPOSA PERDIÓ EL SEÑORÍO DE ESTA CIUDAD AUTÓNOMA). Ni la mayoría de los barones del muy fragmentado territorio que nos ocupa le consideraban su señor natural, ni él pudo arrogarse tal título hasta que el avance de los cruzados les arrojó en los brazos de Aragón, única potencia que podía defenderles a partir de 1213 (YA HE COMENTADO ANTERIORMENTE QUE LOS QUE NO ERAN VASALLOS SUYOS SE VIERON FORZADOS A RENDIRLE HOMENAJE COMO CONSECUENCIA DE LA ACCIÓN DE LOS CRUZADOS). Otra cosa es que algunos señores importantes como los condes de Foix o la familia Trencavel (la de los vizcondes de Carcassonne, Albi y Béziers) hubieron basculado su homenaje de los condes de Toulouse a los reyes de Aragón, pero en la época feudal era una estrategia habitual la de “venderse al mejor postor”, y algunos jugaban a ese juego mejor que otros (Raimundo VI, bastante mal) (CIERTO, PERO PEDRO II PODÍA CONSIDERARSE EL SEÑOR PRINCIPAL DE ESTE SINGULAR TERRITORIO, EN EL ABUNDABA UN SINFÍN DE SEÑORÍOS QUE GOZABAN DE UNA AMPLIA AUTONOMÍA, YA QUE CONTABA CON MÁS VASALLOS ALLÍ QUE NINGÚN OTRO SEÑOR FEUDAL)
      * La postura de la corona francesa fue durante la mayor parte de la Cruzada de inhibición. Felipe II Augusto no fomentó la participación de sus vasallos en la expedición ni la vió con buenos ojos, en tanto que debilitaba su capacidad de convocarlos para las guerras que sí tenía en mente y le apremiaban. La respuesta de Felipe Augusto a Inocencio III (cortes de Villeneuve-sur-Yonne en mayo de 1208) fue que no podía enviar al ejército real al sur porque “estaba flanqueado por dos fieros leones”, a saber, el rey de Inglaterra, Juan sin Tierra y el emperador alemán Otón de Brunswick (TOTALMENTE DE ACUERDO, LO PUEDES COMPROBAR EN “LA CRUZADA ALBIGENSE Y EL IMPERIO ARAGONÉS” O EN “BREVE HISTORIA DE LOS CÁTAROS”). Felipe II no se llevaba especialmente bien con Inocencio III, que le había negado el divorcio de su esposa Ingeborg, interfería continuamente en los asuntos del reino mediante prelados como los obispos de Auxerre y Orléans, y había estado a punto de excomulgarlo y de declarar el interdicto sobre el reino (como hizo dicho sea de paso con varios otros países).
      * Aunque la expedición la lideraran nobles franceses (los más importantes fueron el duque de Borgoña, Eudes III, el conde de Nevers, Hervé IV, y el conde de Saint-Pol, Gautier de Chatillon (TE OLVIDAS DE OTRO MIEMBRO DE LA ALTA NOBLEZA FRANCESA, EL CONDE DE BARS), además de varios señores eclesiásticos), la Cruzada fue predicada en muchos lugares de Europa durante varios años. Los reinos cristianos hispánicos quedaron fuera por la política papal de dirigir sus esfuerzos contra los musulmanes de Al-Andalus. Inglaterra estaba bajo interdicto y su rey excomulgado, lo que impidió la predicación en las tierras de los Plantagenet. En Italia el papa tenía problemas con varias ciudades importantes y no le sobraban aliados. Pero hubo contingentes de varias regiones francesas no dependientes del rey de Francia como Bretaña e incluso varias zonas del “Midi” como Saintonge, Quercy o el Lemosín, además de belgas (brabanzones), holandeses (bátavos) y alemanes, sobre todo de la zona renana. Las ventajas para el cruzado común de cumplir su voto en Europa (bastaba con cuarenta días de servicio de armas, como dictaba el derecho feudal) y no tener que desplazarse hasta Palestina son tan evidentes que no necesitan comentarse.
      * En Simón V de Montfort, los cruzados encontraron un líder a la vez aguerrido y persistente. Siendo un señor de rango medio en Île-de-France y vasallo directo del rey de Francia, se ha exagerado mucho el fanatismo religioso, el afán de lucro y su relativa mediocridad social como motores de su ambición. Era indudablemente un gran caudillo militar, que no vacilaba a la hora de tomar represalias que a día de hoy le hubieran convertido en un criminal de guerra, y con una piedad belicosa y sin matices. Es decir, lo esperable en un hombre de su tiempo. Participó en la frustrante IV Cruzada y quiso labrarse un gran señorío en el sur de Francia, pero tanto en sus experiencias como en sus esperanzas, no reconoceríamos más que las políticas de linaje típicas de los nobles de la época, a la postre frustradas por su muerte en el segundo asedio de Toulouse. (BRILLANTE DESCRIPCIÓN DE LA FIGURA DE MONTFORT, TE ANIMO A QUE ESCRIBAS ALGO QUE SEA MÁS CONSTRUCTIVO QUE UN SIMPLE COMENTARIO)
      * Lo más cuestionable de vuestro artículo, a mi juicio es su perspectiva teleológica. No cabe dudar que los agentes de la Historia tienen planes y objetivos y toman las medidas que creen necesarias para alcanzarlos, pero los sucesos históricos no ocurren “para” algo. Ya es bastante difícil investigar y presentar una secuencia ordenada de los hechos. Mucho más indagar en las causas. Elucubrar sobre los acontecimientos como consecuencias de un plan previo exige una penetración y una intuición que están al alcance de muy pocos. En los países anglosajones son muy aficionados a un divertimento al que le llaman “what-if history”. ¿Qué habría pasado si Pedro II no muere en Muret? ¿Y si Felipe Augusto hubiera muerto en la III Cruzada? ¿Y si el conde de Toulouse hubiera creado un estado occitano unificado con el catarismo como religión oficial, capital en Toulouse y un escudo antimisiles donde ahora tienen la réplica del cohete Arianne? El fallo principal que tienen los escenarios what-if incluso como entretenimiento es que implican que un cambio en una condición sólo trae como consecuencia un cambio en el resultado, pero no en el proceso por el que se llega a ese resultado. Es un juego para diletantes, no para historiadores. (SIMPLEMENTE SE TRATA DE VER MÁS ALLÁ EN RELACIÓN A UN ACONTECIMIENTO QUE RESULTÓ FUNDAMENTAL EN EL DEVENIR DE EUROPA OCCIDENTAL. DE AHÍ LA PREGUNTA ¿EL REVÉS MILITAR DE MURET, EN 1213, ORIENTÓ LA EXPANSIÓN DE LA CORONA DE ARAGÓN HACIA EL LEVANTE MEDITERRÁNEO Y PENINSULAR? NO SE SI SABRÁS QUE ALGUNOS HISTORIADORES LLEGAN A AFIRMAR QUE FUE EL DESASTRE DE MURET LO QUE POSIBILITÓ LA CONQUISTA CATALANO-ARAGONESAS DEL LEVANTE PENINSULAR, ALGO CON LO QUE ESTOY EN DESACUERDO)
      En fín, os recomiendo la lectura de un auténtico especialista en la materia, Martín Alvira Cabrer, y especialmente su “Muret 1213. La batalla decisiva de la cruzada contra los cátaros” (Ariel, Madrid, 2008) (YO TE ANIMO A LEER A LOS MEDIEVALISTAS DEL CENTRE NATIONAL D’ETUDES CATHARES, RENÉ NELLI Y ANNE BRENON, AUTÉNTICOS ESPECIALISTAS EN LA CRUZADA ALBIGENSE, AUTORES QUE PESAR DE HABER DIRIGIDO UNA INSTITUCIÓN QUE PORTA EL SUSTANTIVO “CÁTAROS” NO SE CARACTERIZAN POR SU SENSACIONALISMO. SON, POR CIERTO, LOS AUTORES QUE, SIN HACER USO DE PARTIDISMOS, MÁS ACERTADAMENTE HAN EXPUESTO LA RELACIÓN DE LA CORONA DE ARAGÓN CON EL MEDIODÍA). Con esta obra dirigida al gran público, los españoles hemos dejado de tener excusas a la hora de presentar estos dramáticos acontecimientos bajo los manidos prismas de “hordas de cruzados”, “disidentes cátaros”, “papas intolerantes” y “astutos reyes de Francia” en los que, lamentablemente, creo que cae vuestro artículo (UTILIZAR FRASES COMO “HORDAS DE CRUZADOS”, “DISIDENTES CÁTAROS”, …, ES SIMPLEMENTE UN RECURSO LITERARIO, Y SI ESE ES EL MOTIVO POR EL CUAL NOS TILDAS DE SENSACIONALISTAS ENTONCES ESTÁS MUY EQUIVOCADO ¿NO ERAN LOS LLAMADOS CÁTAROS SEGUIDORES DE LA FE DE CRISTO QUÉ NO RECONOCÍAN LA AUTORIDAD DEL PAPA Y POR LO TANTO ERAN DISIDENTES RELIGIOSOS? ¿NO ERAN LOS EJÉRCITOS CRUZADOS REUNIDOS EN LYON EN 1209 UN HETEROGÉNEO CONGLOMERADO DE GUERREROS QUÉ PODRÍA CALIFICARSE DE HORDA? ¿NO PUEDE CALIFICARSE LA ENÉRGICA POLÍTICA DE INOCENCIO III DE INTOLERANTE CON RESPECTO AL MÍNIMO ATISBO DE DESVÍO DE LA ORTODOXIA CATÓLICA? ¿TE PARECE ILÓGICO CALIFICAR A FELIPE II DE FRANCIA CÓMO UN ASTUTO MONARCA CUÁNDO TU MISMO ESTAS AFIRMANDO, DE FORMA ACERTADA, POR CIERTO, QUÉ NO QUERÍA INVOLUCRARSE EN EL MIDI POR TEMOR A SUS ENEMIGOS SENTADOS EN LOS TRONOS DE INGLATERRA Y EL SACRO IMPERIO? MÁS QUE SENSACIONALISMO ESTAMOS DESCRIBIENDO UNA REALIDAD)
      Espero que me perdonéis si he sido excesivamente severo en mi reseña, pero llevo cinco años preparando mi tesis doctoral sobre una de las fuentes principales de la Cruzada y me habeis tocado la fibra (ME PARECE UNA FALTA DE RESPECTO DESCALIFICAR EL TRABAJO DE UNA ESPECIALISTA EN ANTIGÜEDAD TARDÍA E HISTORIA MEDIEVAL COMO CRISTINA DURÁN, QUE SE HA PASADO LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS COLABORANDO EN PUBLICACIONES PRINCIPALMENTE RELACIONADAS CON LA HISTORIA DE LA CORONA DE ARAGÓN, Y DE UN SERVIDOR, QUE TRABAJO CODO CON CODO CON ELLA Y QUE LLEVO TRES LIBROS EDITADOS EN UNA EDITORIAL DEL PRESTIGIO DE NOWTILUS). Un saludo cordial.