Pompeyo y la lucha contra la piratería cilicia

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Apiano recoge en su Historia sobre Mithridates, del siglo II d. C., los orígenes y los peligros provocados por la piratería cilicia en el mar Mediterráneo durante la tardía República romana: los piratas cilicios contaban con más de un millar de navíos tras haber asediado y saqueado alrededor de 400 ciudades y varios templos.

Los piratas acechan Roma

La liburna romana, es decir, la galera romana de combate y de transporte de tropas, permitía una gran maniobrabilidad gracias a su reducido tamaño, sus velas cuadradas y la distribución de sus remos.

Con la conclusión del conflicto sertoriano en el 71 a.C., tanto Marco Licinio Craso como Cneo Pompeyo, los dos hombres más poderosos del momento, renunciaron a una magistratura provincial al término del consulado. Por aquellas fechas, la piratería cilicia se había convertido en una de las principales amenazas tanto para el Senado como para el pueblo, pues ponía en peligro el suministro de trigo y las regiones productoras –a los piratas cilicios se unieron con el tiempo muchos otros como sirios, chipriotas, cretenses, panfilios o pónticos.

Cilicia, región situada en el sudeste de Anatolia, en la actual Turquía, había atraído siempre la atención de los piratas por ser una zona muy rica en cultivos, en ganado y en recursos minerales. Además, era una región montañosa y de paso natural que contaba con una posición geoestratégica inmejorable, razón por la que desde antiguo había sido pretendida por varios estados. La provincia romana de Cilicia nació hacia el año 101 a.C., si bien Roma no logró el dominio absoluto de la misma hasta que Pompeyo lograse derrotar definitivamente a los piratas que asolaban estas tierras.

Las primeras medidas contra la piratería cilicia

Roma llevó a la práctica unas primeras medidas para tratar de poner fin a la piratería cilicia. La primera fue la expedición dirigida por el pretor Marco Antonio en el 102 a.C., quien, contando con grandes apoyos no consiguió los resultados esperados. Poco después, entre el 78 y el 76 a.C., Publio Servilio Isáurico atacó desde Panfilia a los piratas cilicios logrando resultados aparentemente positivos. Dos años más tarde, Marco Antonio Crético emprendió una nueva campaña sin lograr acabar con la piratería pese a los numerosos efectivos con los que contaba.

Pompeyo entra en escena

La situación en Roma era insostenible. El Senado, cansado de las cuantiosas pérdidas humanas y materiales sufridas en los últimos años, adoptó nuevas medidas para poner fin al problema. En el año 67 a.C. el tribuno de la plebe Aulo Gabinio presentó la lex Gabinia, por la que se decretaba la elección de un hombre con rango consular para acabar con la piratería en el Mediterráneo. El elegido fue Pompeyo, que durante tres años regentaría un imperium proconsular sobre todas las aguas con la facultad de poder llevar a cabo reclutamientos para tal empresa. Se le proporcionó un gran ejército formado por 120.000 soldados de infantería (el equivalente a veinte legiones), 4.000 jinetes y 270 naves –70 de ellas ligeras–, más una cantidad de 6.000 talentos áticos.

Los poderes extraordinarios concedidos a Cneo Pompeyo Magno (106-48 a.C.) evidenciaron la inadecuación del ordenamiento republicano a las nuevas necesidades derivadas de su proyección imperialista. Busto de Cneo Pompeyo Magno realizado en mármol, Gliptoteca, Munich.

Siendo Pompeyo la máxima autoridad en la lucha contra los piratas, dispuso con total libertad a sus legados y a sus ejércitos del siguiente modo: puso al frente de Iberia y de las columnas de Hércules a Tiberio Claudio Nerón y a Aulo Manlio Torcuato; los mares de Liguria y Galia fueron asignados a Marco Pomponio; África, Cerdeña y Córcega, así como las pequeñas islas de los alrededores, a Cneo Cornelio Léntulo Marcelino y Publio Atilio; Lucio Gelio Poblicola y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano fueron los encargados de la salvaguarda de las costas italianas; Aulo Plotio Varo y Marco Terencio Varrón asumieron la vigilancia de Sicilia y el Adriático hasta Acarnania; Lucio Cornelio Sisena fue el encargado de vigilar las costas del Peloponeso, el Ática, Eubea, Tesalia, Macedonia y Beocia; la salvaguarda de las islas griegas del Egeo y el Helesponto fueron responsabilidad de Lucio Lolio; Marco Pupio Pisón se hizo cargo de Bitina, Tracia, la Propóntide y la boca del Ponto; finalmente, Quinto Cecilio Metelo Nepote se responsabilizó de la salvaguarda de Licia, Panfilia, Chipre y Fenicia –es posible que las costas egipcias estuviesen patrulladas por las flotillas dirigidas por los hijos de Pompeyo.

La estrategia pompeyana no consistió en atacar a los piratas en un único lugar, sino a través de distintos flancos. Por ello, dividió el Mediterráneo y el mar Negro en trece zonas. Con esta estrategia todo aquel pirata que intentase escapar de una zona vigilada entraba en otra zona y así sucesivamente, por lo que era prácticamente imposible escapar de la vigilancia romana.

LEGADO ÁREA
1 T. Claudio Nerón Iberia
2 A. Manlio Torcuato Columnas de Heracles
3 Marco Pomponio Mares de Liguria
4 Cn. Cornelio Léntulo
Marcelino
África
5 Publio Atilio Cerdeña y Córcega
6 L. Gelio Poblícola Italia
7 Cn. Cornelio Léntulo
Clodiano
Italia
8 A. Plotio Varo Sicilia
9 M. Terencio Varrón Adriático
10 L. Cornelio Sisena Peloponeso, Ática, Eubea, Tesalia,
Macedonia y Beocia
11 Lucio Lolio Islas Egeas / Helesponto
12 M. Pupio Pisón Bitina, Tracia, Propóntide y Boca del
Ponto
13 C. Cecilio Metelo
Nepote
Licia, Panfilia, Chipre y Fenicia
DIRECCIÓN Cn. Pompeyo Magno MEDITERRÁNEO

 

Mientras tanto, Pompeyo, al frente de una flota formada por setenta naves, quedaba encargado de supervisar todas las regiones. Además, el imperium de Pompeyo no sólo se limitaba al mar, sino que también se adentraba en tierra hasta setenta y cinco kilómetros. Asimismo, dispuso de un total de treinta y seis millones de denarios y de fondos ilimitados en los fondos públicos de Roma y de las provincias para poder sufragas sus expediciones.

Con todo preparado, la primera decisión que tomó Pompeyo fue la de dirigirse a Sicilia para posteriormente marchar al norte de África, Córcega y Cerdeña. Tanto Sicilia como el norte de África fueron fácilmente limpiadas de los ataques de los piratas, y desde ese momento Roma volvió a contar con el suministro de trigo deseado.

En segundo lugar, Pompeyo fue hacia el extremo occidental, es decir, hacia la Hispania Ulterior, donde se encontraba la flotilla de Tiberio Claudio Nerón en Gades (Cádiz). Acto seguido, cruzó Carthago Nova (Cartagena) en su camino hacia las costas galas donde se encontraría con la oposición del cónsul Cneo Calpurnio Pisón en el momento de reclutar tropas.

Apiano relata que, una vez reunidos todos los efectivos navales, Pompeyo pudo limpiar en poco más de cuarenta días toda la costa mediterránea de la piratería cilicia. El éxito logrado por Pompeyo provocó que los piratas no tuvieran más remedio que buscar refugio en las costas más orientales del Mediterráneo.

Una vez en Roma, Pompeyo tuvo noticia de que el tribuno Aulo Gabinio estaba adoptando medidas para deponer a Calpurnio Pisón. Con este panorama, Pompeyo le pidió que no tomara tales medidas con objeto de que Calpurnio dejase de sabotear las medidas pompeyanas contra la piratería.

Arregladas las cosas en Roma, todavía quedaba por erradicar la piratería en el Mediterráneo oriental. Las actuaciones de Pompeyo resultaron óptimas gracias a la participación de Varrón, su principal consejero, quien logró acabar con todos los piratas presentes entre las costas ilirias y el mar Adriático.

A pesar de estos logros, todavía quedaba por limpiar de piratas los acantilados de la Cilicia Traquea, la zona oriental de la costa sur de la actual Turquía. En este sentido, Pompeyo lanzó un único ataque a gran escala concentrando sus efectivos en Rodas. La gran mayoría de piratas cilicios, acosados ante la superioridad de la flota romana, no tuvo más opción que la rendición. Fueron estos piratas rendidos quienes revelaron a Pompeyo dónde se encontraban escondidos los últimos piratas que todavía no habían sido derrotados. Los piratas que no aceptaron rendirse y que escaparon de los legados pompeyanos se concentraron en Coracaesium (Coracesio) para enfrentarse en una decisiva batalla naval a las tropas de Pompeyo.

Acantilados de Cilicia.

Así las cosas, Pompeyo emprendió el ataque final tanto por tierra como por mar asestando la derrota definitiva a los últimos piratas cilicios. La ausencia de un único mando junto al menor porte de sus naves fueron las causas principales de la derrota. Pompeyo mantuvo en todo momento una actitud misericordiosa para con los piratas derrotados y rendidos con vistas a sumarlos a su servicio. Un gran volumen de piratas fue asentado en distintos puntos de Anatolia, de Tarento, de la Cirenaica o del norte de Grecia con objeto de que olvidasen las razias en el mar y se dedicasen a la agricultura. No obstante, se destruyeron y capturaron varias fortalezas situadas en Licia y en el macizo del Tauro, si bien Pompeyo se preocupó de refundar varias ciudades como Pompeipolis.

Habría que esperar a la crisis del siglo III para que apareciesen de nuevo los piratas en el Mediterráneo oriental, concretamente en el estrecho de los Dardanelos, en el mar Negro, y en Creta, Cilicia y Chipre.

Con la derrota final de los piratas en poco más de tres meses, Pompeyo logró reunir un inmenso botín formado por más de 20.000 hombres –más de 10.000 piratas perecieron en combate–, más de 400 navíos, armas y multitud de materias primas y productos artesanales. La fama militar de Pompeyo tras derrotar a los piratas cilicios –unida a la victoria sobre Espartaco y Sertorio– fue tan inmensa que sería elegido por el Senado director de los ejércitos para enfrentarse contra Mitrídates del Ponto. Pero eso… eso es ya otra historia.


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Soy formalmente historiador desde que me licencié en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid en 2004. En 2009 conseguí el título de doctor europeo por el Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid con la defensa de la tesis doctoral La Hispania de Cneo Pompeyo Magno y Cayo Julio César: modelos de gestión territorial y clientelar, obra publicada en 2012 por Sílex. He orientado mi labor investigadora a las relaciones sociales, a los movimientos migratorios y a la organización del territorio en la Antigüedad, así como a todo lo concerniente a la romanización y a la arqueología de España. Asimismo, tengo un gran interés por la antropología social y la etnoarqueología, colaborando en este sentido con varios organismos y plataformas. He realizado varias estancias como investigador en Italia, donde he completado mi formación como historiador y arqueólogo, y he participado en varias excavaciones arqueológicas en todo el territorio nacional.

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  1. gravatar Miguel Ángel Novillo López Responder
    diciembre 14th, 2011

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Fran, te agradezco la referencia de tu artículo y tienes toda la razón cuando afirmas que no sólo se trató de una cuestión militar sino también social. Saludos,
    MAN

  2. gravatar Fran Matias Responder
    diciembre 11th, 2011

    Excelente artículo. Yo mismo hice uno sobre este mismo tema:

    http://laguerraenlaantiguedad.blogspot.com/2011/11/pompeyo-y-los-piratas.html

    Es una pena que una campaña tan singular, donde entran tantos factores, como la guerra irregular, un enemigo que no es un estado, al que desafía, unos medios militares y logísticos casi sin precedente, etc, no haya sido casi tratado. A todo esto le tenemos que sumar que no solo se trataba de acabar con un problema de índole militar, sino social.

    Un saludo.

  3. gravatar Juan Luis Posadas Responder
    noviembre 4th, 2011

    ¡Excelente artículo! Enhorabuena, Miguel Ángel.