La Contra Armada, una catástrofe en toda regla

28 nov, 2011 por



Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra

Luis Gorrochategui Santos

Fecha de edición: 2011

Edición conjunta de E-lector y Ministerio de Defensa

433 páginas

 

Primavera de 1589. Hay que imaginarse el aguerrido Plymouth atestado de navíos ultimando los preparativos de la expedición punitiva contra la Monarquía Hispánica, en tanto los supervivientes de la Armada Invencible del rey Felipe buscaban el abrigo de los puertos del norte peninsular. La Contra Armada al mando de Francis Drake para la cosa de la mar y John Norris al cargo de las tropas de desembarco, debía mostrar un aspecto magnífico. Eran nada menos que 180 barcos y 27.667 hombres.

La flota mandada armar por Isabel I de Inglaterra era incluso nominalmente superior a las cifras más optimistas barajadas para la Invencible (137 barcos, 25.696 hombres). El plan era muy claro, atacar inmediatamente la ciudad de Santander, donde se hallaba de resguardo buena parte de la Armada española en retirada y a partir de ese previsible triunfo, descender hacia Lisboa para hurtar la corona de Portugal a Felipe II, poniendo en su lugar a don Antonio, prior de Crato, pretendiente espurio al trono portugués ahora detentada por el Rey Prudente. Dominar Portugal, significaría hacerse con el imperio luso, poner pie en las Azores, inquietando gravemente la carrera de Indias y, finalmente, iniciar el camino de la usurpación de América. La ocasión era la mejor de las imaginables para la Reina Virgen, suponiendo una Armada española postrada y un ejército desmoralizado por el desastre de la invencible.

No obstante, las cosas no sucedieron como estaban previstas. Un cúmulo de errores y malas decisiones, llevaron a la Contra Armada a un desastre monumental a menudo ignorado o pasado de puntillas por la historiografía inglesa (Martín Hume: The year after de Armada, 1896; R. B Wernham: The expedition of sir John Norris and sir Francis Drake to Spain and Portugal, 1988). La primera de ellas fue el empeño de Norris y Drake en atacar A Coruña y no Santander como su reina les había ordenado. Su deseo de tomar por las armas una ciudad rica y desguarnecida para obtener un rápido botín pesó mucho en el ánimo de aquellos capitanes con alma de pirata, sostenidos en gran parte, como era frecuente en las expediciones inglesas, por capital privado. En palabras de la profesora Carmen Saavedra, y pese a explicar posteriormente Drake y Norris que suponían que la rada de la ciudad herculina acogía un fuerte contingente de la Invencible, la realidad era muy clara y bien otra: “El deseo de obtener un rápido botín sin tener que internarse en el atlántico”.

El resto de la historia ya la conocen, encontraron una ciudad casi desguarnecida, con tan solo cinco navíos de guerra, procedentes de la dispersión de la Armada, tratando de reparar su lamentable estado en medio de la rada coruñesa. No contaban los ingleses con la eficaz resistencia organizada, aunque parsimoniosamente, por el segundo marqués de Cerralbo. Lograron incendiar y quemar la Pescadería (ciudad baja), pero frente a las murallas viejas se dieron de bruces con una inopinada resistencia.

Se dice que en el peor momento de la batalla, la heroína María Pita tomó un sillar procedente de las casas de la ciudad vieja desmontadas por las mujeres coruñesas y lo arrojó desde siete metros de altura sobre el primer inglés provisto de manta de defensa y armadura que se le venía por la escala de asalto. Aquella inicial confusión fue decisiva, pocos días después, la orgullosa Contra Armada embarcaba con desolación para volver a fracasar ante Lisboa. Las bajas causadas, la consternación por tan inesperada derrota y la peste declarada en la flota debieron pesar tanto en el ánimo de los ingleses que no volvieron a levantar cabeza. De modo que, aquel adoquín oportunamente arrojado, tuvo mucho que ver en la salvación del imperio español.

Luis Gorrochategui, tras una intensa investigación de diez años, visitando archivos españoles, ingleses y portugueses, con su estilo tan riguroso en el detalle como ameno e intenso en la narración, es el primero en poner números al desastre inglés. Calcula que la expedición Drake-Norris perdió más de 20.000 hombres y 80 navíos.

Una catástrofe en toda regla, numéricamente superior a la de la Invencible, que había perdido, por su parte, 11.000 hombres y 35 barcos. No extraña, pues, el silencio casi absoluto de la historiografía inglesa sobre el asunto. En palabras de Ben Walsh, presidente del Comité de Educación Secundaria de la Asociación Histórica Británica: “la Armada inglesa nunca se ha enseñado en las escuelas británicas y la mayoría de los profesores de historia podrían no ser conscientes de que existió. Las culturas tienden a atesorar victorias. La Armada invencible es percibida como una victoria y la Armada inglesa, evidentemente no lo es. El plan de estudios moderno proviene de esos valores culturales… Podría parecer injusto que un ataque desastroso de Inglaterra contra España sea completamente olvidado mientras que un ataque desastroso de España contra Inglaterra sea universalmente recordado”.

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4 Comentarios

  1. Inmejorable resumen del libro por parte de mi gran amigo Juan Granados. Mil gracias por lo que me toca. La leyenda negra es sorprendida entre bambalinas, justo en un momento de completa desnudez. El velo que lleva ocultando la historia 400 largos años se precipita desde lo alto de la bóveda del teatro. La madera podrida y carcomida no ha aguantado más. Se distinguen las verguerzas de la leyenda desde el gallinero. Carcajada general. El drama es comedia. Artillería, ciencia, tolerancia, exploración, lingúistica, filosofía, derecho internacional, todo se desparrama por el escenario e inunda jocosamente la platea. Las carcajadas se han hecho tan contagiosas que crecen por sí solas. Técnica, astronomía, telescopio, submarino, máquina de vapor, navegación, comercio, urbanismo, planeta, rutas comerciales, imperio. Las lagrimas de risa fluyen imparables y duele ya el pecho.

  2. Muy buena reseña. Y da para la reflexión, sin duda. Siempre hemos pensado en la “Felicissima Armada” de 1588 como una tragedia y casi como un punto de inflexión hacia la “decadencia”. Ahora nos encontramos con un texto que puede ayudar a relativizar esta visión… que por otro lado está muy en cuestión desde muchos puntos de vista. Asimismo demuestra qué cosa es la Historia: una percepción más o menos fundamentada de una realidad posible, sujeta a múltiples interpretaciones, siempre dependiente del contexto en el que se escribe.

  3. Miguel Sanz

    Buen resumen. Lo que no entiendo es porque ahora, de repente, el topónimo castellano “La Coruña” está proscrito en los textos *en castellano*, como si esto fuera el BOE de algún politicastro. Fuera de eso y de la excesiva importancia que se le da al folclore del ladrillo, muy bueno.

  4. Esto de A/La Coruña tiene su cosa, en mi novela Sartine, los editores, catalanes, se inclinaron por poner la forma A Coruña, que Sartine obviamente jamás hubiese empleado porque no se hacía, porque hay sentencias que obligan a emplear ese topónimo como único admitido, absurdo, pero es así.

    En cuanto al adoquín, es una vieja historia entre Luis y yo, claro.

    Un saludo

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