Una vida dedicada a la ciencia: Marie Curie

21 nov, 2011 por



Todavía recuerdo a los actores Greer Garson y Walter Pidgeon, en unos barracones inhóspitos, empleando denodados esfuerzos para intentar extraer una sustancia de propiedades muy particulares del mineral que la contenía, en el film Madame Curie (1943), que intentaba acercar la vida de la científica a la gente de la calle. Y ya han pasado 100 años desde que aquellos esfuerzos, los de verdad, se vieran recompensados con un Premio Nobel.

Pero vayamos poco a poco.

 

Los primeros años

Maria Salomea Skłodowska, llamada cariñosamente Mania, nació en la ciudad polaca de Varsovia en 1867 en el seno de una familia de intelectuales, su padre era profesor de física y matemáticas y su madre maestra, pianista y cantante. Era el quinto vástago que llegaba a esa familia.

En aquella época, esa parte de Polonia estaba bajo la dominación rusa, lo que hizo que Maria Skłodowska cultivara durante toda su vida un sentimiento patriótico muy vivo.

Maria era una niña bastante precoz, no sólo leía con facilidad a los 4 años, sino que llegó a dominar cuatro lenguas (polaco, ruso, francés y alemán), y a graduarse con 15 años de edad.

Desde entonces, y debido a la precaria situación que llega a atravesar su familia, pues su padre pierde el trabajo, debe de emplearse como institutriz durante algún tiempo.

En los dos últimos años que pasa en su ciudad natal accede por primera vez a un laboratorio de investigación. Esta oportunidad se la brinda su primo Józef que, tras estudiar en Rusia con el químico Dimitri Mendeleiev, que pasó a la Historia por proponer la primera tabla periódica de ordenación sistemática de todos los elementos químicos, se establece en Varsovia ostentando el cargo de director del citado laboratorio, dependiente del Ministerio de Industria y Agricultura. Esta experiencia le resulta enriquecedora y origina sus deseos de completar sus estudios en los campos de la ciencia.

 

Estudios en París e inicio de su labor investigadora

Con 24 años; Maria va a París para ampliar sus estudios, cambia su nombre por el afrancesado Marie, y se matricula en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales de la Universidad de la Sorbona, licenciándose en Físicas a los dos años y en Matemáticas al siguiente.

Este mismo año, 1894, conocería al que luego sería su marido, el físico Pierre Curie, con el que se casará al año siguiente. Tendrían dos hijas, Irène y Ève.

Precisamente es con él con quien empieza a trabajar estudiando los Rayos X, y la radiactividad natural, recién descubiertos, en 1895 por Wilhelm Röntgen y 1896, respectivamente.

Este último descubrimiento, la radiactividad natural, fue debido a Henri Becquerel, que había estudiado que las sales de uranio transmitían unos rayos de naturaleza desconocida, pero con unas propiedades muy peculiares pues eran capaces de velar las placas fotográficas envueltas en papel negro, ionizar el aire y desprender calor.

El esposo de Marie, Pierre, insiste en que dedique su tesis doctoral a investigar ese fenómeno, y es precisamente Henri Becquerel quien acepta dirigírsela.

 

Descubrimiento del polonio y del radio

Sus trabajos de investigación comienzan analizando varios minerales que contienen uranio a fin de estudiar sus propiedades peculiares. Su investigación da un vuelco cuando da con uno, la pechblenda (óxido de uranio), que presenta muy intensas propiedades radiactivas, y en la que descubre que una vez extraído el uranio presente, la intensidad radiactiva exhibida por éste es, curiosamente, menor que la del resto del mineral empleado.

La causa no podía ser otra que la existencia en él de alguna otra sustancia todavía más activa que el uranio, que consiguieron aislar tras varios años de trabajo. En realidad fueron dos los elementos presentes con propiedades radiactivas, el polonio, cuyo nombre homenajeaba la patria cuya independencia estaba perdida por entonces, y el radio, de mayor intensidad aún. En realidad consiguieron aislar 1 gramo de cloruro de radio a partir de 8 toneladas de mineral.

A partir de este trabajo, Marie Curie (que había adoptado según la costumbre el apellido de su marido) obtiene el doctorado en 1903 y publica su tesis con el título de Investigaciones sobre las sustancias radiactivas. Hasta entonces sólo una mujer en el mundo, la alemana Elsa Neumann, había conseguido el título de doctor.

 

Los Premios Nobel

Esa investigación asimismo le permite obtener en 1903 el Premio Nobel de Física junto con Henri Becquerel.

En 1906, tras la muerte de su esposo al ser atropellado por un carruaje de caballos, hereda su cátedra de Física en la Universidad de la Sorbona, y se convierte así en la primera mujer que imparte clases allí.

En diciembre de 1909 la Universidad de París y el Instituto Pasteur deciden construirle un laboratorio llamado Instituto del Radio, donde sigue investigando en la misma línea, hasta que en 1910 es capaz de obtener un gramo de radio puro, lo cual le valdrá recibir de nuevo el galardón del Premio Nobel, esta vez en Química. Era aquella la primera ocasión en que una misma persona obtenía dos de estos premios en diferentes campos. Hasta la actualidad sólo Linus Pauling ha tenido el mismo honor, al obtener los de Química (1954) y de la Paz (1962).

 

Hacia el final

Tiempo después de la muerte de su marido, Marie inició una relación personal con el físico Paul Langevin, que estaba casado, lo que generó un gran escándalo periodístico.

Marie Curie, tras quedarse ciega y prematuramente envejecida, murió en 1934 en el Sanatorio Sancellemoz de Passy a causa de anemia aplásica, enfermedad de las células de la médula ósea cuya posible causa fueron las exposiciones a la radiactividad durante sus largos periodos de investigación.

En 1995 sus restos fueron trasladados al Panteón de París, pasando a ser así la primera mujer que era enterrada en él.

Su hija mayor, Irène Joliot-Curie, siguiendo los pasos de su madre, obtuvo el Premio Nobel de Química en 1935 al descubrir el fenómeno de la radiactividad artificial. Asimismo, la exposición prolongada a estas sustancias le provocó la leucemia que le condujo a la muerte en 1956.

 

Marie y su identidad polaca

En la época de nacimiento de Marie, Polonia no existía como país independiente, estaba dividida entre Austria, Prusia y la Rusia zarista. Sus restos reconocibles constituían el denominado reino de Polonia, un estado creado como resultado del Congreso de Viena en 1815, tras la caída de Napoleón, y que quedaba bajo la soberanía del zar.

Bajo el dominio ruso, en las escuelas se prohibió el uso de la lengua polaca y la enseñanza de la historia y literatura del país. Sólo en las escuelas privadas dirigidas por polacos, que eran vigiladas por la policía, se permitía a los profesores mitigar un poco las dificultades derivadas de la persecución nacional y transmitir a sus alumnos, Marie entre ellos, la cultura y tradición polacas amenazadas. Esta situación se mantuvo hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en 1918.

Marie Curie, que siempre había mantenido intactas su raíces polacas fruto de su fuerte tradición patriótica familiar, intentó llamar la atención de la sociedad hacia su patria denominando como vimos al primer elemento que descubrió con el nombre de polonio.

El reconocimiento de su país, no sólo a su labor como científica e investigadora, sino también por haber sido su embajadora por el mundo en los años difíciles que atravesó la nación polaca, siempre ha sido muy significativo, aunque el momento más importante llegó en 1967, al cumplirse 100 años de su nacimiento, con la creación de un museo íntegramente dedicado a recordar su vida y su obra en la casa en que nació, que hoy es propiedad de la Sociedad Química Polaca. También en su memoria, en los años noventa del siglo XX, se pusieron en circulación billetes de 20.000 zlotys con su imagen.

La dos veces premio Nobel tuvo una vida dedicada a la ciencia que no siempre fue reconocida, a pesar de los galardones obtenidos a lo largo de su carrera, por estar inmersa en un mundo prácticamente vetado a las mujeres hasta entonces. Con su esfuerzo y dedicación mostró al mundo el potencial femenino en el campo científico y abrió un camino que se ha demostrado indiscutible desde entonces.

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