Alejandro Núñez Alonso: el corresponsal de la Historia

Por . 13 febrero, 2012 en Reseñas
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Hace varios años, por casualidad, llegó a mis manos un viejo libro de Alejandro Núñez Alonso, el primer volumen de su tetralogía sobre la reina Semiramís de Babilonia.

Devoré las casi mil páginas en unos días, lo que me llevó a buscar desesperadamente en todas las librerías de lance más libros de este genial autor, ya que por desgracia casi toda su obra está descatalogada.

Así de injusto y así de absurdo. La narrativa histórica de Alejandro Núñez Alonso (Gijón, 1905-Quebec, 1982) hace mucho que desapareció del mercado editorial. Desde entonces su obra solo se puede encontrar, con suerte, en las librerías de viejo.

Esta es la realidad del mercado editorial español, despreciar a un autor adelantado a su tiempo en el concepto de novela histórica, incomprensible si se tiene en cuenta que algunas de sus publicaciones fueron auténticos éxitos de ventas y que actualmente siguen generando ingresos en el mercado de segunda mano.

Alejandro Núñez Alonso fue un escritor excepcional, imaginativo, mordaz y con un profundo conocimiento de la Antigüedad. Supo con gran talento mezclar la historia con la ficción en unos relatos magníficamente escritos, en los que no se notaba el artificio, las historias casaban bien y no se notaba el atrezzo ni el añadido. Son igual de reales la reina de Babilonia que el mercader judío, los dos grandes protagonistas de sus series de novela histórica.

La tetralogía sobre Semíramis, mítica reina de Babilonia, está compuesta por: Semíramis (1965), reeditada por Nabla Ediciones en 2008; Sol de Babilonia (1967); Estrella solitaria (1973) y La reina desnuda (1974).

En esta magna obra la fascinación por esta reina, obsesionada con la eterna juventud y la inmortalidad, que supo enfrentarse y vencer a todos los hombres de su tiempo que osaron disputarle el poder, se mezcla con la repulsión, casi moral, por el desmedido afán de poder.

Empero no podemos saber la opinión del autor, no la muestra, expone de manera pulcra, casi periodística los hechos, los relatos, las relaciones. No en vano Nuñez Alonso fue periodista y fundó varias revistas. Esa es la magia de sus relatos, de su magnífica prosa, que se devora porque es amena y al mismo tiempo erudita sin empalagos.

La pentalogía sobre Benasur de Judea consta de las siguientes obras: El lazo de púrpura (1957), Premio Nacional de Literatura y reeditado también por Nabla Ediciones en 2008; El hombre de Damasco (1958), reeditado por Nabla Ediciones en 2009; El denario de plata (1959); La piedra y el César (1960) y Las columnas de fuego (1961).

Benasur de Judea es la plasmación de esa fusión entre ambos mundos, el de la imaginación literaria y el de la realidad histórica. Benasur es un potentado judío, dueño de una notable flota mercante y artífice de un imperio comercial que ha crecido a la sombra de Roma en tiempos de Tiberio. Su actividad mercantil y su lealtad aparente al Imperio ocultan, no obstante, un odio irrefrenable hacia todo lo que Roma representa y una sed insaciable de venganza.

De forma aparentemente casual la acción se traslada a los orígenes del cristianismo y a las primitivas comunidades cristianas, tan acertadamente recreadas como la realidad cotidiana del mundo romano que las circunda, hasta llegar a convertirse en la principal trama argumental.

La obra de Nuñez Alonso juega con la erudición religiosa, histórica y arqueológica. Parece el relato de un viajero curioso por el tiempo y el espacio. Como un nuevo Herodoto es corresponsal de la Historia, intercala anécdotas divertidas, conversaciones soeces, descripciones prolijas de vestimenta y comida, así como una exhaustiva visión de calles y palacios, templos y edificios públicos que hace mucho que no existen o que quizás no existieron nunca, pero que reviven con el mágico verbo de Alejandro Núñez Alonso.

Quizás los finales abruptos y poco trabajados, en una permanente historia abierta, el tufillo apologético moralista cristiano y la abrumadora cantidad de personajes sean lo peor de la obra, lo que no la hacen redonda, pero sin duda es la de un prosista magistral, con un vida tan intensa –Núñez Alonso fue pintor, escritor, corresponsal, periodista, empresario– que queda reflejada en sus libros con un amor tan intenso por el pasado que los que lo compartimos nos sentimos reflejados y subyugados.

Por eso, el olvido de este genio es tan injusto e innecesario. Solo tres obras suyas se han reeditado recientemente y desde su muerte en Canadá ha caído en el olvido, lo que es una atrocidad histórica, como escribiría él: Marduk testigo…


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Estudié Historia, porque ya que me refugiaba en el pasado me parecía lo más honesto conmigo mismo. Me licencié en 1985 en Historia Antigua, con trabajo final sobre Alejandro Magno, quién si no, y en 1988 acabé la carrera de Periodismo, para combinar mi amor por la Historia en general y por Alejandro en particular, con mi vena gacetillera. Y en 1992 me doctoré en Historia del Periodismo, todo en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, mi alma máter, salvo un escarceo de dos años en la mormona universidad de Bringham Young, donde hice un máster en Comunicación. Cosas de la poca edad. He ejercido poco como historiador, fui profesor suplente, también en la Facultad de Ciencias de la Información, y más como periodista, casi doce años en diferentes medios, como la Agencia EFE y France Press, hasta que la vida me ha llevado a otros sectores profesionales tecnológicos, eso sí en la editorial Santillana, que el mejor gadget es un libro, pero cada vez más alejados de mi añorado siglo IV a.C. Por cierto, mis sitios en la Red son: Alejandro es dios y La frase del día.

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