Nuevas tecnologías aplicadas a la arqueología

15 feb, 2012 por



Las nuevas tecnologías se han ido aplicando a todos los aspectos de nuestra vida, y la arqueología no ha sido una excepción. Dentro de aquéllas encontramos la infografía, es decir, el dibujo realizado por ordenador de yacimientos, edificios, objetos y de todo aquello que la mente de una persona pueda concebir. El límite es nuestra propia imaginación.

El patrimonio cultural llevado al papel

Grabado del Partenón de Atenas, de Ciriaco de Ancona.

El afán del ser humano por documentar visualmente nuestros monumentos por medio de ilustraciones comienza su andadura en la Edad Media. Pioneros como el francés Villard de Honnecourt (1200-1250), arquitecto o maestro de obras itinerante, o el italiano Ciriaco de Ancona (1391-1455), viajero y coleccionista de antigüedades, ilustraron de una manera científica para la época todos aquellos monumentos coetáneos o antiguos que fueron de su interés. De hecho, a Ciriaco de Ancona le debemos el primer grabado del Partenón de Atenas.

A medida que transcurren los siglos, otros pioneros como el escocés David Roberts (1796-1864), pintor romántico del que se conservan 248 litografías, muchas de ellas sobre Egipto y Nubia, no sólo se limitaban a ilustrar el monumento arqueológico sin más, sino que le dieron vida a través de idealizaciones añadiendo figuras de lugareños a escala diminuta.

Ya en el siglo XX, destaca entre otros el checo Zdenek Burian (1905-1981), aclamado por sus trabajos de reconstrucciones pictóricas paleontológicas y prehistóricas. Burian se atreve a representar escenas cotidianas del hombre prehistórico dentro de un contexto científico adecuado para su período. Sus ilustraciones ayudaron a paleontólogos y prehistoriadores a entender y explicar de una manera gráfica y más fácil los sucesivos hallazgos del Australopithecus, el Homo erectus, etc.

Estos ejemplos tienen un factor en común, que es la realización de las ilustraciones por medio de técnicas pictóricas como el grabado, boceto, etc., ya que no había otros medios para su elaboración.

La realidad y la arqueología virtual

En pleno siglo XXI, hemos sustituido las técnicas pictóricas por la infografía, que no es sino la elaboración de imágenes mediante ordenador a través de la realidad virtual, que es, a su vez, la “representación de escenas o imágenes de objetos producidos por un sistema informático, que da la sensación de su existencia real” (Diccionario de la Real Academia Española). A esa sensación se la llama fotorrealismo. No son verdaderas fotografías, sino imágenes que se aproximan bastante a la realidad. Cuando se refiere a la arqueología la denominamos arqueología virtual.

Este concepto fue propuesto por el historiador Paul Reilly en 1990, describiéndolo como “el conjunto de técnicas informáticas que permiten la visualización 3D de la representación virtual y realista de los objetos y edificios antiguos, cuyos restos han desaparecido o están en un estado de preservación tan deficiente que hacen imposible su observación o muy difícil su interpretación”.

El principal objetivo de esta rama de la arqueología no es otro sino la restitución virtual del patrimonio cultural que nos legaron nuestros ancestros, el cual no sólo se refiere a los restos materiales sino también a aquellos otros aspectos como la relación del ser humano con su entorno mediante, por ejemplo, reconstrucciones del paisaje.

 

Si en el marco de la investigación, lo que se busca con la arqueología virtual es ayudar a la creación y demostración de las hipótesis arqueológicas que plantean los científicos; en el marco de la difusión aquélla sirve para facilitar la comprensión del yacimiento arqueológico siempre que el modelo digital o restitución virtual cuente con un alto matiz pedagógico, ya que tiene que estar adaptado a cualquier tipo de visitante. Ambos marcos unidos, el de la investigación y el de la difusión, posibilitan una mayor atracción del público hacia su historia y fomentan otros intereses y valores como el turismo arqueológico.

 

La arqueología virtual e Internet

Otro factor que conviene tener en consideración es la relación entre la arqueología virtual e Internet, el medio de difusión más usado en el mundo.

Uno de los problemas con los que cuenta la mayoría de los yacimientos arqueológicos es su bajo nivel de importancia en la sociedad, ya que los ciudadanos en muchas ocasiones no saben ni que existen.

Aunque algunos yacimientos, con el caso paradigmático de Atapuerca, conocido en todo el mundo no sólo por sus descubrimientos sino también por el aparato propagandístico que posee en la red, la mayoría, como por ejemplo, la cueva Boquete de Zafarraya en Málaga (uno de los últimos refugios del Homo neanderthalensis en el mundo) solamente es conocida por los prehistoriadores, aficionados y habitantes del entorno. Pues bien, una reconstrucción virtual de dicha cueva que se pudiera visionar por Internet al estilo de la francesa cueva de Lascaux, facilitaría en gran medida ese galardón de difusora al que la arqueología como ciencia está obligada y, por tanto, aumentaría el interés del público en general y su nivel de importancia en dicha sociedad.

El uso de la arqueología virtual está teniendo un gran éxito entre el público en general. Ya hemos descrito cómo la capacidad de presentar una restitución virtual de un yacimiento arqueológico facilita el entendimiento de éste añadiéndole atractivo. Estos dos aspectos son los que hacen que la sociedad alcance interés por su propio patrimonio puesto que difícilmente se puede conocer y proteger algo si se desconoce.

Construcción de una casa romana (imagen del autor).

Algo habitual para la arqueología es lo excesivamente complicado que resulta para cualquier persona no especialista en la materia poder comprender un yacimiento viendo únicamente los restos encontrados, normalmente zócalos con poca potencia y cimentaciones de estructuras arquitectónicas. Para evitarlo, se solía recurrir a la reconstrucción física de una parte o de la totalidad del mismo provocando muchas veces daños irreparables. Por eso creo, al igual que otros muchos investigadores, que de haber algún tipo de restitución, ésta debería ser virtual.

La virtualidad posibilita la plasmación de las diferentes hipótesis en un modelo elaborado por ordenador garantizando la conservación de dicho patrimonio. Poseer una réplica digital de un yacimiento arqueológico facilita que en caso de destrucción o mala conservación sepamos cómo era. Además, cualquier modelo digital puede ser modificado constantemente sin perjuicio alguno.

No obstante, estos modelos tienen que tener un claro cariz epistemológico ya que uno de sus principales propósitos es la difusión y, por ende, hay que evitar cometer errores. Los arqueólogos tenemos el deber de hallar posibles incorrecciones, anacronismos, etc. en las restituciones que puedan llegar al público en general.

La restitución virtual arqueológica debe ser siempre complementaria al patrimonio arqueológico y en ningún caso, sustitutivo del mismo. Aunque podamos ver una réplica por Internet, por ejemplo de una cueva, nunca será lo mismo que visitarla físicamente pues no podremos ver o sentir el lugar donde está, las condiciones climáticas, etc.

El uso de las llamadas nuevas tecnologías aplicadas a la arqueología es útil y productivo siempre y cuando los objetivos se tengan claros. El arqueólogo debe saber para qué quiere emplearla, ya que se puede correr el riesgo de una utilización excesiva. Tenemos que entender estas herramientas al servicio de esta ciencia y nunca al revés y sobre todo, conocer los límites de la arqueología virtual y entender que no todo se puede hacer si no se tienen datos suficientes.

Son numerosos los trabajos y congresos celebrados relacionados con esta materia. Sin embargo, si miramos los autores de los mismos hay muy pocos arqueólogos. Muchos de ellos son ingenieros, arquitectos e incluso restauradores del arte. El motivo principal para la escasez de arqueólogos que trabajen en esta especialidad ha sido nuestra propia formación académica. ¿Cómo íbamos a usar estas tecnologías si ni si quiera sabíamos que existían? Este es un inconveniente que habría que subsanar mediante unos estudios donde las letras y las nuevas tecnologías coexistieran. Debido a este escollo, la creación de equipos multidisciplinares en este país se hace imprescindible si queremos llevar a cabo un proyecto de restitución virtual.

En un mundo globalizado, donde la información fluye de forma constante, esta tecnología, quizás, ya no debería de llevar el calificativo de nueva sino que tendría que estar inmersa en nuestra disciplina. De esta manera evitaríamos estar un paso por detrás con respecto a otras profesiones en la que las letras y la tecnología conviven.

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