Operación Baldur: sorpresa en Scapa Flow (y II)

29 feb, 2012 por



Viene de Operación Baldur: sorpresa en Scapa Flow (I)

 

El U-47 pasó todo el 13 de octubre de 1939 posado a noventa metros de profundidad, pocas millas al este de la base británica de Scapa Flow, en las Orcadas, esperando pacientemente la llegada de la noche.

 

En la guarida de la Royal Navy

A las 19:15, el submarino emergió y se dirigió hacia la boca de Holm Sound. Cuando el capitán salió a la torreta se llevó un buen chasco que estuvo a punto de hacerle abandonar la misión. Las suaves ondulaciones de las islas frente a él silueteaban temblorosamente ante un firmamento incendiado. Estaba contemplando una gloriosa aurora boreal. El hermoso espectáculo daba al traste con la oscuridad estimada necesaria para afrontar la parte más comprometida del acercamiento.

Durante cuatro horas, el submarino se acercó al archipiélago a medio gas, sumergiéndose ocasionalmente para dejar pasar al disperso tráfico de cabotaje que no advirtió su presencia. La marea, no obstante, arrastró al U-47 cerca de la boca del paso de Kirk Sound, más estrecho y peligroso.

Prien dirigió al submarino, con tan sólo la torreta emergida, hacia el hueco que se abría entre dos pecios hundidos y que cubría deficientemente una cadena sumergida y varios cables. El lapso entre los dos barcos de bloqueo no llegaba a los ocho metros, lo que significaba que Prien tenía poco más de un metro de margen para no encajar su buque entre ellos. En mitad de la maniobra, la quilla del U-47 se enganchó en la cadena. El submarino frenó en seco, cabeceó violentamente a estribor y encalló en una barra de arena.

Tras unos instantes de gran nerviosismo, Prien ordenó soplar los tanques de aire comprimido, meter toda la caña a babor y avanzar a toda máquina. Después de una lucha desesperada, la nave se liberó y salió al canal. Un poco más adelante, éste se ensanchaba y la corriente amainó. Furtivamente, habían penetrado en el santuario de la Royal Navy.

Tras la agonía de la entrada, comenzaba la no menos emocionante búsqueda de la presa. Prien avanzó al principio pegado a la línea de playa. Poco después, al pasar cerca de la aldea de St. Mary, los faros de un coche iluminaron súbitamente el submarino. Por un momento los oficiales alemanes pensaron haber sido descubiertos, pero el coche giró y continuó su marcha. El U-47 se separó de la costa y comenzó a cruzar la rada hacia el oeste. A pesar de que la visibilidad era excelente contra el fondo de la aurora boreal, Prien desesperaba por hallar un blanco. ¿Qué sucedía?

 

El nido vacío

El 26 de septiembre un reconocimiento aéreo alemán sobre la base había inquietado sobremanera al Almirantazgo británico. Poco después, el 9 de octubre, una poderosa flota compuesta por cuatro acorazados, once cruceros y un portaviones, junto con su escolta de destructores, había salido de Scapa Flow a repeler una incursión del crucero de batalla alemán Gneisenau en el mar del Norte. Aprovechando la salida, la mayor parte de las grandes unidades se retiró más tarde a la bases de Loch Ewe y Firth of Clyde, en la fachada occidental de Escocia, y a la de Firth of Forth, en el estuario de Edimburgo, consideradas más seguras. Apenas unos pocos buques de importancia quedaron en Scapa. Esta intempestiva provocación privó a buen seguro de muchas presas de importancia a Prien.

Tras recorrer unos cinco kilómetros hacia el interior de la rada y toparse con un guardacostas, el U-47 viró con rumbo nordeste. Por fin, el segundo oficial o IIWO, Amelung von Varendorff, divisó una gran silueta oscura. La chimenea, flanqueada por dos mástiles trípodes, y las cuatro baterías de grandes obuses delataban la presencia de un acorazado de la clase Revenge.

El acorazado británico HMS Royal Oak (foto Imperial War Museum Q 65784).

De hecho, se trataba del HMS Royal Oak, una unidad de 29.000 toneladas botada al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Su escasa velocidad punta de 20 nudos habría retardado al destacamento que salió a ahuyentar al Gneisenau, de manera que acompañado de los destructores HMS Matabele y HMS Sturdy había formado un escuadrón propio a retaguardia de la fuerza principal, tapando el hueco entre las islas Shetland y las Orcadas.

En su salida sufrió daños de poca importancia debido al mal tiempo y apenas dos días después estaba de regreso en Scapa. A pesar de estar algo anticuado seguía siendo un buque temible, con una andanada de 8 obuses de 15 pulgadas (381 mm) y 12 de 6 pulgadas (150 mm). Además, había sido reformado recientemente: poseía uno de los mejores equipos de radar de toda la flota y montaba 4 baterías dobles de 4 libras (102 mm) y 3 cuádruples de 2 libras (40 mm) como armamento antiaéreo, lo que entrañaba una pegada considerable. Fue precisamente su potencia de fuego lo que sellaría el destino del veterano acorazado, porque el Almirantazgo consideró que, en tanto se mejoraban las defensas antiaéreas de la base, el Royal Oak representaría un buen escudo para la importante estación de radar de Netherbutton.

Detrás del Royal Oak, los oficiales alemanes creyeron distinguir la proa de otro acorazado de la misma clase, el HMS Repulse. En realidad se trataba de un portahidroaviones mucho más pequeño, el HMS Pegasus, de 6.700 toneladas. Ante la ausencia de blancos más importantes, Prien decidió atacar a estos dos navíos. Dado que ambos se encontraban anclados y estáticos, el tiro era relativamente fácil. Por tanto, el U-47 maniobró hasta situarse en una posición de disparo bastante lejana, a unos3.000 metros.

(Elaboración propia.)

El fin del Royal Oak

Prien ordenó cargar los tubos lanzatorpedos para un ataque en superficie. Endrass calculó la trayectoria y el U-47 lanzó una primera salva de tres torpedos (el del cuarto tubo falló y bloqueó el dispositivo), dos hacia el Royal Oak, otro hacia el Pegasus a las 0:58 horas. Tras una carrera de tres minutos y medio, tan sólo uno de los torpedos alcanzó al acorazado justo en el ápice de la proa, arrancando las cadenas del ancla, atravesando el casco sin estallar y causando una pequeña conmoción. A bordo, la tripulación de 1.200 hombres dormía en hamacas y camarotes. También pernoctaba en el buque el contralmirante Henry Blagrove, jefe dela Segunda División de Acorazados.

El U-47 viró en redondo y lanzó otro torpedo desde su tubo popel que también falló. Prien dio orden a sus artilleros de recargar los tubos que aún funcionaban y volvió a colocarse en posición de disparo unas decenas de metros más a babor, estupefacto por el escaso éxito de su ataque.

En el cuarto de hora que los submarinistas alemanes tardaron en alistar de nuevos sus torpedos, el capitán del Royal Oak, William Gordon Benn, trató de discernir la causa de la explosión, que atribuyó al principio a una fuga en un pañol de proa en el que se guardaban pintura y queroseno. Mientras tanto, la mayor parte de los marineros volvió a sus compartimentos.

La segunda salva de tres torpedos del U-47 fue lanzada en su totalidad en un estrecho abanico contra la sección central del Royal Oak. A las 01:16 impactaron en rápida sucesión, atravesando la coraza blindada del casco del buque. Uno de ellos alcanzó probablemente la santabárbara de la torre C, donde se almacenaba cordita, el explosivo utilizado por la artillería del buque. Una enorme lengua de fuego serpenteó por los sollados del acorazado herido, quemando y asfixiando a decenas de hombres.

El pecio del Royal Oak en la actualidad. Se aprecian los impactos de los torpedos en la sección central y la proa (foto cortesía de Martin Dean, Saint Andrews University).

El Royal Oak se escoró rápidamente a estribor, hasta que la línea de ojos de buey de la cubierta inferior desapareció bajo la línea de flotación. Toneladas de agua entraron en el barco, escorándolo aún más.

Abarloada a babor del Royal Oak se encontraba la gabarra Daisy II. Su oficial al mando, el capitán de la reserva naval John Gatt acababa de ver asombrado cómo uno de los impactos del U-47 levantaba una enorme columna de agua de la altura del palo mayor del acorazado. Cuando éste comenzó a escorar de la banda contraria, la Daisy II fue literalmente izada del agua hasta que Gatt consiguió que cortasen los cabos que la ataban al gigante moribundo. Eran las 01:21.

La escora del Royal Oak sobrepasó los 45º y rápidamente capotó enseñando la quilla. A las 01:29 desapareció definitivamente, llevándose consigo a 833 marineros, incluido el contralmirante Blagrove. Había tardado menos de un cuarto de hora en hundirse. Gatt comenzó de inmediato la tarea de recoger supervivientes, muchos de ellos quemados por las explosiones, otros ateridos por el gélido mar, casi todos embadurnados e intoxicados por las fugas de petróleo que escapaban del casco abierto del Royal Oak. Entre los 386 infelices que salvó de las aguas se encontraba el capitán Benn, que estaba en el castillo de proa cuando su barco fue alcanzado por la segunda salva de Prien.

La portada del Sunday Graphic del día siguiente ya especula con un ataque submarino (Sunday Graphic, 15-10-1939).

Finalmente la lista de supervivientes ascendería a 420. Por su heroico comportamiento, Gatt recibió la Orden de Servicios Distinguidos (DSO), a pesar de ser técnicamente un civil. La nota más trágica fue la pérdida de 137 grumetes, jóvenes voluntarios que aún no habían cumplido los dieciocho años, que incluso motivó una pregunta parlamentaria al por entonces primer lord del Almirantazgo (es decir, el ministro de Marina), Winston Churchill.

 

Retorno y gloria

Mientras tanto, el U-47 se deslizó silenciosamente para marchar por donde había venido. Tenía prisa por salir, dado que la marea había cambiado y ahora las corrientes eran de entrada. Sin embargo, la escapada fue más fácil que la penetración, utilizando esta vez el hueco entre el pecio situado más al sur y el islote de Lamb. A las 02:15, justo una hora después de que su última salva mortal desventrara al Royal Oak, su verdugo se encontraba en mar abierto.

En un libro escrito por un periodista alemán después de su aventura, pero firmado por el propio Prien (Mi camino a Scapa Flow), se añade un poco de sal a la escapada, relatando que fue perseguido por destructores y que temía haber sido descubierto. Nada en los archivos de la Royal Navy permite confirmar este extremo, aunque ya al día siguiente los periódicos británicos especulaban con un posible ataque submarino.

El día 15, de regreso a Alemania, Prien mandó un mensaje a Dönitz, anunciándole su éxito. Al igual que en el trayecto de ida, el U-47 permaneció posado en el fondo durante el día, avanzando sólo por la noche. Para celebrar el éxito de la misión, Endrass dibujó con pintura blanca un toro furioso en la torreta del submarino, diseño que se convertiría en el emblema personal del U-47 y, más tarde, de toda la 7ª Flotilla “Wegener”, a la que estaba adscrita la nave.

A las 11 de la mañana del 17 de octubre, Prien y su submarino atracaban en el puerto de Wilhelmshaven. Inmediatamente toda la tripulación fue transportada, primero a su base de Kiel y luego en avión hasta Berlín, donde les esperaba un recibimiento apoteósico. Los marinos fueron paseados en coches abiertos bajo la Puerta de Brandemburgo ante una muchedumbre extática y recibidos en la Cancillería del Reich por el mismo Hitler, que impuso a Gunther Prien la Cruz de Caballero. El resto de la tripulación recibió la Cruz de Hierro de Segunda Clase.

Dönitz, ascendido a su vez a contralmirante, aprovechó para plantear al Führer su estrategia para la guerra marítima que se avecinaba y pedirle que incrementase la producción de submarinos. Fue el comienzo de su ascendiente ante el eufórico dictador, que no dejaría de incrementarse a lo largo de toda la larga y terrible contienda que acababa de comenzar. Los hombres del Arma Submarina se distinguirían enormemente en ella y sufrirían el mayor porcentaje de bajas de todos los servicios y de todas las potencias implicadas. Pero por el momento la Operación Baldur había conseguido su objetivo.

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