El culto al emperador a través de las virtudes en el Imperio romano (I)

21 mar, 2012 por



Roma fue fundada según la leyenda en el año 753 a.C. por Rómulo y Remo. A lo largo de su vasta historia conoció diferentes sistemas de gobierno: monarquía, república y finalmente imperio. Surgió como una ciudad, pero con el paso de los siglos conquistó y sometió bajo su mandato extensos territorios. Para cohesionar y unificar tal diversidad territorial se buscaron diferentes recursos, algunos de los cuales eran de tipo ideológico, y entre ellos, la religión tuvo un papel destacado.

Roma y la religión romana

 

Estatua de Augusto, conservada en los Museos Vaticanos.

Es desde Augusto (63 a.C.-14 d.C.) cuando empezamos a hablar de Imperio romano. Este emperador no sólo trajo una reforma política, sino también religiosa. Ésta última en parte le servía para legitimar y dar mayor fuerza a la primera. En esa renovación religiosa volvía a veces a las tradiciones antiguas que se habían abandonado y se mostraba reticente frente a los cultos extranjeros. Por otra parte, potenció el culto imperial, es decir, hacia la persona del emperador, que ya se estaba gestando en los últimos años de la república: César promovía el culto divino a su persona, y a su a muerte fue venerado como a un dios.

Augusto, hijo adoptivo de César, utilizaba la adoración divina hacia este último para proclamarse descendiente de los dioses y situarse así en un puesto privilegiado respecto al resto de la población: el del intermediario entre lo divino y lo humano. Todos los emperadores propulsarán ese culto hacia su persona, aunque mientras algunos buscaban una mayor humildad, otros requerían ser adorados como dioses en vida, no sólo después de muertos.

Dentro del culto al emperador cobraban importancia las virtudes imperiales. En las próximas líneas explicaremos por qué.

El culto imperial y las virtudes

La primera pregunta que nos hacemos es qué son las virtudes. Son personificaciones de ciertos conceptos abstractos. Cuando hablamos de religión, pensamos en la deificación de dichas abstracciones. Entre estas divinidades encontramos a Pietas (entendida como lealtad y cumplimiento con la religión, no con el significado que le damos en la actualidad), Victoria, Fortuna, Concordia, Salus, Clementia, Felicitas

El creyente nombra e invoca el favor que necesita a la deidad, pero piensa más en el favor que en la deidad. Por eso las virtudes tienen el nombre de aquello en lo que favorecen. El culto a las virtudes se hacía de forma parecida a otras divinidades. Tenían sus templos, altares, sacerdotes…

Por supuesto, estas virtudes ya existían en la época republicana y se adoraban en el ámbito doméstico. Pero a partir del Imperio, los emperadores romanos se apoderaron de algunas de ellas y les añadieron epítetos como Augusti o Augusta. El porqué de la difusión del culto de algunas virtudes imperiales es que adorar a una abstracción concreta, que es considerada una cualidad del gobernante, es en el fondo, adorar al propio mandatario.

Las virtudes imperiales son usadas si no en todas, en numerosas ocasiones, como meros símbolos políticos, a través de los cuales el monarca emite una propaganda. El culto a las virtudes imperiales y a través de ellas, al emperador, supondrá un elemento de cohesión entre todas las provincias del Imperio romano.

A partir de Augusto, los emperadores tomarán algunas de ellas como características de su propia persona, a través de las cuales se personifican, y deifican, sin necesidad de recibir la apoteosis (acto mediante el cual un emperador pasaba a ser un dios y que era decretado por el Senado). Por eso, según avanzamos en el período imperial encontraremos más virtudes ligadas al culto imperial. En cierta forma actuaban también como protectoras del emperador.

Una de las primeras virtudes a las que rindió culto Augusto fue Libertas, pues consideraba que había liberado al pueblo romano de un período de intrigas, y había acabado con Marco Antonio, cuya visión filo-oriental ya no era bien vista por los ciudadanos. Por otra parte, Augusto, con su habilidad política, no permitió que erigieran estatuas a su persona sino que debían estar dedicadas a Salus publica, Concordia o Pax, que realmente eran divinidades que le simbolizaban. Eran representaciones individuales del emperador, pero a la vez, y por ello precisamente, se identificaban con el bien de todo el Imperio.

Como las virtudes eran usadas políticamente por los emperadores, en el momento en que alguno caía en desgracia, aquellas que habían tomado como representaciones de sí mismos, dejaban de usarse.

 

Fuentes para el estudio de las virtudes

Las fuentes más usuales a la hora de acercarnos al conocimiento de las virtudes durante el Imperio romano son las monedas, las inscripciones y las estatuas.

Resulta francamente útil el estudio de la numismáticapara analizar las virtudes. A veces son las únicas imágenes que se tienen de una virtud concreta. Este medio además era muy usado por los emperadores como propaganda, pues resultaba la vía que mayores posibilidades de expansión de sus ideales tenía. Una moneda puede viajar largas distancias y difundir la iconografía representada en ella. A menudo en el anverso aparecía la imagen de un emperador, mientras que en el reverso se colocaba la figura de una de las virtudes con las que se identificaba. Además, la moneda, pese a su falta de espacio, resulta muy clara, pues tiene que dar la mayor información posible en el mínimo espacio.

Moneda datada en el 192 d.C. en la que vemos a la izquierda a un emperador y a la derecha a Fortuna, que lleva en su mano una cornucopia.

Se han encontrado diferentes inscripciones que hacen referencia a virtudes. Muchas de ellas están ubicadas en pedestales que estaban destinados a soportar el peso de la estatua de la virtud a la que se hace referencia en la inscripción. En muchas ocasiones, estas estatuas eran esculpidas mediante la iniciativa privada. A título personal, un individuo importante pagaba su fabricación. Las razones podían ser varias, desde que el dedicante fuera un sacerdote del culto a una virtud concreta o del culto imperial, hasta el deseo de acercarse al emperador y a las clases altas.

 

La iconografía de las virtudes, ¿cómo se representaban?

Para representar a una virtud lo que se hacía era rodear a una figura humanizada con diferentes atributos (una cornucopia o cuerno de la abundancia, un timón, una serpiente…) que hicieran posible su identificación. No obstante, dicha identificación resulta en algunos casos un tanto complicada, pues los atributos son a menudo compartidos por varias de ellas. Y, en ocasiones, la única forma de conocer la identidad de una virtud o deidad que aparece en una moneda, es la leyenda que se encuentra junto a la imagen. En cualquier caso, la representación de las virtudes también sufrió, obviamente, cierta evolución. Las virtudes además se entrecruzan. Por ejemplo, la salud del imperio es diferente a la piedad, pero para que un imperio tenga salud, necesita de la piedad, pues de otro modo, los dioses envían sus castigos.

Representación de una cornucopia o cuerno de la abundancia hallada en las termas romanas de Cartagena.

Éstos son algunos de los elementos que acompañan a las virtudes:

- La cornucopia es un símbolo recurrente que aparece como atributo de diferentes virtudes, de la misma manera que es símbolo atribuible a otras deidades mayores, como Ceres. Su significado es la abundancia, y como tal, también representa unas circunstancias favorables.

- La pátera, que está muy vinculada a la religión, pues se utiliza para realizar libaciones.

- La espiga aparece en virtudes que en un origen fueron relacionadas con la agricultura y fertilidad de la tierra. En su evolución, algunas de ellas ampliaron ese significado. A partir de entonces, a esas virtudes no solo se les rezaba para aumentar la producción agrícola, sino que se buscaba su ayuda y protección para obtener buenos rendimientos en todas las empresas que se pretendieran realizar, fuera cual fuese su naturaleza.

- El globo expresa en cierta forma universalidad. Por ello, es portado por virtudes como Fortuna, Providentia, Victoria (en este último caso podemos relacionarlo con la intención de expansión por prácticamente todo el mundo conocido).

 

El desenlace, en El culto al emperador a través de las virtudes en el Imperio romano (y II).

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