La Guerra Civil: pequeñas historias en el ámbito de la cultura (I)

Por . 5 marzo, 2012 en Siglos XIX y XX
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La Guerra Civil española (1936-1939) ha sido estudiada desde múltiples perspectivas, contemplada a partir de los numerosos ángulos y matices de una realidad observable, para el historiador, bajo prismas distintos y, como siempre que se adopte un modelo sistémico de análisis, complementarios. Solo valorando y teniendo en cuenta los acontecimientos políticos, bélicos, económicos, sociales, etc., correctamente contextualizados en el marco nacional español y, desde luego, en el del mundo del periodo de entreguerras, se puede ofrecer una sólida visión global de aquellos hechos tan decisivos en la historia de España.

Las líneas que siguen se centran, únicamente, en una de esas posibles posiciones de observación: la referente a la cultura. Y no lo hacen de un modo sistemático, sino pretendiendo exponer, bajo tipologías de las que escaparán casos concretos, una serie de pequeñas historias.

 

 

La muerte

 

Guerra y muerte

Dos palabras que en la lengua española (posiblemente, en todas las lenguas) van siempre de la mano. Trágica e indisolublemente unidas. Indisociables. La Guerra Civil española, que no fue una excepción, se cobró muchas vidas, entre ellas las de algunas personalidades que propiciaron que la cultura española sea lo que es. Cuatro pequeñas historias, solo cuatro…

 

Las cunetas

Detenido el 16 de agosto de 1936 en la casa de su amigo y también escritor Luis Rosales, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca fue fusilado horas después, en la madrugada del día 18 de ese mes, por causas que aún son motivo de debate y estudio (pero entre las que siempre se han contado algunas como su decidida defensa de la República y su homosexualidad). Dónde exactamente, aún no se sabe con certeza, pero muy posiblemente en alguna cuneta o paraje solitario en las cercanías del granadino barranco de Víznar.

Esas cunetas y parajes solitarios en las que a tantos les fue arrebatada la vida. En este caso, la de uno de los principales creadores en lengua española.

 

Las tapias del cementerio

Miembro de la generación del 98, Ramiro de Maeztu evolucionó ideológicamente desde una juvenil aproximación al socialismo moderado hasta tendencias más conservadoras, vinculadas a la firme defensa del catolicismo y el tradicionalismo.

Tal sentir está presente en dos de sus obras más famosas: La crisis del humanismo (1920) y Defensa de la Hispanidad (1934). A finales de julio de 1936, fue detenido y encarcelado en Madrid por fuerzas defensoras de la República. El 29 de octubre de ese año fue fusilado en el cementerio del entonces pueblo madrileño de Aravaca.

 

Paracuellos

Entre noviembre y diciembre de 1936, tuvo lugar uno de los episodios más controvertidos dela Guerra Civilespañola. Si el antifranquismo militante recordó siempre momentos como el bombardeo de Guernica entre los iconos de la barbarie, los fusilamientos de Paracuellos fueron el contrapeso de la balanza esgrimido desde la opción ideológica opuesta para argüir la crueldad, violencia y arbitrariedad del enemigo.

En el contexto de la batalla de Madrid, millares de presos partidarios de los rebelados fueron trasladados desde las prisiones en que estaban recluidos hasta Paracuellos del Jarama, municipio próximo a la capital donde fueron fusilados sistemáticamente por milicianos republicanos. Una de las víctimas de aquellos sucesos fue el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, autor de una de las obras más populares del teatro español, La venganza de don Mendo.

 

La cárcel y la enfermedad

Un pastor autodidacta, capaz de convertirse en uno de los emblemas de la poesía contemporánea hispana y de asir sin dudarlo un arma para defender la causa republicana, en cuanto esto fue necesario. Miguel Hernández, militante del Partido Comunista de España (PCE), mantuvo una doble actividad en el transcurso de las hostilidades: empuñando su fusil como miliciano (primeramente, en el mítico 5º Regimiento) y escribiendo poemarios de guerra como Viento del pueblo y El hombre acecha. Concluida la contienda, fue capturado. Pasó por diversas cárceles antes de morir, en una de Alicante, como consecuencia de la tuberculosis contraída en prisión.

 

La movilización interior de las fuerzas defensoras de la II República

 

La Alianza

El 30 de julio de 1936, pocos días después de iniciarse la contienda, se fundó en Madrid la denominada Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura (más conocida por el nombre abreviado de Alianza de Intelectuales Antifascistas).

Alumbrada como rama española de la Asociación Internacionalde Escritores para la Defensade la Cultura(establecida en París un año antes), a ella estuvieron adscritos los nombres de los principales autores españoles comprometidos con la esencia de aquel organismo (la defensa de la cultura y el sistema democrático frente a la agresión fascista al Gobierno republicano del Frente Popular); entre ellos, la filósofa María Zambrano, el cineasta Luis Buñuel y los poetas Luis Cernuda, el ya mencionado Miguel Hernández y Rafael Alberti.

 

El poeta militante, el poeta en la calle

Afiliado al PCE, el poeta Rafael Alberti desplegó tras la proclamación de la II República y durante la Guerra Civil un intenso activismo como militante político y como creador literario, quedando esta última faceta al servicio de la primera. Fruto inequívoco de ambas fue la obra El poeta en la calle, cuyos poemas, publicados a lo largo de la década de 1930, vieron la luz de forma conjunta en 1938 bajo el mencionado título.

 

Bibliotecas en el frente

Fracasada en Madrid la sublevación, los alzados, decididos en un primer momento a tomar la capital para un triunfo inmediato, marcharon sobre ella desde diversos frentes. Las columnas del general Emilio Mola bombardearon Guadarrama desde la vertiente segoviana del Alto del León, defendido desde la madrileña de forma espontánea por milicianos, cuyas familias eran atendidas por los ayuntamientos y organizaciones de asistencia como Socorro Rojo.

Más tarde, llegarían al frente de la sierra refuerzos de nuevos milicianos, ya encuadrados en compañías. Fueron las primeras de ellas las Compañías de Acero, organizadas por el 5º Regimiento de Milicias Populares, el 5º Regimiento del PCE en el que ya dijimos que militaba Miguel Hernández, cuyo origen se encuentra en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), creadas por el propio PCE.

Pues bien, de forma simultánea a todo este esfuerzo defensivo, nacieron en Madrid diversas organizaciones (cuyos integrantes eran igualmente considerados milicianos) dedicadas a la extensión de la cultura, que igual organizaban actos que establecían bibliotecas (algunas de ellas volantes, transportando libros a los frentes de guerra). Entre estas organizaciones –que también desempeñaban una importante función de propaganda política- cabe mencionar a Cultura Popular, que desarrolló sumisión cultural entre las bombas que los aviones alemanes Heinkel y Junker, y los italianos Caproni no tardaron en dejar caer, a diario, sobre Madrid.

Puedes continuar leyendo en La Guerra Civil: pequeñas historias en el ámbito de la cultura (y II).


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Soy madrileño. Estudié Geografía e Historia en mi entrañable Complutense, especializándome en Historia Contemporánea. Desde 1995 hasta 2008, fui editor de Ciencias Sociales, y luego de Historia, de la Enciclopedia Encarta; allí fui formado en el oficio por profesionales de la talla de José Luis Ibáñez Salas y Miguel García del Río, gracias a los cuales, en ese pequeño patio de vecinos que es el mundo editorial, efectué también años después diversas colaboraciones para Santillana Educación y Ediciones SM. Hasta que recalé en el puerto de CTO Editorial. Pero un espíritu inquieto vive de emociones y retos; y hay sueños pendientes, que se identifican con los de Anatomía de la Historia. Sueños que han de ver la luz (¡ah!, aunque no lo crean, el viejo flexo rojo todavía funciona…).

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