La primera rebelión de esclavos de Sicilia, 135-132 a.C. (parte uno)

11 abr, 2012 por



Aunque a todos nos viene a la cabeza la figura de Espartaco cuando hablamos de una rebelión de esclavos en la Antigüedad, lo cierto es que la revuelta liderada por él no fue la primera ni la única de la que tenemos noticia enla Historia antigua, aunque sí es, seguramente, la que mejor conocemos.

 

Monumento a Euno, Castello di Lombardia, Enna (Sicilia).

La existencia de una institución que comportaba la supresión de la libertad de los individuos (un derecho considerado fundamental e inalienable en el mundo actual) y que reducía a los hombres y a las mujeres al estatus de objetos sobre los que se podía tener la propiedad, provocó, como era de esperar, diversos movimientos de resistencia, tanto en época griega como en época romana, protagonizados por esclavos que ansiaban recuperar la libertad y acabar con un trato y una situación injustas.

La isla de Sicilia fue el escenario de dos de estas rebeliones de esclavos, las cuales, aunque no disponemos de demasiada información sobre ellas, nos permiten conocer algo más la actitud de aquellos que sufrían una situación de total sometimiento no solo a la autoridad de sus dueños, sino también a las estructuras jurídicas de la sociedad en la que vivían.

En este artículo nos vamos a centrar en la primera de estas revueltas serviles sicilianas, la que se inició, seguramente, en el año 135 a.C. y que perduró hasta el año 132 a.C. y que, aunque no posee protagonistas tan famosos y legendarios como el tracio Espartaco, el gran campeón de los oprimidos, nos posibilita profundizar algo más en la vida y en las ilusiones de una población que aunque había perdido la mayoría de sus derechos, cargaba sobre sus espaldas un porcentaje nada despreciable de la producción económica de uno de los estados más importantes y duraderos dela Antigüedad.

 

Historia de Sicilia previa a las Guerras Serviles

La isla de Sicilia se convirtió en el año 241 a.C., tras la victoria de Roma sobre Cartago en la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.), en la primera provincia romana fuera de la península Itálica. Esta nueva situación llevó a que diversas ciudades de la isla suscribieran tratados con Roma mientras que otras fueran consideradas ciudades libres. El resto se vieron obligadas a pagar tributo a la vencedora. El dominio romano supuso, además, la confiscación de parte del territorio siciliano, que fue convertido en Ager Publicus (propiedad del Estado romano), más tarde arrendado a propietarios privados.

Sicilia fue de nuevo uno de los escenarios bélicos de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), por lo que Roma tuvo que invertir nuevos esfuerzos militares para controlar la isla, lo que supuso un importante grado de devastación y la imposición definitiva del dominio romano. Sicilia se convirtió, más tarde, en una de las bases de abastecimiento de la capital del Lacio, debido a su gran riqueza agrícola y ganadera, lo que la llevó a ser considerada el primer granero de Roma.

La provincialización de la isla facilitó la llegada de propietarios y latifundistas romanos que, junto a los de origen griego y siciliano, volvieron a hacer productivas sus propiedades. Para ello adquirieron grandes cantidades de esclavos que fueron destinados a la explotación agrícola y al cuidado de rebaños ganaderos.

La mayor parte de la mano de obra esclava provenía de las regiones del Oriente mediterráneo, territorios donde Roma desarrolló a lo largo del siglo II a.C. una exitosa política de expansión militar. En la mayoría de los casos la derrota de las fuerzas enemigas, y la toma y el saqueo de poblaciones y ciudades enteras, permitía a los comandantes romanos hacerse con un gran número de cautivos, que más tarde eran vendidos como esclavos. A este sistema de aprovisionamiento se sumaban, también, la piratería, la propia actividad comercial o la reproducción natural de los mismos esclavos.

El mercado de esclavos, cuadro de Gustave Boulanger.

Hemos de tener en cuenta que la esclavitud ya era conocida en Sicilia antes de la llegada de los romanos, ya que la isla había formado parte de la órbita socio-económica helenística, la cual conocía y utilizaba la mano de obra esclava en sus procesos de producción. El dominio romano solo conllevó una potenciación de este modelo económico, hecho que fue posible gracias a la gran disponibilidad de esclavos. Sicilia, pues, se convirtió en uno de los destinos principales de esta mano de obra servil, al existir en ella grandes propiedades agrícolas y una importante producción ganadera, actividades económicas ambas que necesitaban de una numerosa fuerza de trabajo.

Con el tiempo la población esclava en Sicilia fue en aumento. Si bien los estudios demográficos son difíciles de realizar para la Edad Antigua, debido a la falta de información y a lo impreciso, muchas veces, de la misma, se han intentado realizar estimaciones aproximativas del número de habitantes en la isla en aquella época. Así, según algunos cálculos orientativos, la población siciliana en tiempos de Cicerón (primera mitad del siglo I a.C.) se ha calculado entre los 600.000 y el 1.000.000 de habitantes. La proporción de esclavos estaría situada entre el 15% y el 35% de la población, por lo que su número podría ascender a un total de entre 90.000 y 350.000 esclavos.

Éstos, sin embargo, no formaban un grupo social homogéneo sino que tenían orígenes diversos (aunque la mayoría provenía de las regiones del Mediterráneo Oriental), y dedicaciones también distintas, situación ésta que hacía que sus condiciones de vida fueran desiguales, y que dependieran, además, de la actitud que sus propietarios mostraran hacia ellos.

 

Condiciones de vida y de trabajo de los esclavos

Por lo que respecta al trato de los esclavos hemos de tener en cuenta que, aunque sus dueños tuvieran una posesión total sobre sus personas, no representaban más que otra de sus propiedades, como lo podían ser las herramientas o los animales, cuya adquisición les suponía, normalmente, un coste económico. Tenemos que abandonar, pues, la idea de un maltrato constante y generalizado del propietario hacia sus esclavos, aunque el cine y la literatura nos puedan hacer creer lo contrario, ya que un esclavo herido o dañado dejaba de ser productivo, temporal o permanentemente, una situación, sin duda alguna, muy alejada de los intereses de los propietarios. Ahora bien, lo dicho no implica que no se pudiera castigar o maltratar a los esclavos rebeldes e insubordinados, o que no existieran casos de propietarios que trataran de forma cruel a sus esclavos, en cuyo caso la arbitrariedad y los excesos cometidos por aquéllos no tenían límite alguno. Aunque hemos de tener en cuenta que esta última situación no debería ser, ni mucho menos, la más frecuente.

En la mayoría de los casos las condiciones de vida de los esclavos no debían de superar el nivel de subsistencia, en el sentido de que cualquier extra del que disfrutasen podía ser considerado por su dueño como una pérdida económica o productiva. Así, pues, los propietarios proveían a sus esclavos de la ropa necesaria (túnica, manto, y calzado) de una calidad poco más que adecuada y de las raciones de alimentos para su manutención, que incluían, entre otros productos, trigo, vino, olivas, aceite y sal, si bien se tendería a proveer lo mínimo suficiente para asegurar su supervivencia y la realización de sus tareas asignadas. A los esclavos domésticos se les proveía de una vestimenta más ostentosa y de mayor calidad que a aquéllos destinados a tareas agrícolas, ya que además de las labores que realizaban en la vivienda de sus dueños, mostraban a los visitantes la riqueza y el estatus de sus propietarios.

Pintura mural que muestra a diversos esclavos romanos vendedores ambulantes de alimentos.

Por lo que respecta a su alojamiento en las propiedades agrícolas, los esclavos habitaban en las cellae familiae, estancias en las que dormían y en las que existía cierto grado de vida comunal. Dependiendo del tamaño de estos espacios, los esclavos también podían trabajar y comer en ellos, por lo que normalmente proveían de un muy reducido grado de intimidad a sus ocupantes. Los siervos insubordinados y conflictivos acostumbraban a estar encadenados y se les encerraba en prisiones o celdas privadas llamadas ergástulas, que solían ser subterráneas.

Los esclavos dedicados a la ganadería y al pastoreo, abundantes en el territorio siciliano, disfrutaban de una mayor libertad de movimientos, debido a que tenían que conducir sus rebaños a través de largas distancias. Sin embargo su situación era más precaria, ya que sus dueños no acostumbraban a proveerles de la comida ni de la vestimenta necesaria, confiando en que ellos mismos se alimentaran de la carne y la leche proveniente del ganado que tenían a su cargo y se vistieran con las pieles de los animales que pudieran cazar. Así, pues, obligados por la necesidad, estos esclavos se podían convertir en auténticas bandas de malhechores, armados con lanzas y garrotes para proteger sus rebaños e intimidar a los habitantes de los territorios por donde circulaban, a los que podían robar e incluso matar, hecho que los convertía en un peligro sin control a lo largo del territorio siciliano.

Podemos ver, pues, cómo en Sicilia existían las condiciones idóneas para que se produjera una rebelión de esclavos: no solo se concentraba en la isla una gran número de ellos, sino que la mayoría provenía de las regiones del Mediterráneo Oriental, hecho éste que facilitaba la comunicación entre ellos y les permitía organizarse de una forma mejor. Hemos de tener en cuenta, además, que gran parte de los esclavos habían conocido la libertad, y solo la habían perdido tras ser derrotados en el campo de batalla o al ser capturados durante el saqueo de sus territorios y ciudades, tras lo cual habían sido trasladados a territorio romano y forzados a trabajar las propiedades de otros en servidumbre, algunos de ellos en unas condiciones bastante deplorables.

Esta situación que se sumaba a un contexto de desorden e inseguridad en la isla originado por el mismo sistema de producción económica, generó las condiciones necesarias para que se produjera en Sicilia la primera rebelión de esclavos que se opuso a la expansión del dominio político y militar que Roma estaba imponiendo a lo largo y ancho del Mediterráneo.

Continúa en La primera rebelión de esclavos de Sicilia, 135-132 a.C. (parte dos).

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