Agustín Argüelles, el espíritu de “La Pepa”

2 may, 2012 por



Según los cronistas de la época, el entierro de Agustín Argüelles se convirtió en una de las más impresionantes manifestaciones de duelo que se habían producido en Madrid hasta el momento. Líderes del partido progresista y miembros del partido moderado, junto a no menos de cincuenta mil personas que de manera espontánea acompañaron al féretro, quisieron rendir homenaje a uno de los políticos más relevantes de su tiempo.

Reconforta saber que, en un país tan acostumbrado a entregar al olvido, o a la indiferencia, la memoria de quienes lo han engrandecido, los contemporáneos de Argüelles supieron reconocer el protagonismo del más claro valedor del liberarismo español del siglo XIX.

Argüelles fue el diputado más activo en las deliberaciones previas a la confección del articulado de la Constitución de 1812. Quedaron sus valores políticos, conceptuales y filosóficos reflejados en esos debates y en la redacción del Discurso Preliminar de nuestra primera Carta Magna. La igualdad de todos ante la ley, la libertad de prensa y la fraternidad que alentaba el rechazo a la esclavitud y la tortura iluminaron, desde el eco de las palabras de Argüelles, los primeros pasos del constitucionalismo español y el camino irrenunciable hacia la modernidad.

 

De Ribadesella a Cádiz

Agustín de Argüelles Álvarez González nació en la localidad asturiana de Ribadesella el 18 de agosto de 1776. Fue el pequeño de siete hermanos en una familia hidalga de cierto peso social. Los primeros estudios los recibió en su propia casa, ya que entonces no estaba generalizada la enseñanza pública universal. Un clérigo francés, huido del anticlericalismo imperante en Francia tras la Revolución, ejerció de maestro del niño Agustín quien, de ese modo, y con la influencia de visitantes asiduos al hogar de los Argüelles, como Melchor Gaspar de Jovellanos o el hispanista lord Holland, recibió enseñanzas de las más variadas disciplinas, amén de las de italiano, francés e inglés, antes de su ingreso en la Universidad de Oviedo en 1790.

En Oviedo estudió Filosofía y posteriormente ingresó en la Facultad de Leyes, donde obtuvo el título de bachiller en Derecho. No obstante, no llegó a ejercer como abogado, ni tampoco como profesor enla Universidad, ya que rechazó ese puesto al sentirse más inclinado por la carrera diplomática. En esa carrera estuvo a punto de iniciarse de la mano de Jovellanos, quien le pidió que le acompañase en su destino como embajador español en Rusia. Ese viaje no llegó a realizarse, ya que su mentor sería nombrado ministro de Gracia y Justicia un mes más tarde.

El primer trabajo de Argüelles fue como secretario del obispo de Barcelona, el también asturiano Pedro Díaz Valdés. De Barcelona pasó a Madrid, donde comenzó su andadura como funcionario, a las órdenes de Leandro Fernández de Moratín, en la Secretaría de Interpretación de Lenguas entre 1800 y 1805. En ese año accede al puesto de oficial en las oficinas de la Contaduría General, puesto en el que se encontraba cuando recibió el encargo de una misión diplomática en Londres.

En 1806, los británicos se apoderan de Buenos Aires y, con el fin de fortalecer las relaciones con Reino Unido, el gobierno español decide enviar un comisionado a Londres. Argüelles cumplía los requisitos de dominar el idioma y ser un completo desconocido para Francia, enemiga por entonces de Reino Unido pero aliada de España. La misión fracasó debido a la desconfianza de los británicos hacia Godoy, jefe del gobierno español. No obstante, Argüelles permaneció tres años en Londres, donde perfeccionó el idioma y, sobre todo, conoció el sistema parlamentario británico, sus instituciones y un sistema judicial que, a diferencia de España, ya había abolido la tortura y ofrecía todo un conjunto de garantías jurídicas y procesales. Estos conocimientos serán, a la postre, de gran importancia para el futuro de nuestro país ya que Argüelles los utilizaría como base para la reforma constitucional, judicial y administrativa plasmada enla Constitución doceañista.

En Londres cultivó su amistad con lord Holland, a quien conocía desde la infancia, y coincidió con sus paisanos el conde de Toreno y Andrés Ángel de la Vega, compañeros en el bando liberal en las futuras Cortes de Cádiz.

Argüelles se encontraba, por tanto, en Londres al tiempo de los primeros levantamientos en España contra el invasor francés que darían en la llamada Guerra de la Independencia española. Y allí permaneció, como orientador y colaborador en las gestiones de Toreno y De la Vega como comisionados de la Junta de Asturias. Con ellos regresó a su provincia natal y, en 1809, se inscribió como soldado, aunque es licenciado debido a su edad, treinta y tres años, y su poca salud. Así, marcha a Sevilla, nueva sede de la Junta Central, donde, en calidad de diputado por Asturias, sería nombrado secretario de la Junta preparatoria para la reunión de Cortes, presidida por Jovellanos.

A pesar de la amistad de Jovellanos con el padre de Agustín, se produjeron entre ambos notorias disparidades de criterio. Coincidían en cuestiones de economía como la libertad de industria, la desamortización civil y eclesiástica y el fin de los gremios o la supresión de las aduanas interiores, pero Argüelles consideraba caducas las ideas políticas conservadoras de Jovellanos y el gijonés, temeroso de que el ideario liberal condujese a una revolución, entorpeció los trabajos preparatorios tanto como pudo. Como resultado de esto, las Cortes, convocadas para el 1 de enero de 1810, no se inauguraron hasta septiembre de ese año.

Disuelta la Junta Central, las nuevas Juntas preparatorias de las Cortes continuarían su labor en Cádiz, sin la presencia de Jovellanos y con la decisiva actividad de Argüelles.

 

En las Cortes de Cádiz

 

Argüelles fue el principal orador en las Cortes de Cádiz. Ningún otro diputado intervino más que él, como podemos comprobar mediante el estudio del Diario de Sesiones de Cortes que se conserva en el actual Congreso de los Diputados.

Su presencia física, alto y de ojos brillantes, su capacidad de oratoria, por la que obtuvo el apodo de el Divino, y su estilo apasionado contribuyeron a que su voz fuese la más vigorosa puerta de entrada del ideario liberal en las deliberaciones de los constituyentes.

En sus intervenciones personales y en la decisiva redacción del Discurso Preliminar, quedó la impronta de unos valores que a los ojos de hoy, cuando se conmemoran los doscientos años de aquellos hechos, no pueden ser más que motivo de admiración, respeto y hondo orgullo.

El mejor testimonio de la contribución de Argüelles ala Constituciónde 1812 y, por ende, a la modernización y engrandecimiento de España, lo encontramos en sus propias palabras extraídas de sus intervenciones en los debates o del Discurso Preliminar:

Esclavitud

“Infame tráfico, opuesto a la pureza y liberalidad de la nación española. […] Comerciar con la sangre de nuestros hermanos es horrendo, es atroz, es inhumano».

 

Igualdad ante la ley

“La ley ha de ser una para todos;  y en su aplicación no ha de haber acepción de personas. De todas las instituciones humanas, ninguna es más sublime ni más digna de admiración que la que limita en los hombres la libertad natural. […] A su vista todos aparecen iguales, y la imparcialidad con que se observen las reglas que prescribe será siempre el verdadero criterio para conocer si hay o no libertad civil en un Estado.”

 

Libertad de prensa

“Como nada contribuye más directamente a la ilustración y adelantamiento general de las naciones y a la conservación de su independencia que la libertad de publicar todas las ideas y pensamientos que puedan ser útiles y beneficiosos a los súbditos de un estado, la libertad de imprenta, verdadero vehículo de las luces, debe formar parte de la ley fundamental de la Monarquía, si los españoles desean sinceramente ser libres y dichosos”.

 

Supresión de la tortura

“No pudiendo subsistir en vigor en el código criminal de España ninguna ley que repugne a los sentimientos de humanidad y dulzura que son tan propios de una Nación grande y generosa, sin ofender la liberalidad y religiosidad de los principios que ha proclamado desde su feliz instalación el Congreso Nacional, pido que declaren abolida las Cortes la tortura, y que todas las leyes que hablan de esta manera de prueba tan bárbara y cruel como falible y contraria al objeto de su promulgación, queden derogadas”.

 

Separación Iglesia-Estado

“Es imposible que haya paz en las naciones mientras se pretenda que la religión deba de influir en la forma de gobierno que aquellas adopten, o lo que es lo mismo, que la Iglesia sea la que forme constituciones temporales para el régimen de los pueblos. Semejantes doctrinas son subversivas de todo orden social; y no podrá jamás haber ni libertad ni independencia en un Estado en que los legisladores se dirijan por semejantes principios.”

 

Separación de poderes

“La experiencia de todos los siglos ha demostrado hasta la evidencia que no puede haber libertad ni seguridad, y por lo mismo justicia ni  prosperidad, en un Estado en donde el ejercicio de toda la autoridad esté reunido en una sola mano. Su separación es indispensable.”

 

Inquisición

“Yo renuncio a vivir en un país que deja la administración de la justicia en los puntos de que conoce la Inquisición al arbitrio de hombres que juzgan en el secreto sin más regla que su discreción, sus luces y su moralidad. […] Mas cabalmente este proceder arbitrario es una de las más fuertes razones que hacen urgentísimas su abolición. Los reglamentos inquisitorios hacen estremecer a todo el que los lea; En ellos están violadas todas las reglas de la justicia universal. […] La historia de las vejaciones, de los escandalosos atropellamientos, de los absurdos cometidos por la Inquisición en todas materias, son las causas justificativas de su abolición.”

Si bien no consiguió que todas sus propuestas cristalizaran en artículos de la Constitución−como la abolición de la esclavitud o la separación Iglesia-Estado− no obstante, su voz fue la más escuchada durante todo el periodo constituyente y sus palabras quedaron grabadas, además de en el Diario de Sesiones, en la memoria del liberalismo español y en su influencia para futuras constituciones.

 

Hasta el día de su entierro

Argüelles, al igual que la mayor parte de los liberales que habían tenido que ver en la redacción de la Constituciónde 1812, resultó detenido tras el regreso de Fernando VII y del absolutismo en mayo de 1814. Fue condenado a ocho años de prisión en Ceuta, aunque cuatro años después se le trasladó a la cárcel mallorquina de Alcudia, donde empeoraría significativamente su salud.

Con el regreso del liberalismo en 1820, tras el pronunciamiento de Rafael del Riego, fue nombrado ministro de la Gobernación en un gabinete denominado “de los presidiarios” porque todos sus miembros habían estado en la cárcel en los seis años anteriores. Ese gobierno en pleno dimitió un año más tarde, debido a la conocida como “crisis de la coletilla”: el rey, Fernando VII, añadió unos párrafos por su propia cuenta una coletilla al discurso de apertura de las Cortes de 1821, en los que criticaba duramente a su propio gobierno.

En la siguiente legislatura Argüelles volvió a salir elegido diputado por Asturias pero, en 1823, cuando Fernando VII traicione una vez más el juramento de la Constitucióny deponga la autoridad de las Cortes y acabe mediante las armas con los días del Trienio Liberal ayudado por tropas francesas, nuestro hombre será condenado a muerte y huirá a Londres, donde permaneció diez años en el exilio. Década Ominosa. Ese es el nombre por el que es conocido ese tiempo de regreso al absolutismo.

Argüelles, en esos años, vivió gracias a las ayudas económicas del conde de Toreno y a una pequeña pensión que recibía como bibliotecario de su amigo Lord Holland. En Londres escribió el Examen histórico de la reforma constitucional, libro en el cual demuestra que no han variado ni un ápice sus valores ni su forma de pensar respecto a la Constitución de 1812. También critica dos aspectos de esa ley magna: que los miembros del gobierno no pudieran ser diputados y asistir a las sesiones de las Cortes (art. 95), y la prohibición del ejercicio de cualquier religión salvo la católica (art. 12), “error grave, funesto, origen de grandes males, pero inevitable”.

Regresa Argüelles del exilio en 1834, muerto ya el rey traidor. Es elegido procurador y participa en la redacción de la Constitución de 1837, aunque sin el ánimo con que lo hiciera para la de 1812. Esta vez será Salustiano de Olózaga, liberal como él, quien inspire la nueva Constitución, aprobada en junio de 1837. En ese mismo mes, Argüelles fue elegido presidente de las Cortes y tres años más tarde disputará con Espartero el puesto de regente tras la abdicación de la reina viuda María Cristina. No consiguió los votos suficientes y, un año más tarde, es nombrado de nuevo presidente del Congreso y tutor de la reina Isabel II durante la minoría de edad de ésta.

Agustín Argüelles falleció de una apoplejía en la madrugada del 26 al 27 de marzo de 1844. A pesar de haber ostentado importantes cargos a lo largo de su vida, murió pobre, casi en la indigencia. No se había enriquecido de ningún modo por su servicio público.

Aunque de Argüelles nos queda en varias ciudades su recuerdo a través de calles, plazas, estatuas, barrios y hasta estación de metro, lo que perdurará siempre en la memoria de todos nosotros son los valores, el ejemplo y las convicciones de un hombre libre y de buenas costumbres.

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2 Comentarios

  1. daniel criado frende

    NO… NOOOO, “la pepa”, NO. La unica intencion de los diputados al elegir el 19 de marzo, fue contrarrestar la celebracion del santo del rey Jose por parte de los franceses.

  2. Daniel, gracias por tu comentario.

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