¿Cómo surgió la escritura?

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La mayoría de las personas más o menos cultas darían una respuesta rápida y sencilla a esta pregunta. La escritura, dirían, nació en la antigua Mesopotamia, y en concreto en el seno de la cultura sumeria, tres o cuatro mil años antes de Cristo. Y lo hizo como resultado de la necesidad que tenían los sacerdotes de llevar un preciso registro de cuantas mercancías entraban y salían de los graneros y almacenes de los templos que administraban en nombre de la divinidad.

Los más instruidos, o dueños de conocimientos históricos más vastos, añadirían, quizá, que esas primeras manifestaciones de la escritura se denominan cuneiformes en alusión al aspecto de cuña que presentan sus signos, grabados con un punzón de sección triangular sobre tiernas tablillas de arcilla sin cocer. Posteriormente, concluirían, la escritura se extendió a Egipto, donde adoptó la forma de los célebres jeroglíficos, en su origen también pictogramas o dibujos que representaban seres y objetos, para figurar después también acciones y estados y convertirse más tarde en una escritura fonética.

En otros lugares como la Creta minoica, China, la India o Mesoamérica, la escritura habría seguido una evolución similar, también ligada de forma inexorable al incremento significativo del volumen de los excedentes agrarios y, desde luego, al nacimiento del Estado.

Esta teoría parece lógica y convincente, porque resulta coherente con lo que hemos visto hasta ahora. Casi todo lo que el hombre inventó después de abandonar por la fuerza su cómoda y milenaria existencia como cazador-recolector para encorvar día tras día su espalda sobre los caprichosos campos de labor lo hizo por necesidad, y esta necesidad en concreto, la de escribir, no pudo surgir antes. Los clanes nómadas apenas poseían nada duradero que guardar y menos aún nada de lo que llevar cuentas. Los animales, las raíces y las bayas de que se alimentaban estaban ahí; se consumían o no, pero no podían guardarse en graneros, así qué ¿para qué contarlos y registrar el resultado?

Se objetará que aquellos pueblos primitivos no tenían, es cierto, nada que contabilizar, pero sí, desde luego, mucho que contarse, y esas historias podían haber propiciado la invención de la escritura. No obstante, vivían en grupos pequeños, de modo que les bastaba con el lenguaje oral para trasmitirse entre ellos lo que quisieran, y también entre su generación y la siguiente. Los mitos, las leyendas y las sagas, nunca escritas, pero nunca olvidadas, cumplían con creces esa misión. Y si algo debía hacerse presente de otro modo, más visual, para que todos los integrantes del grupo pudieran contemplarlo o reunirse en torno a ello, simplemente se pintaba o grababa sobre las inmutables paredes de las cuevas.

Los pueblos de cazadores y recolectores, en suma, no necesitaban la escritura; y tampoco requerían de ella los primeros agricultores y ganaderos, cuyos excedentes eran tan escasos que carecía de sentido registrar su volumen. Son, en suma, las primeras civilizaciones estatales las que pueden con todo derecho reclamar la autoría de los primeros signos merecedores del nombre de escritura.

Sin embargo, no han faltado descubrimientos que han puesto en tela de juicio tan contundente afirmación. Ya desde hace mucho tiempo se tiene constancia de la existencia de signos de carácter posiblemente simbólico muy anteriores a la escritura sumeria. Sabemos, por ejemplo, que la llamada cultura Vinča, un pueblo de agricultores y ganaderos que habitó en los territorios del sureste de Europa entre el séptimo y el sexto milenio a.C., produjo ya caracteres que podrían considerarse pictogramas. Y no hace mucho, en el 2005, se hallaron en la provincia china de Henan signos de carácter geométrico grabados sobre caparazones de tortuga que fueron datados también en época neolítica, hacia el sexto milenio a.C. aproximadamente.

Como era de esperar, los defensores de la teoría tradicional han descartado que estos hallazgos puedan considerarse una verdadera escritura. En su opinión, no irían más allá de una suerte de protoescritura más cercana al arte que a la escritura misma. Pero ¿acaso resulta tan fácil de deslindar la frontera entre una y otra manifestación del espíritu humano? ¿Qué decir, entonces, de los signos grabados por el hombre primitivo en las paredes de las cuevas que le servían de hogar? ¿Resultaría entonces también disparatado afirmar que esas primeras manifestaciones artísticas del hombre fueron algo más que arte? ¿No podríamos, en realidad, encontrarnos ante el primer lenguaje escrito de la humanidad?

Aunque parezca sorprendente, es lo que sostiene la más moderna teoría sobre el origen de la escritura, formulada por el paleontólogo italiano Emmanuel Anati a comienzos de la década de 1990. Después de estudiar y registrar más de veinte millones de signos grabados en las paredes de las cuevas de todo el mundo, llegó a la conclusión de que resultaba posible ver en ellos más que simples dibujos. Bien al contrario, además de pictogramas que representaban objetos, personas y animales, había también ideogramas, que hacían alusión a conceptos como la fecundidad o la caza, e incluso psicodramas, que figuraban estados de ánimo, nada distinto o inferior, pues, a los primeros signos de la escritura sumeria o egipcia.

De ser así, tendríamos que adelantar bastante el origen de la escritura. Ya no hablaríamos de cinco milenios, sino de cuarenta, pues los primeros signos grabados en las paredes de las cuevas, que se encuentran en Tanzania, en el sureste del continente africano, datan de unos cuarenta mil años antes del presente. Y, sobre todo, no serviría la explicación tradicional que vincula excedente, Estado y escritura.

El hombre quizá inventó la escritura por necesidad, sí, pero no se trató de una necesidad económica, sino espiritual, la arraigada y muy humana necesidad de comunicarse. Algo que ya defendiera hace mucho tiempo el prestigioso lingüista Noam Chomsky al afirmar que todos los seres humanos llevan impresa en su mente los rudimentos de una gramática universal que la relación con los adultos tan sólo despierta. ¿Acaso no poseía esos rudimentos el cerebro del hombre de Neandertal y por ello no produjo su cultura ningún tipo de símbolo en las paredes de las cuevas?

La respuesta es compleja y aún está en el aire. Es posible que un estudio sistemático del arte parietal del Paleolítico Superior, que está aún lejos de completarse, nos permita alcanzar el consenso. Mientras, la explicación tradicional sigue siendo la más convincente. ¿O no?


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La historia me gustó desde muy pequeño. Como a casi todos los historiadores, el gusanillo empezó a picarme con las películas de romanos. Mi otra vocación, la docencia, llegó por entonces. A los veintitrés años aprobé la oposición y empecé a dar clases. En un instituto de la madrileña localidad de Alcorcón. Pero llegó la LOGSE y con ella mi primera plaza en propiedad. ¡Sorpresa! No era en un Instituto de Bachillerato, sino de Formación Profesional. Y de Historia, poco. Casi me tocaba explicar de todo menos Historia. ¿Cómo reaccioné? Empecé el doctorado. Y así descubrí mi tercera vocación: escribir. Primero escribí sesudos trabajos de investigación, libros gruesos como ladrillos que nadie lee, pero decoran los estantes de muchas bibliotecas universitarias, y me hice doctor en Historia Contemporánea. Pero con el tiempo lo tuve más claro: enseñar me gustaba más que investigar, pero escribir seguía gustándome mucho. La salida sólo podía ser una: la Historia divulgativa. Me puse a ello. Maeva publicó mi primer libro, una Historia de Occidente contada con sencillez; Nowtilus, un encuentro providencial, todos los que la han seguido. Y van cinco. No vivo de ello, por supuesto. Vivir de esto es muy difícil. Por el camino me hice inspector, y de ello como. Pero no os relajéis: os amenazo en firme con escribir muchos más. Ah, y nací en 1966 en Guadalajara. Por acabar por el principio.

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  1. gravatar Javier Responder
    febrero 12th, 2016

    me gustaria añadir que el primer parrafo esta muy completo

  2. gravatar Javier Responder
    febrero 12th, 2016

    Gracias por este texto mejorara mis resultados academicos.
    Da gusto ver que hay personas que saben justo lo que necesitas.

  3. gravatar mistica sandoval Responder
    octubre 10th, 2015

    Gracias me sirvió de mucho sus relatos sobre como sigue el lenguaje literario muchas gracias ..

  4. gravatar Rubén Darío Pimentel Responder
    enero 9th, 2015

    Tomo una idea vertida por Ignacio Merino: «La idea de que la escritura nace exclusivamente de la necesidad de contabilizar los excedentes del Estado primitivo mesopotámico es un postulado reduccionista más del materialismo dialéctico, que pretende explicar la evolución humana simplemente con la lucha de clases, sus causas y efectos.» Pues resulta que hoy día, no ocurre igual en los tiempos atrás donde la clase obrera jugaba un papel importante, la tecnología ha sustituido a esa clase obrera de tal manera que solo quedan pequeñas porciones. La verdad es que la escritura surge por una necesidad imperiosa de expresan de la lengua. En los tiempos del Diluvio Universal se hablaba el mismo idioma. Cuando los habitantes del mundo salieron de la región oriental, encontraron una llanura en la región de Sinar y allí se quedaron a vivir. Un día se dijeron unos a otros. «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos en el fuego.» Así, usaron ladrillos en lugar de piedras y asfalto natural en lugar de mezcla. Después dijeron: «Vengan, vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. De este modo no tendremos que dispersarnos por toda la tierra.»
    Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y pensó: «Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo. Es mejor que bajemos a confundir su idioma, para que no se entiendan entre ellos.»
    Así fue como el Señor los dispersó por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. En ese lugar el Señor confundió el idioma de todos los habitantes de la tierra, y de allí los dispersó por todo el mundo. Por eso la ciudad se llamó Babel (En hebreo, Babel y la palabra que significa confusión tienen un sonido parecido.)
    Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineludible de un lenguaje global.
    El verdadero problema del lenguaje, cómo doblegarlo y moldearlo, cómo hacer de él nuestra libertad, cómo reconquistar sus posos envenenados, es acerca de la uniformidad. Pero como el lenguaje es valor: es la habilidad para concebir un pensamiento, decirlo y, diciéndolo, hacerlo realidad. En la actualidad estamos confundidos como si nos encontráramos en la Babel de sus orígenes. Es como si se palpara las pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo.

  5. gravatar carolina Responder
    noviembre 16th, 2014

    este es un muy buen articulo me sirbio de mucho

  6. gravatar Antonio Responder
    octubre 4th, 2014

    Soy consciente de que este humilde comentario sólo tiene una relación tangencial con el artículo publicado. Pido disculpas por ello, pero no me resisto a hacerlo, dada la perplejidad que me ha causado el párrafo que reproduzco a continuación: ¿el hombre cambió su “cómoda y milenaria existencia como cazador-recolector para encorvar día tras día su espalda sobre los caprichosos campos de labor”. ¿Cómoda la una y esforzada la otra? Creo que basta con observar brevemente las escasísimas comunidades de cazadores-recolectores que sobreviven hoy en día para refutar de plano esa afirmación. Por lo demás, felicidades tanto por el sitio como por las aportaciones. Un cordial saludo.

    • gravatar jose Responder
      agosto 16th, 2015

      Totalmente de acuerdo contigo, el autor está muy equivocado

      • gravatar Luis Íñigo Responder
        enero 11th, 2016

        Lo siento, pero que en la actualidad existan pocas comunidades de cazadores-recolectores no prueba nada: también existen muy pocas de agricultores itinerantes por el fuego, de pastores nómadas y de agricultores en general. Pero esas comunidades a las que te refieres -pongamos por caso los !kung del Kalahari- trabajan infinitamente menos que cualquier comunidad de agricultores de cualquier época de la historia; dedican la inmensa mayoría de su tiempo al ocio, y carecen de jueces, policías, ejércitos, impuestos, jefes, machos dominantes…. Si el ser humano abandonó todo ello, desde luego no fue por gusto.

  7. gravatar Aitor Pérez Blázquez Responder
    marzo 12th, 2014

    Buenas tardes :

    Hoy he usado en clase de primero tu artículo, tanto para Sociales como para Lengua . Enhorabuena por la facilidad con la que has trasmitido el tema y su carácter didáctico, sirviéndose de ejemplo además de texto expositivo.

    Un saludo.

  8. gravatar Felipe Responder
    diciembre 11th, 2012

    Personalmente prefiero el concepto “protoescritura”, el argumento del psicodrama mencionado en este artículo no es suficiente para considerar cualquier manifestación humana como escritura.

    Recomiendo vivamente “La Historia comienza en Súmer” de S. Noah Kramer un clásico para bucear en los primeros textos de la historia.

  9. gravatar Angel Rodríguez Cardona Responder
    mayo 29th, 2012

    Como siempre, en tus artículos se aprende algo nuevo sin dejar de lado todo aquello que lo enriquece para lograr tener una visión global del tema que tratas. Enhorabuena y gracias por instruirnos deleitándonos.

    • gravatar Luis E. Íñigo Responder
      mayo 30th, 2012

      ¡Cuánta generosidad! Se nota la amistad que me profesas…

  10. gravatar Ignacio Merino Responder
    mayo 29th, 2012

    La idea de que la escritura nace exclusivamente de la necesidad de contabilizar los excedentes del Estado primitivo mesopotámico es un postulado reduccionista más del materialismo dialéctico, que pretende explicar la evolución humana simplemente con la lucha de clases, sus causas y efectos. Como dice el artículo, existen factores psicológicos de necesidad de comunicación, pero también de expresión (el origen del arte), compilación de leyes y creencias, correspondencia entre poderosos, etc. Y algo muy importante: la escritura como vehículo de la memoria, una forma de consignar saberes, leyendas, tradiciones e historia, desafiando el tiempo.

    • gravatar Luis E. Íñigo Responder
      mayo 30th, 2012

      Lo que dices es cierto. Se ha necesitado mucho tiempo para que el gran atractivo que poseen las explicaciones basadas en el materialismo histórico, por lo general coherentes y sencillas si no se desciende de la pincelada gruesa de las grandes corrientes de la Historia al trazo fino de los detalles, se rindan ante la incontesbale avidencia de las pruebas que, en algunos casos, han tardado mucho en llegar.