Celestino V: el papa santo que abdicó (I)

18 jul, 2012 por



A finales del siglo XIII, un ermitaño elegido papa ocupó brevemente el trono de San Pedro antes de abdicar por considerar inapropiado la función papal con la dedicación a una vida santa y evangélica. Se trata sin lugar a dudas del acontecimiento más singular en toda la historia del Papado.

 

Los orígenes históricos de los cónclaves 

En la quinta sesión del Segundo Concilio de Lyon en 1274, el papa Gregorio X estableció por vez primera en su constitución Ubi Periculum, en el marco de la elección del pontífice, el Cónclave (que significa ‘lugar cerrado con llave’, pero también, por extensión, ‘asamblea de los cardenales reunidos para elegir al papa’).

De hecho fue con este papa que dicho término aparece por vez primera en las instituciones de la Iglesia católica.

 

Gregorio X, padre del Cónclave

No obstante, la singularidad histórica de este nuevo estatus “electivo” no se debe a las instancias eclesiásticas como cabe esperar, sino sorprendentemente a la “acción popular”, exasperada por la excesiva demora de la elección de aquel papa (Gregorio X). La demostración de fuerza e indignación del pueblo sentó las bases, más allá de unas circunstancias inauditas, de un nuevo modus operandi respecto al mecanismo de la elección papal.

Veamos brevemente las secuencias de aquel culebrón medieval, pues merece sin duda ser mencionadas.

Después del fallecimiento del papa Clemente IV, acaecida el 29 de noviembre de 1268, los cardenales reunidos en la ciudad italiana de Viterbo para la elección de un nuevo pontífice, se demoraron casi tres años antes de otorgar su beneplácito mediante sus votos a un nuevo papa. Esta vacante desencadeno un movimiento de ira popular que iba a cambiar las cosas…

Entre los 18 cardenales reunidos para proceder a la elección del sucesor de Clemente IV, reinaba la más absoluta divergencia. Por más que lo intentaban no llegaban a ponerse de acuerdo.

Fue entonces cuando los ciudadanos de Viterbo decidieron de mutuo acuerdo encerrar con llave (cum clave) a los cardenales, confinándolos en un recinto cerrado a cal y canto, sin que ninguno pudiese escapar…

Como ni eso bastaba, el pueblo tomó medidas drásticas que adquirieron tintes dramáticos con el paso del tiempo para los cardenales encerrados, que fueron casi privados de alimentos y de leños para calentarse en medio de los rigores del invierno. Al final, en vista de la resistencia de los cardenales que seguían sin ponerse de acuerdo, los ciudadanos de Viterbo optaron, en un acto de histeria popular, por arrancar en medio de un frío invierno el techo del edificio donde estaban reunidos los cardenales.

Frente a la furia del pueblo y amenazados sin duda de perecer de frío y de hambre, los cardenales se vieron forzados en última instancia en consensuar sus votos. Y así eligieron a Teobaldo Visconti, que por aquel entonces se encontraba en San Juan de Acre. El 27 de marzo de 1272 el papa elegido adoptó el nombre de Gregorio X. Y una de sus primeras medidas fue establecer el Cónclave como norma obligatoria para la elección del pontífice.

 

Antecedentes traumáticos de la elección papal en el siglo XIII

Sin embargo, con todo rigor histórico, hubo otros precedentes similares que retrasaron  con demoras notables el acceso al solio pontificio, aunque no alcanzaron el zenit de la elección de Gregorio X. Recordemos por ejemplo lo acontecido en Perugia, cuando el pueblo por primera vez, a la muerte de Inocencio III en 1216, encerró a los cardenales en el Palacio Pontificio para forzales a elegir un nuevo papa (en dicha ocasión eligieron a Honorio III).

Asimismo, al fallecer Gregorio IX en el año 1241, habían ocurrido hechos semejantes debido a la demora excesiva de los cardenales. En aquella  ocasión fueron los romanos quienes encerraron a los cardenales, después de una vacante de la sede pontificia de dos meses, en la otrora fortaleza de Septimio Severo, y consiguieron finalmente que se eligiera a Celestino IV (una elección efímera, pues aquel papa falleció 18 días).

Y, a la muerte de Gregorio X en 1276, el colegio cardenalicio, rehusó acatar las normativas en materia de Cónclave de Gregorio X. Aquel año, tres papas se sucedieron brevemente y el último, Juan XXI (quien decidiera saltarse el nº 20 por considerarlo un error de numeración en el Liber Pontificalis), derogó sin más contemplaciones la Ubi Periculum de Gregorio X. Hasta su reanudación, en 1294, volvieron a transcurrir varios episodios de vacantes de la sede papal que abarcaron meses.

Cuando fue elegido Celestino V, el papa que aquí nos interesa, la sede pontificia, a la muerte de Nicolás IV (el primer papa franciscano), llevaba vacante algo más de dos años. Bajo el pontificado de Celestino V se restauraron las disposiciones del Cónclave establecidas por Gregorio X.

Finalmente, sería Bonifacio VIII quien incorporaría la Ubi Periculum al Derecho canónico, hacia 1298.

Finaliza en Celestino V: el papa santo que abdicó (y II)

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