La aventura del Emden, crucero ligero alemán

16 jul, 2012 por



De vez en cuando surgen algunos libros que nos atrapan desde el principio. La aventura se puede encontrar en cualquier parte, hasta en la misma realidad. Y no es una paradoja. Eso es lo que ocurre cuando se lee Emden. Las hazañas del famoso crucero alemán en los mares de Oriente.

El segundo oficial del buque, el capitán de fragata Hellmuth von Mücke, escribió en 1914 las peripecias del crucero en los primeros meses de la Gran Guerra, esa que llamamos ahora Primera Guerra Mundial. Como decía antes, no hace falta que la aventura sea aportada por la imaginación desbordante de Salgari, O’Brian, Verne… basta con narrar lo que ocurrió en los mares de la China y en el Índico.

Estacionado en la colonia alemana de Tsingtao, el Emden (118 metros de eslora, 3.000 toneladas de desplazamiento, 10 cañones de 105 mm y varias ametralladoras) levó anclas para entorpecer en la medida de lo posible el comercio británico.

Misión suicida, pues estaba solo en aquel empeño. Me imagino que conocerán la peripecia del imperio colonial alemán desde finales del siglo XIX, pues imagínense el poder militar de los británicos. Esas circunstancias adversas no le impidieron hundir hasta 16 buques mercantes aliados y bombardear la ciudad de Madrás y su depósito de combustible. Hundió además dos buques de guerra, el crucero ruso Zemciug y el cañonero francés Mousquet.

Los éxitos del SMS Emden causaron gran respeto y admiración en quienes eran sus enemigos, —los británicos, como toda la vida— dada la caballerosidad demostrada por Karl von Müller, el primer oficial, hacia sus prisioneros y por su imaginativa audacia y valentía frente a oponentes tan apabullantes.

Cuando se enfrentó al crucero pesado HMS Sidney en la batalla de la isla de Cocos, 30 de diciembre de 1914, era una sombra del buque que había salido de China. Pudo destruir antes la estación de radio… y poco más, pues la mitad de la tripulación estaba herida. La batalla fue corta, un fulminante cañoneo del Sidney que lo dejó hecho un amasijo de acero para acabar encallado deliberadamente en la isla norte.

La aventura —si una guerra entre naciones se puede llamar así— acabó con la tripulación presa en la isla de Malta y el segundo oficial retenido en Gran Bretaña. Sabemos que, después de escribir el libro que comentamos, Mücke se hizo ferviente pacifista, pues fue encarcelado otra vez, pero en esta ocasión en un campo de exterminio nazi. Pudo sobrevivir y murió en 1956 tranquilamente en su casa. El último viaje del SMS Emden se considera en nuestros días, con razón, una épica historia naval.

Tal vez el sentido de la aventura que nos ha transmitido la literatura anglosajona sobre los conflictos bélicos, acabó, como otros tantos sueños, con la Gran Guerra. Basta echar un vistazo a imágenes como la reproducida aquí para sentir el zarpazo de lo indómito.

Hay que bajar del puente de mando. La tripulación del crucero ligero alemán Emden fue internada en Malta en condiciones muy poco deseables durante más de una década. Nos asombran sus uniformes tropicales para una tripulación que provenía del norte de Europa y sus salakots que evidencian la impronta de los británicos, y las maneras de los oficiales que reciben el cargamento humano en una de las minúsculas posesiones de Su Majestad en el mundo. El Imperio, siempre el Imperio. Más honores se llevó, en cambio, la insignia de proa, pues fue recibida por Paul von Hindenburg cuando era presidente de la República en 1933, poco antes de fallecer y llegar al poder Hitler.

La aventura, aunque bélica, deja azorados a los lectores en el siglo XXI, pues creemos que no es más que una historia salida del ingenio de un escritor. Von Mütcke (1889-1956) dejó constancia de los sucesos, lo único que nos queda es esperar la llegada de un productor que ponga en pie un guión cinematográfico. La Historia, evidentemente, la escriben los vencedores y, si sus empresas están radicadas en Hollywood, mucho mejor.

 

Emden. Las hazañas del famoso crucero alemán en los mares de Oriente

 

Hellmuth von Mücke

 

 

Traducción: Carlos Salas

 

Inédita, 2009 (ed. original de 1914)

192 páginas

 

 

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