Los posts de Anatomía de la Historia para Facebook (III)

29 ago, 2012 por



5 de junio

La Guerra de Flandes, o de los Países Bajos, enfrentó a la Monarquía Hispánica con sus súbditos de Flandes desde 1566 hasta 1648. De hecho, fue asimismo parte de la llamada Guerra de los Treinta Años, y una de las razones de la intervención… española en la misma.

El genovés Ambrosio de Spínola, al frente de las tropas españolas, rindió la ciudad neerlandesa de Breda, en la región de Brabante, un 5 de junio. Era 1625 y la cosa aun no pintaba mal del todo para lo que se le avecinaba a los Austrias hispanos.

Pero aquella conquista ha sido más conocida por un lienzo. Aquel en el que se representa la entrega a Spínola de las llaves de la ciudad de Breda a cargo de su gobernador, Justino de Nassau. La rendición de Breda, más conocido como Las lanzas, lo pintaría años después un pintor genial, Diego de Silva Velázquez, para el madrileño palacio regio del Buen Retiro. Hoy lo podemos disfrutar en el Museo del Prado.

7 de junio

Tenía 25 años, era guardia civil, destinado en Guipúzcoa aunque nacido en Galicia, y un día como este de junio de hoy, que es 7, pero del año 68 del pasado siglo, recibía un disparo en la cabeza, mientras inspeccionaba un vehículo que le había llamado la atención, y luego otros cuatro más en su pecho. La pistola de la que salían las balas mortales la acababa de usar un nacionalista vasco radical, .tan radical como su determinación para usar un arma con la que luchar contra una dictadura que sojuzgaba a sus vecinos tanto o, al menos a sus ojos, más que lo que sojuzgaba a cuantos ciudadanos se hallaban sometidos a un régimen aupado sobre un golpe de Estado devenido en guerra civil.

Ese era el primer crimen de lo poco que aun queda del franquismo en esta España en la que hoy, nuevamente, no sabemos a qué atenernos: la organización terrorista ETA, surgida por culpa del régimen de Franco hace ya tanto tiempo.

Aquel joven muerto el 7 de junio de 1968 a manos de quienes durante sus primeros años llegaron a gozar de la simpatía -ahora imaginamos que muy arrepentida- de quienes orgullosa y valientemente luchaban con todos sus (pocos, generalmente) medios a su alcance contra el dictador, aquel muchacho que inauguraba para su desgracia el tristísimo reparto de asesinados por el nacionalismo radical vasco, aquel funcionario del Estado que había decidido ganarse la vida trabajando en una de las máquinas represoras habitualmente usadas por el régimen franquista aunque aquel aciago día de junio cumplía en teoría las funciones de un simple guardia de tráfico, con excesivo celo eso sí, aquel ser humano se llamaba José Pardines Arcay.

Su compañero aquella jornada luctuosa no recibió ningún disparo, pero once años más tarde, los terroristas de ETA le asesinaron delante de su esposa, como si matando a Félix de Diego cerraran el círculo que arrancaba en junio de 1968 pero que en aquel 1979, lejos de acabar, solo era un año más en la asquerosa cronología de la radical manera de entender la política como un combate a muerte en el que los muertos son las alimañas exterminadas en el altar de la nación que, siempre, es una entelequia por la que matar es pertinente cuando no obligatorio.

 

8 de junio

1968. Un día como este, 8 de junio, un delincuente habitual llamado James Earl Ray, de cuarenta años, era arrestado en Londres acusado del asesinato de Martin Luther King, que había tenido lugar dos meses antes en un motel en la ciudad de Memphis, cuando el religioso estadounidense saludaba a sus seguidores.

Pastor de la Iglesia baptista y sobre todo líder incansable y señero del movimiento para la defensa de los derechos fundamentales (lo que los angloparlantes llaman civil rights), Martin Luther King venía promoviendo una encomiable campaña a favor de la resistencia no violenta frente a la discriminación racial, algo que le había valido ser desde 1964 premio Nobel de la Paz, un galardón tan indiscutible como apropiado.

En marzo de 1969, James Earl Ray sería sentenciado a 99 años de cárcel. La viuda y los cuatro hijos de King lograrían que en 1998 se abriera una nueva investigación, poco antes de que falleciera el propio asesino confeso. El 8 de diciembre del año siguiente, un jurado popular determinará que Martin Luther King había sido la víctima de una conspiración, no solo de un asesino solitario.

Desde 1986, el tercer lunes de cada mes de enero es fiesta nacional en Estados Unidos, en honor de una de las personalidades de mayor prestigio moral de cuantas hayan logrado el reconocimiento popular en los últimos siglos, pero también, como no podía ser de otra manera, para conmemorar el palpable reconocimiento de los derechos civiles de la población negra.

 

14 de junio

 Nacida en 1858, la inglesa Emmeline Goulden creció imbuida por el necesario sufragismo de su tiempo británico, e incluso se casó en 1878 con Richard Marsden Pankhurst, un abogado que defendía la igualdad de derechos de la mujer. De ese matrimonio nacerían las auténticas herederas del espíritu sufragista de quien es considerada sin lugar a dudas una de las más importantes personalidades del siglo XX: Chirstabel, en 1880; y (Estelle) Sylvia, dos años después.

Encarcelada en distintas ocasiones, Emmeline llegó a mantener huelgas de hambre para protestar por sus a todas luces injustos confinamientos.

Un 14 de junio, como es hoy, falleció en Londres. Era1928, y solo habían transcurrido tres meses desde que se otorgara en su país el derecho al voto femenino equiparable al masculino. Quedaba un largo recorrido, pero la señora Pankhurst, Emmeline Pankhurst, había transformado su tortuoso devenir en un ejemplo inmortal.

 

22 de junio

Era 1906. En una localidad hoy polaca, aunque austrohúngara en aquellos tiempos anteriores a la debacle de la Gran Guerra, llamada Sucha y renombrada cincuenta años más tarde como Sucha Beskidzka, nacía un día como este de junio, un 22, Samuel Wilder, a quien su mamá apodará Billie para que años más tarde, cuando la centrifugadora de la Historia le arroje hacia el país más rico del mundo, él mismo… se haga llamar Billy. Billy Wilder. Dios a decir del cineasta español Fernando Trueba y de muchos entre los que se encuentra quien esto escribe.

Dios Wilder es el responsable de algunas de las más altas cotas de creatividad artística de cuantas fueran los seres humanos capaces de plasmar en el por tantas razones vomitivo siglo XX, una centuria en la que el responsable de Con faldas y a lo loco entre otras joyas inmortales fue destacado protagonista algunas veces muy a su pesar, como cuando hubo de enterarse de que los horrendos dirigentes de la Alemania que asolaba Europa se encargaban de acabar con la vida de su madre y aun de otros de sus familiares, un horror del que el mismo se libró cuando un año después del ascenso al poder de Hitler y sus secuaces se exilió en Francia, para ya en 1935 lanzarse a la aventura americana que le convertiría en uno de los más geniales directores y guionistas de cine de la historia de ese arte.

A la descacharrante Con faldas y a lo loco, podemos añadir otras cumbres cinematográficas como las que siguen, que certifican la inmensa categoría humana y artística de una persona sin par: Días sin huella, Perdición, El crepúsculo de los dioses, Testigo de cargo, El apartamento, Uno, dos, tres, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, Primera plana o Aquí, un amigo. La obra gigantesca de un cínico tan tierno como certero.

 

26 de junio

California, 26 de junio de 1945. Hoy hace sesenta y siete años. La firma de la Carta de las Naciones Unidas como acto final de la primera de las conferencias de San Francisco (la segunda se reuniría seis años después para determinar los términos de la paz con Japón) serviría para asentar las relaciones internacionales tal y como aun las conocemos al elaborar el documento fundacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Aquella Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional había comenzado dos meses antes, el día 25 de abril, para finalizar ese 26 de junio tras la asistencia de representantes de 50 países con la firma de un documento acordado un día antes, compuesto por 111 artículos, la Carta de las Naciones Unidas, que entraría en vigor cuatro meses después, luego de que fuera ratificada por la mayoría de los estados signatarios. No por España, desconsiderada al estar gobernada por una dictadura nacida del apoyo del derrotado Eje nazifascista.

 

 

5 de julio

Han transcurrido 58 años desde que el joven estadounidense Elvis Aaron Presley grabara su primer disco comercial en la ciudad de Memphis, en el estado de Tennessee. Aquel microsurco contenía en la cara A la canción That’s all right, que había sido escrita por el bluesman Arthur Crudup en 1946, si bien con otro título (That’s all right, mama). Catorce días después de aquel día 5 del mes de julio, saldría ese single a la venta con la canción Blue moon of Kentucky en la cara B.

Nacido el 8 de enero de 1935 en Tupelo (Mississippi), Elvis Presley pasaría a la Historia de la música como uno de sus adorados oficiantes a los que un rendido culto mundial les coloca en el más alto grado celestial de las criaturas surgidas de las cenizas del Occidente causante de dos guerras mundiales en el siglo XX.

Elvis con su madre, Gladys Love Smith, en 1956.

En 1953, ya Elvis había acudido a los estudios que el sello discográfico Sun Records tenía desde hacía un año en la ciudad de Memphis para grabar algunas canciones como regalo de cumpleaños para su madre. Como quiera que el propietario de la disquera, Sam Phillips, se quedara absolutamente impresionado de sus cualidades artísticas, un año después el joven cantante en ciernes entró, acompañado del guitarrista Scotty Moore, en aquellos estudios de Tennessee para dejar su huella primigenia para siempre en las páginas de la memoria popular.

Si Elvis es considerado por muchos como un auténtico dios y es difícil encontrar a alguien en todo el planeta Tierra que no sepa quién es, quien fue o quien seguirá siendo, el sello discográfico de Sam Phillips tiene en su haber memorable la imbatible alineación de músicos imprescindibles siguientes, que dejaron su arte en los vinilos prensados por Sun Records: Johnny Cash, Carl Perkins, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis, B. B. King o Howlin’ Wolf.

 

20 de julio

20 de julio de 1923, en once años será una efeméride centenaria, es el día en que mataron a Pancho Villa.

Como no está muy claro quién pudo hacerlo, aunque hipótesis más o menos creíbles las hay, baste decir que se le asesinó cuando, aquel día de verano mexicano, el tantas veces nombrado Centauro del Norte se dirigía a una fiesta familiar en el municipio de Hidalgo del Parral, en el estado de Chihuahua. Emboscada es la palabra más usada a este respecto.

Francisco Villa no es el sino el sobrenombre, aunque más común aun fuera el de Pancho Villa, de Doroteo Arango, nacido en 1878 en Río Grande (San Juan del Río, en el estado de Durango).

Proscrito por defender a su hermana, en 1900 correteaba más fuera que al borde de la ley por tierras de Chihuahua, de forma que, cuando se gestara cerca de 1910 lo que habría de ser el nacimiento de la Revolución Mexicana, quien ya solo fuera conocido como Francisco o como Pancho pero siempre Villa estaba digamos en el ojo del huracán.

A las órdenes del general Victoriano Huerta, fue ascendido nada más y nada menos que a general brigadier honorario, aunque se le condenó a muerte por insubordinación y en el año 12 hubo de fugarse de la cárcel militar, huyó hacia el rico vecino estadounidense del norte para residenciarse en la texana El Paso y un año después cruzar clandestinamente la frontera con el objeto de luchar contra Huerta del lado de Venustiano Carranza. Congregó su propio ejército, controló el estado de Chihuahua y en 1914 provocó la derrota de su enemigo Huerta.

Junto al otro gran legendario guerrero revolucionario, Emiliano Zapata, entrará en la ciudad de México en noviembre de ese año 14, luego de enemistarse con el mismísimo Carranza. En marzo de 1916 atacó una ciudad estadounidense, la de Columbus, razón por la cual la expedición al mando de John Joseph Pershing trató sin éxito de capturarle en territorio mexicano.

Tras el asesinato de Carranza en 1920, a Pancho Villa le fue reconocido el grado de general de división tras ser amnistiado y se retiró cerca de Hidalgo del Parral… hasta que en un día de julio del año 23, gobernando Álvaro Obregón, quien se había encargado de alguna manera de someterlo, …

 

No es lo mismo Juegos Olímpicos que Olimpiadas

Una Olimpiada era el periodo de cuatro años transcurrido entre dos juegos olímpicos de la antigüedad. Y su uso como sistema de cómputo cronológico no era extraño en la Edad Antigua mediterránea. Aun hoy se llama “olimpiada” al intervalo transcurrido entre dos Juegos Olímpicos.

Los Juegos Olímpicos son sin lugar a dudas la principal reunión competitiva del deporte en el mundo, desde que en 1896 tuvieran lugar los primeros de la era moderna, en la emblemática y sugerente Atenas.

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