El Pacto de Munich

5 sep, 2012 por



El 30 de septiembre de 1938, viernes, el primer ministro británico, Neville Chamberlain, aterrizaba en el aeropuerto de Heston, en Londres, después de haber rubricado el Pacto de Munich, y se dirigía a los periodistas y personas allí reunidas con las siguientes palabras:

El acuerdo sobre el problema checoslovaco, que acaba de ser conseguido es, desde mi punto de vista, únicamente el preludio de un acuerdo más amplio en el que toda Europa podrá encontrar la paz. Esta mañana he tenido otra charla con el canciller alemán, el señor Hitler, y aquí está el documento, que porta su hombre y el mío. Algunos de ustedes, quizás, ya han oído qué contiene, pero me gustaría leérselo: ‘Consideramos el acuerdo firmado anoche y el acuerdo naval anglo-germánico como un símbolo del deseo de nuestros pueblos de no volver a entrar en guerra entre ellos’”.

Unas horas más tarde, en la puerta del número 10 de Downing Street, residencia de los mandatarios británicos desde hace varias centurias, volvió a hablar del pacto alcanzado entre británicos y alemanes:

Queridos amigos, esta es la segunda ocasión en nuestra historia que vuelve desde Alemania a Downing Street la paz con honor. Creo que es la paz para nuestro tiempo. Os damos las gracias desde el fondo de nuestros corazones. Y ahora os recomiendo que os vayáis a casa y durmáis tranquilamente en vuestras camas”.

El pacto firmado el día anterior, 29 de septiembre, confirmaba la cesión de parte de Checoslovaquia a Alemania, curiosamente sin la participación en dicho acuerdo de aquellos cuyo territorio estaba en juego, ya que los implicados en el acuerdo fueron Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña. Aquel documento daba por concluida la crisis conocida como de los Sudetes germanoparlantes, que había comenzado meses atrás. Lo que comenzó como revueltas internas, debidamente orquestadas, llegó a su fin con la movilización de la Wehrmacht y la anexión final a Alemania de los territorios checoslovacos.

El encuentro de Munich había supuesto el tercer viaje de Chamberlain para reunirse con los líderes del gobierno nazi, incluyendo el propio Führer, en apenas dos semanas. Aquel acuerdo supuso que la revista Time nombrara a Hitler hombre del año 1938, por la relevancia de su postura en la conducción de la situación europea.

El primer ministro británico estaba convencido de que aquel episodio significaba realmente el comienzo de una paz duradera, o al menos el primer paso en un largo camino, a juzgar por sus palabras. Era la culminación de la Política de Apaciguamiento que había comenzado años atrás y de la que era ferviente admirador. El terrible recuerdo de la Primera Guerra Mundial marcaba las relaciones internacionales y a pesar de los movimientos del Tercer Reich, violando sistemáticamente el Tratado de Versalles de 1919, interviniendo sin disimulo en la Guerra Civil española, anexionando Austria en 1938… Chamberlain se negó siempre a enfrentarse al régimen nazi creyendo que así calmaría a la bestia y que pequeños bocados evitarían sangrientos banquetes futuros. Como sabemos, aquella Política de Apaciguamiento no tuvo éxito.

Unos días después, el 3 de octubre, lunes, el primer ministro habló en la Cámara de los Comunes sobre el pacto alcanzado, y aquellas palabras son uno de los discursos más relevantes de la antehistoria de la Segunda Guerra Mundial y también una muestra clara de su forma de pensar y de su visión de Europa, como se puede comprobar en los extractos siguientes.

 

Cuando esta Cámara se reunió el pasado miércoles todos nosotros estábamos bajo la sombra de una amenaza inminente. Una guerra más descarnada y terrible de lo que nunca ha tenido lugar parecía estar mirándonos fijamente a la cara […].

 

Duras palabras se han pronunciado sobre el canciller alemán [Hitler] hoy y en el pasado, pero creo que esta Cámara debería reconocer la dificultad para un hombre en su posición de retirar una declaración tan enérgica como la que había hecho y acceder, aunque fuera en el último minuto, a discutir con los representantes de otras potencias […].”

 

En lo que se refiere al señor Mussolini, su contribución fue realmente notable, y quizás decisiva. Fue sugerencia suya que las últimas etapas de la movilización se pospusieran veinticuatro horas, para así brindarnos la oportunidad de discutir la situación, y quisiera decir que en la conferencia, él mismo junto con el ministro de Exteriores italiano, el conde Ciano, fueron de gran ayuda. […]”

 

Creo que Europa y el mundo tienen razones para estar agradecidos al líder del gobierno italiano por su contribución a una solución pacífica […]”.

 

En nuestras relaciones con otros países todo depende de la existencia de sinceridad y buena voluntad por ambas partes. Yo creo que hay sinceridad y buena voluntad por ambas partes. Es por ello que la importancia va más allá [del propio acuerdo] […]”.

 

Desde que me hice cargo de mi puesto actual, mi propósito principal ha sido trabajar para conseguir la pacificación de Europa, para eliminar todas esas sospechas y animosidades que han envenenado el aire desde hace mucho tiempo.

El camino que lleva a la paz es largo y plagado de obstáculos. La cuestión de Checoslovaquia es el último y quizás el más peligroso. Ahora que lo hemos sobrepasado siento que es posible hacer progresos importantes a lo largo del camino a la sensatez.

Hay una lección que pienso que debemos aprender de los hechos ocurridos la semana pasada, y es esta: la paz no se obtiene sentándose y esperando a que llegue. Requiere un esfuerzo positivo y activo”.

 

Siguiendo el hilo argumental del discurso, se puede comprobar cómo Chamberlain comienza agradeciendo la voluntad de acuerdo de las partes y que tomando como sinceras las posturas, no puede menos de estar satisfecho de haber conseguido atajar el problema y haber virado el camino que conducía a Europa a una guerra. Incluso cuando ello supusiera dejar atrás cadáveres como la situación checoslovaca.

La perspectiva del tiempo nos permite comprobar lo equivocado que estaba el primer ministro británico en sus creencias, a pesar de su propia buena voluntad. En aquel momento, en 1938, su postura tenía detractores, pero también estaba sustentada por muchos apoyos. Todo lo escrito en aquel Pacto de Munich saltaría por los aires menos de un año después, cuando el 1 de septiembre de 1939 el ejército de Hitler comenzara la invasión de Polonia. Dos días después, el 3 de septiembre, Gran Bretaña, junto con Francia, declararían la guerra a Alemania.

En mayo de 1940 Chamberlain se vio obligado a dejar su cargo, que sería tomado por Winston Churchill, quien tenía una forma de pensar y actuar sensiblemente diferente. Usando el mismo criterio, es decir, siguiendo la evolución de los hechos por las palabras pronunciadas por los protagonistas, tenemos que a pesar de ser compañero de partido de Chamberlain, aquel día del año 38 en la Cámara de los Comunes, cuando se exponía el pacto con Alemania, Churchill se opuso a este tipo de actuación y aseveró que aquel camino no conducía más que a la guerra: “Tuvo usted que elegir entre la humillación y la guerra, eligió la humillación y nos llevará a la guerra”.

En su discurso de investidura, uno de los grandes de la historia, Churchill pronunció aquellas palabras ya casi míticas:

 

Yo le digo a esta Cámara, del mismo modo que ya se lo he dicho a los ministros que forman parte de este gobierno, que no tengo nada que ofrecer salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor. Tenemos ante nosotros una dura prueba de la máxima gravedad. Tenemos ante nosotros meses, muchos meses de lucha y sufrimiento.

 

Chamberlain murió el 9 de noviembre de 1940, cuando los aviones alemanes y británicos libraban en los cielos sobre su país la batalla de Inglaterra y cuando parecía que el ejército nazi no encontraría barreras a su paso después de tomar Polonia y gran parte de Europa occidental, con gran superioridad, y después de obligar a la Fuerza Expedicionaria Británica a ser evacuada de urgencia en Dunkerque. Pocos días antes de su muerte, Neville Chamberlain dejó escrito que no temía el veredicto de los historiadores.

Publicaciones relacionadas

Publicidad

0 Comentarios

Trackbacks/Pingbacks

  1. Colaboraciones « Francisco Unica - [...] Anatomía de la Historia, publiqué hace unas semanas un artículo sobre “El Pacto de Munich” y en breve se ...

Dejar un comentario