Mi querido Dostoievski, a quien escribiera Laura Bauer

3 sep, 2012 por



Desde el principio sabemos que esta va a ser una novela epistolar. Su título la delata. Pero no es una novela epistolar como las que estamos acostumbrados a leer, dado que en esta el destinatario de las cartas no responde sino que se mantiene en una especie de limbo silencioso del que no saldrá nunca.

La que escribe las cartas es Laura Bauer, una anciana un tanto especial y excéntrica que adora la literatura rusa y especialmente a Fiódor Dostoievski, a quien elige como interlocutor mudo porque intuye en él a un hombre conocedor de los desgarros que puede sufrir el alma del ser humano cuando la culpa lo devora por dentro y las circunstancias hacen mella en su espíritu.

¿Es Laura Bauer un alma torturada? Podríamos decir que si aunque al principio de la narración nos aparece más bien como una mujer mayor, anciana solitaria que se refugia en sus lecturas, en su música, en sus paseos cada vez menos frecuentes y en las pocas visitas que recibe.

Es un personaje ambiguo en el que intuimos una gran sensibilidad e inteligencia, cierta coquetería y una especie de fortaleza vital que deriva rápidamente en debilidad extrema en algunos momentos. Una mujer que vive para los recuerdos, que anota indisciplinadamente pero con precisión en las cartas que le escribe a Dostoievski.

Sabemos pues a quien escribe sus cartas pero ¿para qué las escribe? ¿Se trata acaso de un ejercicio literario o el divertimento de una anciana en la que asoman rasgos de cierta desmemoria senil? Nada de eso. Laura Bauer está escribiendo una crónica a alguien que sabe perfectamente que no podrá contestarla ya que lleva muchos años muerto, por lo que no está buscando una respuesta por parte de nadie que no sea ella misma.

Pero eso no la persuade de seguir escribiendo cartas, una tras otra, en las que desgrana sus recuerdos, sus secretos familiares, alguna coquetería, unas cuantas manías, ciertos detalles cotidianos, sus ilusiones… Podría pensarse que a través de la excusa de las cartas escribe un diario en el que vuelca todo lo que le interesa o le importa sin ningún pudor ni censura, pero no es así ya que en todo momento la notamos contenida, como si lo que se guarda para sí fuera mucho más que lo que cuenta, como si lo que mostrara fuera tan sólo la punta del iceberg y lo que esconde todo el resto.

En sus palabras medidas y educadas se intuye cierto tono insolente que le otorgan los años y le permite ser sarcástica e incluso intransigente, no en vano es una mujer que está saldando cuentas con los fantasmas de su pasado.

Por que de esto se trata: de saldar cuentas. Y también de cerrar viejas heridas que queman aunque hayan pasado muchos años. Viejas heridas causadas por otros pero que ella siente como propias y que ha intentado expiar durante toda su vida.

Sus palabras van tejiendo una trama que, poco a poco, consigue desatar el nudo en el que se atascaban nuestras incógnitas y es entonces cuando se entienden sus intenciones, su manera de reaccionar, sus aversiones y su pudor a la hora de describir los hechos.

Francisco Rodríguez Criado se ha puesto debajo de la piel de una anciana para crear un personaje sensible, una mente algo dispersa pero brillante, un alma torturada por hechos ajenos y ha escrito una novela muy recomendable que le coloca, sin duda, en un buen lugar dentro del panorama literario actual.

 

 

Mi querido Dostoievski

 

 

Francisco Rodríguez Criado

 

 

La Discreta, 2012

 

 

 

 

 272 páginas

 

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