Prehistoria-ficción (la Prehistoria contada por alumnos de Secundaria)

Por . 31 octubre, 2012 en Prehistoria
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Primer día de clase. Una vez hechas las presentaciones y saciada la curiosidad de mis estudiantes, una treintena de pares de ojos se dispone a beber la información de la pizarra. Comienza el primer tema: hay que aprender a situar en el tiempo hechos y personajes históricos y asumir que los historiadores han calculado, más o menos, cinco etapas para la Historia.

 

De la cronología

Tal vez alguno de mis alumnos, a pesar de sus doce años –alguno trece, incluso catorce–, sepa de antemano de qué estoy hablando. Hago la prueba, pregunto y dejo abierta la posibilidad del lucimiento de alguno de los adolescentes que me miran de reojo. Uno levanta la mano, allí al fondo; le doy paso: me enseñaron que el proceso educativo debe partir del propio alumno y el profesor, simplemente, acompañar y guiar.

–Yo lo sé, profe. Las cinco etapas de la Historia son: lluvia, viento, sol y frío.

El intento ha sido vano y aliento a la clase a ver el error de la respuesta –acompañar, guiar: que no se me olvide–; doy la palabra a otro compañero, que hincha orgulloso el pecho, sabedor de que posee la respuesta adecuada y yo, como profesora, podré estar orgullosa de sus conocimientos previos. El primer día de clase y dejará ya de ser un nombre anónimo en una lista.

–No, claro que no. Profe: las etapas de la Historia, por orden cronológico, son las que ocurrieron antes de nosotros.

Decido que la tarea de guiar y acompañar debe ser olvidada en algún rincón pedagógico, al menos por ahora, y opto por aclarar el confuso horizonte del tiempo histórico, tan abstracto.

 

De la Prehistoria

Tropezamos con la segunda dificultad: la Prehistoria es Historia, pero no lo es, o, al menos es antes de la Historia, vamos, que es lo mismo, pero no es igual, y ni siquiera hay un par de fechas que le den uniformidad al asunto y permitan despejar el tema; aunque sí hay un alumno que deja por escrito que lo tiene claro, porque la Prehistoria comenzó hace dos millones y medio de años y terminó hace 550 años.

Si Colón se despista o la Reina Católica no le da pie, los castellanos llegan a América en plena edad prehistórica… Aunque el hombre prehistórico sí pobló América, atravesando hacia allí por el medio, como dice otro alumno.

Una vez resuelto el problema cronológico, es necesario definir este periodo tan confuso de Historia que sí es, pero no es. Un alumno lo tiene claro y no duda en afirmar que la Prehistoria es el acontecimiento mayor del hombre, imagino que mucho más que los descubrimientos geográficos de aquel, la llegada a la Luna o la Revolución Francesa, aunque su compañero difiere de esto y escribe que es la etapa comprendida entre la aparición del género Homo hasta ahora.

No hay más que hablar: así las cosas, evidentemente esta larga etapa prehistórica sí es un gran acontecimiento, así como los logros conseguidos hasta el día de hoy. Tan amplia extensión de tiempo debe ser secuenciada, a fin de facilitar el estudio, aunque la duración de cada una de estas etapas no fuera uniforme en todo el planeta; otro alumno nos aclara la razón de esto: las etapas de la Prehistoria no fueron uniformes porque en ese tiempo no había uniformes. 

Observo en esta tarea de guiar y acompañar en el estudio que a mis alumnos les resulta llamativo el tema de la evolución humana, de los homínidos en general y no de uno en particular, como me indica un alumno, y los podemos definir sin temor a equivocarnos como el ser que es.

Hay que aprovechar esta curiosidad de mis adolescentes: es el momento de  trabajar la biografía de Charles Darwin, que acaba resultando un personaje mucho más confuso de lo que parecía al principio, pues Darwin fue un científico que inventó la teoría del Big Bang, un estallido que hizo aparecer al primer ser humano.

Invención y evolución van de la mano. Lo que demostró con su teoría no parece quedar claro, pues para unos afirmó que hay que demostrar lo que eres y, para otros, que se puede vivir donde te guste. Afortunadamente, entonces, Darwin afirma nuestros principios más básicos: quién soy y dónde vivir. Ni qué decir tiene que el hombre no desciende del mono, obviedad, pues nosotros no somos animales y, realmente, hombres y monos tienen un chimpancé en común, aunque, sí, algo tienen que ver, pues los seres humanos descendemos de un ser vivo. Afortunadamente, no tengo que guiar ni acompañar el conocimiento del bipedismo, lo que me permitirá adelantar algo del temario: es aquel que anda con las extremidades internas.

Como sé que el trabajo de los arqueólogos siempre es curioso para mis alumnos, decidimos acotar la labor de la arqueología, que es la ciencia que busca restos orgánicos o que estudia el arte. Tanta indecisión en la tarea va acorde con la confusión de esta etapa histórica que es sin ser, claro. Eso sí, los arqueólogos españoles son las únicas personas que trabajan a destajo en este país, pues como me indica uno de mis alumnos en un croquis explicativo sobre las tareas de estos profesionales, trabajan todo el rato.

 

De los hombres prehistóricos

Una vez aclarados los conceptos iniciales, es importante ver que los hombres prehistóricos ya estaban organizados, algunos incluso muy bien, sin duda, pues para adaptarse a los cambios climáticos hacían lo apropiado y seguían lo que deberían hacer.

Evidentemente, las condiciones de vida de nuestros antepasados, en estos primeros momentos, no fueron fáciles, y practicaban una economía depredadora, es decir, para aclararnos: una sociedad en la que se come carne viva y los prehistóricos se comían a los demás. Si se descuidan, no queda ni uno.

Semejante forma de vida va mejorando con el paso del tiempo, hasta lograr una adecuada expresión artística más o menos entendible para nosotros. En las pinturas rupestres, que son sentimientos muy fuertes, se empleaban varios colores, porque el color era más abundante, o sea, que estaban más coloreadas, es decir, con más colores. Y es que algo de policromía hemos perdido en nuestra paleta actual… Sí queda claro que el arte del Paleolítico y el del Neolítico presentaban diferencias, pues no sabían tantos colores –otra vez– y pintaban sin patas. No sabemos muy bien qué…

El Neolítico se presenta como el gran momento de revolución prehistórica que fue: los hombres se hicieron sedimentarios; como gran novedad, un alumno añade que se hicieron senderistas, y por si alguien no recuerda la definición de sedentario, es lo de comer cosas muertas.

Este cambio debió de ser bastante rápido, porque en apenas unos miles de años los hombres se hicieron nómadas y se volvieron sedentarios. Todo casi, casi, al mismo tiempo. Los hábitos alimenticios cambiaron de forma radical, como consecuencia de todo esto, domesticando productos agrícolas, como la madera, los metales y la cerámica.

 

Recapitulando

Antes de dar por terminada la clase, me vuelvo hacia la pizarra, y en mi tarea de guiar y acompañar sí, sí, que no se me olvide– , me dispongo a cerrar la hora resumiendo los conceptos principales. Es ahora cuando me doy cuenta de que un alumno, el del fondo, a la derecha, ha estado meditando todo este tiempo sobre la definición de Prehistoria, la cabeza apoyada sobre el cómodo rincón entre brazo y antebrazo.

Orgullosa y dispuesta a alabar su afán de profundización, escucho:

–Entonces, profe, yo sé cuál es la mayor novedad de ese periodo: es el descubrimiento de América.


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Madrid, 1975. Estudié Geografía e Historia en la Universidad Autónoma de Madrid, con la especialidad de Prehistoria y Arqueología. Al terminar la carrera participé en un proyecto de voluntariado social coordinado por la Compañía de Jesús en uno de los barrios más marginales de Madrid. No tenía nada que ver con lo que yo había estudiado: alfabetización de adultos, animación sociocultural y apoyo en albergues. Pero eso también, de alguna forma, era historia: la de personas sufrientes. El Hombre que yo quería ver y conocer, la realidad más viva. Antes de que se me olvide, llevo un blog llamado En clase (conoce tu pasado).

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  • (no será publicado)

  1. gravatar Montse Responder
    noviembre 7th, 2012

    Gracias, Beatriz.
    Un toque de humor terapéutico.
    Un abrazo.

  2. gravatar Montse Responder
    noviembre 7th, 2012

    Gracias, Rosa.
    Nunca se trata de invadir, como tú dices, sino de convertir los valores que se intentan transmitir en el aula en “productos” que les puedan servir como herramientas a los alumnos.
    Un saludo.

  3. gravatar Montse Responder
    noviembre 7th, 2012

    Gracias, Nacho Zeta. Como bien sabes, el humor en la docencia es clave.
    Un abrazo.

  4. gravatar Montse Responder
    noviembre 7th, 2012

    Gracias, José Luis. Como tú dices, no se trata de ridiculizar, sino de sonreir ante la lectura que hacen mis alumnos adolescentes de lo que se les enseña en clase… Tal como está el sistema educativo actual, los profesores debemos tener siempre un toque de humor ante los efectos de nuestras clases.

    Un saludo.

  5. gravatar Beatriz Cerrillo Responder
    noviembre 5th, 2012

    Increíble!! Sigue escribiendo así de bien. Me encanta.

  6. gravatar Rosa Responder
    noviembre 1st, 2012

    Gracias por tanta sensibilidad en la enseñanza, solamente así se puede enseñar sin “invadir” sino acomodar los conocimientos.

    Me encantó!

  7. gravatar Nacho Zeta Responder
    octubre 31st, 2012

    Eres la mejor… como diría el bolero “no se porqué te quiero…”

  8. gravatar jose luis rodriguez rigual Responder
    octubre 31st, 2012

    Es divertidísimo. Enhorabuena. Me ha gustado mucho cómo has “pegado” las citas con el texto. Me ha gustado aún más el tono del mismo: no ridiculizas nada; quiero ver, incluso, un neto cariño por tu alumnado y hasta veo posible que tus alumnos lean esta primera “lección” sin sentirse incómodos aunque lean sus propias palabras. Será que hay mucha maestra y mucha madre dentro de ti, Negre.

    José Luis