Galeno: paradigma de la medicina en la antigua Roma (I)

Por . 28 noviembre, 2012 en Historia Antigua
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Entendida por muchas culturas como la posesión demoníaca del cuerpo humano, Galeno estudió la epilepsia con bases científicas ofreciendo remedios innovadores en la medicina romana de base hipocrática. Considerado el más destacado médico de la Antigüedad, sus estudios sobre el funcionamiento del cuerpo humano dominaron la teoría y la práctica de la medicina durante varios siglos.

La tradición médica en la sociedad romana

En la antigua Roma la medicina siempre tuvo un fundamento religioso, y, en este sentido, la divinidad más importante para los romanos fue la Dea Salus, diosa suprema que primaba sobre todas las demás deidades vinculadas a los dolores o a las enfermedades como Febris, la diosa de la fiebre, Lucina, la diosa de los partos, o Fessonia, la diosa de las debilidades.

Según relata la tradición, a comienzos del siglo III a.C. Roma quedó devastada por una virulenta peste jamás vivida hasta entonces. Tras la pertinente consulta de los libros sibilinos, se decidió solicitar la ayuda del dios griego de la medicina, Asclepio, quien, bajo la forma de una serpiente asentada en la isla Tiberina, lograría erradicar por completo la peste que asolaba Roma.

Asclepio, Esculapio para los romanos, fue el dios de la medicina. En la imagen, estatua de Asclepio realizada en mármol, Gliptoteca, Copenhague.

A partir de entonces, Roma adoptó a Asclepio bajo el nuevo nombre de Esculapio. No obstante, en el siglo II, con la reforma del panteón realizada por los Antoninos, también se rendiría culto al Apolo médico y a Sérapis como divinidades de la salud.

Desde bien antiguo existían en Roma varios factores que planteaban el problema de la salud pública: superpoblación, insalubridad en el ejército y en la marina, crecimiento de la esclavitud y proletarización de la plebe…

No fue hasta el siglo III a.C. o comienzos del siglo II a.C. cuando aparecieron en la capital de la entonces República, procedentes del mundo egeo, los primeros médicos. Sin embargo, no sería hasta bien entrado el siglo II cuando surgiesen los primeros especialistas.

La mayoría de los médicos afincados en Roma presentaban unos orígenes griegos y buena parte de ellos, por no decir la práctica totalidad, fueron de condición esclava o liberta. Todos ellos contaban con una mezcla de conocimientos de la medicina hipocrática y de la medicina popular griega fundamentada en la magia y en la superstición. Los médicos debían lidiar con personajes que se equiparaban a ellos cuando en realidad no eran más que simples curanderos o hechiceros.

Paralelamente, debían competir con impostores y charlatanes, quienes sólo podían ejercer como médicos entre las gentes con menos recursos. De esta manera, para evitar que charlatanes e impostores se hicieran con toda la clientela haciéndose pasar por lo que no eran, se procedió a oficializar y profesionalizar la enseñanza y la actividad médica –como norma general, todos los médicos aprendían su profesión, en griego, en la scola medicorum.

En el año 219 a.C. surgió en Roma la primera consulta médica regentada por un médico griego, Arcágato, a quien el Senado optó por concederle la ciudadanía romana –un número muy reducido de médicos consiguió cierto reconocimiento en todo el Imperio–. En este sentido, gracias a la concesión de privilegios a quienes ejerciesen la medicina, el número de médicos en Roma creció considerablemente.

Fue en el siglo I cuando aparecieron los primeros médicos nacidos en Roma. Si bien es cierto que el ejercicio de la medicina proporcionaba importantes sumas de dinero, eran muy pocos quienes la ejercieron por las responsabilidades que conllevaba. Asimismo, aunque era una profesión en la que predominaban los hombres, no obstante existieron mujeres que lograron cierto éxito en el mundo de la medicina como el caso de Metrodora, autora de un Tratado de medicina para las mujeres.

Era posible distinguir varias categorías de médicos, como los médicos privados de las familias aristocráticas, los médicos ambulantes y los médicos a domicilio o los médicos del ejército.

El ejército romano, siempre preocupado por la salud de sus soldados, contó con médicos altamente cualificados en posesión de una enorme experiencia práctica. En la imagen, Eneas es atendido por el médico Iapix mientras la diosa Venus proporciona hierbas medicinales. Pintura de la Casa de Sirico procedente de Pompeya, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

A mediados del siglo II Roma creó un sistema de asistencia sanitaria destinado a atender a quienes no tenían recursos. Con este sistema se garantizaba la asistencia sanitaria a través de un conjunto de catorce médicos pagados a sueldo. Por otro lado, se encontraban los médicos ligados a la casa imperial, médicos que gozaban de un mayor número de privilegios.

Asimismo, los campamentos militares también estaban dotados de centros de asistencia médica. La estructura era siempre la misma: un pasillo central con hileras de pequeñas habitaciones a ambos lados en las que podían ser atendidos cuatro soldados. Paralelamente, existían hospitales públicos ubicados en lugares estratégicos y las valetudinaria, tanto públicas como privadas, es decir, consultas médicas destinadas a atender a los residentes en un determinado lugar.

No obstante, incluso durante todo el siglo II la población siguió frecuentando los santuarios de las divinidades salutíferas, como Esculapio o Apolo, o balnearios y otros complejos similares.

 

La medicina pregalénica

Hasta la aparición de Galeno de Pérgamo, las dos grandes bases de la medicina en Roma estaban representadas por Aulo Cornelio Celso (25 a.C.-50) y Plinio el Viejo (23-79), si bien es cierto que ninguno de los dos fue médico en sentido estricto pues tan sólo se limitaron a recopilar los saberes médicos del momento sin arrojar ninguna innovación.

Asclepíades de Prusa (124-50 a.C.), famoso por su capacidad oratoria, su terapéutica y su oposición a las sangrías, fue considerado el fundador del metodismo, es decir, la corriente opuesta al humoralismo hipocrático.

Asimismo, Antonio Musa (63-14 a.C.), botánico y médico griego de condición liberta, obtuvo un gran reconocimiento después de haber logrado curar la artrosis del emperador Augusto con una hidroterapia basada en la alternancia de baños de agua caliente con compresas frías aplicadas en las zonas doloridas. El hermano de Antonio Musa, Euforbo, fue médico del rey Juba II de Numidia.

Si bien es cierto que con su Enciclopedia Celso rechazó en cierto sentido tanto a los dogmáticos como a los empíricos –estos últimos por tratar de curar todas las dolencias recurriendo a las drogas–, se aproximó más a la escuela empírica al sostener que la medicina era una técnica fundamentada en la conjetura. La parte de su obra dedicada a la medicina es hipocrática, pero son frecuentes los conceptos médicos alejandrinos e hindúes.

Celso dividió la terapéutica en tres áreas: dietética, farmacéutica y cirugía. Entre las razones de las enfermedades señaló el clima y las constituciones físicas del enfermo. También realizó una importante labor recopiladora en farmacopea, y sus remedios, junto con los de Hipócrates y Galeno, fueron empleados hasta el Renacimiento.

Por su parte, Plinio el Viejo realizó grandes elogios a Celso, si bien no lo incluyó entre los grandes médicos de Roma, sino, por el contrario, como uno de los grandes escritores de la literatura latina.

Por otro lado, también destacó Escribonio Largo, médico que acompaño a Claudio en la conquista de Britania, cuya obra, Composiciones médicas, recoge más de 270 recetas de base popular.

Otros médicos de menor porte, aunque no por ello de menor interés, fueron Ateneo de Atalia (fallecido en el año 100), fundador de la escuela de los neumatistas, Andrómaco de Creta, médico personal de Nerón; Demóstenes Filaleto, excelente oculista y responsable del único tratado de pediatría en época romana; Tésalo de Tralles, médico que divulgó los saberes médicos y que logró varios avances en los tratamientos de las enfermedades crónicas; Arquígenes de Apamea (siglos I-II), quien estudió los movimientos del corazón y la lepra; o Sorano de Éfeso (siglo II), el ginecólogo más importante de todo el Imperio.

 

Galeno de Pérgamo

Galeno de Pérgamo (nacido en esa ciudad, que hoy es la de Bergama, en Turquía), más conocido como Galeno, sin más, ha sido quizás junto con Hipócrates (460-370 a.C.) la figura que más ha repercutido en la medicina.

Autor de más de un centenar de obras, muchas de ellas perdidas, sus textos han perdurado como la principal fuente del saber en la materia hasta bien entrado el siglo XVII. Incluso hoy día se siguen aplicando muchos de sus principios médicos, sobre todo en lo que se refiere a la terapéutica y a la farmacología.

Su obra bien puede ser incluida dentro del género de la autobiografía, ya que gran parte de su producción literaria viene representada por un conjunto de recuerdos y de experiencias personales. Muchos de sus conocimientos se han conservado gracias a las cartas que escribió a otros médicos para lograr curar al paciente.

Litografía de Galeno realizada por Pierre Roche Vigneron en 1865.

Galeno fue testigo directo del auge y del ocaso de la Pax romana y siempre estuvo orgulloso de su condición de griego e intelectual. En los años en que el cristianismo estaba ganando nuevos adeptos, tuvo varios altercados con la comunidad cristiana.

Nacido en el año 130 en el seno de una familia acomodada, su padre fue Nicón, famoso arquitecto, matemático y terrateniente al que debía agradecer una cuidada formación académica en griego en las siguientes corrientes de pensamiento: el estoicismo a través de los discípulos de Filópator, el platonismo por medio de un discípulo de Gayo, el peripatetismo y el epicureísmo.

Su padre fue también el responsable de que recibiera la formación en el método científico y de que fuera devoto del dios Asclepio de Pérgamo.

Desde bien joven Galeno sintió un gran interés por la agricultura, la arquitectura, la astronomía, la filosofía y la medicina.

A la edad de 16 años comenzó a estudiar medicina en Pérgamo, frecuentando en un primer momento los cursos de los dogmáticos, los empíricos y los neumatistas –los primeros fueron seguidores de la línea humoralista hipocrática e insistieron en una medicina teórica; los segundos se basaron en las observaciones complementadas con los fármacos; los terceros apoyaban una patología de las partes sólidas del cuerpo donde los átomos eran animados por un elemento existente en el aire–.

En este sentido, Galeno concibió tres neumas o espíritus: el neuma vital (corazón), el neuma somático (cerebro) y el neuma orgánico (hígado). El neuma permitiría a Galeno poder explicar distintos síntomas y enfermedades.

A los veinte años se convirtió en therapeutes de Asclepio en el Asclepion de Pérgamo, donde iniciaría sus estudios de medicina.

En Esmirna recibió una formación en medicina hipocrática por medio de Pélope. Seguidamente, en Corinto asistido a las clases de anatomía impartidas por Numisiano, discípulo de su anterior maestro. En realidad, fue en Alejandría donde completó su formación en anatomía, farmacología y filosofía.

Vivió en Alejandría algo más de cinco años, durante los cuales llegó a la conclusión de que los intelectuales alejandrinos no se preocupaban de divulgar sus descubrimientos. Fue en esos años cuando se formó en la disección animal para luego ser aplicada al ser humano –debido a que la disección de cadáveres estaba prohibida por ley, Galeno realizó estudios diseccionando animales, lo que le condujo, inevitablemente, a que tuviera ideas equívocas sobre el cuerpo humano–.

Al igual que Tésalo, se opuso a los metódicos, ya que estos rechazaban la búsqueda de las causas y la experiencia clínica propia y ajena, rechazando en cierto sentido a Hipócrates. Permaneció cerca de diez años en Egipto, durante los cuales escribió cuatro tratados en los que daba primacía al método lógico ya que era éste el que permitía al médico penetrar en la estructura de los cuerpos.

A la edad de 28 años regresó a su ciudad natal al tener noticia de la muerte de su padre. En Pérgamo trabajó como médico en la escuela de gladiadores durante varios años, periodo en el que obtuvo una gran experiencia en el tratamiento de los golpes y de las heridas.

Acto seguido, marchó a Roma en el año 162. En la capital del Imperio completó su formación en anatomía, gimnástica y otras disciplinas. Durante su estancia en Roma se rodeó de aristócratas e intelectuales ganándose la confianza de muchos de ellos. En el Templo de la Paz discutiría cuestiones tanto de índole filosófica como científica.

Tuvo que hacer frente a enemistades y envidias, y mantuvo situaciones polémicas contra los erasistráteos sobre la flebotomía. Curó a la esposa del cónsul Flavio Boecio, quien lo introdujo en la corte imperial hasta el punto de ser nombrado médico de la corte de Marco Aurelio y de su corregente Lucio Vero.

Debido a las tensiones presentes en Roma y a los continuos peligros de la peste (la peste antonina que describió en sus obras), Galeno no tuvo más opción que regresar a Pérgamo en el 166.

Tres años después fue llamado por Marco Aurelio para que sanara los cuarteles de Aquileia, si bien prefirió permanecer en Roma como consultor de Cómodo. Tras la muerte de Lucio Vero en el 177, fue nombrado por Marco Aurelio médico de Cómodo.

Bajo el imperio de Marco Aurelio, Galeno escribió buena parte de su obra. Fue en ese momento cuando llegó a la conclusión de que el verdadero principio de la curación era el propio esfuerzo sanador de la naturaleza del enfermo.

Con el acceso al poder de la dinastía de los Severos, Galeno siguió afincado en Roma. Aunque su producción literaria durante estos años fue menor, logró concluir su obra cumbre, De locis affectis.

Finalmente, y tras un año de retiro profesional, murió en Roma hacia el año 200, si bien hay quienes retrasan su muerte hasta el año 216.

 

Finaliza en Galeno: paradigma de la medicina en la antigua Roma (y II).


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Soy formalmente historiador desde que me licencié en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid en 2004. En 2009 conseguí el título de doctor europeo por el Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid con la defensa de la tesis doctoral La Hispania de Cneo Pompeyo Magno y Cayo Julio César: modelos de gestión territorial y clientelar, obra publicada en 2012 por Sílex. He orientado mi labor investigadora a las relaciones sociales, a los movimientos migratorios y a la organización del territorio en la Antigüedad, así como a todo lo concerniente a la romanización y a la arqueología de España. Asimismo, tengo un gran interés por la antropología social y la etnoarqueología, colaborando en este sentido con varios organismos y plataformas. He realizado varias estancias como investigador en Italia, donde he completado mi formación como historiador y arqueólogo, y he participado en varias excavaciones arqueológicas en todo el territorio nacional.

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