Noche y niebla en el París ocupado, de Fernando Castillo

Por . 30 noviembre, 2012 en Reseñas
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Fórcola Ediciones publica un libro escrito por el historiador Fernando Castillo con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial, más en concreto, del París ocupado por los ejércitos alemanes, por las fuerzas nazis por mejor decir.

Su título completo es Noche y niebla en el París ocupado. Vidas cruzadas de César González Ruano, Pedro Urraca, Albert Modiano y André Gabison, y de él Manuel Rodríguez Rivero ha dejado escrito en El País, Babelia (27 de octubre de 2012):

 

“[En Noche y niebla] se cuentan las andanzas, corruptelas, influencias y tejemanejes de un grupo de atrabiliarios personajes durante la Ocupación: González Ruano, Pedro Urraca (agregado de policía en la Embajada española), Albert Modiano (sí: el padre del escritor) y André Gabison, otro colaboracionista ocasional que, como el anterior, también aparece en varias novelas de Patrick Modiano. Un grupo oscuro para un tiempo oscuro, pero sin duda novelesco. “

 

A continuación reproducimos los primeros párrafos de uno de sus epígrafes.

 

LA CIUDAD SIN LUZ

V

Desde junio de 1940, cuando los alemanes entran en París, hasta mediados de 1943, en que deja definitivamente Francia y se instala en España, André Gabison coincide en la capital francesa con Albert Modiano, Pedro Urraca, César González Ruano y, naturalmente, con Andreas Folmer. Todos ellos vivían en el París de la Ocupación, de la colaboración, del marché noir animado por los bureaux extraoficiales creados por los alemanes para la compra y venta de todo tipo de bienes, siempre caros, siempre escasos.

París, la capital de los negocios donde lo más codiciado eran las antigüedades, las joyas, las divisas —¡siempre los dólares!—, las obras de arte, incluidas las que el ocupante dice que desprecia y a las que se refiere como «arte degenerado» pero que compra cuando puede. A estas mercancías se unen otras más útiles como los pasaportes de países neutrales, las cámaras de fotografía, las joyas y las piedras preciosas, y otras más prosaicas tales como los vinos y licores de calidad, el café, la mantequilla, las conservas y hasta el marisco. Todo ello eran algunas de las mercancías más codiciadas en los años oku por su rentabilidad.

Así eran muchos de los negocios en el París de los años de apogeo del Nuevo Orden, cuando la actividad de los submarinos en las aguas del Atlántico, el avance de las divisiones panzer en Rusia y del Afrika Korps en el desierto de Libia parecían imparables. Sin embargo, los primeros bombardeos de las ciudades alemanas, el fracaso ante Moscú en el invierno anterior y la entrada de los Estados Unidos en la guerra eran señales que a los más despiertos, incluidos algunos tan entregados como Pierre Drieu La Rochelle que habían estado en las trincheras en la Gran Guerra, les advertían de que el resultado del conflicto distaba de estar decidido.

Eran unos años negros; tiempos de frío y hambre para los enemigos del Eje, en los que cobraba sentido la afirmación de Ernst Jünger cuando, a la salida de un almuerzo en La Tour d’Argent, asociaba la buena comida en momentos de penuria con el poderío del vencedor. En este París equívoco y diverso, de las diversiones, los cabarets y restaurantes, del horror del Vel d’Hiv, de las torturas de los despachos de la avenue Foch y de la rue Lauriston, en el que comenzaban a abundar las estrellas amarillas como las que llevaban Dora Bruder y Hélène Berr, pero también del heroísmo de los mártires del Museo del Hombre y de la Resistencia, hacían sus negocios personajes de todas las nacionalidades. Unos individuos, muchos con un amplio rodaje en los años anteriores a la guerra, que actuaban siempre bajo la protección de alguna de las oficinas de compras impulsadas por los servicios alemanes y controladas por el Abwehr. En ocasiones estos traficantes ampliaban el trabajo con iniciativas individuales o en asociaciones espontáneas determinadas por los negocios, otras veces, cuando lo demandaban los alemanes, se aplicaban a la represión de quienes se oponían al ocupante, especialmente a partir de 1943.

Entre ellos se encontraban, cada uno con sus capacidades y habilidades, André Gabison, Andreas Folmer, Albert Modiano y César González Ruano, integrantes del nuevo milieu surgido con la guerra, cuyos destinos, junto al de Pedro Urraca, se cruzaron sin que, aparentemente, alguno de ellos llegara a saberlo. O quizás sí.

Los últimos días del verano de 1940 parecían traer un aire de normalidad a París tras la entrada de los alemanes en la ciudad en un ya lejano día de junio. De acuerdo con un propósito preestablecido, los ocupantes desplegaron una actitud de cortesía y amabilidad hacia el vencido que duraría hasta el atentado que en el verano siguiente, apenas invadida la Unión Soviética, costó la vida al aspirante Moser en la estación de Barbès-Rochechouart del metro parisino. Desde entonces se sucedieron los atentados y las ejecuciones de rehenes, las redadas de judíos, los controles, el recrudecimiento del toque de queda, Drancy y los viajes al Este.

 

Noche y niebla en el París ocupado.

Vidas cruzadas de César González Ruano, Pedro Urraca, Albert Modiano y André Gabison

 

Fernando Castillo

 

 

Fórcola, 2012

 

 

320 páginas

 

 


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