Cuéntame un cuento (uno de griegos y romanos)

Por . 24 diciembre, 2012 en Historia Antigua
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¿Quién podría negar que la cultura europea hunde sus más profundas raíces en el mundo grecolatino? ¿Cómo no recordar, en el nacimiento de nuestros sistemas democráticos, los primeros intentos de igualdad política del legislador Dracón? El arconte que codificó la primera legislación de Atenas, cuya reforma un avispado alumno define como “el primer código de leyes, es decir: depende de cómo hayas sido, así eres”.

Ay, el mundo griego. Marinos experimentados, los helenos se lanzaron pronto a la fundación de nuevas polis por las orillas mediterráneas: colonias con fines comerciales, fácilmente identificables para cualquier aficionado a la Historia, pues eran pueblos rodeados de gente o, para otros, más sencillo, urbanizaciones como las de ahora.

Lo que sí es llamativo es el comportamiento de sus gentes, que caracterizaba, sin duda, a sus habitantes; no en vano, una colonia griega era también un grupo de personas que venía a protestar. Ya de entonces, allá por los albores del s. VIII a.C, lo de no estar de acuerdo con nada… Pero, claro, tiene su lógica, pues los hombres libres de la metrópolis eran hijos de su padre y de su madre.

Ya en estos primeros tiempos de la historia griega se hablaba a través de los poemas de algunos laureados aedos, como Homero, autor de la Odisea de la vida, cuyo contexto histórico se puede asumir dentro de la Época Oscura, esa etapa que se llama así porque al final oscureció y no se veía mucho. No hay dificultad en leer estos textos griegos, sobre todo para aquellos europeos que hablen alguna lengua romance pues, como todo el mundo sabe, el griego antiguo se escribe en latín.

Estando en el núcleo de la Hélade o viviendo en alguna de las numerosas colonias diseminadas por el Mediterráneo, sin duda eran los Juegos Olímpicos un momento de sentimiento, si no nacional, si de pertenencia a un grupo cultural bien definido. Conocidos hasta en la era moderna, los Juegos Olímpicos parecen haber hecho sombra a otros eventos deportivos griegos, como los juegos ístimicos, los omeyas y los silicatos.

Juegos todos que tenían un trasfondo religioso fundamental; de hecho, aún hoy es el Partenón el emblema de la Grecia actual: alguien que pone muchos partes. Al hilo de esto, hay que destacar el importante acervo cultural que significan los mitos griegos, que eran historias sobre personajes irreales o eróticos.

En este brevísimo apunte sobre algunos aspectos del mundo griego, es obligatorio recordar a uno de los personajes más emblemáticos de la Historia: el gran general Alejandro Magno, cuya importancia histórica radica en que era el más listo de todos, aunque, eso sí, era también un poco golfo.

Es para muchos conocida, además, la historia de la faraona de origen griego Cleopatra VII, descendiente de los Ptolomeos, que son los habitantes de Ptolomia.

Continuando con este repaso por la Historia Antigua europea, es posible que el gran macedonio pueda rivalizar con otro personaje muy conocido por los estudiantes de Secundaria, aunque sólo sea por el conocido episodio de los elefantes: Aníbal, un malvado que combatió en la guerra contra los moriscos para recuperar el norte de España. La ubicación histórica de este guerrero dentro del devenir de Roma está, por tanto, fuera de lugar y cabría ponerlo a la misma altura que el legendario don Pelayo…

Como todo el mundo sabe, el verdadero enemigo de Roma fue Cartago, un pueblo que con el tiempo desapareció, aunque no conviene olvidar que el poderoso Imperio se las tuvo que ver también con los indios.

Del mismo modo que antes habían actuado los griegos, el Mediterráneo vivió una romanización, un proceso hasta que surgen los romanos; por tanto, poco claro, pero que permitió poblar el continente europeo de distintas obras de arte que aún hoy forman parte del patrimonio de la humanidad.

Así, podemos disfrutar de obras arquitectónicas como los anfiteatros, un lugar que se usaba para chistes, templos de distintas plantas, como las grandes y las resplandecientes, o termas con baños de vapor, los vaporium, calentados por un horno, el hornorium. Todo ello construido en las propias ciudades, a golpe de mortero, que era usado por nuestros antepasados romanos para picar ajo y perejil. Ya viene esto de lejos, por tanto.

Roma fue, así, un lugar socialmente muy bien organizado, pues era necesaria la existencia de magistrados, como los ediles, cuestores y protones, a fin administrar estas ciudades tan bien provistas. En el mundo romano, sin duda, se vivía bien, pues había perros y todo, excepto que en algunos sitios te clavaban puñales.

Evidentemente, esto sólo les ocurriría a aquellas personas pertenecientes a las clases sociales más altas, esas que podían permitirse adornar sus casas con mosaicos, que eran cuadros hechos con lana para expresar batallas animales, aunque también podían ser de papiro con dibujos de aquella vida o, en general, un conjunto de muchas cosas. Estos ciudadanos pudientes habrían elegido para iniciar su vida en común en viviendas tan ornamentadas, entre dos tipos de matrimonio: el primero era el más normal, sin embargo, y consistía en la unión de dos personas.


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Madrid, 1975. Estudié Geografía e Historia en la Universidad Autónoma de Madrid, con la especialidad de Prehistoria y Arqueología. Al terminar la carrera participé en un proyecto de voluntariado social coordinado por la Compañía de Jesús en uno de los barrios más marginales de Madrid. No tenía nada que ver con lo que yo había estudiado: alfabetización de adultos, animación sociocultural y apoyo en albergues. Pero eso también, de alguna forma, era historia: la de personas sufrientes. El Hombre que yo quería ver y conocer, la realidad más viva. Antes de que se me olvide, llevo un blog llamado En clase (conoce tu pasado).

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