Joseph Kittinger, pionero en los saltos estratosféricos

Por . 17 diciembre, 2012 en Siglos XIX y XX
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El 14 de octubre de 2012 un hombre, llamado Felix Baumgartner se convertía durante unas horas en el centro informativo del mundo después de batir varios records al subir en un globo tripulado hasta la estratosfera y lanzarse desde allí recorriendo casi cuarenta mil metros hasta el suelo en caída libre.

Ex-militar y paracaidista, tras él tenía una importante empresa y un equipo que le había ayudado durante varios años a prepararse para superar el reto. Uno de los miembros destacados de aquel equipo tras el proyecto Red Bull Stratos era Joseph Willliam Kittinger, el pionero en este tipo de locuras.

 

El proyecto Excelsior

El coronel Kittinger nació en julio de 1928 en Estados Unidos, y desde joven se sintió atraído por las actividades en las que el peligro y la adrenalina eran un ingrediente básico. Cuando era un adolescente, competía en carreras con lanchas y con veintiún años ingresó en la fuerza aérea estadounidense, donde fue piloto durante varios años antes de ser asignado al personal del Centro de Desarrollo de Misiles de la Fuerza Aérea (AFMDC, Air Force Missile Development Center).

Allí comenzó a interesarse por los vuelos a alta velocidad y gracias a su destreza como piloto de pruebas, fue propuesto para formar parte de las investigaciones relacionadas con la aviación espacial, en gran medida dedicadas a estudiar las reacciones del cuerpo humano cuando se vuela a decenas de kilómetros de suelo y a gran velocidad.

Fueron varios los proyectos de este tipo en los que participó Kittinger a finales de los años 50 del siglo pasado, siendo el más importante el proyecto Excelsior, donde comenzó la carrera que tiene su último paso, por el momento, en el salto de Felix Baumgartner.

Durante esta época, Kittinger realizó varios saltos de paracaídas desde alturas superiores a los veintitrés mil metros, con el equipo y el conocimiento, aún escaso, con el que se contaba en aquel momento, en el año 1959. El riesgo era obvio y son pocos los hombres que se hubieran ofrecido a realizar este tipo de pruebas, lo que sitúa a Kittinger al nivel de esos locos que han hecho avanzar la civilización al volar más rápido o buscar los confines del mundo explorando territorios como la Antártida o selvas pobladas de peligros.

Tanto es así, que el primer intento de salto estuvo muy cerca de acabar en tragedia, ya que un problema en el equipo causó que nuestro protagonista perdiera el conocimiento al girar de manera descontrolada, salvando la vida gracias al paracaídas de emergencia que se abrió de manera automática.

El tercer y último salto del proyecto Excelsior, conocido como Excelsior III, comenzó por encima de los treinta y un mil metros y tampoco estuvo exento de problemas, pues un fallo en la presurización de traje hizo que la mano derecha de Kittinger duplicara su tamaño normal, lo que no impidió que en los minutos de caída, el hombre, sin ningún añadido a su propio cuerpo, alcanzara casi los mil kilómetros por hora.

Aquellos saltos establecieron varios récords que han pervivido durante medio siglo hasta el salto del proyecto Red Bull Stratos.

Curiosamente, con respecto a la velocidad, el propio Kittinger aseguraba que en los saltos no se era realmente consciente de ella al carecer de referencias visuales: “no hay modo de visualizar la velocidad. No hay nada que puedas ver para comprobar lo rápido que vas. No hay percepción de la profundidad. Si conduces tu coche por una carretera y cierras los ojos no tienes idea de tu velocidad. Es lo mismo cuando caes libremente desde el espacio”.

Tras el proyecto Excelsior continuó colaborando en trabajos de investigación relacionados con la altitud, la astronomía, la velocidad… y cómo estas cuestiones afectan al ser humano.

Más tarde volvió al ejército del aire como piloto de combate y voló en varios centenares de misiones durante la guerra de Vietnam, presentándose voluntario en alguna ocasión para ir al frente. En mayo de 1972 su avión fue alcanzado y después del saltar del aparato fue capturado en tierra por el enemigo, lo que le supuso casi un año de prisión en Hanoi.

 

Sube y cógeme

Retirado del ejército en 1978 con el rango de coronel, ya como civil Kittinger siguió trabajando en temas relacionados con el vuelo en globo, estableciendo nuevos récords. En 1984, por ejemplo, con cincuenta y seis años de edad, voló en globo más de cinco mil quinientos kilómetros a alturas superiores a los tres kilómetros, llevando así a cabo el vuelo en solitario más largo tanto en tiempo como en distancia. También fue el primer hombre en cruzar el Atlántico en solitario a bordo de un globo.

Como decíamos al comienzo, el último capítulo escrito hasta ahora en la sorprendente vida de Kittinger tuvo lugar en octubre de 2012, cuando supervisó parte del proyecto Red Bull Stratos. Nadie mejor que él comprendía qué sentía y a qué se enfrentaba aquel hombre, Felix Baumgartner, antes de saltar y durante el salto.

Él, Kittinger, había pasado por algo similar medio siglo antes, con menos avances técnicos, más inseguridades y menos conocimiento. Aunque no paralizó a medio mundo durante dos horas, había comenzado a andar el camino. O a volarlo.

Los reconocimientos y condecoraciones que ha recibido, tanto militares como civiles, son varios y del más alto nivel, por ejemplo estar presente en el salón de la fama, como lo denominan los estadounidenses, de varios museos e instituciones.

Sin duda, Joseph Kittinger, piloto y aventurero, podríamos decir, debe ser tenido en cuenta, y mucho, entre esa clase de hombres que, como decía, hacen avanzar al mundo al cabalgar sobre casi la sinrazón para ir un poco más allá, un poco más alto, un poco más rápido, para sobrepasar la línea roja que otro de su clase marcó tiempo antes y trazar así la suya propia, que sin duda alguien, como hemos visto, sobrepasará en algún momento. Es de justicia conocer y reconocer a Kittinger.

Para quiera quiera conocer de primera mano su historia, él mismo la cuenta en su autobiografía: Come up and get me (‘Sube y cógeme’).

 


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Nací en un pequeño pueblo de Salamanca, Vitigudino, en los últimos días del año 75 del siglo pasado. Llegó un momento en que comencé a escribir un blog, allá por comienzos de 2006, dedicado a la Historia. Concretamente a la parte más curiosa, llamativa, anecdótica y amena de la Historia. El blog comenzó a rodar y vuelvo a remitirme a la metáfora nívea de la que ya he hablado para explicar la evolución del mismo. Después de todos estos años, el blog, Curistoria (http://curistoria.blogspot.com) se ha hecho grande y de él han salido un par de libros recopilatorios de entradas, algunas charlas en colegios, proyectos editoriales... Suelo colaborar de manera habitual con algunos programas de radio (Onda Cero y Punto Radio), también en torno a las curistorias (¿acabará alguna vez esta palabra en la RAE?). He llevado a cabo un buen número de proyectos para editoriales y otras entidades culturales, en torno siempre a los libros, la Historia e Internet, o si se prefiere, el mundo digital.

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