Ese indiscutible pasado religioso de Europa

Por . 30 enero, 2013 en Edad Media
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Entro en el aula de Secundaria. Hoy, siguiendo la programación de principio de curso, comienzo la unidad didáctica que hace referencia al mundo de la cultura en la Europa feudal. Por mi experiencia, sé que este, como aquel en el que se habla de las relaciones feudales, es un tema de mucho éxito entre mis adolescentes, aunque sólo sea porque muchos de sus vídeo-juegos están más o menos ambientados en algún punto difuso del Medioevo europeo.

Intento refrescar la memoria de la treintena de mentes. La Edad Media, me dice uno, es un periodo de la vida… Presento las ideas generales de la unidad, ellos lo relacionan someramente con aquello de los caballeros y los castillos, alguno incluso menciona las relaciones de vasallaje. Descendemos. Esta vez nos acercamos a lo más íntimo: el pensar y sentir de nuestros antepasados.

¿Cómo obviar que el pasado europeo tiene unas sólidas bases cristianas? No en vano, profe, los francos, ya sabe, ese hecho histórico, eran cristianos, vamos, que creían en más de un dios. Aunque no se olvidan mis alumnos de aquel eje cronológico sincrónico en el que uníamos las tres principales civilizaciones medievales, donde la Hégira de Mahoma señalaba el inicio del calendario musulmán, por ser un blasfemo que se asociaba familiarmente a Dios o a un Ser Supremo, de manera que en 1940 se fue a Medina del Campo. No, no fue un investigador de la Edad Media, no, apunto al alumno del fondo, aquel que está sentado a la derecha.

El repaso histórico por el Islam nos lleva a observar, pizarra digital por delante, que en los edificios artísticos musulmanes, como en la Alhambra de Granada, que todo el mundo sabe que está en Córdoba, se emplea decoración epigráfica religiosa. El ejemplo principal de este estilo hispanomusulmán es La Meca –no quiero entrar a rebatir a mi alumno: tiempo habrá de repasar la geografía física del continente vecino– y las mezquitas, que son palacios de la península Ibérica.

Muchos de mis alumnos asienten cuando doy por hecho que se distingue la diferencia entre una religión monoteísta y politeísta. De hecho, el del fondo a la derecha afirma sin rubor que los germanos lo eran, sí: monoteístas y politeístas, según.

Pero voy al pilar cristiano de nuestro continente. Nacen en la Edad Media las principales órdenes monásticas actuales, como los cistercienses, partidarios del equipo del Císter, una reforma de la orden de los benedictinos, fundados por san Benicio o san Benito -no queda muy claro este dato, ya que alguno comenta con el grupo del fondo que es, en realidad, una obra importante del Imperio bizantino-, que cuentan con una regla o norma que consiste en matar y que siguen todos los religiosos de vida monástica, que es la vida de los monos, como todo el mundo sabe. Afortunadamente, los monasterios del Císter tienen como elemento arquitectónico fundamental la presencia de muros.

La vida de un monje era, pues, realmente dura, pues entre los planes para matar y dedicarse a copiar un libro o dos al día, apenas les quedaba tiempo para salir a comer.

Por supuesto, este ambiente religioso, que se nos transmite hoy a través del arte o los textos legados por aquellos monjes tan afanosos en trabajar y salir de los muros de su monasterio, formaba parte de una sociedad teocéntrica, es decir: gente con mucha centración en la religiosidad, donde el obispo vivía en el gremio y el señor feudal en su casa. La sociedad feudal era claramente socialista y estamental, porque si eres príncipe serás rey, acompañados siempre por un escudo muy fuerte, también llamado escudero. Se permitía la expansión de órdenes religiosas como la simonía, fundada por entonces por san Simón.

Allá por los albores de la Edad Moderna todavía percibimos este pasado cristiano, en la frontera misma con el acontecimiento más importante de la Historia, la batalla de las Navas de Tolosa, protagonizada por Carlomagno, aunque contrajo una enfermedad que se extendió por toda Europa. Fueron los Reyes Católicos, que eran Isabel, Alejandro de Castilla y un tal Fernando, los que, gracias a la Inquisición, extendieron la religión cristiana, ya que eran muy católicos.

Mientras proyecto una imagen del matrimonio de los insignes reyes, un alumno percibe con claridad que la reina Isabel era católica, pero también un poco ortodoxa, motivo por el que, sin duda, debió de crear la Inquisición, que tenía tres funciones claras, que se podrían resumir en dos ideas fundamentales: quemar a los que tocaban algún cuerpo humano o a todos los que no estaban de acuerdo –no me deja mi alumno muy claro con quién– o matar a los no católicos.

Suena el timbre. Tal vez, para la próxima clase, aquello de explicar que la Escuela de Magia de la serie de Harry Potter es un ejemplo de arte gótico


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Madrid, 1975. Estudié Geografía e Historia en la Universidad Autónoma de Madrid, con la especialidad de Prehistoria y Arqueología. Al terminar la carrera participé en un proyecto de voluntariado social coordinado por la Compañía de Jesús en uno de los barrios más marginales de Madrid. No tenía nada que ver con lo que yo había estudiado: alfabetización de adultos, animación sociocultural y apoyo en albergues. Pero eso también, de alguna forma, era historia: la de personas sufrientes. El Hombre que yo quería ver y conocer, la realidad más viva. Antes de que se me olvide, llevo un blog llamado En clase (conoce tu pasado).

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