San Martín, el libertador discreto

Por . 14 enero, 2013 en Siglos XIX y XX
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Gracias a su fuerte liderazgo, el general San Martín consiguió convencer a sus compatriotas para que combatieran más allá de las fronteras argentinas, dando a la lucha por la independencia una dimensión continental.

Al contrario que Simón Bolívar, notorio ególatra, José de San Martín (1778-1850) fue un hombre poco dado a hablar de sí mismo, al que la gloria y el poder no le atraían. De ahí que a los historiadores no nos sea fácil encontrar al ser humano más allá del militar y el político.

Hijo de un capitán español, poseía una piel oscura que dio pie a todo tipo de comentarios. En un mundo brutalmente racista, sus enemigos se encargaron de propagar el rumor de que era indio.

Poco años después de su nacimiento, su familia regresó a la metrópoli. Su padre, para proporcionarle una salida profesional respetable, le destinó al ejército. Inició así una carrera militar que le llevó combatir en el norte de África, el Rosellón y Portugal. También se halló presente en la batalla de Bailén, la gran victoria hispana de 1808 contra los invasores napoleónicos. En conjunto, esta etapa le sirvió a San Martín para adquirir una formación castrense sin parangón entre los Libertadores.

En España, de acuerdo con el historiador John Lynch, se replanteó su identidad nacional en un sentido independentista, evolución que se vio favorecida por la penosa impresión que debió darle la madre patria. A sus ojos, se imponía una reflexión evidente: si Gran Bretaña, la mayor potencia del mundo, había perdido Norteamérica… ¿se podía esperar que retuviera las suyas un país invadido por Napoleón, a punto de sucumbir?

Muchos años después, él mismo explicaría el acontecimiento que acabó de decidirle, una reunión en Cádiz con otros latinoamericanos, en la que todos prometieron que se incorporarían a las rebeliones que ya habían estallado en ultramar.

Procedente de Londres, San Martín llegó a Buenos Aires en 1812. La capital porteña estaba entonces en manos de los revolucionarios que, dos años antes, habían depuesto al virrey.

Pocos meses más tarde, nuestro héroe conoce a su futura esposa, María de los Remedios de Escalada, de tan sólo catorce años. La diferencia de edad puede parecer excesiva, pero en la época nada tenía de extraño. La relación iba a verse perjudicada por las frecuentes ausencias de él, consagrado a organizar la guerra de guerrillas, un sistema de combate que había conocido muy bien durante su estancia en la península Ibérica en el transcurso de la Guerra de la Independencia española.

Estaba convencido de que no garantizaría la independencia sin conquistar Perú, el núcleo duro del dominio hispano en Sudamérica. Pero antes debía liberar Chile. No se cansaba de repetir que había que pensar a lo grande, sin miedo a medidas polémicas como la liberación de los esclavos. Finalmente, tras una ardua planificación, cruzó los Andes a primeros del año 1817, una empresa arriesgada por la enorme altitud de montañas o la estrechez de los senderos.

Su esfuerzo se vería recompensado cuando, sin tiempo para reponerse de una marcha agotadora, sus fuerzas vencieron en Chacabuco. Sólo faltaba el triunfo en Maipú de abril de 1818 para que Chile consolidara definitivamente su libertad.

Pese a su inferioridad numérica, prosiguió con su plan y se dirigió a Lima. Entre sus enemigos, mientras tanto, reinaba el desconcierto, tanto que en enero de 1821 un motín destituyó al virrey Joaquín de la Pezuela y lo sustituyó por el general José de la Serna. En la práctica, tal cuartelazo supuso un duro golpe para la legitimidad de las autoridades realistas, incapaces de evitar la ocupación de la capital y la proclamación de la independencia, el 28 de julio de ese año1821.

A los pocos días, San Martín aceptó el título de Protector, que le convertía en jefe de Estado hasta que los españoles, aún fuertes en la Sierra (una de las regiones naturales del país), fueran derrotados definitivamente. Desde este cargo efectuaría diversas reformas, entre ellas la supresión del tributo indígena. Por otra parte, creía que el sistema de gobierno ideal consistía en una monarquía fuerte, pero esta idea apenas encontró partidarios dada la tendencia general en América hacia el régimen republicano.

Tenía la intención de continuar avanzando hacia el Norte, pero Simón Bolívar iba a frustrar sus planes. Ambos se entrevistaron en julio de 1822 en Guayaquil, un puerto estratégico que el argentino deseaba incorporar al Perú mientras el venezolano lo reclamaba para Ecuador. No se conoce con exactitud lo que uno y otro hablaron, pero todo indica que San Martín, enfermo, prefirió ceder ante su rival para evitar un enfrentamiento desastroso. “Bolívar y yo no cabemos en el Perú”, le confesó a su ayudante.

Con la sensación de haber fracasado, se retiró de la vida pública para embarcarse hacia Francia, donde moriría tras un largo exilio. No sin antes posar para una fotografía, la única de un libertador sudamericano.


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Nací en Barcelona, en 1972, hijo de murciana y granadino. La mayor parte de mi trayectoria profesional la he dedicado a analizar el progresismo cristiano, con una tesis sobre la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y una biografía de Alfonso Carlos Comín, el de cristianos en el partido, comunistas en la Iglesia, así como La Iglesia rebelde para Punto de Vista Editores. Sin embargo, en los últimos tiempos, mi interés se ha desplazado hacia América Latina. En el especial el periodo de las independencias, con mi biografía sobre Francisco de Miranda (Arpegio, 2012) o Heroínas incómodas (Rubeo, 2012), el libro que he coordinado sobre la mujer en las emancipaciones. A su vez, me atreví a entrar en el terreno narrativo con una travesura titulada Los españoles iban de gris (Rubeo, 2011). En cuanto a gustos, si algo me define son The Beatles, los Simpson y Perú. Y, naturalmente, la investigación histórica.

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  1. gravatar Esther Gassol Responder
    enero 15th, 2013

    He olvidado añadir que los libros de ese año son especialmente apreciados por los coleccionistas debido a esa peculiaridad en el dato de edición que los convierte en libros raros.

  2. gravatar Esther Gassol Responder
    enero 15th, 2013

    Una curiosidad bibliográfica sobre el personaje:
    el año 1950 fue declarado el Año del Libertador San Martín al celebrarse el centenario de su fallecimiento y todos los libros, revistas y periódicos que se publicaron durante ese año llevaban la leyenda “Año del Libertador General San Martín” como dato de año de edición.