Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano, 1951

Por . 4 febrero, 2013 en Reseñas
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La más famosa novela de la escritora franco-belga nacionalizada estadounidense Marguerite Yourcenar ha sido considerada por la mayoría de los autores de Anatomía de la Historia como la mejor novela histórica que hayan leído.

A continuación, te presentamos los motivos que a algunos de ellos les han impulsado a considerar Memorias de Adriano como tal.

 

Ángel Vera Aranda

Para quienes amamos la Historia del mundo antiguo, el siglo II de nuestra era es una de las épocas más interesantes de ese largo período. Dentro del mismo, la figura del emperador romano Adriano reviste un atractivo particular por muchos y variados motivos. Si a eso la unimos el talento narrativo y la prosa cuidada y pulida de una de las mejores autoras que sobre la novela histórica han existido en el pasado siglo, Marguerite Yourcenar, se comprenderá a la perfección por qué su obra Memorias de Adriano es uno de los títulos que más me han llamado la atención de todos cuantos he leído.

Tuve además la suerte de encontrarme entre mis manos con una edición particularmente interesante, la que la editorial Edhasa publicó con una traducción de Julio Cortázar. De este monumento literario me quedo en especial con dos detalles. Por una parte, la recreación minuciosa y excelentemente bien documentada del período histórico que se narra en ella. Por otro, los comentarios finales que la propia autora realiza al libro que redacta, en los que de forma un tanto espontánea va resumiendo las sensaciones y los pensamientos que se le ocurren a lo largo de su elaborado trabajo.

La novela histórica es un género literario que en ocasiones es injustamente denostado por ciertos críticos, pero la obra de la escritora de origen franco-belga demuestra que el rigor histórico y la perfección literaria no son incompatibles cuando quien se enfrenta a ellos es alguien de la calidad de Marguerite Yourcenar.

 

 

Juan Pedro Cavero Coll

Sabedor de la cercanía de su muerte el hispano Adriano (76-138), emperador romano, refresca su memoria y abre su intimidad al joven Marco Aurelio, nieto adoptado y futuro césar.

La escritora Marguerite Yourcenar (1903-1987) recurre en su novela al género epistolar, allanando la presencia exclusiva de un monólogo que ayuda a centrarse en el protagonista y a conocerle y comprenderle mejor, aun compartiendo con él solo algunos planteamientos y rechazando sus fundamentos vitales. 

Marguerite aunó erudición y sensibilidad para conjugar con acierto historia y fantasía y, elegantemente, consigue que la olvidemos por completo y entremos en el mundo interior de Adriano, con quien tantas veces querríamos dialogar.

 

 

Juan Carlos Herrera

A menudo, la excelencia de una obra literaria se mide por la grandeza de la historia que narra, por la exquisitez del lenguaje utilizado, por la hondura al reflejar la psicología de los personajes o por el acierto al descubrir los sentimientos universales del ser humano. Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar consigue aunar todos esos logros.

Aparte de la conseguida reconstrucción histórica de los acontecimientos que rodearon a la vida de Adriano, quizás el mayor acierto de Yourcenar es descubrir al hombre dentro del emperador, a la persona que reflexiona sobre su vida, sobre Roma, el poder, la política, el amor por Antínoo y también sobre su propia muerte, la cual, como un velo ineludible, envolverá toda la obra.

Las propias palabras del emperador sobre su destino fatal abrirán y cerrarán como un anillo perfecto la estructura de la novela, pues al principio “empieza a percibir el perfil de su muerte” y al final “tratará de entrar en la muerte con los ojos abiertos”. Es, en fin, la belleza del mundo a la que aspiraba el emperador, lo que consiguió Marguerite Yourcenar con sus Memorias de Adriano.

 

 

Alma Leonor López

Aunque es un libro que no terminé de leer, me gusta Memorias de Adriano porque esta escrito en primera persona (es como yo creo que se deben contar los recuerdos) y también porque la prosa de Marguertie Yourcenar me resulta sonora, confidencial, casi poética, y se quedó fijada en mi memoria como un susurro.

El Imperio romano no es una época favorita para mí, pero hubo un tiempo en el que me entusiasmé con los emperadores de origen hispano. Y esta obra trasluce una solida documentación de aquellos tiempos. Adriano no solo habla de su vida, sino también de la de su predecesor, Trajano, como si Adriano considerase la “herencia de la esencia misma de Roma”, la existencia del Imperio a través de sus emperadores. Y que a él, como depositario de esa herencia, le correspondía trasmitírsela a Marco Aurelio. Es decir, que Adriano se sitúa, no como el centro de su relato, sino como el enlace, el mensajero, el transmisor de Roma de un emperador al siguiente. Al menos esa idea me quedó a mí.

 

 

Ernest Bendriss

Con Las Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar nos ofrece más que un simple relato histórico: esta novela es de hecho el retrato de una voz que va a apagarse, y que ya no tiene nada que perder. El amor, la muerte, el poder, la felicidad y la pesadumbre: con esta obra, comprendemos lo que un hombre creyó ser, lo que quiso ser y lo que fue.

El eje temático de la novela es indudablemente el tiempo y la muerte, dos temas que me fascinan desde que tengo uso de razón y que desde entonces han vertebrado mi búsqueda de lo trascendente y mi quehacer como escritor, historiador y filósofo.

Adriano estuvo toda su vida confrontado a la muerte. Y es la cercanía de su propia muerte la que justifica la escritura de estas “memorias”, la introspección y el balance “existencial”.

La muerte se manifiesta de manera heteróclita en la novela, es decir en la existencia de Adriano: suicidios, enfermedades, sacrificios rituales, guerras; muertos naturales y muertos violentos. La muerte, como una sombra omnipresente, impregna todas las grandes etapas de la vida del emperador. “Muerte es cuando vemos despiertos” nos dice Heráclito. Para Heidegger la muerte es Sein zum Tode, un “estar a la muerte” y como hemos de comportarnos frente a ella; dicho ethos recorre en su conjunto la novela de Yourcenar.

La muerte jalona pues la vida de Adriano; su mujer Sabina, Trajano (su predecesor), Lucio (que había adoptado), Plotina… son, sin embargo, muertes que alcanzan el emperador en menor medida…

En efecto la muerte hace verdaderamente mella en Adriano sólo cuando Antínoo ( su amante homosexual) desaparece misteriosamente ahogándose en el Nilo; es en este momento preciso cuando el problema metafísico de la muerte se manifiesta en toda su dimensión trágica para el protagonista. Adriano, frente a esta muerte, intenta resistir como puede; rituales, adoración, divinización de Antínoo…

Estos esfuerzos, estas tentativas de prolongar la existencia de Antínoo a través de rituales muestran que Adriano lidia desesperadamente contra la realidad de la muerte. Trata de otorgarle la inmortalidad a Antínoo mediante el ardid de los rituales, pero en el fondo Adriano sabe muy bien que se auto-engaña… Y en esto nos retratamos todos, por nuestras irrisorias “estrategias vitales” por eludir lo evanescente y lo contingente y refugiarnos en una utopía vivencial donde no existe “el hecho biológico” de la corruptibilidad física.

La lucha contra la muerte es pues una característica de Adriano en la novela de Yourcenar; tanto en su vida de hombre político en la cual se nos muestra como un constructor apasionado que se esfuerza por mantener la paz en consonancia con su “humanismo”, como en su vida personal en su lucha contra el tiempo.

El mismo proceso de la escritura de las “memorias” demuestra la importancia de dejar un rastro, de perpetuar su esencia. La relación de Adriano frente a su propia muerte pasa por tres fases inextricables.

Primero, la muerte biológica, así como el destino ineluctable del envejecimiento y la enfermedad, es un concepto que Adriano entiende como “intelectual” que es mediante la racionalización (la filosofía) y que apenas le emociona.

También, la muerte como finitud psicológica, con su propio envejecimiento, la muerte se vuelve permanente, obsesiva: Adriano va a sufrir la tentación del suicidio que finalmente abandonará. Tenemos pues como colofón la aceptación de un hombre ante su destino.

Finalmente, la muerte como horizonte escatológico coincide con el fin de la novela. La muerte es exacerbada y llena de representaciones mitológicas del Más allá (el lado “egipcio más que romano” de Adriano) y si “acaba” bien su vida, parece que se abre sobre otra dimensión sobrenatural…

¿Quién hoy en día como hace 2.000 años no está confrontado a estas tres fases de la existencia?

 

 “Si uno no es, entonces nada es.”

   Platón


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