Breve historia de la astronomía, de Ángel R. Cardona

Por . 29 abril, 2013 en Reseñas
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Ediciones Nowtilus publica Breve historia de la astronomía, una obra escrita por uno de los autores de esta revista, Ángel Rodríguez Cardona.

A la hora de presentar al autor, nada mejor que reproducir sus propias palabras, las que escribió sobre sí mismo con el objeto de trazar su semblanza para Anatomía de la Historia.

 

En este poco más de medio siglo que llevo disfrutando de la aventura de la vida he desarrollado unas cuantas facetas profesionales, pero si debo resumirlas en una idea es que siempre he intentado, y así seguiré, divulgando una ciencia clara, transparente, asimilable, comprensible en una palabra, para que deje de estar en ese rincón apartado sólo para iniciados y especialistas, y sea patrimonio de todas las personas interesadas en conocer cómo es el mundo en el que vivimos.

 

A continuación, reproducimos el epígrafe dedicado en el libro a la astronomía precolombina.

 

 Astronomía precolombina: mayas, aztecas, incas, nazcas y anasazis

 

Las culturas dela Américaprecolombina mostraron un gran interés por el estudio del firmamento y los movimientos celestes. Los restos encontrados de sus logros así lo manifiestan. Las diversas civilizaciones existentes antes de la llegada de Colón estaban desarrolladas de manera diferente, algunas habían logrado unos avances técnicos y científicos muy loables. Incluso civilizaciones ya desaparecidas dejaron restos que han permitido a los arqueólogos conocer el grado de complejidad que habían alcanzado sus conocimientos.

Como en otras civilizaciones, el estudio del firmamento estuvo muy ligado a los ritos y ceremonias religiosos. Los chamanes eran los encargados de velar por las ofrendas y el culto a los dioses, que siempre relacionaban con acontecimientos cosmológicos. Por ello, la observación celeste y los objetos derivados de ella están muy presentes en todas esas civilizaciones.

Las más representativas, la azteca, la maya y la inca, serán el objeto de nuestros comentarios. Además nos detendremos a reseñar dos culturas menores pero responsables de restos muy divulgados en los últimos tiempos, la nazca y la anasazi.

 

Cultura maya

Los mayas son un grupo de pueblos indígenas que en la época precolombina habitaron buena parte de Mesoamérica y se extendieron por los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas, en la mayor parte de Guatemala y en regiones de Belice, Honduras y El Salvador, entre los años 1000 a. C. a 1524 d. C.

La casta sacerdotal maya, los ah kin, poseían conocimientos matemáticos y astronómicos que utilizaban de acuerdo a sus intereses místicos y predictivos. Los documentos y restos arqueológicos encontrados constatan sus grandes avances en la observación y la comprensión del cosmos.

El calendario maya, una de sus aportaciones más conocidas, consiste en tres diferentes sistemas de contar el tiempo, que transcurren simultáneamente: el calendario sagrado (Tzolkin o Bucxok, de doscientos sesenta días), el civil (Haab, de 365 días) y la cuenta larga.

El calendario Tzolkin, que cuenta el tiempo en ciclos de trece meses de veinte días cada uno, se usaba tanto para predecir las lluvias, las temporadas de caza o de pesca, como para actos religiosos.

El Haab mide el año solar dividiéndolo en dieciocho meses de veinte días cada uno, y añade cinco días, los Uayeb, al final, y los considera de mal augurio. Era la base del calendario religioso colectivo, pues marcaba los ritmos comunitarios y los actos religiosos. Se trata de un calendario cíclico que se repite cada cincuenta y dos años, pues con cincuenta y dos vueltas de Haab y setenta y tres vueltas de Tzolkin se produce una coincidencia en el día, fecha en la que celebraban la denominada Ceremonia del Fuego Sagrado y se volvían a poner a cero las cuentas, pues había pasado un siglo maya. El conjunto se llamaba Rueda Calendárica.

Finalmente, el calendario de cuenta larga es en realidad un sistema de fechado que consiste en una numeración de varias cifras separadas por puntos, que asocian sus posiciones con bloques de días que se suman mediante un algoritmo sencillo para obtener la cifra total de días. Por ejemplo, la fecha 1.6.6.3.3 correspondería a un bloque de 144.000 días, seis bloques de 7.200 días, otros seis bloques de trescientos sesenta días, tres bloques de veinte días y tres bloques más de un día, en total 6 · 7200 + 6 · 360 + 3 · 20 + 3 · 1 = 189.423 días a contar desde el primero de los días del calendario, que sería el 0.0.0.0.0 y que según el arqueólogo inglés John Eric Sidney Thompson (1898-1975) correspondería al 11 de agosto de 3114 a. C. de nuestro calendario.

Una de las curiosidades actuales es la supuesta fijación del fin del mundo a partir de este calendario maya. El libro Popol Vuh, cuya primera versión escrita, originalmente en piel de venado y supuestamente a partir de orígenes orales, y posteriormente transcrito al latín por fray Alonso del Portillo en 1542, contiene una profusa recopilación de leyendas mayas que cuentan el origen del mundo y de nuestra civilización. Según este libro, los primeros dioses crearon tres mundos fallidos y un cuarto, exitoso, que es el del hombre actual. Dado que los mundos fallidos se sostuvieron durante 5.125 años, las corrientes esotéricas actuales suponen que el nuestro acabará también pasado este tiempo, lo cual contado en nuestro calendario desde la fecha de origen del calendario maya, el 11 de agosto de 3114 a. C., correspondería al 21 de diciembre del 2012.

Pero los mayas no sólo diseñaron calendarios, también determinaron el período lunar (el transcurso entre una Luna nueva y otra), que conocemos como mes sinódico, en 29,5308 días, prácticamente el mismo dato que en la actualidad. Incluso es suya la primera observación de un eclipse lunar, en el 3379 a. C.

Se han conservado hasta nuestros días cuatro documentos manuscritos con caracteres jeroglíficos de la época anterior a la conquista, que muestran aspectos variados de la cultura maya. Se trata de códices que se escribieron empleando la corteza interna de una variedad de la higuera tratada adecuadamente para posibilitar la escritura. Tres de ellos tienen interesantes anotaciones astronómicas: el códice Dresde se dedica principalmente al movimiento de Venus y a los eclipses lunares; el códice París estudia trece constelaciones, su zodíaco, que cuelga de una especie de serpiente cósmica; y, finalmente, el códice Madrid comenta los horóscopos y las tablas astrológicas.

También examinaron los mayas detenidamente las Pléyades, la Vía Lácteao Wakah Chan –serpiente erecta- y la estrella polar, que emplearon como punto de orientación. Casi todos los templos mayas poseen alineaciones de carácter astronómico. Quizá el más importante es el que se ubica en Chichen Itzá (península del Yucatán) y se conoce como El Caracol o El Observatorio, un edificio que se asemeja a un observatorio astronómico moderno, con escaleras interiores en forma de caracol, que fue construido y reconstruido una y otra vez durante su tiempo de uso, que se sitúa entre los años 800 y 1200 d. C. Contiene una torre cilíndrica en cuya estructura se encuentra una pequeña cámara abovedada que se utilizaba como observatorio. La torre está situada sobre dos grandes plataformas rectangulares; la cámara superior tiene unas aberturas cuadradas por medio de las cuales puede observarse la puesta del Sol durante el equinoccio de primavera y el de otoño, y la puesta dela Luna en las mismas fechas.

El monumento arqueoastronómico de la civilización maya más conocido es, sin duda alguna, la Pirámidede Kukulkán, en Chitchen Itzá, también conocida como El Castillo. Esta construcción demuestra los profundos conocimientos de matemáticas, geometría y astronomía que los mayas poseían. Construido hacia el siglo ix de nuestra era, es de pequeño tamaño en comparación, por ejemplo, con la pirámide de Keops en Egipto, pues alcanza sólo una quinta parte de su altura. Cuenta con nueve niveles o basamentos, cuatro fachadas principales cada una con una escalinata central de noventa y un escalones, y una plataforma superior rematada por un templete, lo que da un total de 365 peldaños.

Cuando tienen lugar los equinoccios de primavera y otoño, las plataformas sobre las cuales está construida la pirámide proyectan sombras triangulares sobre las paredes de las escalinatas que están adornadas con cabezas de serpiente, que simbolizan a Kukulkán (o Quetzalcoatl) –la serpiente emplumada- y provocan la fantástica ilusión de una serpiente que está descendiendo a tierra desde la parte alta de la pirámide. Este fenómeno puede observarse aproximadamente durante un período de cinco días en las fechas más próximas a los equinoccios.

Otro monumento arqueoastronómico maya de especial relevancia es el templo de las Siete Muñecas en Dzibilchaltún, en Yucatán, México, que data de la época entre los años 600 y 900. La luz del Sol lo atraviesa en el amanecer durante los equinoccios, de manera que se introduce proyectando la imagen de las ventanas y la puerta de la parte trasera, y conforme el Sol va elevándose, las imágenes van descendiendo hasta coincidir con la de las dos ventanas y la puerta traseras. Ese es el momento preciso del inicio de la primavera o del otoño.

Por último, en relación con la observación de otros cuerpos estelares destaca el templo del Dios Descendiente de Tulum, Quintana Roo, México, que data de la época de entre los años 1200 y 1450. El hecho de estar ubicado en la zona costera y a una altura desde la que podía contemplarse el horizonte en todas direcciones, lo convertía en un excelente punto de observación, pues era fácil divisar la salida y la puesta de varios cuerpos celestes, especialmente Venus.

 

Cultura azteca

La civilización azteca o mexica surge tras la caída de la tolteca a partir del siglo x, y obtuvo su máximo esplendor entre los años 1200 y 1521. Se extendía por la zona centro y sur del actual México.

Para los aztecas la astronomía también era muy importante y formaba parte de su religión, como en tantas culturas antiguas. Construyeron observatorios que les permitieron realizar observaciones muy precisas, y llegaron incluso a medir con gran exactitud las revoluciones sinódicas del Sol, la Lunay los planetas Venus y Marte. Como consecuencia de sus observaciones, reunieron las estrellas en grupos de constelaciones. Conocían los cometas, a los que llamaban Estrellas que humean, estudiaron los eclipses de Sol y Luna, y desarrollaron sofisticados conocimientos meteorológicos.

El calendario mexica comparte la estructura del ya comentado calendario maya en líneas generales. En este caso está basado en los movimientos dela Tierray Venus alrededor del Sol, y dela Lunaalrededor dela Tierra.

Entre sus restos arqueológicos destaca la denominada Piedra del Sol, también conocida como Calendario azteca, que fue esculpida alrededor del año 1479 y que está labrada en bajorrelieve en un monolito basáltico con un diámetro de 3,6 m y que pesa veinticinco toneladas. Está dividida en cuatro círculos concéntricos, y en su centro se distingue el rostro de Tonatiuh, el Dios Sol. Se encontraba en un destacado lugar en el templo Quauhxicalco de Tenochtitlán. Tras la conquista española permaneció enterrado durante doscientos setenta años, hasta que fue descubierto en 1790. Parece que está relacionada conla Fiesta del Fuego Nuevo, cuya celebración cada cincuenta y dos años coincidió entonces con el año de creación.

 

Cultura inca

La civilización inca se extendió por lo que hoy son Perú, Bolivia, Ecuador, el sur de Colombia, el norte de Argentina y Chile, y por los Andes Orientales, entre los años 1100 y 1532. Al igual que el resto de las culturas precolombinas desarrolló un importante estudio astronómico de los movimientos del Sol,la Lunay los planetas. Los pobladores de aquella civilización eran adoradores del Sol hasta el extremo de considerar que los reyes eran sus hijos.

Su calendario seguía siendo básicamente el maya, sus templos veneraban al Sol y sus principales festividades se llevaban a cabo para celebrar los solsticios de verano y de invierno. Su apoteosis era la denominada Fiesta del Sol, que se celebraba cada 24 de junio. Las colinas alrededor de Cuzco estaban rodeadas de doce pilares llamados sukanqas, dispuestos de tal manera que en cada mes uno de ellos señalaba por dónde salía el sol y por dónde se ponía. Servían para determinar las épocas de siembra o recolección y festividades señaladas.

Asimismo, como en otras culturas anteriores, las Pléyades representaban un papel muy importante para la civilización inca y las consideraron la madre de todas las estrellas. Los incas organizaron su mapa astronómico en función del Mayu –Gran Río Celeste- (en realidadla Vía Láctea) y asociaron las estrellas del ecuador galáctico al construir sus constelaciones.

 

Cultura nazca

Entre los siglos i y vi se desarrolla en la costa sur del Perú, en la región Ica, concretamente en los valles de Nazca (también transcrito como Nasca) y Pisco, entre otros, la denominada cultura nazca. Además de sobresalir por su cerámica policromada, su arte textil o por los acueductos que traían el agua subterránea hasta la ciudad, son conocidos mundialmente por su desarrollo geométrico-astronómico, que se materializa en las denominadas Líneas de Nazca.

Se hallan en el desierto de Nazca y se trata de líneas técnicamente perfectas trazadas sobre la superficie de la tierra que van desde los simples trazados que alcanzan hasta los diez kilómetros de longitud, pasando por figuras triangulares y trapezoidales, hasta complejo dibujos que representan animales, seres humanos y plantas. El conjunto de dibujos cubre una superficie de unos cuatrocientos cincuenta kilómetros cuadrados. A este tipo de figuras se las denomina también geoglifos. Lo más curioso de estas líneas, además de su complejo trazado, es que en tierra pasan desapercibidas y sólo son visibles desde el aire, a una altura superior a los doscientos metros.

La primera referencia a dichas figuras pertenece al conquistador español Pedro Cieza de León, en 1547, que las describe como señales en la tierra; posteriormente, en 1568, las autoridades españolas de la región llegaron a considerarlas carreteras. La primera investigación científica de las líneas se debe a Toribio Mejía Xesspe, en 1927. El antropólogo Paul Kosok, así como la matemática alemana María Reiche, que dedicó más de treinta años a su estudio, confieren a los dibujos un significado astronómico, además del puramente ritual que nunca se ha descartado, e incluso argumentaron que podía tratarse de un gigantesco calendario.

En todo caso, hasta la fecha sigue la enorme controversia sobre su significado, que va desde el religioso, pasando por el técnico de canalizaciones superficiales, hasta llegar al puramente especulativo que las relaciona con culturas de tipo extraterrestre.

 

Cultura anasazi

Los anasazi eran un conjunto de pueblos amerindios que ocupaban la superficie de los estados actuales estadounidenses de Colorado, Utah, Arizona y Nuevo México, y que desarrollaron su cultura entre los siglos viii y xiv. Eran agricultores sedentarios, artesanos, alfareros, comerciantes y observadores del cosmos. Solían vivir en cuevas excavadas en las laderas de los montes y peñascos.

Este pueblo indígena, que practicaba el arte rupestre, registró los desplazamientos solares, un mapa del cielo y diversos acontecimientos estelares. Además de representaciones del movimiento del Sol, los solsticios y equinoccios, y calendarios, es particularmente conocida su representación de un fenómeno poco habitual en los cielos, la explosión de una supernova en el año 1054 en la constelación de Tauro. Esta catástrofe estelar también la reflejaron los astrónomos chinos, que relatan que fue cuatro veces más brillante que Venus y que resultó visible a simple vista en el cielo durante veintitrés días, incluso a plena luz. Sus restos forman hoy la denominada nebulosa del Cangrejo.


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