De triunviratos y troikas (parte primera)

Por . 22 mayo, 2013 en Discusión histórica
Share Button

Estamos acostumbrados a entender el mundo en parejas, dúos, binomios… Dos son las caras de la moneda, el yin y el yan, lo bueno y lo malo, la naturaleza y el espíritu, el norte y el sur, el blanco y el negro…

Filosóficamente, el dos es el principio supremo, el orden creador del universo que ya recogieron desde pensadores griegos como Pitágoras, Aristóteles o Platón (mundo de las ideas y mundo de la materia), hasta concepciones religiosas como el zoroastrismo persa y el maniqueísmo de la Antigüedad o el catarismo de la Edad Media.

El “cancerbero”. Parroquia de los Santos Justo y Pastor, Cuenca de Campos (Valladolid). Siglo XVI o XVII.

La doctrina cristiana tampoco fue ajena a este tipo de concepciones, pero luchó contra toda idea alejada del dogmatismo de un dios único, omnipotente y omnipresente. Así lo hizo enconadamente San Agustín, quien, sin embargo, acabó dividiendo el mundo en dos ciudades, la de Dios y la de los hombres.

Son también frecuentes las alusiones a las tríadas o trinidades en las propias concepciones religiosas de la Historia. Desde la mitología india (Trimurti, los tres dioses principales, Brahma, Visnú y Shiva) o el triple panteón egipcio (Isis, Osiris y Horus), hasta la propia doctrina cristiana, que aupó la concepción trinitaria sobre la naturaleza de dios con el dogma y misterio de la Santísima Trinidad: tres personas en una, padre, hijo y espíritu santo.

Y tal y como muestra la vida misma (nacimiento, vida y muerte) o el desarrollo de toda obra narrativa (exposición, nudo y desenlace), de tríos trata este artículo, más concretamente de agrupaciones humanas de tres componentes que han tenido cierto alcance en la Historia. No exactamente de tríos (amorosos) al uso, que eso ocuparía más de un artículo; tampoco de tripartitos (políticos), y ni siquiera de la famosa Triple Alianza del siglo XIX, que englobó a imperios y países y no a personas.

De lo que va a tratar este artículo es de triunviratos y troikas, agrupaciones de tres miembros de las que muchos ejemplos se pueden encontrar a lo largo y ancho del tiempo y el espacio histórico.

El ejemplo más cercano a nuestro tiempo le tenemos en la Troika de Bruselas (los “hombres de negro”), técnicos economistas que cumplen con el encargo de fiscalizar las políticas de ajuste en los países de la Eurozona que se ven obligados a solicitar un “rescate”. La visita de los enviados de la Troika a Portugal, Grecia o España (ahora también a Chipre) es vista siempre con preocupación. Se hablará de ella más tarde, pero primero hay que referirse a sus antecedentes en la Historia: la Troika original, la soviética, y su referente romano, el Triunvirato.

 

Los Triunviratos romanos

La época de los Triunviratos es, posiblemente, la más apasionante de la historia de la Roma republicana.

El primer Triunvirato romano (60-53 a.C.), un pacto casi secreto basado en beneficios mutuos, unió a Marco Licinio Craso, que era el más rico de los romanos[y]siendo el más codicioso de los hombres, aborrecía y censuraba a los que adolecían del mismo vicio” (a decir de Plutarco); Cneo Pompeyo Magno, de quien también opinaría Plutarco que “ningún romano gozó de un amor más vehemente ni que hubiese tenido más pronto principio que Pompeyo [pero cuando estaba en Roma] era generalmente menos importante que Craso”; y Cayo Julio César, quizá el más desafecto a la República y el menos influyente de los tres en este momento, pero el favorito de la plebe y muy diferente a Pompeyo.

Craso, Pompeyo y Julio César, el primer Triunvirato romano (60-53 a.C.).

 

“Hoy verás -le dice- ¡oh madre! a tu hijo o pontífice o desterrado”; y dados los sufragios no sin grande empeño, quedó vencedor [en el 63 a.C. sustituyendo a Metelo, fallecido], inspirando al Senado y a los primeros ciudadanos un justo recelo de que tendría a su disposición al pueblo para cualquier arrojo. Con este motivo, Pisón y Cátulo culpaban a Cicerón de haber andado indulgente con César cuando en la conjuración de Catalina [un año antes] dio suficiente causa para ser envuelto en ella. Porque Catilina, cuyo proyecto no se limitaba a mudar el gobierno, sino que se extendía a destruir toda autoridad y trastornar completamente la república, redargüido con ligeros indicios se había salido de la ciudad antes que se hubiese descubierto todo su plan, dejando por sucesores en él dentro de ella a Léntulo y Cetego. Si César les dio o no secretamente algún calor y poder, es cosa que no se pudo averiguar.

 

Plutarco (Vidas paralelas, tomo V, Julio César)

 

Cada uno pertenecía a una “facción” dentro del Senado (equites, conservadores y populares, respectivamente), lo que pronto evidenció quen en política, “tres, son multitud”.

Julio César fue nombrado procónsul de la Galia mientras Craso y Pompeyo administraban dos ricas provincias: Siria el primero, e Hispania el segundo. Cuando Craso muere en la batalla de Carras (53 a.C. en la actual Harran, Turquía, contra los partos, una de las derrotas más estrepitosas de la República romana, que dio origen a la mítica “legión perdida”) y Julio César parte a enfrentarse con los galos (el Senado amplió en cinco años el proconsulado de César en la Galia, con el apoyo, entre otros, de Cicerón, antiguo enemigo), Pompeyo, en Roma, empieza a desconfiar de su socio triunviro.

También creció la desconfianza del Senado romano hacia el excesivo poder que acabó por acumular Julio César tras su triunfo en la Guerra de las Galias (entre el 58 y el 52 a.C.) con la victoria de Alesia. Y así, con la connivencia de Pompeyo, le ordenan regresar a Roma, pero sin sus ejércitos.

La actitud de César hace cambiar la historia de la República, ya que cruza el Rubicón con todas sus legiones y provoca con ello la Segunda Guerra Civil romana, donde Pompeyo resultaría derrotado (en la batalla de Farsalia en el 48 a.C.); vencidos los contrarios optimates (la facción aristocrática más conservadora); y Julio César encumbrado en lo más alto del poder en Roma.

Al menos hasta su asesinato en los idus de marzo del 44 a.C., a los pies de la escalinata del Senado, al lado de “la estatua de Pompeyo, que toda quedó manchada de sangre; de manera que parecía haber presidido el mismo Pompeyo al suplicio de su enemigo, que, tendido, expiraba a sus pies, traspasado de heridas, pues se dice que recibió veintitrés” (Plutarco).

Marco Antonio, Octavio y Lépido, componentes del segundo Triunvirato romano (43-31 a.C.).

El segundo Triunvirato romano, conformado precisamente tras el vacío de poder a la muerte de Julio César, acabó por conducir definitivamente a la República hacia el Imperio romano. El Triumviri Rei Publicae Constituendae Consulari Potestate (Triunvirato para la Constitución de la República con Poder Consular) se acuerda en el Pacto de Bolonia y se sella el 23 de noviembre del 43 a. C., con la Lex Titia (el primer Triunvirato no estuvo sancionado por ninguna ley), concediendo un poder casi ilimitado a sus firmantes: Marco Antonio Crético, Cayo Julio César Octaviano y Marco Emilio Lépido. Una alianza política frente al poder del Senado.

Ya sabemos cómo acabó la historia. Octavio, muy hábilmente, apartó a Lépido de la política y dejó que Marco Antonio se granjease él solo la oposición de toda Roma al unirse carnalmente a Cleopatra (repudiando a su esposa Octavia, hermana de Octavio); emprender guerras en su favor; y enfrentarse abiertamente a Octavio y a toda la República tomando partido por Egipto.

La batalla de Accio (31 a.C.) puso fin a las veleidades de Marco Antonio al tiempo que acabó con el poder egipcio (incorporando a Roma el último reino macedónico) y dio carpetazo final a la República romana para dar paso al Imperio y al primer emperador, Octavio, quien tomó el nombre de Augusto.

Muchos siglos más tarde, en el XIX, Italia vuelve a ver un Triunvirato cuando se proclamó la II República Romana que englobaba a los Estados Pontificios (1849). Lo conformaban Carlo Armellini (1777-1863), Aurelis Saffi (1819-1890) y Giuseppe Manzini (1805-1872), el “alma de Italia” y líder del efímero gobierno republicano que duró apenas un año.

 

Los Triunviratos americanos

Antes de trocar triunviratos por troikas, cabe mencionar que también fueron Triunviratos algunos de los gobiernos ejecutivos formados en los convulsos años de la emancipación americana del siglo XIX. Entre 1811 y 1825, en Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plata), y Centroamérica, se formaron gobiernos con esta denominación, bien por designación de una Junta (Junta Conservadora de la Soberanía del señor Fernando VII y de las leyes nacionales, en Argentina, de composición criolla, que fue disuelta por el Triunvirato), bien por nombramiento de una Asamblea Nacional Constituyente al proclamar su independencia (caso de las Provincias Unidas del Centro de América).

Junta Grande Argentina.

En México, un Triunvirato ejecutivo (entre 1823 y 1824) fue designado por el Congreso restituido por Agustín de Iturbide, antes de abdicar como emperador tras el triunfo de la Revolución de Casa Mata y la proclamación de la República por el general Santa Anna.

Este Supremo Poder Ejecutivo, que estaba formado por Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, (en ausencia de este último, se nombró temporalmente a Vicente Guerrero, pero estuvo ocupado por los suplentes en muchas ocasiones) anuló el Plan de Iguala que había llevado a Iturbide a dirigir el país, nombró ministros, liberó presos políticos, reorganizó la estructura administrativa, anuló disposiciones imperiales, enajenó bienes de órdenes religiosas, contrató empréstitos con casas inglesas, y modificó la bandera (eliminó la corona imperial), pero mantuvo vigentes las Tres Garantías: Religión Católica, Independencia de España y Unión de todos los mexicanos (todas las clases sociales). La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, aprobada en octubre de 1824, otorgaba la presidencia de la República a Guadalupe Victoria poniendo fin al Triunvirato.

El caso de Uruguay fue algo más tardío, enmarcado en las disputas por el control del gobierno que mantenían blanco” y “colorado”, y que desembocaron en la llamada Guerra Grande (1839-1851). Tras la paz de octubre de 1851 sobrevinieron unos años de convulsiones que impidieron la consolidación de un gobierno constitucional. En septiembre de 1853 se acordó la formación de un Triunvirato gubernamental en el que Venancio Flores acabó gobernando en solitario dada la muerte de sus dos correligionarios en el plazo de pocos meses. En 1854 fue nombrado presidente constitucional y se dio por finalizado el Triunvirato.

Con un carácter muy diferente, en la República Dominicana, tras el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo (con 31 años de dictadura) y derrocando el gobierno constitucional democrático de Juan Bosch (se había constituido en febrero), el 25 de septiembre de 1963 tomó las riendas del Estado un grupo de militares dirigidos por Elías Wessin y Wessin (que incluía a antiguos cargos de las Fuerzas Armadas del gobierno Bosch). Estos golpistas nombran una Junta Superior de Gobierno, militar, que es la que instala un gobierno civil ejecutivo en forma de Triunvirato. Representante de la oligarquía y elites dominicanas, gobernará el país entre 1963 y 1965.

Este Primer Triunvirato, presidido por Emilio de los Santos (1903-1986), tuvo que ser renovado constantemente. Las revueltas populares y sobre todo el movimiento político 14 de Junio, que se rebela en armas, provocan la dimisión del presidente y es nombrado Donald Reid Cabral (1923-2006), quien dirigirá los tres Triunviratos siguientes. Fue derrocado por la Revolución de abril de 1965, a la que siguió una guerra civil y la entrada de tropas estadounidenses en la República Dominicana (el 28 del mismo mes) siendo presidente Lyndon B. Johnson. El 1 de junio de 1966, un exasesor de Trujillo, Joaquín Balaguer, gana las elecciones presidenciales, y en septiembre las tropas norteamericanas abandonaron el país.

Continúa y finaliza en De triunviratos y troikas (parte segunda).


Share Button

Soy una vallisoletana de la generación del 63 y de vocaciones tardías. Mi nombre es Pilar López Almena, pero adopté un nombre “mediático” que ahora me identifica en la red como Alma Leonor López. Me diplomé en Educación Social y ejercí como voluntaria en una ONG impartiendo charlas en colegios y asociaciones y organizando cursos sobre Educación para el Desarrollo en el Centro de Profesores y Recursos de Valladolid. No tengo nada publicado. Para no mentir del todo, un querido amigo de la Universidad de Puerto Rico tuvo a bien publicar en la revista de su Departamento un artículo mío sobre la victoria de Obama. Pero eso es todo. Y tampoco tengo nada escrito. Para no faltar de nuevo a la verdad, sólo lo que publico de vez en cuando en mi blog HELICON, un lugar de ilusión donde todo tiene cabida, y en Pa Lo Que Hemos Quedao, un proyecto divulgativo y de compromiso social de la red.

Participa en la discusión

  • (no será publicado)