Imperio Británico, actualización

Por . 27 agosto, 2013 en Mundo actual
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Ahora que andan las aguas revueltas por Gibraltar, conviene echar un vistazo al Imperio, pues estos dimes y diretes entre británicos y españoles no son más que los coletazos, los últimos estertores, de lo que en su día fue potencia colonizadora, con todos esos adjetivos que hacen sonrojar a los creadores del lenguaje políticamente correcto en nuestros días.

Los hijos de la Gran Bretaña ya no dominan el mundo, por lo menos no manchan de rojo los mapas con sus posesiones, pues se calcula que en la primera década del siglo XX abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 33.700.000 km², lo que significaba una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas, lo que lo convertía en el imperio y estado más extenso de toda la Historia. Y nosotros que pensábamos que nunca se nos ponía el sol con los Austrias.

La revolución industrial, invento de las islas, necesitaba mercados de materias primas y vender posteriormente los productos manufacturados. Así que a trabajar se ha dicho, te doy algodón y me vendes a cambio los trajes que lucir en las fiestas de sociedad. Así de sencillo y así de difícil.

Luego venían los políticos, que le daban un barniz místico aldestino de la raza blanca por esos caminos polvorientos del mundo, una reina longeva y a dominar el mundo se ha dicho, al menos durante cien años. Decían sus colaboradores más cercanos que Hitler envidiaba esa flema con la que se gobierna el mundo desde una isla sin pegar apenas unos tiros y sin fabricar hornos crematorios para los disidentes. Calculó que su III Reich duraría mil años, apenas sumó doce.

¿Ha muerto el Imperio Británico? En teoría sí. Pero todavía ondea la Union Jack por muchos rincones del planeta. A los españoles no nos tienen que dar muchas explicaciones de geografía política.

Veamos qué queda. Además de Gibraltar, los británicos controlan las bases de Akrotiri y Dhekelia en Chipre, jurídicamente no son colonias, pero son posesiones en países soberanos.

En América del Norte nos encontramos con Bermudas, antigua colonia que en un referéndum decidió seguir unida a la metrópoli, o sea, colonia por los siglos de los siglos.

En el Caribe, por aquello de los paraísos fiscales, hay presencia británica en Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Antigua, Vírgenes Británicas y Montserrat.

Bajamos así al Cono Sur, allí se encuentran las malogradas Malvinas, o Falkland, reclamadas por los argentinos. Y un poco más al sur, dos entidades, el Territorio Antártico Británico y las Islas Georgia del Sur y Sándwich del Sur.

Todavía no hemos acabado. En el Atlántico Sur hay presencia británica en tres islas, Ascensión, Santa Elena y Tristán da Cunha. Sigamos por Asia, allí, con mucha flema se nombra al Territorio Británico en el Océano Índico, vamos, el archipiélago de las Chagos de toda la vida, donde la isla mayor, Diego García, cuenta con apenas cuarenta kilómetros cuadrados.

Y cerramos en Oceanía, con la isla Pitcairn, lugar donde se refugiaron los amotinados de la Bounty. ¿Y si añadimos a la lista las posesiones de la corona? Tienen un régimen especial, pues están fuera del Reino Unido y de la Unión Europea. Son un retazo de la Edad Media, eso que tanto gusta a los que pasean por las calles de Londres. En ese apartado hay que sumar las islas de Guernsey, Jersey y Man.

El imperio no morirá nunca, créanme, hasta que aprendamos inglés correctamente, al menos en mil palabras y más allá del “nivel medio”, comamos en Marks&Spencer pollo tandoori, tomemos té de rooibos, nos riamos con Little Britain y sigamos la pista a David Beckham, que también ha montado un imperio, el de los calzoncillos, los tatuajes, los perfumes y las camisetas ajustadas, sin el añadido de su esposa. Y, la verdad, también vende.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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