La gente corriente de la Roma antigua, según R. C. Knapp

Por . 25 septiembre, 2013 en Reseñas
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Indica Robert C. Knapp en la introducción de su libro Los olvidados de Roma que su intención es “desvelar y comprender cómo era la vida para la enorme cantidad de gente que vivía en Roma y su Imperio”, partiendo de la premisa de que la Historia más conocida es aquella que ha sido escrita por y para las elites o, al menos, es del grupo social más conocido a través de las fuentes escritas.

El compromiso del autor en esta obra de divulgación es dar voz, sin caer en la erudición excesiva, a lo que él llama “gente corriente”: prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores –como indica el subtítulo del libro–, pero también mujeres, pobres, libertos y soldados.

Así, el historiador estadounidense, catedrático de la Universidad de Berkeley, desgrana en cada uno de los capítulos, de forma cercana y amena, información cotidiana sobre la situación social, tareas, expectativas y miedos de cada uno de los grupos anteriormente citados, acompañando la explicación por traducciones de pequeños textos epigráficos o retazos de obras clásicas como El asno de oro de Apuleyo y otras, de donde extrae la mayor parte de los datos, en un intento por acercar al lector moderno una imagen actualizada de aquellos que considera invisibilizados por el poder o por los intereses de la elite.

Hay, por tanto, también un matiz subjetivo en su explicación, ya que cada capítulo viene salpicado por este último juicio de valor del autor, que considera que la escasez de datos con la que se encuentra el historiador moderno sobre aspectos de vida cotidiana de la inmensa mayoría de la población del Imperio romano es motivada por el miedo de la elite a ver disminuido su poder. Poder, como nos explica Knapp, desarrollado a partir de la idea de la sumisión vertical de la gente corriente.

Muy llamativo resulta en el uso de variadas fuentes escritas para ordenar los datos de esa gente corriente: casi siempre, inscripciones epigráficas de lápidas y monumentos, lecturas de sueños y consultas oníricas del Carmen Astrologicum, la obra de Apuleyo nombrada más arriba, el Satiricón de Petronio, los poemas anónimos de los priapeos, las fábulas de la Collectio augustana, algunas parábolas del Nuevo Testamento y textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, entre otros.

Aunando la información directa o indirecta que aporta cada uno de estos textos, Knapp traza un breve retrato de esos “olvidados”, como él los llama en el último capítulo de la obra.

Además, es de destacar que el retrato que se hace de la forma de vida de la gente corriente en algunas ocasiones rompe moldes preconcebidos. Así, los esclavos no se rebelarían con tanta facilidad contra su condición –como cabría pensar para nuestra mentalidad moderna–, ya que en el esquema mental del mundo antiguo no se reflexiona sobre la moralidad o no de la esclavitud. O la asistencia casi diaria a las termas no tendría los esperados efectos positivos, debido a la falta de condiciones higiénicas –memorable redacción la que hace Knapp sobre este tema–

También los hombres temerían el poder mágico de sus mujeres –capaces, por su naturaleza femenina, de realizar poderosos hechizos o pociones–, llegando a redactar cláusulas contra esto en contratos prematrimoniales.

Se esfuerza el autor por dejar constancia de que el orden social del Imperio era difícilmente modificable, de manera que las situaciones de violencia, injusticia y dominación vertical –o corporativismo horizontal– estaban perfectamente asumidas.

 

Robert C. Knapp

Los olvidados de Roma: prostitutas, esclavos, gladiadores y gente corriente

Traducción: Jorge Paredes

Ariel, 2011

415 páginas. 7 páginas con ilustraciones a todo color


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Madrid, 1975. Estudié Geografía e Historia en la Universidad Autónoma de Madrid, con la especialidad de Prehistoria y Arqueología. Al terminar la carrera participé en un proyecto de voluntariado social coordinado por la Compañía de Jesús en uno de los barrios más marginales de Madrid. No tenía nada que ver con lo que yo había estudiado: alfabetización de adultos, animación sociocultural y apoyo en albergues. Pero eso también, de alguna forma, era historia: la de personas sufrientes. El Hombre que yo quería ver y conocer, la realidad más viva. Antes de que se me olvide, llevo un blog llamado En clase (conoce tu pasado).

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