Herodoto y el nacimiento de la historia universal

27 nov, 2013 por



Como “padre de la Historia” califica Cicerón a Herodoto y nosotros no somos quien para contradecir al pensador de Arpino.

Con Herodoto se inicia, quizás sin que él mismo fuera consciente de ello, la construcción de una disciplina, la Historia, que durante más de dos milenios cautivará a la humanidad. Hasta entonces lo épico y lo divino habían marcado la incipiente literatura griega, pero con Herodoto el estudio retornará a las acciones y a las decisiones de los mortales, a la búsqueda de una explicación objetiva de los hechos y al intento “racional” por comprender sus causas y darlas a conocer.

Antes de examinar la vida y obra de Herodoto el lector debe saber que todo lo que rodea a este historiador está sometido a un fuerte debate académico. Nada hay seguro sobre su biografía (salvo su lugar de nacimiento), ni sobre cuándo y qué sistema siguió para confeccionar su obra. Tampoco tenemos certezas sobre sus fuentes, cuya rigurosidad y veracidad están sujetas a gran controversia. Herodoto elabora su obra en un momento de cambio entre la tragedia y la razón, entre lo trágico y lo racional, y este tránsito queda reflejado, de forma inconsciente, en su obra.

Sabemos que Herodoto nació en Halicarnaso, pues así lo afirma el propio historiador en el proemio de su obra, en una fecha incierta aunque se suele fijar entre el 490 y el 480 a.C. Situada en la costa suroeste de Asia Menor, Halicarnaso pudo haber tenido su origen en un asentamiento cario, posteriormente colonizado por los dorios, aunque en el momento de nacimiento de Herodoto se encontraba bajo dominación persa.

Tampoco está claro qué posición ocupaba su familia en el seno de la ciudad, esto es, si sólo gozaba de una situación acomodada o pertenecía a la nobleza con arraigo en Halicarnaso. Los pocos datos que disponemos sobre su vida proceden de fuentes griegas tardías y, por tanto, poco fiables. Sí sabemos que Herodoto fue sobrino del poeta épico Paniasis y que tuvo que exiliarse a la isla de Samos por apoyar los levantamientos contra el tirano Ligdamis, que gobernaba su ciudad natal.

Parece que será a partir de su exilio en Samos cuando inicie los viajes que marcarán su vida y su obra, aunque también se ha defendido que ya había realizado algún desplazamiento antes incluso de refugiarse en esta isla. No está clara su cronología ni los lugares en los que estuvo, aunque se estima que visitó Egipto, Palestina, Babilonia, Asiria, Tracia, el continente griego y la Magna Grecia.

Estos viajes son fundamentales para comprender sus escritos: muchas de las referencias y hechos que recogerá son consecuencia directa de ellos, ya que le pusieron en contacto con las élites culturales de las regiones que visitaba y le facilitaron el acceso a sus tradiciones y mitos. Los ingresos para financiarlos pudieron proceder de los concursos en los que participaba y de las enseñanzas que ofrecía allí donde iba. Desconocemos si disponía de otra fuente alternativa de ingresos.

Una de las cuestiones más discutidas en torno a los viajes de Herodoto es la de determinar si con carácter previo a iniciarlos ya se había propuesto confeccionar su obra o si, por el contrario, fue tras su vuelta y a la vista del conocimiento que había acumulado cuando tomó la decisión de redactarla.

El siguiente dato que disponemos sobre su vida le sitúa en torno al año 447 a.C. en Atenas como miembro del círculo de eruditos que gravitan alrededor de Pericles. Durante su estancia en la ciudad griega descubrió las cualidades del sistema político, social y cultural ateniense cuyo aprecio se trasluce a lo largo de su obra.

No sabemos cuánto tiempo permaneció en Atenas y si continuó con sus viajes durante este período. Pero en el año 444 a.C. lo encontramos en la colonia panhelénica de Turius (situada en el golfo de Tarento, al sur de la península Itálica), fundada por Pericles, donde antes se hallaba la ciudad de Sibaris y cuyas leyes “constitucionales” fueron preparadas por el filósofo Protágoras.

Aunque desconocemos si durante los últimos años de su vida permaneció en Turius o continuó su vida itinerante, se suele fijar el año 425 a.C. como fecha de su muerte, ocurrida en esta colonia una vez iniciada la Guerra del Peloponeso.

Dentro de los múltiples debates que envuelven a la obra de Herodoto, uno de los más polémicos es el de su elaboración. Parte de los estudiosos del historiador griego defienden que fue escrita de un solo “tirón” al final de su vida, presumiblemente en Turius. Mantienen como argumentos para sostener su posición que el hilo conductor de la obra permanece inalterado a pesar de las digresiones o excursus que introduce, y que todo su contenido queda subordinado a un plan original, el de narrar (y explicar) las Guerras Médicas. Refuerza esta tesis la homogeneidad del pensamiento histórico de Herodoto a lo largo de toda su obra.

Frente a esta posición, hay quien defiende, por el contrario, que su preparación se llevó a cabo adhiriendo diversos fragmentos o logos elaborados en distintos momentos de su vida. Para justificarlo se apoyan quienes tal cosa defienden en la desigual extensión de las digresiones, en las formas de tratar las fuentes (más rigurosas a medida que se acercan a la época de Herodoto) y en la ausencia de un esquema general que estructure toda la obra.

El único libro de Herodoto que nos ha llegado (y posiblemente el único que escribió) son sus Historias. Compuestas por nueve libros, la finalidad del autor viene recogida en el proemio en estos términos, que dan fe de su propósito:

Ésta es la exposición del resultado de las investigaciones de Herodoto de Halicarnaso para evitar que, con el tiempo, los hechos humanos queden en el olvido y que las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, por griegos y bárbaros –y, en especial, el motivo de su mutuo enfrentamiento– quede sin realce”.

La obra se divide en dos partes. En la primera, de cinco volúmenes, aborda la expansión del Imperio persa y el marco histórico de las ciudades griegas, especialmente Esparta y Atenas, antes del inicio de las Guerras Médicas. La segunda, más extensa, nos cuenta el desarrollo de estas últimas. Con el trasfondo de la civilización griega que se abría en el siglo VI y V a.C. Herodoto se esfuerza por mostrar a sus coetáneos el mundo hasta entones conocido.

Este mundo, tal como él lo percibe, se encuentra dividido entre Occidente (Grecia) y Oriente (Persia). Ambos viven en una situación de equilibrio que se romperá con el inicio de las Guerras Médicas, cuya causa, explica Herodoto, se halla en la expansión de Creso, rey de los lidios, por los pueblos de Asia Menor y que concluye casi ochenta años después con la derrota del ejército persa dirigido por Jerjes en el año 478 a.C.

Es discutible si Herodoto puede considerarse el fundador del género histórico. Antes que él son varios los autores que habían abordado, en cierto modo, la narración histórica, como Xanthus de Lidia, Hecato de Mileto (a quien se considera el maestro de Herodoto) o Helánico de Lesbos.

Algunos de ellos trataron incluso la misma temática que el historiador de Halicarnaso. Estos historiadores, a quienes se denomina logógrafos, se asocian con la cultura jonia del siglo V a.C. En su mayoría son relatos en prosa que recogen las crónicas de ciudades o pueblos y genealogías de familias, o recopilación de tradiciones o mitos, sin aplicar ningún sesgo crítico a la información que transmiten. Su gran avance, no obstante, reside en el intento por alejarse de la épica imperante en la literatura de la época para centrarse en lo humano y palpable.

Herodoto, a quien Tucídides califica también como logógrafo, es una rara avis. Su obra va a marcar un antes y un después en la historiografía, además de ser el primer autor relevante que escribe en prosa jónica. Será también el primero, o al menos el más importante, en abandonar la historia localista o regionalista para centrarse en la visión universal de los acontecimientos que se produjeron con antelación a las Guerras Médicas.

Sus Historias no se circunscriben a un contendiente concreto o a un suceso específico, sino que buscan abarcar todo aquello que permita explicar las causas determinantes del conflicto. Si a estas características añadimos el tratamiento que hace de sus fuentes, resulta cuestionable incluirlo dentro del grupo de logógrafos, como hace Tucídides, aunque tampoco se le puede considerar propiamente un historiador según los cánones modernos. Es necesario en todo caso contextualizar la obra de Herodoto y tener presente cuáles son sus destinatarios y el propósito de aquélla.

Composición de Pablo Odell.

Detrás de los acontecimientos que narra Herodoto emerge una teoría histórica-filosófica, que el propio historiador denomina “ley del equilibrio o del ciclo”, basada en el movimiento circular de la fortuna y de la desgracia humana, que refuerza el componente trágico del destino del hombre, cuya ambición, o ruptura de aquel equilibrio establecido, le aboca al fracaso de sus empresas.

Durante toda su obra ahonda, igualmente, en lo cambiante de la felicidad humana. Esta ley universal no se atribuye a alguien en concreto y de ella se hace responsable a lo divino, a los dioses, al azar, al destino e incluso a las acciones injustas de los hombres promovidas por su grandeza excesiva. Suelen ser los oráculos o los sueños los que anuncien el castigo por el daño infringido al romperse el equilibrio. La visión teleológica del hombre, que se encuentra ineluctablemente supeditado a su destino, demuestra la influencia que todavía persiste en Herodoto de la épica y la lírica tradicionales, también presentes en la obra de contemporáneos suyos como Arquíloco o Sófocles.

Frente al carácter teleológico de la obra de Herodoto, destaca la importancia que atribuye a las acciones de los hombres. Como recogía en el proemio de Historias, su objetivo es preservar del olvido lo que han hechos los hombres. La inteligencia y el valor de los personajes que intervienen condicionan el devenir de los acontecimientos, de modo que las decisiones por ellos adoptadas son decisivas: serán los hombres quienes asuman la responsabilidad de sus acciones. Así queda demostrado en las discusiones de los generales griegos en torno a si hacer frente o no a los persas en Salamina: su éxito estaba asegurado en la medida en que se decantaron por la opción más inteligente.

El objetivo que busca Herodoto no es, ya queda dicho, sino explicar las causas que provocaron las Guerras Médicas, a cuyo efecto se dirige la investigación que el propio autor ha llevado a cabo; ya no hay musas que vayan revelando la obra, hay un autor y una investigación detrás (el propio historiador asume la autoría de la obra, algo poco habitual en aquella época).

Los hechos y las interpretaciones que de ellos se hacen sustituyen al mito y, quizás lo más importante, prevalece la atención a los sucesos de los hombres en detrimento de los dioses, que aparecen de forma secundaria. Si antes se cantaban las historias de los héroes, Herodoto se centra en los hombres y en aquello que pueda ser objeto de estudio. Sus verdaderos protagonistas son los pueblos griegos, bárbaros y persas.

Una de las críticas que ha recibido Herodoto es la relativa al tratamiento de las fuentes. Los viajes que realizó le permitieron acceder a una copiosa cantidad de información, cuyo uso ha sido calificado de ingenuo o incorrecto. Incluso se le ha llegado a acusar de inventar directamente los datos que facilita y de no haber visitado los lugares donde dice haber estado. Es difícil saber el grado de veracidad de sus afirmaciones pues no han llegado hasta nosotros otros textos fiables que puedan contrastar lo dicho por Herodoto. En defensa del historiador de Halicarnaso diré que jamás presume de conocer la verdad absoluta de los hechos y llega a reconocer en varias ocasiones su ignorancia.

Son tres las fuentes primordialmente utilizadas por Herodoto: las escritas, las orales y su propio conocimiento.

En cuanto a las fuentes escritas (las más escasas), emplea las obras de otros autores o, en menos ocasiones, las inscripciones existentes y rara vez cita su origen salvo cuando las hace objeto de crítica.

Las fuentes orales, más abundantes, consisten en la información que le ha sido transmitida, sin que suela indicar el nombre de la persona que se la facilitó, sustituido por referencias genéricas o impersonales. El conocimiento de primera mano incluye las descripciones de lugares, paisajes, razas y demás circunstancias que pudo observar a través de sus viajes. Es difícil, repito, precisar la exactitud de la obra de Herodoto, pero en todo caso intentó aplicar un sesgo crítico a sus fuentes y trató de limitar su alcance fabuloso o de reinterpretar su significado. También procuró aportar distintas versiones sobre un mismo hecho para contrastar su veracidad y organizar los sucesos en un todo coherente.

A modo de conclusión diré que con Herodoto nace el germen de la historia universal. La historia traspasa las murallas locales o regionales que hasta entonces la encerraban para, por primera vez, tener como marco a la humanidad en su conjunto.

En este período de tránsito que supone el siglo V a.C., y de la mano de la nueva filosofía jonia (que precede a los grandes pensadores griegos), la razón se impone a lo divino y el hombre al héroe. Lo fabuloso, que aún sigue muy presente, va dando paso a una nueva forma de entender la naturaleza en la que el hombre es dueño de su propio destino, o al menos tiene autonomía en sus decisiones. No debemos olvidar, a pesar de todo, a quién va dirigida la obra de Herodoto y el contexto en que se produce, a riesgo de incurrir en el error de juzgar con criterios modernos una obra que buscó mostrar a sus contemporáneos el oikoumene.

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