La guerra de Secesión narrada por Fernando Martínez

Por . 4 noviembre, 2013 en Reseñas
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Sílex Ediciones acaba de publicar la nueva obra de Fernando Martínez Hernández, autor de esta revista, La guerra de Secesión.

 

A continuación te reproducimos uno de los epígrafes de un libro dotado del pulso narrativo del reportaje periodístico para acercarnos a una guerra que todavía marca las claves del presente de Estados Unidos.

 

Sherman, una lengua de fuego

Una vez que las fuerzas de la Unión habían puesto su pie en Atlanta, Georgia, y el ejército del combativo general Hood se hallaba en retirada, Sherman siguió con sus osados planes. Al igual que el general Ulysses S. Grant, estaba convencido de que la capacidad estratégica, económica y psicológica de la Confederación para sostener la guerra, tenía que ser definitivamente destruida para que la lucha llegara a su fin. De este modo, pensaba que la Unión tenía que conducir la campaña como una guerra de conquista y emplear tácticas de tierra arrasada para quebrar la voluntad de la Confederación. El avance de Sherman a través de Georgia y las Carolinas se caracterizó por la destrucción generalizada de suministros civiles e infraestructuras, unido algunas veces a acciones de saqueo, que aunque estaban oficialmente prohibidas, se justificaban por el convencimiento de que una paz duradera sólo sería posible con la restauración de la Unión, y de ese modo, él estaba capacitado –al ostentar el mando militar– para ordenar todo aquello que estuviera a su alcance para aplastar la rebelión.

En el otoño de 1864, mientras que John B. Hood y su maltrecho ejército del Tennessee estaban en franca retirada, el general Sherman inició la llamada Marcha hacia el mar con la pretensión de hacer aullar a toda Georgia. En otras palabras, Sherman pretendía destruir cuanto fuera posible de todo aquello que pudiera ser utilizado por el esfuerzo de guerra sudista y, de paso, romper la moral de la población civil. Tras destruir gran parte de Atlanta una vez conquistada, Sherman se puso a la cabeza de 60.000 veteranos soldados el jueves 17 de noviembre de 1864. Continuó en una marcha por el sureste que le llevaría hasta la costa atlántica.

Cortando deliberadamente sus comunicaciones con el Norte –quemó sus naves como Hernán Cortés–, Sherman declaró que sus hombres y él vivirían de los recursos que diera la rica tierra que, hasta ese momento, no había sido tocada por la guerra. La velocidad y eficiencia de la destrucción causada por las fuerzas de Sherman fue tremenda. Un ejemplo de ello fue la práctica de doblar raíles alrededor de árboles dejando tras de sí las famosas corbatas de Sherman, que hacían que las reparaciones de las vías férreas fueran muy costosas para la Confederación.

Durante un mes, este ejército, virtualmente sin resistencia, atravesó el estado en un frente de 97 kilómetros de ancho, dejando detrás un sendero de destrucción, una lengua de fuego que no dejaba crecer nada a su paso. La severidad de los actos de destrucción por las tropas de la Unión fue significativamente mayor en Carolina del Sur que en Georgia o Carolina del Norte, tal vez se debiese a la animadversión de los soldados nordistas y sus oficiales contra el estado que ellos señalaban como “la madriguera de la rebelión”. El mayor Henry Hitchcock, oriundo de Alabama, pero que servía en el ejército de Sherman, declaró: “Es una cosa terrible destruir los bienes y el sustento de miles de personas, pero si la estrategia de tierra arrasada funciona, entonces será un buen acto al final de la guerra”

El general Sherman informó a Washington: “Calculo el daño causado a Georgia y sus recursos militares en 100 millones de dólares, 20 de los cuales al menos han quedado para provecho nuestro y el resto simplemente es ruina y destrucción”.

Hay quienes piensan que el general Sherman es el predecesor de la inhumanidad de las guerras a gran escala del siglo xx, otros piensan que en comparación con otros conflictos, como la guerra anglo-bóer (1899-1902), donde los civiles fueron objetivos militares debido a su papel como sostenedores de la resistencia armada, su política de tierra arrasada no fue tan sistemática. El historiador Hermann Giliomee declaró que Sherman emergió como “un comandante que logró un mejor balance que los oficiales británicos entre severidad y contención al tomar acciones proporcionales a las necesidades legítimas de la guerra”. El 22 de diciembre de 1864, la ciudad costera de Savannah, Georgia, cayó ante Sherman, que envió este nuevo mensaje a Lincoln: “Le suplico acepte como regalo de Navidad la ciudad de Savannah, con 150 cañones pesados y munición en abundancia, y también unas 25.000 balas de algodón”. El presidente quedó encantado y la Confederación quedó dividida en dos una vez más.


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