Lettow-Vorbeck o cómo sobrevivir al Imperio Británico

Por . 11 noviembre, 2013 en Siglos XIX y XX
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Menos mal que Alemania llegó tarde al reparto colonial de África, hoy hablaría alemán medio planeta. La Gran Guerra se interpuso en sus serias aspiraciones de convertirse en un imperio con todas las letras. Curioso, en África también se rompieron las hostilidades en el frente occidental, el actual Togo.

Encajados entre franceses y británicos, los alemanes disponían de unos cuatro mil hombres, de los que apenas unos trescientos eran súbditos del káiser, oficiales en su mayoría. Las operaciones conjuntas de los aliados comenzaron pronto, el 27 de agosto de 1914, y la capitulación lógicamente fue inmediata.

Más problemas le planteó a las fuerzas aliadas el Camerún. El plan consistía en invadirlo desde el río Congo, los franceses, y desde la frontera de Nigeria, los británicos. Pero el mal tiempo benefició a los alemanes, incluso le permitió hacer incursiones por su vecina Nigeria. La Royal Navy ocupó entonces los puertos, los alemanes abandonaron sus posiciones costeras y se marcharon al interior. En febrero de 1915 se entregaron sin apenas víveres.

Más abajo, siguiendo la costa atlántica africana, se encontraba la colonia del  África Occidental, la actual Namibia. Con la declaración de guerra se marcharon al interior, a la ciudad de Windhoek, donde cometieron el error de hacer incursiones en la provincia británica de El Cabo. A la lucha de los soldados británicos se unieron los propios sudafricanos, así que los alemanes se rindieron el 12 de mayo de 1915.

Así que nos queda el África Oriental alemana, actual Ruanda, Burundi y parte de Tanzania. Ciertamente los británicos sabían que desde esas posesiones el peligro era más serio. El ferrocarril de Uganda, que tenía como destino el puerto de Mombasa, corría paralelo a la frontera entre alemanes y británicos.

Alemania podía contar con unos diez mil hombres, entre oficiales, colonos, reservistas y soldados nativos —los combativos áscaris—, y por cada batallón sumaba cuatro mortíferas ametralladoras. Los británicos, apenas unos mil quinientos combatientes, contaban con formidable la Royal Navy, pero anclada a sus espaldas y con dificultades para abastecer a la tropa.

Después del bombardeo de Dar-es-Salaam y los desembarcos británicos en Tanga, las fuerzas alemanas abandonaron una vez más la costa para ocupar posiciones defensivas en el interior. El bloqueo se hizo efectivo el 25 de febrero de 1915. Los alemanes tenían más hombres, más armas y dominaban las vías de comunicación, y aventajaban además a los aliados en su comandante, el aguerrido Paul von Lettow-Vorbeck.

En marzo de 1916, los británicos reunieron fuerzas desde la costa y lanzaron una ofensiva compuesta por cuatro mil quinientos hombres dirigidos por el general Jan Smuts. Los alemanes rehusaron el combate directo y se aprovecharon de su conocimiento del terreno para emboscar a las tropas británicas, infligiéndoles graves derrotas, como la de Mahiwa en octubre de 1917, en la que los británicos perdieron mil seiscientos hombres y los alemanes tan sólo cien.

Lettow-Vorbeck pudo recuperar entonces el terreno perdido en los meses anteriores y penetrar en la colonia lusa de Mozambique, que había declarado la guerra a Alemania. Las guarniciones portuguesas del norte fueron fácilmente derrotadas y sus víveres pasaron a las manos de los alemanes.

Después de dos nuevas derrotas británicas, se produjo el armisticio en Europa en noviembre de 1918. Diez días después entregó las armas de sus huestes en Abercorn, en la actual Zambia. Había resistido cuatro años al todopoderoso Imperio británico y había mantenido casi intactas sus fuerzas.

El imperio colonial alemán en África se esfumó, pero nació la leyenda de su último comandante, pues inició una campaña para repatriar los soldados prisioneros alemanes de cualquier rincón del mundo y exigió que las tropas nativas tuvieran el mismo trato que las europeas; en el polo opuesto del cruel y corrupto gobernador Gustav Adolf Graf von Götzen, auf!

En enero de 1919 Lettow-Vorbeck regresó a Alemania, el tiempo justo para que el káiser firmara el último decreto de su reinado donde le ascendía a general. Después se convirtió en héroe nacional y comandó una división del recién creado Reichswher. Pero aborreció de Adolf Hitler y su partido nazi en expansión, por lo que se retiró del servicio en 1930. Murió olvidado a los noventa y tres años en la ciudad de Hamburgo en 1964. Danke schön…!


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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