Odia al delito. Concepción Arenal, pionera

Por . 20 noviembre, 2013 en Siglos XIX y XX
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Reformadora social, Concepción Arenal fue una auténtica pionera de la contemporaneidad española. Y si no, baste con ver su actuación y su pensamiento en determinados ámbitos: reclamó para la mujer una nueva consideración social (reivindicando su derecho a recibir instrucción superior y a ejercer profesiones reservadas a los hombres) y demandó la renovación del sistema penitenciario, sobre el cual, con una frase que se haría célebre, afirmó: Odia el delito, compadece al delincuente”.

Concepción Arenal Ponte nació en la coruñesa ciudad de Ferrol el 31 de enero de 1820. Huérfana de padre (un militar liberal opuesto al absolutismo de Fernando VII) desde 1829, ese año se trasladó con su madre y hermanas a la localidad cántabra de Armaño.

En 1834 marcharon a Madrid, y allí Concepción estudió en una institución de enseñanza para señoritas distinguidas. Pronto inició una nueva vida marcada por la ruptura de las convenciones. Ataviada con ropas masculinas, asistió como oyente a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central entre 1842 y 1845, y se incorporó a diversas tertulias reservadas igualmente para hombres. Conoció así al abogado y periodista Fernando García Carrasco, con quien contrajo matrimonio en 1848 y con el que, desde 1855, colaboró en el periódico liberal La Iberia.

Tras fallecer su esposo, en 1857, se afincó en el hoy municipio cántabro de Potes, donde entabló amistad con el músico Jesús de Monasterio; y, en 1859, fundó, animada por él, la rama femenina de las Conferencias de San Vicente de Paúl para ayuda de los pobres.

Un año después escribió La beneficencia, la filantropía y la caridad, premiada por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Nombrada visitadora de prisiones de mujeres en 1863, manifestó su malestar por las condiciones de la población reclusa en Cartas a los delincuentes (1865) y se mostró partidaria de reformar el Código Penal, lo que supuso su cese. Poco después, su Oda a la esclavitud (1866) triunfó en un certamen convocado por la Sociedad Abolicionista.

En 1868, derrocada Isabel II e iniciado el Sexenio Democrático, el Gobierno provisional presidido por Francisco Serrano la nombró inspectora de casas de corrección de mujeres (puesto que ejerció hasta 1873). Un año después, publicó La mujer del porvenir, quizá su libro más recordado. En 1870 participó en la fundación de La Voz de la Caridad, publicación quincenal en cuyas páginas denunciaría durante los siguientes 14 años, en centenares de artículos, la situación de los centros penitenciarios y la miseria de la sociedad.

También constituyó, en 1872, la Constructora Benéfica, para facilitar viviendas baratas a los obreros; y participó en la implantación en España de la Cruz Roja durante la tercera Guerra Carlista (1872-1876), sirviendo en el hospital de sangre de Miranda del Ebro.

Fallecida en Vigo el 4 de febrero de 1893, otras obras suyas fueron El visitador del pobre (1860), La ejecución de la pena de muerte (1867), Estudios penitenciarios (1877), La instrucción del pueblo (1878), Ensayo sobre el derecho de gentes (1879), La cuestión social (1880), La mujer de su casa (1881), Estado actual de la mujer en España (1884) y La educación de la mujer (1892).


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Soy madrileño. Estudié Geografía e Historia en mi entrañable Complutense, especializándome en Historia Contemporánea. Desde 1995 hasta 2008, fui editor de Ciencias Sociales, y luego de Historia, de la Enciclopedia Encarta; allí fui formado en el oficio por profesionales de la talla de José Luis Ibáñez Salas y Miguel García del Río, gracias a los cuales, en ese pequeño patio de vecinos que es el mundo editorial, efectué también años después diversas colaboraciones para Santillana Educación y Ediciones SM. Hasta que recalé en el puerto de CTO Editorial. Pero un espíritu inquieto vive de emociones y retos; y hay sueños pendientes, que se identifican con los de Anatomía de la Historia. Sueños que han de ver la luz (¡ah!, aunque no lo crean, el viejo flexo rojo todavía funciona…).

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