Jorge V, coleccionista

Por . 11 diciembre, 2013 en Siglos XIX y XX
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Tu padre es rey, algo maduro, pues ha ostentado el título de príncipe de Gales nada menos que durante sesenta años, y tu hermano mayor heredará el trono, así que tienes vía libre para dedicarte a tus aficiones. Nada mejor que corretear por palacio, acudir a un concierto, pasear a caballo y sentarte —lo que más le gusta— en un mullido sillón de cuero con una copa de brandy en una mano y en la otra una lupa, para admirar los sellos de correos que pacientemente organiza en álbumes.

Así de tranquilo vivía el príncipe Jorge de Inglaterra (1865-1936), el segundo hijo de Eduardo VII (1841-1910) hasta que cumplió los veintisiete años, pues su hermano, el príncipe Alberto Víctor (1864-1892), murió de gripe y ese fue el mayor favor que le hizo a la monarquía británica, ya que existían sospechas de su homosexualidad (lean algo sobre el escándalo de la calle Cleveland) y que en su mente anidaba el mismísimo Jack El Destripador: un cúmulo de escándalos en plena época victoriana. Sin quererlo, el joven Jorge se convirtió en heredero directo al trono.

Aunque nos fascinan las teorías conspirativas, la Historia nos dice que Alberto Víctor no estaba muy interesado en eso de la monarquía británica, el Imperio, el boato y los Windsor en general, algo parecido a lo que le ocurría a uno de sus descendientes, Eduardo VIII (1937-1972), que abdicó por amor (¡).

La verdad es que a Jorge, más que ser rey, le fascinaba la filatelia, una afición burguesa y muy británica. Desde pequeño guardó y clasificó sellos, después de heredar algunos de sus familiares más cercanos. Recordemos que el uso del sello para franquear el correo fue un invento británico de 1840 y en las islas comenzó el gusto por su colección.

Su entusiasmo no tenía límites, ya que se cuenta que en una ocasión le comentó a su asesor filatélico J. A. Tilleard: “Me gustaría tener la mejor colección y no una de las mejores de Gran Bretaña”.

La fuerza de su colección residía en su integridad. Independientemente de los atractivos filatélicos de las series clasificadas, el rey Jorge V nunca descuidó una emisión postal, siempre que estuviera en buen estado. También mostró un gran interés por el diseño de los sellos, de ahí que los artistas que creaban las series postales se presentaran en palacio para conseguir su aprobación. Y como gesto de agradecimiento, los autores le regalaban sus bocetos, que hoy tienen un valor incalculable.

La colección abarcaba más de trescientos álbumes de tapas rojas de cuero, con sesenta páginas cada uno. En 1906 se centró en las emisiones del Imperio y de Gran Bretaña. La imagen no puede ser más poderosa, un rey que se mira a sí mismo en los sellos. Tras la muerte del rey, Eduardo VIII consideró incluso la venta de la colección real, pero no se hizo, por fortuna, pues se hubieran disgregados los álbumes en unas cuantas colecciones privadas.

A partir de Jorge VI (1895-1952), que no sabía mucho de filatelia, la colección se ha considerado un activo familiar, una herencia con el pasado, como los palacios o los cuadros que cuelgan de sus paredes. Pero añadió unos álbumes más, de color azul. Luego, los de tapa verde, que corresponden a las aportaciones más recientes de Isabel II, pero ese material nuevo se haya en gran parte sin clasificar. Y es probable que se tarde un tiempo en ponerlos en orden, pues se cuentan unos dos mil lotes.

Un cortesano le preguntó al rey Jorge si había leído que “un maldito tonto había pagado hasta 1.400 libras por un sello”. “Sí, lo sé”, fue la respuesta. “Yo era ese maldito tonto”, dicen que respondió. Al menos tres tardes a la semana se las llevaba junto a sus sellos en Londres cuando ya fue coronado rey. Por cierto, fue el primero en coronarse emperador en la India en persona, en el Durbar de 1911 en Delhi. En la actualidad la colección se encuentra en la Royal Philatelic Collection.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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  1. gravatar Rafael Burgos Responder
    enero 12th, 2014

    Buenísimo, como suele ser habitual en los artículos de Fernando