Old Abe, la mascota alada del 8º de Wisconsin

Por . 15 enero, 2014 en Siglos XIX y XX
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En verdad era una hembra, un hermoso ejemplar de águila calva americana (haliaeetus leucocephalus), el símbolo de la república que ideara George Washington, aunque cuanta la leyenda que se pensó seriamente, en los días de la independencia de Gran Bretaña, en aupar al pavo salvaje (meleagris gallopavo) a la categoría de emblema de Estados Unidos.

Pero expliquemos mejor la historia de un águila calva que recibió el mismo apodo electoral del presidente Abraham Lincoln, un regimiento de infantería de Wisconsin durante la guerra de Secesión, un cazador indio, el sitio de Vicksburg, la Exposición Universal de Filadelfia y el distintivito de la 101ª aerotransportada, realidades unidas por un mismo núcleo narrativo, a saber, el uso de mascotas en los ejércitos de cualquier época, clase y condición.

Durante la primavera de 1861 el indio Sky, de la tribu de los ojibwe (en verdad se llamaba Ahgamahwegezhig, intraducible), acampó al este de Park Falls, en Wisconsin, en su temporada de caza habitual. Al final del verano vendió, entre otras cosas, el águila a Daniel McCann por unos sacos de maíz.

Y en esto que la guerra entre el Norte y el Sur estalló. En Wisconsin se creó una compañia de voluntarios, y por dos dólares y medio McCann le vendió el ave a uno de los oficiales de la reciente unidad de infantería En septiembre de ese mismo año se encuadró la compañía de voluntarios en el 8º de Wisconsin, no fue casualidad que se le llamara Águila, y que poco tiempo después se conociera al regimiento al completo con el mismo nombre, dada al impacto visual de una mascota de esa categoría (política, se entiende). Así que les quedaba combatir y demostrar en el campo de batalla la fuerza del atributo que portaban en sus desfiles.

De esta forma, lucharon con distinción en el teatro de operaciones del Oeste, sobre todo, pues se foguearon en la toma de la Isla número 10, al igual que en Corinth o Nueva Madrid, hitos estratégicos en ambas márgenes del río Misisipi, previos al control total de las fuerzas de la Unión en el verano de tercer año de guerra, en julio de 1863.

Sin embargo, fueron conocidos estos aguerridos soldados y su singular mascota durante el sitio de Vicksburg, el último bastión confederado sobre el Misisipi.

A las tres de la tarde del 22 de mayo de 1863 el 8º de Wisconsin, encuadrado en la 3ª División del general James M. Tuttle, formado en una densa columna marchó a paso ligero para atacar las posiciones sudistas en la llamada carretera del cementerio.

Entre la marea de hombres uniformados de azul se encontraba el soldado Edwin Homiston, encargado de los cuidados de Old Abe, y que sostenía al pájaro sobre una percha para que se pudiera observar desde cualquier ángulo. No es extraño que los tiradores de precisión sudistas intentaran aniquilar a Gallinazo yankee, el nombre con la que la bautizaron al otro lado de las trincheras.

La batalla fue una carnicería, como otras en el frente del Oeste. El sitio de Vicksburg continuó hasta principios de julio, pero el águila sobrevivió a la contienda. Fue considerada una reliquia de guerra y, con tal motivo, se le asignaron dos habitaciones en el edificio del Capitolio de Wisconsin, pues se había convertido en alegoría del propio estado del Medio Oeste.

Asistió en 1876 como invitada de honor a la Exposición Universal de Filadelfia con motivo de la celebración del primer centenario de la Independencia de Estados Unidos. Un incendio fortuito en los sótanos del Capitolio de Wisconsin afectó al ave por los gases que aspiró. Murió el 17 de septiembre de 1881 en los brazos de su último cuidador, George Gillies.

Y entonces se convirtió en leyenda, muy del gusto de los norteamericanos, por cierto. Una réplica preside las reuniones de la Asamblea del estado de Wisconsin, fue marca de la empresa de maquinaria agrícola Case y emblema de la 101ª División Aerotransportada, una de las unidades más cinematográficas (Hermanos de sangre, por ejemplo) del ejército estadounidense.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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