Tucídides, el primer historiador científico

6 ene, 2014 por



Existe una opinión casi unánime (quizás la única con estas características en torno al autor griego) que atribuye a Tucídides el honor de ser el primer historiador que aplica un sistema objetivo y científico en el tratamiento de las fuentes y de los sucesos que relata. Su obra alcanza un grado de madurez y rigor tales que aún hoy es difícil de superar.

El análisis que efectúa sobre los acontecimientos y sus causas, o sobre el desarrollo bélico, supera ampliamente el conflicto entre espartanos y atenienses para ahondar en los motivos más profundos del comportamiento humano.

Detrás del complejo lenguaje utilizado, del que ya advertía Cicerón, y de la ausencia de juicios morales, encontramos la narración, en ocasiones trágica, del final del apogeo ateniense en el continente griego. Tucídides nos muestra un escenario atemporal que bien podría ser dibujado en otros momentos de la historia y lo hace a través de una estructura y unos recursos narrativos innovadores, que siguen estando sujetos a un fuerte debate académico.

Los pocos datos de que disponemos sobre Tucídides provienen, en su mayor parte, de algunos pasajes de su propia obra. El resto de fuentes, que se encuentran en dos biografías (una anónima y otra de un cierto Marcelino escrita en el siglo V d.C.) y en comentarios dispersos, uno de ellos en la Suda, tienen poca verosimilitud y algunas son directamente fantásticas y generalmente contradictorias.

Sabemos con certeza que fue designado estratego por Atenas en el año 424 a.C. durante la Guerra del Peloponeso y, en torno a este dato, se ha construido su biografía. El cargo de estratego (uno de los pocos oficios no sorteados entre los atenienses) exigía que el elegido tuviese una edad mínima de 30 años, lo que supone que Tucídides debió nacer, al menos, antes del año 454.

Aunque la cuestión no está exenta de debate, se ha mantenido con cierta consistencia que nació en el seno de una familia perteneciente a la nobleza ateniense, a la que se asocia con personajes tan importantes como Cimón (destacado político) y Milcíades (vencedor en Maratón).

Sabemos que su padre se llamaba Oloro, que poseía minas de oro en Tracia y que padeció la peste que asoló Atenas en el año 430, pues todos estos hechos aparecen recogidos por el propio historiador en su obra. Poco más conocemos del entorno familiar y de su vida hasta el año 424, aunque no es disparatado suponer que tuvo acceso a los círculos más influyentes de Atenas y un activo papel en la vida pública de la polis.

Al igual que Herodoto, Tucídides sufrió el destierro, aunque por causas bien distintas. En su caso el castigo estuvo motivado por no evitar la toma de la ciudad de Anfípolis por el general espartano Brásidas. Suceso que también es relatado por el propio historiador.

No hay constancia exacta de dónde pasó su destierro (¿quizás en Tracia?), ni si finalmente volvió a Atenas tras la amnistía general concedida en el año 404 a iniciativa de Enobio.

Su muerte, al igual que todo lo que rodea su vida, está envuelta en la confusión. Desconocemos la fecha exacta aunque hay cierto consenso en mantener que murió una vez terminada la guerra: el hecho de que su obra esté incompleta, pues concluye en el 411 a.C., siete años antes del fin de la contienda, no implica que falleciese en aquella fecha. Esta interpretación se sostiene sobre la base de algunos de los pasajes de su obra (en concreto, los relativos al rey Arquelao de Macedonia y a los avances de la derrota ateniense) que no pudo conocer a menos que hubiese vivido más allá del año 404. Las causas de su muerte se ignoran.

La gran obra de Tucídides es su Historia de la Guerra del Peloponeso. En ella narra el enfrentamiento entre Atenas (y sus aliados de la Liga de Delos) y Esparta (y sus aliados de la Liga del Peloponeso) durante más de dos décadas, entre los años 431 a 404 a.C., hasta que finaliza con la aplastante victoria espartana y el hundimiento de la talasocracia ateniense.

El libro, no obstante, está inconcluso y acaba su relato en el año 411, como antes se ha dicho. Compuesto por ocho capítulos (división que parece que fue adoptada posteriormente, durante el período helénico) encontramos en él tres partes bien diferenciadas. La primera transcurre durante los diez primeros años de contienda, en lo que se ha denominada la guerra arquidámica, que concluye con la paz de Nicias en el año 421 a.C. La segunda aborda la fallida expedición ateniense a Sicilia (415-413 a.C.). La tercera parte, inacabada, relata la reanudación de la guerra entre espartanos y atenienses.

Pocos historiadores, antiguos o modernos, han sido tan pormenorizadamente estudiados como Tucídides. Existen infinidad de monografías que analizan cada uno de los elementos de su obra y, quizás lo más llamativo, asombra el vivo debate que desde hace dos siglos viene manteniéndose sobre su composición. Es tal la magnitud que ha alcanzado la controversia, especialmente durante la primera mitad de este siglo, que se le ha asignado el nombre de cuestión tucididea.

La polémica gira, de modo especial, en torno al momento en que Tucídides preparó la obra. Parte de la doctrina mantiene que el libro fue redactado una vez finalizada la guerra, o en sus últimos años, y elaborado de un “tirón”; otro sector doctrinal defiende la evolución del pensamiento del historiador ateniense (y de su escritura) a medida que avanzaba la contienda, circunstancia que, entre otras cosas, le habría obligado a modificar o añadir pasajes a lo escrito previamente.

Los argumentos que unos y otros defienden se escudan en la estructura y redacción de la propia obra. Las referencias al resultado de la guerra antes de que finalizase; la forma de los libros V y VIII (menos “pulidos” que el resto, hasta el punto de que parecen borradores a los que falta una revisión); la inclusión de un segundo prólogo en el libro V; la descripción de la guerra arquidámica como un bloque independiente y la afirmación del propio Tucídides al comienzo de su obra Tucídides de Atenas escribió la historia de la guerra entre los peloponesios y los atenienses relatando cómo se desarrollaron sus hostilidades, y se puso a ello tan pronto como se declaró…” son algunos de los elementos utilizados, tanto por unos como por otros, para justificar sus respectivas tesis.

Dejando al margen cuestiones formales, el objetivo de Tucídides era, según se acaba de transcribir, exponer “[…] la historia de la guerra entre los peloponesios y los atenienses relatando cómo se desarrollaron sus hostilidades. Una guerra que para el historiador griego será la más importante de las sucedidas hasta aquel momento, incluso superior a las Guerras Médicas y a la Guerra de Troya.

Para corroborar esta aseveración sostiene que nunca antes ambos bandos habían estado tan bien pertrechados para el combate, y que en el conflicto participaron gran parte de las ciudades helenas. Además, comparándolas con las guerras precedentes, afirma: Los sucesos anteriores a estos, y los aún más antiguos, me resultó imposible, en verdad, conocerlos exactamente debido al largo tiempo transcurrido; pero a juzgar por los indicios en que tengo confianza cuando miro lo más lejos posible, no creo que fueran de importancia ni en cuanto a las guerras ni en cuanto a lo demás”.

Tucídides pone de manifiesto el carácter contemporáneo de lo que nos está transmitiendo, es decir, no aborda un hecho lejano ya pasado sino un suceso que permanece vivo mientras nos lo cuenta. Esta forma de entender la historia es original de Tucídides. La finalidad de su obra no es tanto reflejar para la posteridad un acontecimiento que se está produciendo a la vez que escribe, sino más bien describir el presente y buscar las causas que lo han provocado.

Por esta razón su concepción del pasado difiere de la nuestra: el pasado sólo le interesa en la medida en que ayuda a comprender el presente (y en cierto modo el futuro). La reflexión sobre los hechos ya acaecidos y su posible valor paradigmático es una constante en su obra, especialmente visible en los discursos y siempre supeditada a lo realmente importante, el presente.

Pero este presente que Tucídides refleja es un presente atemporal. A partir de los hechos que narra busca encontrar categorías de carácter universal que puedan ser utilizadas en otros momentos de la historia. El comportamiento humano y las causas que lo motivan son la esencia que rige la obra del historiador ateniense; lo anecdótico y específico de la contienda tiene una importancia secundaria en detrimento de lo eterno, de lo que puede ser utilizado como ejemplo para las generaciones venideras.

El método historiográfico que sigue Tucídides viene expuesto en un apartado de su primer libro, que la posteridad ha denominado el “programa”. Por la claridad que expresa, transcribo parte de su contenido:

En cuanto a las cosas que dijeron los de cada bando en sus discursos cuando iban a emprender la guerra o estaban ya en ella, resultaba difícil recordar la literalidad de lo que se dijo, tanto a mí mismo de lo que oí, como a los que me lo comunicaron tomándolo de alguna otra fuente; en mi obra están redactadas del modo que cada orador me parecía que diría lo más apropiado sobre su tema respectivo, manteniéndome lo más cerca posible del espíritu de lo que verdaderamente se dijo; y en cuanto a los acontecimientos que tuvieron lugar en la guerra, no creí oportuno escribirlos enterándome por cualquier ni guiándome por mi opinión, sino que relaté cosas en las que yo estuve presente o sobre las que interrogué a los otros con toda exactitud posible”.

Tucídides fue el primer historiador que aplicó a su obra, y de forma generalizada, criterios metodológicos para dotarla de una mayor imparcialidad y exhaustividad, probablemente influido por los principios hipocráticos aplicados a la medicina.

Lo que pretende con la Historia de la Guerra del Peloponeso es hacer una verdadera ciencia huyendo de las exageraciones, de la falta de objetividad que caracterizaba a los poetas y del elemento fabuloso que aún permanecía en Herodoto (a quien crítica, como a sus predecesores).

Sin embargo, su riguroso sistema de tratamiento de fuentes no está exento de polémica. Presenta los hechos sin posibilidad de contrastarlos con otros. A diferencia de Herodoto, quien admite que éste o aquel dato le han sido facilitados por alguien, en la obra de Tucídides no hay posibilidad de saber quién suministra la información. O creemos lo que nos dice el historiador griego o no lo creemos, pero en ningún caso nombra a sus fuentes o si existen alternativas a lo que nos cuenta.

Como el propio Tucídides recoge en su “programa”, dentro de Historia de la Guerra del Peloponeso existen dos elementos narrativos básicos: la descripción de los hechos (logoi) y los discursos (erga). El primero reúne fielmente los requisitos metodológicos antes expuestos, presentados de forma cronológica y objetiva. Por su parte, los discursos constan de ciertas peculiaridades que han hecho de ellos una pieza esencial dentro la obra.

Para la mayoría de los estudiosos de Tucídides, los discursos son utilizados con el fin de introducir en el devenir de los acontecimientos las motivaciones y causas que los originan. Su objetivo es ilustrar las razones que llevaron a los contendientes a adoptar una u otra decisión.

Constituyen un instrumento de análisis de los planes, de las inquietudes y de los problemas políticos de cada bando. Suelen aparecer en parejas para mostrar, de este modo, los diferentes puntos de vista objeto de debate.

Este recurso narrativo, ya utilizado por Herodoto y por algunos poetas y logógrafos, es el mecanismo que tiene Tucídides para romper con el frío relato de los hechos, hasta el punto de que los discursos acabarán por convertirse en la parte más destacada de su obra.

Sobresalen por su calidad e importancia la oración fúnebre de Pericles (en la que se ejemplifican los ideales democráticos atenienses) y el denominado discurso de Melos (que expone los principios reguladores de las relaciones internacionales). Respecto a la fidelidad de los discursos a la realidad, existe unanimidad al afirmar que Tucídides no los transcribió literalmente sino que recogió lo que los oradores buscaban expresar.

Tucídides, a pesar de utilizar un lenguaje conciso y austero (en ocasiones oscuro y complejo), no prescinde de los recursos literarios para mantener en tensión al lector. Entre ellos figuran la anticipación de los acontecimientos; la yuxtaposición de discursos y hechos para dotar de mayor efecto dramático al relato; la narración con suspense y la composición en anillo (adelanta una mención, introduce luego una narración relacionada con ella y vuelve finalmente a la mención inicial).

Además, ideó un nuevo sistema cronológico para fijar con mayor precisión el momento en que se producían las acciones: utiliza una división fundada en los años solares y en las estaciones (verano e invierno).

Siguiendo la tradición iniciada por Herodoto, pero llevándola a sus últimos extremos, el papel de los dioses en la obra de Tucídides es prácticamente inexistente. Las únicas referencias a la religión aparecen relacionadas con el efecto que ejerce sobre la psicología de la masa (por ejemplo, los fenómenos naturales). Para él no es la envidia de las deidades el motor del acontecer histórico, sino que éste anida en la lógica interna de los hechos y en las acciones y reacciones de la psicología y de la inteligencia humana.

El hombre en cuanto ser social va a ser el verdadero protagonista de la Historia de la Guerra del Peloponeso. Siendo la razón y no el mito la que explique los sucesos que narra, Tucídides suprime cualquier referencia a la fuerza moral como leitmotiv de las acciones humanas. Es la inteligencia el factor decisivo de la historia aunque también tiene cabida la influencia del azar, hasta el punto de que aquellas acciones pueden escapar de la estrategia preconcebida por los hombres.

Junto a los elementos históricos de la obra de Tucídides aparece un importante componente político, reflejado en una serie de leyes o principios no enunciados de modo expreso por el propio autor pero que van a determinar el devenir de los acontecimientos humanos. El historiador griego considera que la pleonexia (la ambición por tener más) es propia del comportamiento del hombre, y por extensión de los Estados, a los que les mueve a expandirse.

Para él la verdadera causa que provocó la Guerra del Peloponeso fue el miedo de los espartanos al agresivo expansionismo ateniense. Junto a este principio, añade la lógica incontestable del más fuerte, cuya voluntad prevalece sin que el principio de justicia guíe sus acciones, como refleja el discurso de los embajadores de la isla de Melos ante los atenienses.

La obra de Tucídides ha sido objeto de lectura por todas las generaciones ulteriores, que han visto en ella un ejemplo intemporal del comportamiento humano y, más concretamente, de la naturaleza del poder. Son muchos los políticos y líderes mundiales que han recurrido, también en nuestro siglo, a la Guerra del Peloponeso como fuente de enseñanza y de inspiración. Eso es precisamente lo que le hace ser un clásico de la Historia.

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1 Comentario

  1. Buenas tardes:

    Muy buen articulo, sintetizando y explicando de forma amena las principales caracteristicas de Tucidides.

    Feliz año.

    Aitor

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