La redención de Antonio Machado

Por . 22 febrero, 2014 en Siglos XIX y XX
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El poema ha de ser leído, recitado o declamado; ha de ser escuchado. El lenguaje es creador, fundador de realidad, dicen los pensadores herméticos. No comunica; sólo expresa de manera intransitiva. Está fuera del mundo.

Más que transmitir inmediatamente, su fin básico, su primera acción, es nombrar. El suyo no es un decir arbitrario o puramente caprichoso. La voz del poeta está ceñida. A la vez fuerza los límites de la expresión, de lo que puede ser enunciado.

El poeta hace público todo cuanto después hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano, indicaba Heidegger en Hölderlin y la esencia de la poesía (1936). Por tanto, ejecuta una acción constitutiva que facilita un uso colectivo, su perseverancia: la poesía no es mero ensimismamiento expresivo, sino arte precisamente creador. Es por eso por lo que el poeta no toma el lenguaje como algo ya dado, como un material ya inerte del que servirse con automatismos.

Pero el poeta manufactura, factura, elabora y finalmente comunica. No es un artesano que repite rutinas, sino un fundador de expresión y moral. Busca lo más arcaico, lo que aún nos justifica, la correlación de las palabras y las cosas: como en el Edén, cuando la polifonía y el babelismo no nos habían asfixiado.

Hay, pues, algo de fundacional, de primitivo: al nombrar se produce la instauración del ser y de sus designaciones.  Hay, por descontado, un pasado y unas tradiciones que el poeta acarrea. Pero al final es en cada instante de expresión, cuando el poeta se redime rehaciendo lo ya hecho.

Antonio Machado nos redime cada vez que leemos sus poemas, sus cantares, sus proverbios, sus prosas. El poeta carga con la tradición y a la vez ilumina el presente, puramente autobiográfico y al tiempo colectivo, universal.

También Machado añora el Edén. Pero no por la riqueza o la prodigalidad de los frutos, sino por la sencillez de la palabra dicha, por la observación incontaminada. Austero de expresión y de vida, luminoso de verbo: sin caer en el lirismo explosivo. Menos aún en la pirotecnia.

Cada vez que leemos a Machado, tenemos la impresión de degustar una poesía modesta, transitiva, referencial. Un héroe de la expresión y de la humildad. En él no hay un culto supersticioso de la palabra. Hay una exaltación del lenguaje que arroja luz, que formula una moral igualmente transitiva, colectiva, efectiva.

Yo aún me redimo.


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Justo Serna, nacido en Valencia en 1959, es doctor en historia contemporánea. Actualmente es catedrático en la Universitat de València. Se ha especializado en historia cultural. Con Anaclet Pons escribió La historia cultural (Akal, 2013). Tiene numerosas publicaciones sobre la cultura, el rock y sobre el mundo liberal del siglo XIX. Es autor o coautor de volúmenes sobre la cultura del Ochocientos y Novecientos. Ha sido comisario de distintas exposiciones. En Punto de Vista, además de esta obra, que es la segunda entrega de CoolTure, ha publicado asimismo la primera, escrita junto a Alejandro Lillo y titulada Young Americans. La cultura del rock (1951-1965).

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  1. gravatar cris Responder
    febrero 23rd, 2014

    Todo lo que escribe es más que interesante. Sus palabras siempre son melodía para mis oídos , un armónico que fluye y hace vibrar hasta el mas pequeño rincón de mi mente.

  2. gravatar Justo Serna Responder
    febrero 22nd, 2014

    Agradezco a José Luis Ibáñez la petición que me ha hecho. Confía en que tengo algo interesante que decir, que decir sobre Antonio Machado. Y confía en que eso que escriba, en un plazo cortísimo, será aceptable para celebrar el día dedicado a Antonio Machado en Anatomía de la Historia.