Sexo y televisión

Por . 4 abril, 2014 en Siglos XIX y XX
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1956. Cuando Elvis Presley aparece por primera vez en televisión, un cambio muy profundo está sacudiendo a América.

Estamos en 1956 y el contoneo del muchacho de Tupelo es algo más que una muestra de provocación y desparpajo que enloquece a adolescentes. Es pura lascivia. La pelvis se agita y los espectadores enloquecen.

Los jóvenes blancos de los 50, aunque educados en un ambiente de prosperidad y confort, se sienten encorsetados, atrapados por unas normas y una moral que ni entienden ni comparten. Ésa es la impresión que nos llevamos.

Así pues, cada movimiento de cadera de Elvis es una sacudida hormonal que contribuye a liberar los deseos e inquietudes de los jóvenes, unos muchachos que cada vez cuestionan más el mundo de sus mayores.

Aunque la situación trate de reconducirse, tras Elvis vendrán otros y ya no habrá vuelta atrás. Habrá un nuevo giro de cadera… hasta llegar al twist.

El twist es un baile pudoroso e insinuante. Debes practicarlo como si te estuvieras secando el culo con una toalla extendida. Los pies no se levantan del suelo y giran y giran. El resultado es una agitación colectiva. Los primeros años sesenta fueron la época dorada de estas piezas bailables inspiradas en el rock.

 

1964. Estados Unidos vive una época de prosperidad que oculta diversos problemas: la segregación racial, la marginalidad y la pobreza, la rebeldía juvenil, una guerra que empezó en Corea y otra que está comenzando en Vietnam…

Sin embargo, esos conflictos no terminan de hacerse visibles: se apuntan, se insinúan, pero prima una imagen idílica de la sociedad norteamericana.

La familia americana, unida y feliz, opulenta y moderna, difunde valores como el respeto a los mayores, a las tradiciones y a lo maravilloso que es vivir en los Estados Unidos.

La televisión es decisiva en la retransmisión de todos esos valores conservadores. A las mujeres se les reserva un papel adventicio, auxiliar: son esposas o madres antes que cualquier otra cosa.

Hasta una bruja joven, bella señora de clase media, Samantha, prefiere el hogar. Es una dama que podría tenerlo todo gracias a sus poderes mágicos; prefiere, no obstante, atender su casa y cuidar de su maridito, Darrin Stephens: de profesión, publicista.

Estamos en 1964. Regularmente hay una inoportuna suegra, Endora, a la que Darrin soporta con entereza. El hogar aumentará con el tiempo: el matrimonio tendrá una hija monísima, a la que llamarán Tabatha

¿Y el sexo? En el primer capítulo de ‘Embrujada’, la preciosa Samantha besuquea constantemente a Darrin. Y en distintas entregas veremos a la dama con camisones y algunas transparencias. Eso sí, las faldas y los trajes de chaqueta bien apretados.

 

Nada más. O nada menos.

[Serna & Lillo Asociados son Justo Serna y Alejandro Lillo, autores de Anatomía de la Historia, y acaban de publicar en Punto de Vista Editores la primera entrega de su serie CoolTure, titulada Young Americans. La cultura del rock (1951-1965).]


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