50 motivos para ver Salvar al soldado Ryan

Por . 9 junio, 2014 en Reseñas
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Estamos de celebración, no lo olviden. Se han cumplido setenta años del Día D y de la Hora H o, si lo prefieren, de El día más largo o de El principio del fin, del 6 de junio de 1944, del desembarco aliado en Normandía. Y, como epítome de esa jornada histórica, Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998), tal vez el mejor filme bélico de la historia del cine.

Ahí van las razones para verla, subjetivas y particulares del que esto escribe, las escenas que merecen la pena, que trascienden la pantalla para convertirse en leyenda. No se ordenan los motivos de forma cronológica, ni en su grado de importancia, pues es un acercamiento personal y condicionado de aquel que es apasionado de la Historia y que vibra con una hermosa película. Ahí van:

1. El ruido de las cadenas del Panzer VI, conocido como Tiger, que se hace dueño del pueblo de Ramelle. Los soldados americanos aguardan su llegada y hasta los cascotes de escombros tiemblan.

2. Da gusto ver un P-51 Mustang sobrevolando Ramelle, eso sí, con las bandas de invasión: tres tiras blancas y dos negras pintadas de forma alterna, que rodean la parte posterior del fuselaje, justo por delante de la cola y la zona central de las alas por ambas caras.

3. El miedo se muestra sin necesidad de palabras, una cantimplora que es sustentada por manos temblorosas minutos antes de desembarcar en la playa de Omaha.

4. Una expresión creada por la película, el famoso Fomare. Es pura invención, y viene a significar algo así como “lo fatídico y tedioso de una situación”.

5. Los soldados de Ryan caminan de noche por la cumbre de una colina, con sus perfiles dibujados por la luz de los bombardeos. Una escena tan hermosa como imprudente.

6. El sargento Michael Horvarth guarda, en unas latas de comida usadas, la tierra donde ha luchado, se puede leer Túnez, Sicilia y ahora… Francia.

7. El soldado Richard Reiben lleva en la espalda de su cazadora un emblema pintado a mano que indica el lugar de su nacimiento: Brooklyn, NY, USA. Luego llegaría Vietnam, ya saben.

8. La fabricación de explosivos eficaces, tan solo hay que leer el manual del soldado de infantería: unos calcetines usados, explosivos, una mecha y algo de grasa.

9. ¿Cuánto le deben videojuegos como Medal of honor, Call of duty o Comando a las miras telescópicas de los francotiradores de la película?

10. El pelotón de soldados, amén del capitán Miller, compuesto por Horvath, Mellish, Reiben, Jackson, Wade, Caparzo y Upham, el traductor de la 29ª de Infantería, cuyos diálogos y sentido de la disciplina merecerían una película aparte.

11. Miller lee una carta que Abraham Lincoln envió en su día a la señora Bixby, que perdió cinco hijos en la guerra de Secesión. El general Marshall ordena que Ryan debe ser encontrado y enviado a casa inmediatamente en cumplimiento de la política de único superviviente del Ejército.

12. Muchos soldados aliados se ahogaron antes de llegar a las playas de Normandía, un error de cálculo y el peso del equipo hicieron el resto. El filme lo muestra de manera escalofriante.

13. Cine en estado puro, desde una ventana vemos cómo la madre de los Ryan se desmorona y cae de rodillas ante los oficiales que vienen a comunicarle la muerte de uno de sus hijos.

14. Un simple plano muestra, a modo de resumen, las escenas que luego se pueden contemplar en las playas de Normandía: la ola se retrae y deja al descubierto la base de un obstáculo antitanque, uno de tantos en el mal llamado Muro del Atlántico, hasta se puede sentir el agua fría del Atlántico.

15. La muerte de Wade, el sanitario del pelotón, cuando asaltan una estación de radio alemana. Son escenas agónicas, desasosegantes y terriblemente reales.

16. La figura del capitán John H. Miller, el protagonista de la película, que está al mando de la compañía Charlie del 2.º Batallón Ranger y sobrevive a la carnicería del desembarco por pura suerte.

17. Frase célebre del moribundo capitán Miller al soldado Ryan: “¡James… hágase usted digno de esto… merézcalo!”.

18. La alusión a El Álamo, el último reducto defensivo de los soldados americanos en el destrozado pueblo de Ramelle. Al otro lado del puente se encuentran los explosivos que aislarán a sus defensores de los alemanes.

19. Uniforme de manual el que luce el capitán John H. Miller, el más acorde con el reglamento del Ejército de los Estados Unidos. Hasta las polainas son reglamentarias.

20. La apuesta de la soldadesca por saber los orígenes del capitán, a la que se suma el recién llegado, el soldado Upham.

21. La guerra es un trasiego de hombres. Observen la playa días después del desembarco, un continuo ir y venir de gentes (soldados, se entiende).

22. Aunque parezca una obviedad, los uniformes se ensucian en la guerra. Fíjense en esos detalles, da igual el bando que sea.

23. En la playa de Omaha un soldado busca su propio brazo, que le ha arrancado la metralla de un mortero. Horrible.

24. Los cargadores de los fusiles M1 Garand se agotan, hecho crucial que no ocurre en muchas películas bélicas. El chasquido que se escucha al saltar el cargador vacío es sencillamente escalofriante.

25. El emblema de la 101ª División Aerotransportada, el águila calva. El soldado Ryan pertenece a esa unidad, que ahora adorna la chupa de los moteros de medio mundo.

26. Literalmente el agua del mar se vuelve roja por la sangre de los soldados, así lo aseguraron los supervivientes de la batalla. Miller se pone el casco y le cae agua de mar mezclada con sangre.

27. Un soldado del batallón médico 104 quiere establecer un puesto de mando junto a una defensa antitanque con una máquina de escribir. “¡Deje eso y sígame…!”, le espeta el capitán Miller.

28. La guerra no entiende de meteorología, en muchas escenas llueve a raudales. Las batallas, el sufrimiento y la muerte no se suspenden.

29. Frase célebre: “¿Ven mi culo? —grita el sargento chusquero Horvath—, ¡Pues no lo pierdan de vista!”. La compañía llega por fin al punto de reunión, al menos, los soldados supervivientes.

30. El emblema del casco que luce el capitán Miller, justo en la parte posterior, para guiar a los soldados en la playa, un detalle de erudito en historia militar.

31. La guerra sin contemplaciones: soldados destripados, lanzallamas que explotan, amputaciones, salpicaduras de sangre, disparos que hacen estallar los músculos…

32. Las imágenes del cementerio americano en Colleville-sur-Mer, un mar de cruces blancas. Entre ellas pasea al principio de la película el soldado Ryan. Son unas 70 hectáreas y contiene los restos de 9.387 militares estadounidenses.

33. Diálogo épico entre el sargento Horvarth y el capitán Miller. Habla el sargento, su hombre de confianza: “Los mandamos al matadero”. Respuesta del capitán: “Es el único modo de salir de esta cloaca”. La réplica del sargento: “Da igual vendarle los ojos”. El capitán sentencia: “¡Aquí se viene a morir!”.

34. Ocuparse de una niña en medio de un pueblo destrozado por los combates conlleva unas consecuencias trágicas para Caparzo.

35. Frase célebre: “El capitán no es de ningún sitio. Lo montaron en la academia con trozos de oficiales muertos”, afirma el sargento del pelotón.

36. “La guerra empieza ahora”, comenta el capitán Miller cuando se pueden cubrir tras las primeras defensas de hormigón de los alemanes y pensar cuál es el siguiente paso.

37. La mirada glacial del francotirador alemán y la serenidad con la que marca sus objetivos.

38. Un Ryan ya mayor visita el cementerio en Normandía, donde descansan unos 68.000 soldados aliados. Se cuadra y saluda militarmente ante la tumba del capitán que lo rescató. Épico.

39. El uso perfecto del plano subjetivo. Vemos en la lejanía cómo se acerca el enemigo con sus blindados o cómo nos aproximamos a las defensas alemanas con la misma sensación de angustia que los soldados.

40. Frase célebre del capitán Miller: “Lo único que sé es que cada vez que mato, más lejos me siento de casa”.

41. Hay que hablar a gritos con un soldado de la 101ª por culpa de una detonación. No hay suerte, no conoce al tal Ryan.

42. Para salvar una sola vida hay que dejar unas cuantas (totalmente inocentes) por el camino. ¿Es el mayor sinsentido de la guerra?

43. Los soldados de Miller buscan entre las chapas identificativas de los caídos en el frente el nombre Ryan, que se ha convertido en una quimera. Deben parar en su busca, la frivolidad con la que lo hacen atrae la atención de los soldados.

44. El terrible cañón antiaéreo Flak 38, con proyectiles de 20 mm. Cuando lo apuntan a los soldados que intentan inutilizar el Tiger, produce una auténtica carnicería, hasta arrancan la cabeza del tronco de un soldado.

45. El tirador de primera norteamericano, de nombre Jackson, escupe antes de entrar en combate cosas como estas: “Bendito el señor, mi roca que adiestra mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla, mi amor y mi baluarte, mi ciudadela y mi libertador, mi escudo, en él me cobijo”. Tremendo.

46. Las películas de guerra, aunque narren batallas y muertes en masa, pueden ser además veristas, nada amables para el espectador. No hay concesiones ni censuras a la hora de mostrar el horror.

47. Todo parece perdido, no encuentran a Ryan. En una emboscada a un blindado, que sirve de guía a una compañía alemana, conoce a un soldado: “¿Soldado James Ryan?, ¿James Francis Ryan?, ¿de Iowa?”.

48. Los soldados fuman como chimeneas, el miedo provoca que incluso Upham acabe preso en las redes de la nicotina.

49. El capitán Miller era docente. ¿No es una resonancia del coronel Joshua L. Chamberlain del 20º de Maine?

50. La espera de la última batalla es masticada en la terraza de lo que antes había sido una cafetería en Ramelle. Suena en un disco, que rescatan de los escombros, la canción Tu es partout, de Edith Piaf. La letra habla de una mujer abandonada por su amante, pero ella sigue imaginándoselo en cualquier lugar. Maravilloso.


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Los capítulos de la Historia están plagados de héroes y antihéroes, de reyes y villanos, de conservadores y revolucionarios, de perdedores y ganadores, de desaires y tragedias, de sucesos extraordinarios y nimios, de avances y retrocesos… en definitiva, el gran libro de la vida, al que evidentemente siempre le quedan algunos capítulos por escribir. De ahí que publicara recientemente La guerra de Secesión, la guerra entre el Norte y el Sur, que tiene más de serial televisivo de la HBO que de un sangriento conflicto. Échenle un vistazo a mi web www.fernandomartinezhernandez.com

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  • (no será publicado)

  1. gravatar Anthonygbk Responder
    agosto 22nd, 2015

    Otra razon es que , al final todos los soldados mueren menos la marica (disculpen mi ofensa pero es necesario para demostrar mi ira hacia el, porque por su culpa el aleman mato a otro soldado aliado), richard y ryan y ya te spoilie la peli :V

  2. gravatar daniel Responder
    febrero 14th, 2015

    En el desembarco, cuando los soldados corren a protejerse a la sanja da la impresion de que la camara cambia a primera persona, incluso se escucha el respirar de este soldado.

  3. gravatar Bibiano Hernández Rodríguez Responder
    noviembre 5th, 2014

    Magníficos comentarios, hay otra imagen que me da curiosidad durante el desembarco donde se ven peces muertos, además de la frase del Capitán Miller “yo me quejo con mi oficial superior y así sucesivamente, no con usted ni siquiera frente usted”. Todas las escenas bélicas son memorables, pero las más impresionantes ocurren con la muerte de Mellish, la agonía de Wade y cuando dice un soldado aliado “No disparen que se quemen” cuando se incendian dos solados alemanes. Da lástima cuando el Capitán ve comer a unos soldados unos sándwiches con café se aprecia que los saborea él. En fin un estupendo filme.

    • gravatar Fernando Martínez Responder
      noviembre 6th, 2014

      Gracias por sus aportaciones, podríamos escribir una segunda parte, seguro que llegábamos a las cien sin despeinarnos. Pensé en el detalle de los peces, las frases que citas son memorables.

  4. gravatar José Manuel Guerrero Acosta Responder
    junio 10th, 2014

    Gran artículo, yo añadiría otras 50 razones más para ver esta magnífica obra maestra…