Esta es una historia de la Guerra Civil (IV)

Por . 30 julio, 2014 en Siglos XIX y XX
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¿Pero, cómo ha llegado hasta aquí Franco?

Franco era ya un personaje muy popular en la escena pública española desde que en la década de los años 20 se convirtiera en un joven general afamado por sus hazañas en el norte de África y por su vertiginoso ascenso en la carrera castrense. Un militar además de reconocido prestigio conservador, nacionalista y contrario a los principios esenciales que encarnaban el régimen republicano, contra el que dudó en rebelarse más por cuestiones logísticas y tácticas que de convencimiento moral o ideológico. Un militar recordado y hasta añorado por los soldados y oficiales en suelo africano, algo que será esencial en los decisivos y acelerados días del verano de 1936, cuando sepa aprovechar su desbordante ascendente sobre las tropas españolas en el protectorado marroquí para ponerse al frente de ellas tras aceptar el mando que la conspiración le había reservado.

Asesinado antes de que comenzara la sublevación –de hecho acelerándola precipitadamente– el líder de la extrema derecha menos parafascista, José Calvo Sotelo; y con el fundador y máximo dirigente de los esos sí parafascistas de Falange –el hijo del ex dictador, José Antonio Primo de Rivera– en la cárcel desde la primavera de ese año de 1936; el panorama ya se había despejado para Franco con el accidente aéreo que le había costado la vida a Sanjurjo, el máximo dirigente in pectore de los sublevados, y con la suerte que corrió otro de los jefes previsibles de la sedición, el general Manuel Goded, uno de los cabecillas de primera hora de la conspiración, ajusticiado en agosto tras fracasar al intentar llevar a la ciudad de Barcelona hacia su causa. El fusilamiento en noviembre de José Antonio y otro accidente de aviación, el que acabará con la vida de Mola en junio de 1937, dejarán al general ferrolano sin competidores posibles en el camino más elemental hacia el futuro político buscado por los sediciosos: una dictadura militar de mayor o menor duración, con o sin un rey.

Pero el espaldarazo definitivo en el liderazgo del bando sublevado por parte de Franco llegará cuando, a finales de julio y principios de agosto del fatídico año 1936, el jefe de las fuerzas armadas norteafricanas consiga hacerlas cruzar el estrecho de Gibraltar tras lograr que la Alemania nazi y la Italia fascista vendan a los rebeldes los aviones necesarios para su traslado a Andalucía y llevar así a cabo subrepticiamente, para no romper la llamada no intervención internacional, el primer puente aéreo militar de la historia. El financiero Juan March, varias veces elegido diputado y miembro que fuera del Partido Radical de Alejandro Lerroux, además de ex convicto por presuntas irregularidades en sus actividades económicas, fue el principal rico hombre aportador capitalista a la causa no ya rebelde sino particularmente franquista.

Ajeno aún a las maneras políticas de los autócratas que iban a poner boca abajo el planeta, Franco no dudó en solicitar a las potencias que unos meses más tarde crearían el Eje Roma-Berlín su ayuda interesada, algo que hizo presentándose a sí mismo como el líder de los sublevados, una jefatura autoasumida y de la que el general no tuvo dudas desde el momento en que supo del fallecimiento de Sanjurjo, como recoge el historiador británico Paul Preston. El 7 de agosto de ese año, Franco estaba en Sevilla. Y a finales de ese mes, en Cáceres. Hacia la jefatura de los alzados.

 

Es hora de una nueva recapitulación.

Estamos en 1936, concretamente en el día 23 de julio, cuando se reúne en Burgos por vez primera la que al día siguiente se denominará Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Miguel Cabanellas, de alguna manera esbozo del primer Gobierno de los sublevados. El 30 de ese mes, la Junta dicta un bando de guerra que extiende el estado de guerra a todo el país.

Si el 24 de julio comienza la ayuda francesa al Gobierno republicano, al día siguiente es la Alemania nazi la que decide dar la suya a los sublevados y el día 27 la Italia fascista envía aviones para echar mucho más que una mano a los rebeldes, quienes el 28 reciben los primeros aviones alemanes. Pero, eso sí, el 1 de agosto el Gobierno francés, aunque afín al del Frente Popular que gobierna la República española, da marcha atrás y propone la no intervención. En efecto, el 4 de agosto Reino Unido y Francia deciden no intervenir en la Guerra Civil española, con lo que se da paso al conocido como Comité de No Intervención.

Los sublevados logran el 5 de agosto superar el bloqueo republicano del estrecho de Gibraltar para transportar tropas y material desde el norte de África hasta la península Ibérica. Aun así, el control del paso del estrecho permanecería del lado fiel a la República unas semanas más. Nueve días después, Badajoz es tomada por las fuerzas sediciosas al mando del teniente coronel Juan Yagüe. Los territorios rebeldes del sur quedan unidos a los que, en el centro y en el norte, están ya bajo dominio sublevado.

En dos días infaustos, el 22 y el 23 de ese mes de agosto, milicianos contrarios a los rebeldes asesinan, en la cárcel Modelo de Madrid, a unos 30 presos, militares y políticos, entre ellos al prestigioso dirigente conservador Melquíades Álvarez. Desde el mismísimo comienzo del conflicto, la represión en la zona republicana tiene su correlato en el territorio rebelde, donde había dado comienzo el mismo día 17 de julio.

El 4 de septiembre dimite Giral al frente del Gobierno republicano, y el 9 el dirigente socialista y sindicalista Francisco Largo Caballero forma un nuevo ejecutivo que cuenta con presencia ya no solo de republicanos, sino también de socialistas y comunistas.

Ese último día tiene lugar la primera reunión del Comité de No Intervención, en Londres, en la cual participan 25 países. El mero hecho de que Alemania e Italia, ambos miembros del organismo, desoyeran sus acuerdos dejaba a los rebeldes con una magnífica ventaja combativa.

Unos días antes, el 5, la conquista rebelde de la ciudad guipuzcoana de Irún por parte de las tropas del general Emilio Mola supone el aislamiento del llamado Frente Norte.

Aunque no se hará público hasta dieciséis días más tarde, Franco es designado generalísimo de los tres ejércitos el 12 de septiembre por la Junta de Defensa Nacional.

El 13 de ese mes, San Sebastián pasa a poder de los sublevados, tras su toma a cargo de las tropas de Mola.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) comienza a ayudar al bando republicano el día 25 de septiembre de ese año 1936.

Es el 27 cuando el general José Enrique Varela libera a los resistentes rebeldes del simbólico Alcázar de Toledo. Franco había preferido retrasar el hasta entonces decisivo avance hacia Madrid para llevar a cabo esta emblemática acción. Dos días más tarde, tras su derrota en la batalla del cabo Espartel, los republicanos pierden el control del estrecho de Gibraltar.

En la zona republicana, las Cortes aprueban el Estatuto de autonomía del País Vasco el día 1 de octubre, la misma fecha en la que Franco es investido en Burgos “jefe de Gobierno del Estado”. El 2 la Junta Técnica del Estado sustituye a la anterior Junta como forma de organización del Gobierno rebelde (“órgano asesor del mando único y de la Jefatura del Estado Mayor del Ejército, cuyas resoluciones necesitaban el refrendo del general Franco como Jefe del Estado”). El general Fidel Dávila es nombrado su presidente. De alguna manera, Franco se convierte en el jefe del Estado y del Gobierno, aunque Dávila preside un peculiar consejo asesor que funciona como poder ejecutivo presidido en realidad por el propio Franco. La Junta Técnica del Estado ya no está integrada solo por militares y canaliza las distintas fuerzas políticas del bando rebelde (al que ya se puede llamar bando franquista).

El nacionalista vasco José Antonio Aguirre es elegido primer presidente del Gobierno (autonómico) vasco el 7 de octubre. También en la zona prorrepublicana, pero cinco días más tarde, los primeros voluntarios de las llamadas Brigadas Internacionales, llegados a España por motivos ideológicos para combatir a los rebeldes franquistas, arriban al puerto de Alicante. Y el día 16, el Gobierno de Largo Caballero institucionaliza la centralización y uniformidad de las fuerzas militares republicanas: se instituye el Ejército Popular Regular, se militarizan de forma oficial las milicias creadas tras el pronunciamiento fallido rebelde y se crea el Comisariado de Guerra para controlar la insuficiente vinculación de algunos militares profesionales con los fines gubernamentales. No ha acabado el mes, cuando el 28 zarpan desde el puerto de Cartagena, en dirección al puerto ucranio de Odessa, los cuatro cargueros soviéticos que transportan el oro ya evacuado el 14 de septiembre del Banco de España. Es el llamado Oro de Moscú, u Oro de la República, el controvertido pago del Gobierno republicano al principal país que, saltándose las prescripciones del Comité de No Intervención, ayudaba con armas y bagajes a los que luchaban contra las fuerzas franquistas: la URSS.

Llegamos al mes de noviembre: el día 4, ante el avance sobre las cercanías de Madrid, el Gobierno de Largo Caballero se refuerza haciendo entrar en él a cuatro militantes de la CNT. Y el 6 dicho gabinete abandona Madrid y se dirige a Valencia, donde ya se encontraba días antes el presidente de la República, Manuel Azaña. El general José Miaja, al frente de la Junta de Defensa de Madrid, se hace cargo de la defensa de la hasta entonces capital republicana, y le encarga al teniente coronel Vicente Rojo la organización y planificación de la misma.

El 7 de noviembre de 1936 se puede dar por comenzada la denominada batalla de Madrid. Valencia pasa a ser la capital de la República por cuanto en ella reside el Gobierno. Se inician las llamadas matanzas de Paracuellos, los asesinatos masivos llevados a cabo cuando se producían los apresurados traslados de presos desde diversas cárceles madrileñas, durante el asedio rebelde de la ciudad. Los municipios madrileños de Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz fueron el escenario de estas matanzas perpetradas ante el descontrol de los responsables de la Junta de Defensa de Madrid, las más sanguinarias de cuantas acontezcan en territorio progubernamental.

Los rebeldes franquistas reciben el día 15 la ayuda de los primeros efectivos de la Legión Cóndor, una fuerza militar nazi mayoritariamente aérea. Tres días después, la Alemania nazi y la Italia fascista reconocen oficialmente al Gobierno franquista.

El anarquista Buenaventura Durruti es herido en el frente madrileño, probablemente por fuego amigo. Es el día 19 de noviembre de 1936. Fallece al día siguiente, y se convierte de inmediato en una figura de extremo valor simbólico para buena parte de los partidarios de la revolución y del combate contra los sublevados franquistas. Casualmente, ese mismo día 20 de noviembre (emblemática fecha en un libro sobre el franquismo, por cierto), el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, en prisión por posesión ilícita de armas desde el mes de marzo, es fusilado en la prisión republicana de Alicante. Los rebeldes tienen su propio eximio mártir (aunque sus dirigentes tardarán meses en hacer público el óbito).

El 23 de noviembre Franco decide renunciar al ataque frontal sobre Madrid.

Cinco días más tarde se produce la firma del Acuerdo Hispano-italiano, el primer tratado internacional de la España “nacional”.

En el mes de diciembre, el día 11, el ministro de Estado (asuntos exteriores) prorrepublicano, Julio Álvarez del Vayo, reconviene la actitud internacional frente al conflicto ante la Sociedad de Naciones, solicita la condena de Italia y Alemania por su reconocimiento al Gobierno rebelde y deplora la no intervención. Pero los primeros soldados italianos que habrán de conformar el llamado Cuerpo de Tropas Voluntarias llegan el 22 a Cádiz para ayudar a los franquistas.

El día 20 de ese mes de diciembre se publica en la zona sublevada el Decreto de Militarización de las Milicias, de forma que éstas quedan sometidas a la disciplina militar.

 

Y entramos en el año 1937. El 19 de enero se inaugura en la ciudad de Salamanca, en la zona rebelde, Radio Nacional de España. Dos semanas más tarde, el 4 de febrero, es la fecha del Decreto republicano que iguala los derechos civiles de ambos sexos.

Comienza el 6 de febrero la batalla del Jarama, en torno a la ciudad de Madrid, ante el intento franquista de envolverla por el sureste. El Congreso de Estados Unidos establece el embargo de armas destinadas a cualquiera de los bandos combatientes. Dos días más tarde se produce la conquista de Málaga a cargo del Cuerpo de Tropas Voluntarias italiano. La batalla del Jarama finaliza el 28 de ese mes, sin que se modifique la línea del frente establecida antes de su comienzo.

Ahora la pretensión del ejército franquista es la de rodear a la ciudad de Madrid desde el noroeste, de tal forma que el 8 de marzo se inicia la batalla de Guadalajara, que llega a su fin trece días después con un rotundo fracaso rebelde, especialmente de las desordenadas tropas voluntarias italianas. Tras la primera gran victoria del ejército republicano, Franco se decide a concentrar los esfuerzos bélicos en la llamada campaña del Norte, iniciada el día 31 de marzo por Mola con un primer objetivo: Bilbao.

El 19 de abril de ese año Franco firma el conocido como Decreto de Unificación, por medio del cual se creaba el partido único del régimen, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, y por tanto lo que habría de llamarse Movimiento Nacional, organización cuya jefatura asumirá en tanto que máximo dirigente de la zona rebelde. Y cuatro días después se autodisuelve la Junta de Defensa de Madrid.

La Legión Cóndor, ayudada por cazas italianos, bombardea inexplicable y brutalmente la villa vasca de Guernica. Es el 26 de abril de 1937.

Dan comienzo el 3 de mayo en Barcelona los llamados “sucesos de mayo”, una especie de guerra civil dentro de la guerra civil que, en esencia, enfrenta a los partidarios de la revolución (anarquistas y trotskistas o paratrotskistas, opuestos en definitiva al estalinismo prosoviético) con aquellos que defienden la necesidad perentoria de ganar la guerra (republicanos, socialistas y comunistas). Cinco días más tarde cesan en la capital catalana los violentos enfrentamientos entre los dos bandos de la zona no rebelde. El bando republicano demuestra así su manifiesta falta de unidad, un lastre a la hora de combatir a los franquistas. Tras los sucesos, Largo Caballero presenta la dimisión el día 15. El también socialista Juan Negrín recibe el encargo dos días después de formar Gobierno de parte del presidente Azaña. Salen del gabinete los ministros anarquistas y la acción del ejecutivo se encamina hacia la preeminencia de las opiniones de los dirigentes comunistas. El principal objetivo es el esfuerzo bélico, no los avances revolucionarios.

El general Mola fallece el 3 de junio en accidente de aviación en la provincia de Burgos. Le sustituye en el mando del ejército del Norte el general Dávila, quien es a su vez relevado al frente de la Junta Técnica del Estado por el general Francisco Gómez-Jordana Sousa. Bilbao pasa a poder de los franquistas dieciséis días más tarde.

En la zona republicana, el día 22 de ese mes, el máximo dirigente del paratrotskista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), Andreu Nin, es posiblemente asesinado a manos de agentes soviéticos debido a sus decididas posturas antiestalinistas. Una muestra del terrible grado de enfrentamiento en el interior del propio bando republicano.

 

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José Luis Ibáñez Salas nació en 1963 en Madrid. Se licenció en Filosofía y Letras y se especializó en Historia Moderna y Contemporánea. Editor e historiador, fue el responsable del área de Historia de la Enciclopedia multimedia Encarta, ha dirigido la colección Breve Historia para Nowtilus y ahora es promotor de nuevos proyectos en Sílex ediciones. Asimismo, dirige la revista digital Anatomía de la Historia y es editor de Santillana Educación y socio fundador de Punto de Vista Editores. Su último libro en Sílex ediciones es El franquismo.

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