¿Un golpe de Estado en Gran Bretaña en 1968?

Por . 2 julio, 2014 en Siglos XIX y XX
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En 1968, Gran Bretaña sufría una profunda crisis, no sólo política −el Imperio Británico había desaparecido con motivo de la descolonización y el gobierno laborista de Harold Wilson era incapaz de estabilizar el país−, sino también financiera.

En estas circunstancias, un grupo de miembros de la élite conservadora británica, encabezados por Cecil King, ex gobernador del Banco de Inglaterra (1965-1968), y presidente de International Publishing Corporation −editora del Daily Mirror−, y enemigos declarados del primer ministro laborista, trataron de convencer a Roy Jenkins, uno de los líderes y fundadores del Partido Socialdemócrata y futuro presidente de la Comisión Europea, y a Denis Healy, laborista crítico con Wilson, para que procediesen al derrocamiento por medios constitucionales del Gobierno.

 

¿Un golpe durante la década prodigiosa?

El almirante lord Louis Mountbatten.

Al mismo tiempo que se desarrollaba esta operación legal, comenzaron a circular rumores por Londres de que se estaba preparando un golpe de Estado, apoyado por la élite de mandarines −altos funcionarios de la Administración Pública−, militares y grandes hombres de negocios, cuyo objetivo era convertir en primer ministro a lord Louis Mountbatten, almirante de la Flota y primo de la reina Isabel II.

La elección de Mountbatten era lógica, ya que a pesar de la pose “socialista” de la que siempre hizo gala, este aristócrata inteligente, cosmopolita y con un inmenso prestigio en el mundo occidental, por sus excelentes relaciones y por su brillante carrera militar durante la II Guerra Mundial, era el prototipo de miembro de la élite conservadora británica.

El proyecto comenzó a cobrar fuerza el 8 de mayo, con la reunión convocada en el domicilio de Mountbatten, situado en el número dos de Kinnerton Street, en el elegante barrio londinense de Belgrave. A la misma, asistieron el anfitrión, Cecil King, lord Hubert Cudlipp −vicepresidente de Internacional Publishing Corporation− y lord Solomon Zuckermann –científico prestigioso de origen judío y consejero del gobierno de Wilson en materia científica−, que estaba presente por decisión personal del anfitrión, quien se refería a él como “uno de los más grandes cerebros del mundo”. De acuerdo con el testimonio de los presentes, Cecil King llevó la batuta de la reunión. Así, lo afirma Lord Cudlipp en la declaración que haría a The Times, el 3 de abril de 1981:

 

 

Él dirigió la conversación y yo me senté detrás en una silla para observar la reacción de los reunidos, detectando una creciente preocupación en los dos que estaban escuchando. Explicó que en la crisis que preveía justo a la vuelta de la esquina, el gobierno se desintegraría, habría un baño de sangre en las calles y las Fuerzas Armadas resultarían mezcladas. El pueblo dirigiría su mirada hacía alguien como Lord Mountbatten, para ocuparse del gobierno del país, alguien con el suficiente prestigio como líder de hombres, que fuese capaz, respaldado por los mejores cerebros y administradores del país, de restaurar la confianza pública. King terminó preguntando a lord Mountbatten si aceptaría hacerse cargo del Gobierno en tales circunstancias. Mountbatten preguntó a Solly [lord Zuckerman] −que no había abierto la boca en toda la conversación− su opinión sobre el asunto. Este se levantó de su asiento, se dirigió a la puerta y dijo que “eso es pura traición. Toda esta conversación de metralletas en las esquinas de las calles es terrible. Yo soy un funcionario público y no me veré mezclado en nada semejante. Ni tú tampoco debería hacerlo, Dickie [lord Mountbatten]”. Acto seguido, Lord Zuckerman abandonó la reunión.

 

Y fue en este momento cuando empezaron las divergencias en los testimonios de los presentes. Lord Cudlipp afirmó que “la entrevista terminó después de la marcha de Solly con la afirmación por parte de lord Mountbatten de que estaba de acuerdo con la opinión expresada por su amigo y que con él no contaran para nada”. De la misma opinión era lord Brabourne, yerno de Lord Mountbatten, y que según él, expresó la opinión de su suegro –dado que Lord Muntbatten había sido asesinado por el Irish Republican Army (IRA) el 27 de agosto de 1979, mientras navegaba en su yate en la bahía de Sligearch (Irlanda), y esa información apareció en 1981; era imposible conocer su versión de los hechos−, quien calificó el proyecto como “una tontería peligrosa”. Sin embargo, Cecil King, que era el único de los presentes que guardaba notas manuscritas sobre la reunión, afirmaba:

 

Después de que Solly abandonara la reunión, Dickie dijo que había estado almorzando con la Guardia Montaday que la moral en las Fuerzas Armadas estaba en su nivel más bajo, y que la Reinaestaba recibiendo un número sin precedentes de peticiones, todas las cuales habían sido trasladadas al Ministerio del Interior. Según Dickie, la Reinaestaba desesperadamente preocupada por la situación del país en su conjunto. Obviamente, él estaba muy cerca de ella y estaría el fin de semana en Broadlands [Residencia Real]. Me preguntó si yo pensaba en alguna cosa que él pudiera hacer. Mi opinión era que podía haber un momento futuro en que la Corona tendría que intervenir. Podía haber un momento en que las Fuerzas Armadas fuesen importantes. Dickie debería mantenerse alejado de la vista del público, así como tener las manos limpias por si se producía alguna emergencia en el futuro.

 

No sabemos cuál de las tres versiones de los hechos es la correcta; pero, lo cierto es que dos días después de la reunión, el Daily Mirror del 10 de mayo de 1968, aparecía con un duro editorial, bajo el título “Enough is Enough” (“Basta”), en el que podía leerse que “estamos amenazados con una de las más grandes crisis financieras de nuestra historia. Esto no va a ser cambiado con mentiras sobre nuestras reservas, sino tan sólo con un nuevo comienzo bajo un nuevo líder”. Lo cierto es que, tras este editorial, los rumores aumentaron, e incluso se llegó a decir de qué se estaba tratando de convencer a la Reina para que se pusiera de lado de los golpistas. No obstante, todo cambió con un hecho fulminante. Así lo explicó The Times, el 3 de abril de 1981:

 

Hubo, sin embargo, un golpe en 1968. Mr. King no lo planeó. Lord Mountbatten no sabía nada acerca del mismo. El Gobierno estaba desligado de él. Hacía finales del mes de mayo, el día 31, tuvo lugar un hecho trascendental. Mr. King era destronado como jefe de la International Publishing Corporation por Cudlipp. No se dio ninguna explicación oficial a este golpe del Consejo. Mr. King no estaba allí cuando este hecho tuvo lugar.

 

Años después, y gracias a la confesión de Peter Wright, agente del MI5, el servicio de contraespionaje británico, se supo que King era miembro del mismo, y que se había mostrado dispuesto a filtrar todo tipo de información confidencial en manos de los servicios secretos que pudiese servir “para derrocar al Gobierno Laborista y sustituirlo por una coalición dirigida por Lord Mountbatten”.

 

¿Parecido al 23-F español?

El intento de golpe de Estado que tuvo lugar en Gran Bretaña en 1968, como el que tuvo lugar en Estado Unidos en 1933-1934, demostraron que cuando un sector de la élite ve en peligro su situación privilegiada puede ser capaz de poner en marcha operaciones ilegales para conservarlos, incluso en los países con una tradición democrática más seria.

Pero en el caso del intento golpista que se puso en marcha en Gran Bretaña en 1968 destacó por sus enormes similitudes con el fracasado golpe de Estado español del 23-F:

  1. Ambas países se encontraban en una situación de crisis profunda.
  2. Ambas operaciones fueron diseñada por un sector de la élite, integrado por empresarios, financieros, militares, altos funcionarios y periodistas.
  3. Se buscó el apoyo de la jefatura del Estado, la reina Isabel II y el rey Juan Carlos I, en cada caso.
  4. Para encabezarlas, se eligió a un militar de carácter conservador, con excelentes relaciones exteriores, prestigio en las Fuerzas Armadas y cercano al jefe del Estado. En Gran Bretaña, el almirante lord Luis Mountbatten; en España, el general de división Alfonso Armada Comyn, marqués de Santa Cruz de Rivadulla.
  5. En su diseño y planificación, jugaron un papel fundamental los servicios secretos. En Gran Bretaña, el MI 5; en España, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID).
  6. En ambos casos, se apostó por la vía legal –moción de censura–, pero se dejó también abierta la puerta a una acción golpista para culminar la operación. En Gran Bretaña, nunca se puso en marcha, ya que la operación no pasó de simple proyecto; en España, se produciría el asalto del Congreso de los Diputados, por más de 200 números de la Guardia Civil, a las órdenes del teniente coronel Antonio Tejero Molina.

No obstante, a pesar de estas semejanzas entre el intento golpista británico en 1968 y el golpe de Estado del 23-F, existe una notable diferencia entre ambas. En Gran Bretaña, la operación fue parada en seco, antes de que fuera a mayores. Sin embargo, en España, puso llevarse a cabo, y si no culminó con éxito fue como consecuencia de la oposición del teniente coronel Tejero a que el general Armada se convirtiese en presidente de un Gobierno de concentración nacional, entre cuyos integrantes había políticos socialistas y comunistas.


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Nací en Madrid en 1970. A los 18 años ingresé en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid porque mi madre quería un hijo médico. Aguanté un año… Mi siguiente destino fue la Facultad de Filosofía y Letras, sección Geografía e Historia, de la Universidad Autónoma de Madrid, donde permanecí los cinco años reglamentarios, obteniendo una licenciatura en Historia Moderna y Contemporánea, acompañada del Premio Extraordinario. A la vez que cursaba Historia, inicié la licenciatura en Derecho. En la actualidad, me dedico a escribir compulsivamente artículos y libros, ya que he hecho una apuesta conmigo mismo: alcanzar las 100 publicaciones antes de cumplir los 50; pues, como decía el gran Aristóteles: En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad.

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