Esta es una historia de la Guerra Civil (VI)

Por . 11 agosto, 2014 en Siglos XIX y XX
Share Button

Continúa de Esta es una historia de la Guerra Civil (quinta parte)

 

4.  El primer Gobierno de Franco

Mientras la guerra seguía su curso, el franquismo hacía lo propio. En enero de 1938 se formaba el primer Gobierno que merece tal nombre de cuantos habría de presidir Franco a lo largo de su dictadura de décadas. Se trataba de un gabinete integrado por militares y por civiles cuya figura dominante (si tal cosa se puede decir de un gobierno franquista que excluya a su protagonista) fue Ramón Serrano Suñer, concuñado del jefe del Estado y a la sazón ministro de Interior y secretario del Consejo de Ministros. Y tres meses después se promulgaba el Fuero del Trabajo, vértice normativo del nacionalsindicalismo, a su vez pilar indiscutible del régimen franquista y del que ya hablaremos llegado el caso.

No obstante, es preciso hacer una nueva interrupción. Y sí, viene a cuento.

 

Algo más que una anécdota

El historiador Gabriel Cardona, militar asimismo, fundador de la clandestina y reivindicativa Unión Militar Democrática (UMD) en los estertores de la dictadura de Franco y especialista en un asunto tan destacado en el régimen franquista como es el devenir de lo castrense, nos contó cómo se las gastaba la muy pagada de sí misma personalidad del Generalísimo y cómo sus conmilitones de primera hora en los avatares de la guerra de los años 30 le facilitaron todavía más el halago desmedido con que sus acólitos adornarán la larga estancia en el poder del Caudillo.

Cuando en mayo del año 39 tuvo lugar el primer desfile de la Victoria celebrado en la capital del país, la ciudad de Madrid, que en un tris estuvo según parece de perder ese título por su afán en su defensa de la lealtad a la República, el general José Enrique Varela impondría a Francisco Franco nada más y nada menos la Gran Cruz Laureada de San Fernando, la “principal condecoración española por méritos en combate”. Una recompensa que llevaba aparejado “el derecho a percibir una pensión vitalicia que doblaba el sueldo de capitán general”. Una distinción que el jefe del Estado venía ambicionando desde sus años de capitán en el protectorado marroquí, y que le había hecho reclamar ante el mismísimo rey Alfonso XIII su mérito, sin éxito.

Nos narra Cardona que, para obtenerla, Franco había decidido hacerlo sin apropiarse de ella, más bien “recibiéndola de manos inocentes y neutrales. Para que todo fuera transparente como el agua, dimitió durante unas horas y por única vez en toda su vida. Entonces, el vicepresidente, el general Jordana, reunió al Gobierno y, a propuesta del ministro del Ejército, general Dávila, otorgó a Franco la Gran Cruz Laureada de San Fernando, sin más trámites ni sustanciar el expediente contradictorio, que era reglamentario desde mediados del siglo XIX. Y colorín colorado, concedida la cruz, Francisco Franco asumió de nuevo sus poderes”. Días después, como se ha dicho ya, el propio Varela le impondría solemnemente la condecoración.

 

Continúa en Esta es una historia de la Guerra Civil (séptima parte)


Share Button

José Luis Ibáñez Salas nació en 1963 en Madrid. Se licenció en Filosofía y Letras y se especializó en Historia Moderna y Contemporánea. Editor e historiador, fue el responsable del área de Historia de la Enciclopedia multimedia Encarta, ha dirigido la colección Breve Historia para Nowtilus y ahora es promotor de nuevos proyectos en Sílex ediciones. Asimismo, dirige la revista digital Anatomía de la Historia y es editor de Santillana Educación y socio fundador de Punto de Vista Editores. Su último libro en Sílex ediciones es El franquismo.

Participa en la discusión

  • (no será publicado)