El Greco, al límite de lo corpóreo

Por . 22 septiembre, 2014 en Edad Moderna
Share Button

Esta en forma elegante, oh peregrino,

De pórfido luciente dura llave

El pincel niega al mundo más suave

Que dio espíritu a leño, vida a Lino

Su nombre, aun de mayor aliento dino

Que en los clarines de la fama cabe,

El campo ilustra de ese mármol grave.

Venérale, y prosigue tu camino.

Yace el Griego. Heredó Naturaleza

Arte, y el Arte, estudio; Iris, colores;

Febo, luces- si no sombras, Morfeo.-

Tanta urna, a pesar de su dureza,

Lágrimas beba y cuantos suda olores

Corteza funeral de árbol sabeo.

 

Luis de Góngora

“Al sepulcro de Dominico Greco, excelente pintor”.

 

El Greco muere el 7 de abril de 1614 dejándonos un cúmulo de dudas acerca de sus intenciones artísticas.

 

Miguel Ángel y El Greco

Desde que parte de Candía en 1567 va asimilando influencias de los más grandes. Tizano y Tintoretto le marcaron; su rival fue Miguel Ángel. Cuando llegó a Roma en 1570, éste ya había muerto y cuenta Giulio Mancini en sus Considerazioni sulla pittura (hacia 1614-1620), que Doménicos le propone al casto Pio V destruir El juicio final de la Sixtina para realizar algo más decente e incluso superior al trabajo de Miguel Ángel. De ser esto cierto, nos encontraríamos ante un ego sin límites.

Al parecer, por las anotaciones que el candiota hizo al libro de Las vidas de Vasari y de sus conversaciones con Francisco Pacheco se concluye que El Greco tenía a Miguel Ángel por buen dibujante y mal pintor, sin darse cuenta de que la fuerza de los dibujos de éste radicaba precisamente en su trazo pictórico, no en un estudio anatómico sin más. De hecho, si nos fijamos en las similitudes entre El San Sebastián de la Catedral de Palencia de El Greco y el Castigo de Amán situado en una de las pechinas de las paredes del Juicio Final de la capilla Sixtina, observamos que la superioridad artística del segundo se debe más a la energía de la línea y a la libertad expresiva que al dominio del dibujo, que también.

 

El Greco en Toledo

San Mauricio y la legión Tebana, más conocido como El martirio de San Mauricio.

Cuando de Roma se traslada a España en 1576 realizó varios encargos importantes; los retablos para Santo Domingo el Antiguo de Toledo y El Expolio para la catedral toledana. Pinta San Mauricio y la legión Tebana, encargo de Felipe II, su fracaso más sonado en España, ya que no resultó ser del gusto del monarca. No fue esta la primera contrariedad, los problemas empezaron en Toledo al no llegar a un acuerdo económico para El Expolio de la catedral.

En Toledo nace su hijo Jorge Manuel, fruto de su relación con Jerónima de las Cuevas. El pintor se hace cargo de su hijo, a quien representa como paje en El entierro del Señor de Orgaz. Jorge Manuel llegará a ser pintor y arquitecto, y trabajará junto a su padre en Toledo.

El taller de Toledo funcionaba principalmente por encargos. Francisco Pacheco mencionó unas copias en pequeño formato de los trabajos realizados a modo de muestrario que se ofrecían al cliente. El Greco aumentó su taller para atender a la demanda de retablos, cuadros de veneración y conjuntos artísticos.

La Asunción.

En 1578 pinta La Asunción, que hoy se encuentra en el Art Institute of Chicago, con claras referencias al neoplatonismo en esa tumba abierta desde donde se supone que el espíritu se emancipa de la materia y en donde también observamos similitudes con La pala del altar Oddi de Rafael. Sin embargo creo que lo que más caracteriza su obra toledana son sus apostolados. María Cruz de Carlos Varona, en su Speculum Pastorum, los apóstoles de El Greco y la Iglesia toledana del seiscientos, explica cómo Toledo era vista por la Iglesia como “heredera de los ideales cristianos primitivos” y cómo Salazar de Mendoza, canónigo toledano, amigo íntimo de Doménicos, relacionaba la figura del prelado con los apóstoles, modelos para el poder religioso. Se entendía la prioridad de su arzobispado sobre los del resto de España.

Con este ánimo contrarreformista se realizaron seis apostolados completos en su taller, la mayor parte firmados con dos iniciales en griego, delta y theta, posiblemente el distintivo del taller. Los apóstoles suelen estar representados según la descripción de Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada. Pedro de azul y amarillo, portando las llaves, símbolo de su poder para salvar o condenar y del sacramento de la penitencia; Juan con túnica verde y manto rosa; Lucas con su libro y su pincel, cada uno con sus atributos y características. No obstante, el que más llama la atención es san Bartolomé, de blanco y con un demonio encadenado que representa su leyenda de exorcista en la India.

El apostolado de la sacristía de la catedral de Toledo y el del Museo del Greco son los más completos, son asimismo los que incluyen más trabajo del candiota.

 

¡!!!Hay tantos El Greco…¡¡¡¡

Es curiosísima, aunque poco probable, la teoría que propone Manuel Bartolomé Cossío en su Greco de 1908, en la que defiende la posibilidad de que los modelos de Doménicos pudieran ser enajenados del hospital del Nuncio de Toledo. Dice Fernando Marías, gran autoridad sobre el cretense y autor de El Greco, un pintor extravagante que el San Bartolomé del Museo del Greco pudo parecerle a Cossío “un loco furioso escapado del antiguo y célebre Hospital del Nuncio”.

Esto nos remite a los locos de Géricault, rostros portadores de almas terriblemente enfermas y que seguramente Gregorio Marañón debió conocer. Éste, apoyándose en las tesis de Cossío e interesado en las nuevas tendencias de la neurología, en los escritos de Charcot y Richer sobre la neurosis, la histeria y la expresión psicológica del retrato, decidió hacer un ensayo encargando unas fotos de los locos del Nuncio vestidos de apóstoles, que, en general, resultarían imágenes tan delirantes como el experimento en sí. Marañón no tuvo en cuenta que en la época del Greco no hacía falta estar loco para entrar en un manicomio.

El delirio, el éxtasis y el misticismo fueron temas expresados por Doménicos a través de los ojos y los arqueamientos de los cuerpos de sus personajes (pensemos por ejemplo en La Resurrección), que tienen la peculiaridad de expresar estados de desequilibrio, de desmembración psíquica.

Eisenstein, en El Greco cineasta, habla de “unos ojos brillantes que no están tanto vueltos como revueltos, diría yo, hacia el cielo. Los ojos de Cristo en El Expolio, repetidos hasta el infinito en los San Sebastianes, en los ángeles, en los San Franciscos, etc., son un ejemplo evidente”.

Charcot y Richer, por su parte, en Los endemoniados en el Arte, dicen de la obra de Doménico Zampieri algo fácilmente aplicable a El Greco por el paroxismo de algunos de sus personajes:

“La postura figurada por el Dominiquino no es sino la que nosotros hemos designado bajo el nombre de arqueamiento. Todo el tronco rígido está curvado hacia atrás, los miembros inferiores contraídos en su extensión no reposan más que sobre los dedos de los pies. (…). La convulsión ha invadido también el rostro; los ojos se convulsionan hacia arriba…”

El Laocoonte.

Esto lo podemos aplicar al Laocoonte, a La Resurrección, a El Expolio, o al Pentecostés, por ejemplo, cargados de torsiones y exageraciones dramáticas.

Eisenstein ve la obra de El Greco con características aplicadas al cine. Se fija en la desproporción de planos en La vista y plano de Toledo o en San Mauricio y la legión Tebana, en donde los planos se van sucediendo hasta el tema principal, que está en una esquina de la composición. Ésta yuxtaposición de planos con efecto de movimiento lo utilizó el propio Eisenstein en sus películas La línea general y en La huelga junto a paisajes, que, de la misma manera que los de El Greco, funcionan como un personaje más del drama debido a su gran componente anímico.

Otro recurso de montaje en El Greco es lo que Willumsen llama, en La jeunesse du peintre El Greco, de 1927, “los personajes recortados de El Greco”. Esto sería producto de la formación bizantina del artista, de sus inicios como pintor de iconos. A san Francisco en éxtasis lo representó, señala Willumsen, diez veces de la misma manera y en las distintas versiones de Los mercaderes expulsados del templo, El Greco traslada los personajes de una tela a otra al margen del tamaño de éstas. No sólo realiza montajes con los personajes sino que algunas veces copia parte de uno y lo completa en otro dando lugar a una nueva figura. Es el caso del San Sebastian y del Cristo del Bautismo de Cristo, que son exactamente iguales de costillas hacia abajo. Del mismo modo hay muchísimas similitudes entre el desproporcionado personaje de La visión del Apocalipsis y el ángel con túnica verde del Bautismo.

Otros montajes evidentes los realiza entre las versiones horizontales y verticales de Oración en el huerto, mediante un “corta y pega” muy actual.

Son curiosas, por otra parte, las teorías de Eisenstein sobre el uso que hace el pintor de un espejo esférico convexo, que daría unos resultados parecidos a los que se consigue con un objetivo de 28mm en el cine. Dice el cineasta soviético:

La vista de Toledo.

“Sabemos que el efecto obtenido por medio de este objetivo reposa en un escorzo perspectivo en profundidad, considerablemente más rápido y notable de lo que lo es para un ojo normal”.

Continúa Eisenstein hablando sobre la ilusión de longitud o de desproporción que se puede conseguir exponiendo algo más que novedoso:

“Es característico que en todos los estados auténticamente extáticos, aun los provocados por la narcosis, el ojo vea, de hecho, a la manera de un objetivo de 28 mm”.

Podemos deducir en este sentido que, curiosamente, a pesar de los más de tres siglos de diferencia, hay similitudes entre los recursos utilizados por ciertos cineastas y algunas obras del candiota

Rilke, gran admirador de El Greco, lejos de recursos materiales dice que “su esencia es fluyente como el río que corre a través de los dos reinos”, habla de lo sensible y suprasensible, de gravitación y de ese ángel terrible, aterrador y hermoso sobre el paisaje de Toledo. Es extraordinaria la descripción que hace sobre La vista de Toledo en una carta que envía a su amigo Rodin en 1908:

“La ciudad, despavorida y sobresaltada, se levanta en un último esfuerzo, como si quisiera penetrar la angustia de la atmosfera”.

De este cuadro dijo Hemingway que “sería la primera obra que salvaría de las llamas si llegara a producirse un incendio en el Metropolitan de Nueva York”, aunque el escritor estadounidense también escribió alguna que otra barbaridad sobre el cretense, como que tenía “la arrogancia moral de solterona marchita de Gide (….) y el repugnante manoseo sentimental de Whitman”; no debía de estar de muy buen humor ese día Hemingway.

 

Influyente influjo

En cualquier caso, El Greco fue un hombre estudioso, su obra se sustenta sobre una gran formación. Su peso intelectual influyó no solo en los artistas de su época sino que desde el momento en que Meier-Graefe desempolva su figura a comienzos del XX, surgen muchísimos trabajos de grandes pintores que se sienten anímicamente unidos a él.

Oración en el huerto, de Adriaan Korteweg.

El Retrato de Paul Alexandre ante una vidriera, de Modigliani (1923); la Oración en el huerto, de Adriaan Korteweg (1913-1914): El gitano, de Robert Delaunay (1915); el Anacoreta, de Zuloaga (1907), La dama del armiño, de Cezanne (1885) o el Cristo muerto, de Manet ( 1864) son algunos ejemplos a los que se sumaron las obras de otros artistas como Giacometti, Pollock, Antonio Saura o el mismísimo Picasso.

No nos interesa si El Greco fue grande o no en su tiempo, lo importante es que creó escuela y dejó un sustancioso legado cultural. Nunca llegó a brillar con la inmensidad de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, Tiziano o Tintoretto, pero su obra instruye, inspira y agita el pensamiento; algo muy difícil de conseguir.

 

[box]

“Lo veo como una escena nocturna pintada por El Greco: un centenar de casas, a la vez convencionales y grotescas, encogidas bajo el cielo hosco y agobiante y una luna sin lustre”.

Scott Fitzgerald: El Gran Gatsby

[/box]


Share Button

Nací en Coruña en 1966, me licencié en Filología hispánica en Santiago de Compostela y en Filoloxía galego-portuguesa en la Universidad de A Coruña. En esta misma ciudad realicé la especialidad de Técnicas de volumen en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos Pablo Picasso. En la actualidad imparto clases de dibujo, pintura e historia del arte a niños en mi propio estudio, y lo compagino pintando y exponiendo mi propia obra.

Participa en la discusión

  • (no será publicado)